¡Echando de menos la edición radiofónica!

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"Sólo unos pocos prefieren la libertad; la mayoría de los hombres no busca más que buenos amos" (Salustio)

jueves, 6 de agosto de 2009

EL RELEVO: CURSO DE VERANO SOBRE HISTORIOGRAFÍA DE LA GUERRA CIVIL



Se mostraba preocupado Julián Casanova en un curso al que asistí en julio en El Escorial, en el 70 aniversario del final de la guerra civil, porque, a su juicio, la reflexión historiográfica ha dejado paso a los discursos memorialísticos, lo que significa, decía, que el razonamiento histórico ha dejado paso al sentimiento, y que la historización de los procesos ha quedado sustituida por los relatos de vivencias. “De alguna manera”, concluía, “la objetividad científica ha dejado paso a la subjetividad postmoderna”. Pese a esta crítica a la sustitución mediática y emocional del discurso histórico, el prestigioso profesor de la Universidad de Zaragoza dejó claro que los testimonios a los que damos protagonismo son importantes. Sin embargo, dijo también, no hay que olvidar que las políticas de memoria –a fin de cuentas como todas las memorias- son selectivas y olvidan. No lo decía tanto por reclamar profundizar en ellas fijando espacios, quitando placas o derribando estatuas, sino por potenciar otras políticas que permitan proteger documentos y regular el acceso a todas las fuentes posibles.

De la Universidad de Zaragoza venían también dos jóvenes promesas que participaron en el curso, y cuya incuestionable brillantez me abrió muchas dudas. Fue un acierto del coordinador del curso, Ángel Viñas, darles cancha. Por un lado, José Luis Ledesma nos explicó cómo ha venido tratando la historiografía el tema de la violencia en la retaguardia republicana. Fue muy ilustrativo escucharle, comprobar cómo los nuevos investigadores, libres de pudores, manejan temas espinosos –Paracuellos, por ejemplo- con comodidad y respeto. Avanzándonos lo que, a mi parecer, serán algunas de las conclusiones de la tesis que leerá próximamente, y que espero podamos ver pronto publicada, fijó con rotundidad características de la represión en la retaguardia republicana:

a) No es mayor que en el bando franquista. Las cifras consagradas por el franquismo no resisten el contraste con las fuentes, y es falaz el argumento de que la geografía de la conquista posibilitó que el bando nacional matara más. Para comprobarlo debemos comparar lo comparable; por ejemplo, los primeros meses de guerra, determinantes en el estudio global de las violencias en la retaguardia porque durante ese período se producen las 2/3 partes de las víctimas y no se ha introducido la distorsión conquistadora. Si relacionamos el número de víctimas en dicho periodo con la población en cada zona, observamos menor represión en la zona republicana pese a que es la más poblada porque comprendía las grandes capitales: 42.000 víctimas que equivalen al 3%o de los 14 millones de habitantes que tiene la España republicana, frente a 55.000 víctimas en los mismos meses en la zona sublevada que representan casi el 5%o de una población de 11.700.000 habitantes.

b) No es una violencia planificada, ni continuación de la que se vivió en la primavera de 1936. Entre otras cosas porque desde el triunfo del Frente Popular
(2/1936) hasta la sublevación de julio, la mayoría de las víctimas o bien son de izquierdas, o bien fuerzas del orden público. Nada de planificación comparable a la "instrucción reservada" de Mola. Es el golpe el que introduce la violencia en el debate público y el que pone las armas en el centro del problema. Sólo su fracaso es el que desencadena la violencia, y de ningún modo al revés.

c) Tampoco fue dirigida desde la cúpula del poder. Paracuellos es un caso excepcional, que dista de proceder de un poder central. De hecho la violencia en la retaguardia republicana fue más intensa allí donde se atomizó más el poder. A menos poder político centralizado, más violencia. Y esta violencia se hace inexistente cuando la república recupera el orden público. Por lo que respecta a los ejecutores, no eran agentes del estado sino variopintos actores políticos locales a los que la coyuntura puso armas en la mano, que acceden a un poder que antes no tenían, y a los que el caos creado por la sublevación ofrece contexto. No hay pues ninguna forma refinada de terror como las que inspiraron los totalitarismos, aunque varios de los ponentes avanzaron sugerentemente que pronto "habrá que dejar de llamar incontrolados" a los ejecutores de la violencia en la retaguardia republicana.



Por lo que respecta a Javier Rodrigo (en la foto), propuso la ambiciosa tesis de que la guerra fue el primer paso en la creación del marco necesario para el verdadero proyecto: la depuración, la limpieza política. Criticó que las generaciones historiográficas anteriores apenas se dedicaron al debate metodológico, poniendo como ejemplo que no se ha reflexionado para definir qué es la represión. Su segunda denuncia fue sobre la tendencia a describir heroicamente la experiencia de las víctimas, desatendiendo los porqués que nos son más urgentes para desentrañar las razones de lo que pasó: los de los verdugos. Preguntar(se) sobre los motivos del perpetrador ha permitido avanzar a otras historiografías, como la alemana, afirmó. Lo que le permitió formular una tercera crítica: nuestra academia se ha mostrado impermeable a debates sobre la represión emprendida contra la población civil que han abordado otras sociedades que han vivido traumas semejantes, como el Holocausto o el Apartheid. Por eso reclamó más estudios comparativos, y un estudio cualitativo de la violencia que permita conocer todas sus variaciones -económica, sexual, campos de trabajo, prisiones, mujer, etc- y supere el estudio cuantitativo que, según su parecer, nunca podrá quedar definitivamente cerrado.

He corrido a comprarme el libro de Javier Rodrigo, que apunta apasionante. Pero me gustaría recordar que resulta fácil someter a crítica anteriores trabajos cuando el propio se hace con beca y respaldo universitario, y no contra corriente, superando las adversidades -falta de referencias, omnipresencia de las versiones oficiales, fuentes inaccesibles, etc- con las que trabajaron los maestros. El autor emocionado y sensible de las primeras páginas de Hasta la raíz aporta una ternura no exenta de rigor y compromiso que, en cambio, eché de menos en su ponencia.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola Ferran. Lo que sí que comparto es que la reflexión teórica y metodológica ha sido casi nula, no sólo en la investigación acerca de la Guerra Civil sino en el estudio otros períodos y temas. Hasta el punto que hay multitud de equívocos sobre muchos conceptos, como el de "represión", "memoria", incluso sobre lo que es y lo que no es "historia", con un enorme lío -en los estudios universitarios- entre el aprendizaje del trabajo científico y el aprendizaje de la sola compilación de hechos, de certezas. Desde luego la presente generación de historiadores hará más reflexión -¡es que menos no puede hacer!: hay demasiadas urgencias, debates que se han ido aplazando gracias a las modas historiográficas, a la política metomentodo y a la cobardía intelectual- historiográfica; pero me temo que la diferencia no será muy grande, los historidores jóvenes, en general, siguen la estela de los viejos en casi todo. ¿Tú ves en los congresos de historia apartados, secciones dedicadas específicamente a este aspecto?, o más todavía: congresos dedicados a la reflexión historiográfica sólo de historia cultural, de historia de género, o en temáticas como Guerra Civil, Restauración?, ¡pues yo no!, son casi inexistentes. Si en la universidad española huyen como de la peste de estas reflexiones, tanto en los congresos como en los mismos estudios de historia, de licenciatura, incluso de doctorado casi con militancia, alguien tendrá que abordarlas, son cada día más necesarias, pues las carencias se han ensanchado, y los que compiten con el papel de la historia en la sociedad española son cada vez más y más fuertes...
LUIS.

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