Ferran Sánchez: Història. Divulgació. Docència.

Ferran Sánchez: Història. Divulgació. Docència.
"Sólo unos pocos prefieren la libertad; la mayoría de los hombres no busca más que buenos amos" (Salustio)

domingo, 11 de agosto de 2019

FRANCO EN "JUEGO DE TRONOS" (CAPÍTULO JUAN DE BORBÓN)




Al fallecer Alfonso XIII se había consumado, en la práctica, el paso de una monarquía liberal con ambiciones dictatoriales a una dictadura cuyo titular ejerció el poder cual rey absoluto. Juan de Borbón, el tercer hijo de Alfonso XIII, aceptó los derechos dinásticos con un discurso que exaltaba los logros paternos, “pese a la infecundidad de formas estatales impuestas por los tiempos”. No es la única referencia a la superación del liberalismo como si de una antigualla se tratara: el discurso también valora que su padre acertó al salvar África porque allí se forjó “el espíritu combativo del ejército que había de salvar a España”. A juicio del rey, pues, Franco había salvado España. Tras el piropo, sin embargo, se escondía su enfrentamiento –como rey sin corona que era, porque siéndolo por derecho dinástico, no lo era de hecho- con el hombre que actuaba como rey, pero sin serlo (por la fuerza).

Dos reyes sin corona, frente a frente (1941-1948). En España tenía partidarios en la cúpula militar que consideraban que Franco se había apoderado en beneficio propio de la trama del golpe. Un libro reciente profundiza en lo que Carrero Blanco llamó, al advertir a Franco, el “divorcio entre partido y ejército"; y una de las últimas investigaciones de Ángel Viñas también apunta a los contactos de estos generales con los británicos, alguno de los cuales huyó al enterarse de que los británicos planeaban tomar las Canarias como base monárquica antes de que Hitler se las pidiera a Franco en Hendaya. Estos militares van a seguir conspirando: cuando el Eje cayó en África, 27 procuradores de las cortes propusieron a Franco restaurar la monarquía para evitar represalias: fueron destituidos. Y cuando el rey italiano destituyó a Mussolini, Kindelán y otros generales le insistieron por escrito. Franco permaneció inmutable: advertía que la guerra mundial estaba cambiando de signo, así que empezó a distanciarse de los falangistas –con el pretexto de los acontecimientos de Begoña (1942)- e iniciará el camuflaje que le permitirá, con los años, sobrevivir a la condena de los Aliados. Una de sus estrategias de supervivencia será jugar con las aspiraciones monárquicas, sugiriendo a cada candidato que tiene suficientes posibilidades de acceder al trono. Sabe que algunos de ellos están en contacto con los Aliados: de hecho, Don Juan participa en una operación junto a los maquis italianos en la frontera suiza, azuzado por el director de contraespionaje, Allen Dulles, ansioso de dotarle de un pasado antinazi por si había que contar con él en el futuro contra Franco; y –acercándose la derrota del Eje- publicará el Manifiesto de Laussanne: “bajo la monarquía caben cuantas reformas demanda el interés de la nación”. El documento llega a hablar de derechos individuales, reconocer la diversidad regional y… ¡atención! “Una más justa distribución de la riqueza”.

Mientras Don Juan se postulaba llegaba la victoria definitiva de los Aliados, y la condena oficial del régimen en la conferencia de Potsdam. Por si había intervención, la familia real se instaló en Estoril en febrero de 1946: según el periodista Carles Sentís “porque en una noche propicia se podía, en automóvil, alcanzar la capital de España”. Las desconfianzas en el seno de la Gran Alianza contra Hitler –que desembocarán en la Guerra Fría- salvarán a la dictadura de esa espada de Damocles que parece pender sobre ella: es cierto que la ONU denunciaba los vínculos de Franco con el Eje, pero también explicitó que no habría intervención. Así que Franco continuó disfrazando la dictadura de “democracia orgánica” mediante las Leyes Fundamentales: Fuero de los Españoles, Ley de Cortes, Ley de Referéndum… y ley de sucesión en 1947. Ninguna tiene desperdicio, pero es esta última la que gestiona la relación del régimen con los monárquicos: dice que España es un reino (artículo 1), que el actual Jefe del Estado es vitalicio (2) y que puede designar sucesor (artículo 6). Don Juan, enojado, responde a esa definición del régimen como una monarquía electiva con un nuevo manifiesto, el de Estoril ese mismo 1947, defendiendo la monarquía hereditaria y la legitimidad de la sucesión por la vía sanguínea. La contradicción de esa declaración con respecto a la verborrea democratizadora de los meses anteriores, que les estaba permitiendo contactar con sectores de la oposición franquista en el exilio y negociar con el PSOE de Indalecio Prieto el Pacto de San Juan de Luz (1948), es más que evidente. Pero más contradictorio será que el mismo día que se firma el acuerdo con los socialistas, Don Juan se entrevista con Franco en el Azor, en la Bahía de Vizcaya (25-8-1048) y llegará con el dictador a un acuerdo: su hijo, Juan Carlos, estudiará en España. Franco no sólo pretende dar credibilidad a su plan de restaurar la monarquía, sino quitársela a Don Juan como alternativa ante la oposición: el largo exilio del aspirante permitió verle oscilar entre el tradicionalismo y el liberalismo hasta conseguir que el “juanismo” fuera -más que una opción ideológica- apenas un conjunto de estrategias.

El joven príncipe que llegaba a España con apenas 8 años acabaría convirtiéndose en un “hijo sustitutivo”, pero en ese momento era principalmente un rehén que garantizaba la discreción del heredero aspirante, quién a su vez le utilizaba para hacía valer sus derechos. Como solía bromear el periodista Jaime Peñafiel, “entre su padre y el general, qué raro que no lo descoyuntaron”. Pero el gran valor de esa jugada es que Franco deja bien claro que –lejos de posibles planes de los aliados- la pugna por el trono se libraría desde entonces en Madrid. En virtud de la Ley de Sucesión, y de su aceptación tácita por los candidatos, que se moverán para seducir a Franco en su favor, la voluntad del dictador será la principal fuente de legitimidad de la futura monarquía. Al mismo tiempo que Franco iba logrando el reconocimiento exterior –postulando sus credenciales anticomunistas, tan útiles en la nueva geopolítica de la Guerra Fría- dejaba callada toda oposición monárquica en el interior.



La multiplicación de rivales (1949-1962). Si durante los años cuarenta Don Juan había actuado en el plano conspirativo (aunque nunca en el subversivo, como diría Julio Aróstegui), en los años cincuenta –con su hijo en la península como valedor de sus derechos- calló. Ese eclecticismo, que ya se había manifestado antes, cuando había oscilado entre las declaraciones tradicionalistas y las de presunción democrática, le valió –sin ideario ni estrategia- muy poca credibilidad entre los demócratas. Él alegaba “no hago política, sino dinastía”. El silencio se explica también porque en los años cincuenta –justo después de que Juan Carlos se instale en España- se le multiplicaron los rivales.

a)  Por un lado, en 2/1949 su hermano mayor, Jaime, reclamaba públicamente en París los derechos dinásticos a los que había renunciado en 1933 por carta a su padre Alfonso XIII. Ahora, su esposa, Emmanuela de Dampierre le reprochaba que renunciado había “comprometido el futuro” de sus hijos Alfonso (nacido en 1936) y Gonzalo (1937) Borbón Dampierre. En 1954 Jaime ofreció a Franco que estos hijos estudiaran en España. El mayor reclamaba la condición de infante en 1957 y, más adelante, casará con una nieta de Franco, Mari Carmen Martínez Bordiu

b)      Al morir en 1936 el pretendiente carlista, Alfonso Carlos de Borbón, su sobrino Javier pasaba a heredar sus derechos. En 1951 juraba los fueros vascos ante el árbol de Guernica, y al año siguiente hacía lo propio con los catalanes en Montserrat. En una entrevista para el diario "Arriba" (1955) Franco definía a los carlistas como "un diminuto grupo de integristas seguidores de un príncipe extranjero". Javier, entonces, decidió cambiar de estrategia: en 1956 la Comunión Tradicionalista destituía a Fal Conde, quizá por sus diferencias con don Javier y su secundogénito, Carlos Hugo. La estrategia de tensión con Franco que había defendido hasta entonces no había fructificado, así que Javier empezó a confraternizar con el régimen. Jóvenes tradicionalistas españolizaron a Carlos Hugo: le entraron clandestinamente, le enseñaron castellano y lo introdujeron en la vida social de la Navarra carlista.


Mientras tanto, Juan Carlos estudiaba en academias militares y ganaba presencia pública, lo que le convertía, en práctica, por estar el padre distante, en un rival. El libro de Xavier Casals contiene suculentas páginas sobre la rivalidad entre padre e hijo. Franco jugaba esa carta a propósito: ya había sobrevivido a una larga postguerra creando expectativas a los príncipes (Juan antes, Juan Carlos ahora) sin cercenar las de los reyes (Alfonso XIII antes, Juan ahora) por medio de silencios. En ese momento había tres pretendientes: Don Juan y su hijo Juan Carlos, su hermano Jaime y su hijo Alfonso, y el “carlismo lejano” de Javier y su hijo Carlos Hugo. 

Este último también fijó también su residencia en Madrid. Resulta divertido conocer a quién tenía por vecino. En un discurso de 1961 Carlos Hugo dice que su proyecto es democrático porque se basa en "el gobierno de regiones y municipios bajo la protección jurídica de los fueros”. Desde 1954 celebra en Montejurra una ceremonia de recuerdo de los requetés fallecidos en la guerra civil: en 1961 le escuchan más de cincuenta mil personas.

¿Qué ficha movió Don Juan en el tablero ante tal acumulación de rivales? Por un lado le ofreció el Toisón de Oro a Franco (que lo rechazó); por otro anunció el compromiso de Juan Carlos con Sofía de Schleswig-Holstein Sonderburg Gluksburg, biznieta del Káiser y primogénita de los futuros reyes de Grecia Pablo I y Federica de Hesse. Sus abuelos maternos, los prusianos duques de Brunswick, habían mantenido con el nazismo vínculos controvertidos. En 1924 la república de Grecia había mandado al exilio a su tío Jorge II, que había regresado en 1935 gracias a un golpe del general Metaxas. La familia había sido nómada durante la “triple invasión” en la guerra mundial, y Sofía había vuelto a Atenas con ocho años, tras el referéndum que había restaurado la monarquía en 1946. En 1947 había muerto Jorge II y le había sustituido el padre de Sofía, Pablo, en plena guerra civil. Así que Sofía se había formado en un internado en Alemania. Con ella Don Juan quería evitar “fabioladas” (morganáticas): casando a Juan Carlos con una dinastía reinante su candidatura ganaba puntos frente a sus rivales dampierristas y carlistas. También obligaba a los rivales a superar la jugada. ¡Y lo iba a hacer!



sábado, 10 de agosto de 2019

FRANCO EN "JUEGO DE TRONOS" (CAPÍTULO ALFONSO XIII)



Gracias a mi amigo Josep he reparado en al reedición reciente de un libro que en su día me pasó inadvertido y que -siguiendo su recomendación- he convertido en una de mis lecturas de verano. Mataba así dos pájaros de un tiro: me formaba para poder tutelar con eficacia la investigación que un excelente alumno de bachillerato está desarrollando sobre la pervivencia del carlismo, y renovaba parte de los contenidos de los cursos que impartiré este año.

El libro acaba con un interesante añadido de última hora que reflexiona sobre la monarquía después de su desafortunada actuación el tres de octubre de 2017, y empieza con un cotilleo interesante que mantiene enganchado al lector desde el primer momento. Y es que en octubre de 1923 Alfonso XIII actuó de padrino –aunque representado por el gobernador militar de Oviedo- en la boda de Francisco Franco con Carmen Polo; años más tarde un nieto del rey casaría con una nieta de Franco.

La relación entre ambos no acaba ahí: la dictadura franquista mantuvo un enfrentamiento sutil pero permanente con el sucesor de Alfonso XIII en el exilio, cuyo hijo –el nieto de Alfonso XIII, entregado a Franco en 1948 para su formación en la península- sirvió de garantía a la docilidad de la dinastía exiliada. La relación, pues, fue extrañamente estrecha, incluso permite sugerir a Xavier Casals que –no siendo el rey ajeno al ascenso de Franco-, el dictador pudo tener un papel desencadenante en la agonía del rey exiliado. 

Esa especie de “vidas paralelas” permiten al autor empezar su ensayo con una comparación ingeniosa que a la vez da significado a cada una de sus figuras: si Alfonso XIII fue la mejor encarnación de la figura del “rey soldado” con la que Cánovas conjuró la tradicional injerencia decimonónica del ejército en la vida política del país cuando dio inicio al sistema político que conocemos como la Restauración, Franco podría ser considerado un “soldado rey”, en tanto nadie en la historia de España ha llegado a tener tanto poder como él. Así que analizando la evolución entre ellos dos escribimos los primeros episodios de la relación entre Franco y los Borbones, que he organizado de acuerdo con una cronología similar a la que usa Casals, pero a mi parecer más didáctica.


Al servicio del "rey soldado" (1912-1923). El ascenso de Franco en Marruecos se produce en un contexto que podría explicar su meteórico (y probablemente infundado) prestsigio. El mesianismo corporativista que distinguía al ejército desde 1898 tenía un especial significado entre el colectivo que conocemos como "africanista". El dato que da Xavier Casals es alucinante: entre 1909 y 1913 se concedieron en Marruecos 132.295 condecoraciones y 1.587 ascensos por méritos... ¡sin haberse producido ni una sola victoria decisiva! Así que parece que los oficiales mercadeaban en aquel patio trasero con privilegios y prebendas, menospreciando a los políticos (al poder civil, vaya). Franco, en concreto, se incorporó al servicio en la colonia en 1912 y pronto llegó -en ese contexto- a teniente de regulares, aquellas unidades de choque formadas por indígenas mercenarios con que el general Belenger reforzó en 1909 la presencia militar española. 

Sus hagiógrafos atribuyen su rápido ascenso a capitán en mayo de 1915 a su actuación en una batalla por la defensa de Tetuán que llamó la atención del Alto Comisario en Marruecos, el general Belenguer. Sin embargo, esa urdimbre de favores y corruptelas conformadas por la jerarquía militar colonial tiene más que ver que su hoja de servicios. Carlos Blanco Escolá y Gustau Nerín han demostrado cómo hubo oficiales que pactaron escaramuzas con los marroquíes o emprendieron acciones suicidas para lograr ascensos a costa de la tropa. El lector encontrará en el libro de Xavier Casals el caso de un reconocido general de entonces que logró a conseguir algún ascenso como regalo de boda…  


En ese contexto de redes clientelares casi cortesanas resulta verosímil que el citado ascenso de Franco se debiera a sus devaneos con Sofía Subirán, la hija del ayudante de campo del Alto Comisario, lo cual nos demostraría su consciencia de la necesidad de contar con padrinos en el juego de corruptelas que era hacer carrera en Marruecos. Es más: una carta de Queipo de Llano explica cómo "cortejó a la hija soltera del general Francisco Gómez Jordana porque él debía informar de si procedía o no una recompensa" (...) conseguido el ascenso la olvidó para siempre". En ese sálvese quien pueda por captar recursos públicos que era el compadreo entre africanistas podemos intuir la participación de Franco con otro episodio decisivo: cuando el 29 de junio de 1916 le hirieron en el abdomen, el Alto Comisario recomendó su ascenso a comandante y una Cruz Laureada de San Fernando, la máxima condecoración militar. Sin embargo, la investigación que debía concluir la concesión concluyó que, siendo el primer herido de su compañía en aquella ofensiva, no había tenido tiempo de protagonizar actos de valor. Él no se cortó un pelo: escribió al rey, logró una audiencia y -por si fuera poco- el ascenso. Franco, pues, es el prototipo de militar africanista al que Marruecos proporcionó su esencia: le dio confianza en si mismo, cierta notoriedad, y contactos. Cuando, tras un breve período en Oviedo -donde casó- volvió a la colonia gracias a Millán Astray para organizar la Legión, obtuvo fácil proyección mediática con un libro (Diario de una bandera, 1922) y una portada de ABC que le publicitaba como "el as de la legión"


Franco, Primo y Sanjurjo en Alhucemas, en 1925

Primo de Rivera como (contra) modelo (1923-1930). Una de las propuestas que hace Xavier Casals en el libro es relacionar la actuación de Franco durante el proceso de creación de su régimen con una lectura aleccionadora de la experiencia primoriverista. El autor explica el advenimiento de la dictadura de Primo de Rivera en base a la indisposición de la casta militar a rendir cuentas por el desastre de Annual y al temor a que lo ocurrido en Grecia -ejecución de altos mandos y exilio de Contantino I tras la derrota ante los turcos en Esmirna (1922)- ocurriera en España. No es el momento de valorar la influencia del pistolerismo en Barcelona, el programa de la Conjunción Liberal o la Diada de aquel año en la preparación del golpe de estado de septiembre de 1923. Lo que sí toca es recordar que la promesa de constituir una "dictadura a la romana", un "cirujano de hierro" con una "letra a noventa días", dejó paso a una progresiva institucionalización del régimen después del éxito en Alhucemas: la fundación de un partido único (1924), un Directorio Civil (1925) y una Asamblea Nacional Consultiva (1926) van esa dirección. Es en ese contexto de consolidación del régimen pretoriano, por mucha carcasa civil que pretendiera, que se funda la Academia Militar de Zaragoza para la que Franco fue nombrado director en 1928. Es un momento de éxitos para la familia: Ramón Franco ha protagonizado el vuelo del Plus Ultra en 1926 y la hermana de Carmen Polo se ha casado con un abogado del estado llamado Ramón Serrano Suñer. 

La teoría de Franco interpretó con atención la lección de historia que significaba la dictadura es más que verosímil: en el primer gobierno que nombrará (1938) habrá tres ministros de los tiempos de Primo, entre los que destaca Martínez Anido en la cartera de orden público. El currículum de dicho  personaje dice mucho de la naturaleza del nuevo régimen, aunque también hay quien detecta –no sin esfuerzo, a mi parecer-  un vago regeneracionismo cuando se proclama depositario de una misión histórica (la lucha contra la presunta decadencia). El recuerdo de la experiencia primoriverista está presenta a través de una cierta lectura de sus errores: presentar la dictadura como un paréntesis lo había sido, así que Franco saludará su advenimiento como el de una especie de “soldado rey”, y –para evitar la oposición que sufrió Primo- desencadenará una violencia sin parangón. Franco buscará la legitimidad eclesial (que Primo ignoró) y –como lector de la revista Acción Española, donde algunos intelectuales revisarán críticamente la dictadura- tomó la idea de que el principal error había sido “conservar el espíritu y la cultura liberales”. Así, el marqués de Quintanar (La dictadura de Primo de Rivera juzgada desde el extranjero, 1932) se había lamentado de que “le faltó una doctrina política reaccionaria”, le sobró “ese ambiente de liberalismo (…) que malograba sus más potentes instintos” y que por eso “acabó con la anarquía, pero no con sus causas”. Ramiro de Maeztu decía que en aquella ocasión habían olvidado “el alma que había de dirigir las espadas”. Finalmente, cabe decir que Franco tomó buena nota de la prevención contra el capricho real que suponía la dictadura. Así que, aunque anuló la condena a Alfonso XIII, ignoró las pretensiones de su hijo Juan… Pero no precipitemos acontecimientos.



El advenimiento del "soldado rey" (1931-1941). En mayo de 1931 Alfonso XIII declaraba que la "monarquía acabó por el sufragio y, si vuelve alguna vez, ha de ser también por la voluntad de los ciudadanos". Mientras, las cortes le declaraban culpable de alta traición por aceptar el golpe de 1923 y le incautaban bienes y títulos. Motivos para conspirar, pues, empezó a tenerlos, por mucho que Cambó explicara que le encontró ocioso y sólo en el bar de un hotel en París, "sin un libro, un diario o una copa". De hecho, aunque el testimonio del político catalán nos permita imaginárnoslo con la mirada perdida en el infinito, la fortuna que guardaba en el extranjero y la foto que circula en la red del rey cazando tigres en la India nos facilita verle algo más activo. En cualquier caso, había personas en su entorno que coqueteaban con proyectos más o menos viables de restaurar la monarquía. Después del fracaso de Sanjurjo en agosto de 1932, aún se barajaba una vía "francesa" (gracias a un partido tipo Action Française que aumentara progresivamente el músculo electoral de los nostálgicos), o un retorno "a la griega" (con un militar electo que nombrara ministros monárquicos)

Así que, mientras el octogenario candidato carlista, Alfonso Carlos de Borbón y Austria-Este (sin hijos) designaba delegado de la Comunión Tradicionalista a Manuel Fal Conde y regente a su sobrino Javier de Borbón Parma, círculos de Renovación Española iniciaron contactos con Mussolini. Alfonso XIII era consciente, aunque “estimaba su labor”, de que un “reducido y escogido grupo de entusiastas de salón no pueden marcar el camino de la Restauración” (sic). Así que, imposible la unidad de acción con los carlistas y la creación de un estado de opinión por parte de Renovación Española, no quedó más remedio que participar en la conspiración que daría lugar al golpe de estado de 1936. Si añadimos el permanente recurso al ejército que se había producido durante la Restauración podamos explicar que Alfonso XIII se ofreciera como “primer soldado” a Mola, que su hijo Juan intentara enrolarse en su ejército entrando con identidad falsa en España o que, incluso tras el fallecimiento de Sanjurjo, albergara esperanzas de que Franco facilitaría su regreso. Y no sólo porque cuanto más sabemos sobre la trama civil del golpe más detectemos círculos monárquicos (la infanta Eulalia confesaría años después que a Franco “le dimos dinero hasta doler, para lo que vendimos nuestras joyas”). Sino porque incluso cuando Franco –impulsando un “golpe dentro del golpe”- se apoderó de la trama y fue titulado generalísimo y jefe de estado siguió utilizando símbolos de realeza, como la Marcha Real o la bandera roji-gualda.


¡Espero no equivocar el orden! De izquierda a derecha, Jaime, María Cristina, Gonzalo, el rey, Alfonso, Beatriz y Juan.
En cualquier caso, por mucha reciprocidad que el rey esperara de Franco, el desagradecido silencio del poderoso general quizá precipitó la enfermedad del rey en 1941. Su sucesor sería su tercer hijo, Juan: en 1933 el primogénito, Alfonso, había contraído matrimonio morganático, y al segundo, Jaime, sordomudo, se le había convencido de que renunciara con el argumento de que el futuro rey debía poder hablar por teléfono. Así que redactó una carta para su padre renunciando a sus derechos, un método bastante "de estar por casa" que le permitiría desdecirse pocos años después. Porque, mientras Alfonso, el mayor, falleció en 1938, Jaime se casó con una aristócrata italiana, Emmanuela de Dampierre, que velaba por los derechos de sus hijos. 

Al acabar la guerra, Alfonso XIII se definió como un soldado de Franco, asistió a un “Te Deum” por la victoria y envió a Franco su abdicación en la esperanza de que aceptara a Juan como rey. Franco le agradeció el gesto, aunque lo definió como “inevitable” porque a su juicio el rey llevaba sobre sus hombros “la mancha de los tiempos del liberalismo”. Por mucho que -según esa expresión- considerara, fanatizado por tanta mística patriótica como Maeztu echando de menos la "fe de las espadas", que los tiempos del liberalismo habían caducado, resulta curioso que se lo escribiera a un rey que -pública y notoriamente- se había pasado su juramento constitucional por el real trasero en 1923. Pero para las aspiraciones dinásticas de Alfonso XIII aquello fue descorazonador: viendo, ansioso como debía estar en el exilio, el desinterés de aquel generalucho al que esperaba más agradecido, entró en una depresión que, quizá, precipitó su final. Franco censuró la noticia de su abdicación para evitar que devolviera a la agenda política el tema en un momento en que los monárquicos se oponían a la facción falangista. El rey moriría el 28 de febrero de 1941 en Roma. La partida por recuperar la corona, sin embargo, seguía. 



jueves, 18 de julio de 2019

S32 - PARÍS, PRAGA, CIUTAT DE MÈXIC


Les resistències al reclutament, el culte a la resistència del Tercer Món, i la crítica de la prosperitat com a presó que ja havíem detectat en la literatura dels anys cinquanta, no van ser els únics motors de les revoltes juvenils. Hem de pensar en com l’augment demogràfic i la consolidació de la classe mitjana havien generalitzat la universitat i creat una classe estudiantil nombrosa i conscient. La universitat no solament estava massificada (a França es passa de 135.000 alumnes el 1950 passa a tenir 587.000 el 1968); també estava anquilosada en el passat: que 1/3 part dels alumnes fessin carreres de lletres ens demostra fins a quin punt l’oferta acadèmica estava inadaptada a la demanda social. Aquesta manca de perspectives laborals augmenta si considerem que, en aquesta universitat mesocràtica, les classes mitjanes no es poden inserír professionalment gràcies a circumstàncies familiars.

L’esclat del jovent com a agent polític va enfrontar-lo al concepte de família burgesa, generant una veritable “revolució sexual”. Encara el 1959 el clàssic de D. H. Lawrence, “L’amant de Lady Chaterley”, era segrestat el dia de la seva publicació. Durant els anys seixanta, però, la publicació de l’Informe Master & Johnson (continuació del Sexual Behaviour in the human male que Aldred Kinsey havia publicat el 1948) trencava tabús sobre la sexualitat, alhora que el feminisme passava de ser formulació teòrica -com representava “El segon sexe”, de Simone de Beauvoir (1949)- a ser una militància  activa i rupturista. Les dones lluitaven per empoderar-se de les seves vides, però també -amb l'ajut de la nova anticonceptiva- de la seva sexualitat. Nous models de comportament es mostraven en la producció cultural, com la revista Cosmopolitan (1965) anunciava quan va començar a dirigir-la Helen Gurley (l’autora del best-seller «Sex and the single girl» el 1964, que havia tingut versió cinematogràfica amb Natalie Wood de protagonista). Per simbolitzar aquesta liberalització del sexe podríem trobar moltes dades: Bob Guccione funda Penthouse el mateix any 1967 en que l’obra de teatre Hair mostra sense pudor cossos despullats. I en aquest context, el març de 1968 un grapat d’estudiants a Nanterre va irrompre en la residència universitària femenina demanant “llibertat de circulació”, en protesta per la prohibició d’entrar en la residència femenina. Van ser brutalment desallotjats, però aquests fets aparentment menors van contribuir a precipitar el “maig francès”. Veurem evolucionar els fets de Maig de 1968 per tres fases successives.


FASE ESTUDIANTIL. Ja el 22 de març de 1968, 300 estudiants bategen un amfiteatre “Che Guevara” i ocupen la facultat de Lletres de la Universitat de Nanterre demanant llibertat d'horaris i residències mixtes. Durant l'abril negocien amb el rector i La Sorbona critica el consell de disciplina dels detinguts a Nanterre, contagiant el conflicte a altres universitats. El 2 de maig es tanca la universitat i L'Humanité publica un editorial de Georges Marcháis, secretari general del PCF, menyspreant el moviment. El 3 de maig la policia ocupa la Sorbona, generant una primera nit d'aldarulls que va acabar amb 400 detinguts i 600 ferits. En protesta per la repressió es va convocar una vaga general de l'ensenyament que va dur al carrer més de 40.000 manifestants amb banderes vermelles i negres reclamant que la policia sortís del Barri Llatí, amnistia dels detinguts i obrir les facultats. La violència es desproporciona al Barri Llatí la “nit de les barricades” (Divendres Negre, del 10 a l'11 de maig) quan havia d'iniciar-se la conferència de pau sobre Vietnam. Semblava que els estudiants impulsaven el seu propi Têt...


FASE SOCIAL. El dia 13 de maig una gegantina manifestació pels detinguts s’acosta al milió de persones, i rep per primer cop el suport dels sindicats. Aquella mateixa nit es va ocupar la Sorbona, que havia estat abandonada per la policia, i al sumar els obrers comença una nova fase del moviment. La vaga general espontània va ser seguida per més de 7 milions de treballadors i demostrava que el moviment era un veritable perill per al sistema. El model de la fàbrica Renault a Billancourt, on els obrers van ocupar les instal·lacions i el director va ser retingut, es va anar estenent. El dia 18 desapareix De Gaulle i acantona l'exèrcit d'ocupació a Alemanya prop de la frontera... quan 10 milions de treballadors arriben a ocupar les fàbriques amb banderes vermelles al terrat, la patronal negocia amb el partit comunista i els sindicats que hi haurà un 40% d'augment de sous i jornada de 40 hores setmanals (Acord de Grenelle, 27 de maig). Així el poder econòmic atura el compromís obrer amb el moviment, i deixa sols els estudiants!



FASE POLÍTICA. Amb la signatura dels Acords de Grenelle s’acaba la fase social i s’inicien les operacions polítiques. La gegantina manifestació del 30 de maig, sota el lema “En defensa de la República” va estar seguida de la reaparició del general, amb el suport de les forces franceses acantonades a Alemanya. Aquell mateix dia, De Gaulle va dissoldre l’assemblea per a convocar eleccions. Com que les revoltes continuaven, el dia 12 de juny va decretar la prohibició de manifestacions, la il·legalització d’una desena de col·lectius d’esquerres. Les eleccions de finals de mes li donarien un 38% dels vots, davant de l’enfonsament de les forces d’esquerres.

Aquest desenllaç ens podria fer pensar que el moviment havia fracassat. Però la veritat és que des d’aleshores va sorgir una “Nova Esquerra” que, amb un discurs interclassista, es nodrirà d’activistes de sectors molt diferents, del feminisme a l’ecologisme, per a impulsar valors que canviïn el sistema, utilitzant l’impacte mediàtic com a principal manera de publicitar els seus missatges. 


L’esquerra convencional trencava amb Moscou després de la repressió de la Primavera de Paga i renunciava al marxisme (consolidant així la socialdemocràcia). La part més radical de l’esquerra, frustrada pel fracàs dels seixantavuits, opta per la guerrilla urbana i desenvolupa moviments terroristes.

També va canviar la universitat: de ser una institució tancada, autocomplaent i elitista, ancorada en el saber doctoral, va passar a considerar les exigències socials. L’antropologia dignificava tots els discursos i la parla cultural era tractada com a equivalent a les formes cultes; de la mateixa manera que les noves formes d’expressió de la cultura popular (en música o cinema) passaven a ser considerades “alta cultura”. 

Com interpretar el que havia passat? Ja des del primer moment es van enfrontar dues interpretacions. Encara que l’esquerra tradicional no la va acabar d’entendre –Sartre, després d’una conversa pública amb Daniel Cohn-Beddit, la va qualificar com a «conseqüència de la maldat del capitalisme»- va anar prosperant la idea, representada per Allan Touraine, de que havia estat “un nou conflicte social, una nova lluita de classes (…) desfermada pels estudiants, tècnics i quadres d’empresa que havien superat l’obrer industrial no qualificat, integrable marginalment en l’organització industrial”. La dreta, per la seva banda, va qualificar els esdeveniments com una malaltia: Raymon Aron escrivia a Le Figaro que havia estat «un accés de febre» i criticava que aquells joves que criticaven les contradiccions del sistema solament hi volien entrar. El mateix president de la República va declarar que era «subversió maoista», i André Malraux va definir-la com a una espècie de «crisi de la civilització, perquè cap no pot viure sense un valor suprem, sense transcendència» i 1968 li semblava la revolta del caprici i les emocions.


Aquelles tres visions continuen vives: en un dossier que el diari ELMUNDO va penjar/publicar per fer-ne balanç en el 50è aniversari dels fets de 1968, l’economista Jaime Pastor no solament en feia un balanç positiu en tant va obrir la port als “Nous moviments socials” (dels quals anti-globalització i 15M en serien seqüeles), sinó que valorava la seva força e importància en tant va posar en marxa la contrarevolució que, en la versió neoliberal, arrastrem avui. En el mateix dossier, Fernando Sánchez Dragó minimitza l’impacte dient que solament va ser “l’enrenou de nanos amb pantaló Levi’s i mariannes amb minifaldilla que es va posar a fer cruising pels carrers de París (...) solament volien lligar”, ja que aquells nens mimats van tenir una “erupció d’acnè i brot d’escarlatina” eren “iguals de burgesos que els seus papàs”. Aquesta segona versió veu en 1968 l’origen del relativisme moral i el multi-culturalisme, que avui sabem fracassats. També la interpretació de 1968 com a “crisi civilitzatòria” ha tingut continuïtat: el filòsof Gilles Lipotevsky (La era del vacío, 2000) veu el naixement de l’individualisme actual: “encara que hi va haver una forta mobilització pública i una forta participació dels joves en l’acció col·lectiva (...) va ser una explosió d’aspiracions i reivindicacions explícitament individualistes”. Aquest reivindicació de la vida privada davant dels valors col·lectius ha permès retratar el 68 com l’esclat de la postmodernitat en tant moviment espontani, imaginatiu, tolerant, narcisista, el primer pas d’un present “sin ídolo ni atributo, ni imagen gloriosa de si misma, ni proyecto histórico movilizador. Es la era del vacío, en la que nos bombardean con mensajes para impedirnos ver lo importante». Aquest discurs ha estat força contestat: un dels protagonistes dels esdeveniments veu aquell moviment com un pas endavant en el camí de la modernitat: en una entrevista concedida a ELMUNDO per un dels estudiants que van restar icònics d’aquells dies, Alain Gesmair, recorda que va ser “un salt cap a la modernitat” perquè “cuando Valéry Giscard d'Estaing llegó a la presidencia, en 1974, dio el voto a los 18 años y legalizó el aborto” i critica Sarkozy pel famós discurs en que proposava destruir “el llegat del 68” en tant relativisme moral, multiculturalisme i hedonisme consumista. De fet, al final, quan li pregunten què podria criticar d’aquell moment, diu “que ja no és jove”.

La tempesta del 68 està representada a l’est per la Primavera de Praga, un període de liberalització política i protesta massiva que esdevingué a la Txecoslovàquia comunista des del 5 de gener de 1968, quan el reformista Alexanxer Dubček va ser escollit Primer Secretari del Partit Comunista d’aquest país, fins el 21 d’agost, quan mig milió de soldats soviètics van ocupar el país i reprimir tota reforma (hi romandrien fins la “revolució de vellut” de 1989).
Per què va passar? La desestalinització no acabava d’arribar: el 1967 es va rehabilitar alguna de les víctimes d’Stalin (del Judicis de Slánsky) i un Congrés d’Escriptors concloïa que la literatura havia de ser independent de la doctrina del partit. El règim va respondre amb censura, i com que el president Antonín Novotný va ser desafiat per Alexander Dubček, primer secretari del partit comunista, es va convidar Brezhnev a Praga (12/1967). El líder soviètic, però, en veure l’abast de les critiques, va destituir Novotny i el va substituir per Dubček (5-1-1968). Poques setmanes després s’acomplien vint anys del “febrer victoriós” que havia conduït els comunistes al poder (1948),i Dubček va pronunciar un discurs explicant la necessitat d’un canvi que consolidés un “socialisme que es correspongui amb les tradicions democràtiques històriques de Txecoslovàquia”. Així que va abolir la censura (març) i publicar un “programa d’acció” que augmentava la llibertat de premsa, expressió i moviment, limitava el poder de la policia secreta i descentralitzava l’administració en dues repúbliques socialistes. El document no criticava “els mètodes centralistes” que havien calgut per a lluitar “contra la burgesia”, però –en tant havia estat derrotada amb la implantació del socialisme- considerava que aquells mètodes ja no eren necessaris. En el presídium del partit, aquell mateix mes, el nou president definia tots aquests canvis com un “socialisme de rostre humà”.



Amb la mosca a l’orella els líders dels “Cinc de Varsòvia” (URSS, Hongria, Polònia, Bulgària i la RDA) van interrogar-lo sobre el sentit de les reformes. Després de signar la Declaració de Bratislava (confirmant la fidelitat al marxisme i l’internacionalisme proletari), Breznev va retirar les tropes soviètiques fins a la frontera. Però veient que la reclamació de reformes s’accelerava, i que el sector més ortodox del partit li demanava, va decidir la invasió: mig milió de soldats assaltarien el país, provocant mig centenar de morts i 700 ferits. Encara que Dubeck demanava que no hagués resistència, va ser detingut i va signar el Protocol de Moscou: romandria un any més en el càrrec a canvi de moderar les reformes. L’abril de 1969 Dubček va ser nomenat agent forestal i substituït com a Secretari general per Gustáv Husák: ell va impulsar el que s’anomenà la “Normalització”, que va consistir en revertir reformes i purgar els aperturistes. És en aquest context que es va produir el suïcidi de l’estudiant Jan Palach a la plaça de Wenceslao de Praga (16-1-1969) en protesta per la manca de llibertats. Les conseqüències en el si del bloc comunista serien encara més greus:

A Romania, el secretari general del Partit Comunista, va pronuncia un discurs contra la  invasió, i Enver Hoxha va treure Albània del Pacte de Varsòvia.
Els partits comunistes italià, francès i finès van condemnar l’ocupació. Teresa Pàmies i el seu pare, exiliats de la guerra civil, explicaran el debat en el si del socialisme que va obrir la Primavera (Testament a Praga, 1971). La desil·lusió que va obrir en l’esquerra occidental va inclinar-la cap a l’eurocomunisme.
Durant un tens debat a l’ONU, els soviètics van definir la intervenció com a “assistència fraterna” i els americans van reconèixer que havien nomenat ambaixadora davant el nou règim a l’actriu Shirley Temple, testimoni dels esdeveniments perquè estava en un congrés sobre l’esclerosi múltiple, que finalment ho seria durant la “revolució de vellut”
Mao també va criticar la “Doctrina Breznev” (tement que ell fos el següent objectiu). En un banquet a l’ambaixada romanesa de Pekín (23-8-1968) el primer ministro Zhou Enlai, denunció a la Unión Soviética por "política fascista, e imperialista, comparando a la URSS con Vietnam.
El 1989, Dubcek seria president de l’assemblea federal durant el govern de Václav Havel, pronunciant-se contra la dissolució de Txecoslovàquia abans de traspassar el 11/92.


El 68 més desconegut. La vitalitat del moviment estudiantil era especialment forta a Mèxic, on es barrejava amb altres lluites socials que venien de lluny. Ja el 1964 el president Gustavo Díaz Ordaz va contestar a la vaga de sanitat i ferrocarrils militaritzant els serveis i acomiadant els vaguistes. El malestar era continu, i es va barrejar amb la mobilització dels estudiants.

El govern va respondre amb un plant per a criminalitzar el moviment social. Les actuacions de policia i exèrcit van incloure detencions il·legals, maltractaments, tortures, persecucions, desaparicions forçades, espionatge, homicidis i execucions extrajudicials. Però l’episodi més important d’aquesta política va ser la massacre perpetrada el 2-10-1968 a la Plaça de les Tres Cultures de Tlatelolco pel Batalló Olímpia (un cos policial secret).

Aquell dia l’exèrcit vigilava el curs d’una manifestació i uns infiltrats d’aquest cos secret de seguretat se situava en la plaça amb franctiradors que van disparar contra els militars, que -pensant que venien dels estudiants- carreguessin contra la multitud. La plaça va quedar plena de cadàvers i ferits, centenars de detinguts van ser empresonats.

Es desconeix el nombre de víctimes perquè les comissions investigadores de 1993 i 1998 van fracassar. Desmentint el govern mexicà l’escriptora Elena Poniatowska (La noche de Tlatelolco, 1971) ja parlava d’una seixantena, i des d’aleshores tots els estudis han anat recomptant molts més.
El dissabte 12-12-1968 el president Díaz Ordaz inaugura els XIX Jocs Olímpics, batejats “de la pau” i la noticia queda gairebé desconeguda. Circula informalment en ciutats on el moviment estudiantil és fort, i s’organitzen protestes. L’exèrcit minimitzà el dispositiu i va amenaçar amb repetir-lo si “apareixien més brots d’agitació”

L’escàndol que va significar la publicació, per part de Julio Scherer y Carlos Monsiváis (1999) de Parte de Guerra: Tlatelolco 1968: Documentos Del General Marcelino García Barragán, va moure el president Vicente Fox a investigar. Un tribunal va concloure que va ser un crim d’estat el 2018, tot i que ja des de 2011 es conmemmora el dia de dol nacional.

domingo, 23 de junio de 2019

S31 - SIS DIES DE 1967 I MOLTS DE 1968



El darrer dia ens va quedar pendent  saber què passava amb el panarabisme que havia convertit Nasser en una figura de referència en el món àrab. El 1967 va expulsar les forces d’emergència instal·lades a la península del Sinaí, substituint-les per tropes egípcies,i  va tancar l’estret del Tiran a la navegació israeliana. Aquesta amenaça, i antigues declaracions seves de voler la destrucció d’Israel, van servir els israelians per a desencadenar un atac preventiu que en sis dies va derrotar els exèrcits de Síria i Egipte. Aquesta guerra va canviar el mapa de la regió: Israel va ocupar Cisjordània, els Alts del Golán sirians, Jerusalem est i dos territoris egipcis des de 1949, Gaça i Sianí. La historiografia israeliana veu que “després de 20 anys de fragilitat estratègica, Israel aconseguia la profunditat territorial que li conferia capacitat defensiva per a mantenir l’artilleria àrab lluny de les ciutats”. Dit d’altra manera, els territoris constituirien un “matalàs defensiu que recordaria als veïns la seva capacitat militar”.



Però  la conversió d’Israel en una potència ocupant permanent va enverinar definitivament el conflicte, obrint un debat molt complicat, que arriba fins avui, sobre el significat d’aquesta ocupació: si el llançament de coets des de Palestina és vist pels israelians com un atac terrorista, els atacants el consideren part del seu dret de resistència contra una ocupació il·legítima; alhora, les incursions armades de l’exèrcit israelià són presentades com dret a defensar-se, mentre que els palestins els contemplen com a terrorisme d’estat. I quan algú es pronuncia en contra d’aquesta política d’Israel es diu que es criminalitza l’única democràcia de la zona, que en fer-ho l’esquerra vol destruir els principis de llibertat que Israel representa allà (contra el terrorisme que suposadament representarien els àrabs) i que, amb maniqueisme,  es minimitza el terrorisme palestí, concloent –en una acusació sumària- que manifestar-se antisionista és una forma vetllada d’antisemitisme. I tot això malgrat que el Consell de Seguretat de les Nacions Unides va dictar per unanimitat la resolució 242 el 22-11-1967, instant a canviar “pau per territoris”: els àrabs havien de deixar d’amenaçar Israel, i Israel havia de retornar els territoris conquerits. El problema és que Israel no solament no va acatar la resolució, sinó que va començar a instal·lar colons en els territoris ocupats. Podríem dir que els assentaments es convertien així en un arma, juntament amb les carreteres que els uneixen, perquè fragmenta la continuïtat territorial que faria viable un estat palestí.  


Però la conseqüència més important de la Guerra dels 6 dies va ser la humiliació del món àrab. La derrota va enfonsar el lideratge egipci, sobre tot a partir de la mort de Nasser el 1970. Els àrabs van signar la Resolució de Jartum amb el triple “NO” a la pau amb Israel, el seu reconeixement com a estat i a negociar-hi res, i van iniciar una guerra de desgast contra ell que arribarà a la seva màxima expressió amb l’atac de 1973. Un jove oficial admirador de Nasser, Muhammad al Gadafi, desencantat perquè el rei Idris al-Sanusi de Líbia no havia ofert suport a Egipte, va protagonitzar un cop el 1969, un any abans que ho fes a Síria el pare de Baixat el Assad.

I quines conseqüències va tenir 1967 per a Palestina? El balanç tindria dues cares: per una banda perden territoris (i amb ells la possibilitat de constituir un estat viable), però alhora la OLP arriba a la seva majoria d’edat sota la direcció de Yasser Arafat (ja que des de la seva creació el 1964 havia estat controlada pels egipcis).  Fins els acords que Arafat signarà amb Rabin a Oslo (1993) reconeixerà com a objectiu fundacional la destrucció d’Israel. Els milers de refugiats palestins que van fugir cap a Jordània van desestabilitzar el regne de Hussein: tement que podrien conspirar contra ell amb el suport dels libis, i després d’un espectacular segrest d’avions el 1970, el rei de Jordània va atacar les bases palestines dins del seu negre. La repressió (Setembre Negre, 1970) els va fer marxar al Líban, on van desequilibrar l’estat i van contribuir en l’esclat d’una terrible guerra civil el 1975. L’enfrontament entre palestins i jordans acabava amb qualsevol somni panarabista...



El 1968 està ple d’esdeveniments: veurà l’ofensiva Têt al gener, manifestacions reprimides a  Varsòvia al març que desencadenaran un qüestionament del ordre comunista a la veïna Txecoslovàquia,  l’assassinat de Martin Luther King (que multiplicarà els motins racials), l’ocupació de les universitats de Colúmbia (NYC) i Berkeley, l’atemptat contra el líder estudiantil alemany Rudi Dutschke, el Maig Francès (amb vaga general inclosa), l’assassinat de Bobby Kennedy, el final de la revolució Cultural xinesa i –a l’octubre- la matança de la plaça de les Tres cultures, a Mèxic. La simultaneïtat d’aquests esdeveniments ha fet pensar en què tenien alguna cosa en comú, de fet s’estudien ara sota l’epígraf “els seixantavuits” perquè comparteixen cert refús de l’autoritarisme i del principi d’autoritat de qualsevol tipus, critiquen l’ordre establert en nom de la llibertat i la justícia (i l’autodeterminació dels pobles), denuncien noves formes de control (consumisme i productivisme, per exemple) i plantegen mecanismes d’emancipació individual (autogestió, democràcia més participativa). Cal dir que no són revoltes marxistes,  i que totes, aparentment, van fracassar: els governs van reinstaurar l’ordre i es va mantenir l’estabilitat institucional. Caldrà reflexionar si aquest fracàs és cert...




Tot va començar amb l’ofensiva Têt al gener. El general Giap va desencadenar una ofensiva simultània sobre diverses zones de Vietnam que va sorprendre els americans. No va ser una victòria, perquè els nord-vietnamites van tenir moltes baixes (45.000 dels 84.000 efectius utilitzats) i no van aconseguir controlar cap zona important ni col·lapsar el règim del sud. L’efecte més important va ser col·lateral: el Têt va enfonsar la moral de l’opinió pública americana. Com ho va fer? Per una banda, la TV va multiplicar el desconcert i va mostrar que la victòria (si era possible) trigaria. El periodista Walter Conkrite –que cobriria més tard l’allunament o el Watergate- va ser destinat el febrer de 1968 a informar de les conseqüències de l'Ofensiva del Tet. Convidat a sopar pel general Creighton Abrams, comandant de les forces a Vietnam, al qui coneixia de la WW2, va contrastar que el general pensava que era impossible guanyar la guerra, i que caldria buscar una manera digna de sortir-ne. Així que el 27-2-1968 Conkrite va rematar una crònica criticant l’optimisme de la propaganda del govern i qüestionant el sentit de romandre lluitant a Vietnam. La retransmissió demostra el caràcter mediàtic del conflicte, tant com la fotografia d’Eddie Adams que mostrava un militar del Nord (Nguyn Ngc Loan) executant un guerriller del Vietkong als carrers de Saigon, i que seria premiada amb el Pulitzer el 1969. Va mostrar que es donava suport a un règim corrupte i brutal. L’al·legat de Cronkite va funcionar: va fer créixer la pressió per a  buscar una solució negociada i va enfonsar la moral de l’exèrcit (augmentant els cassos d’indisciplina i les desercions a la URSS i Suècia). Així les coses, Jonhson va aturar els bombardeigs i va anunciar que no es presentaria a la reelecció. Les eleccions de 1969 les guanyarà el candidat republicà Richard Nixon: perquè prometrà sortir de Vietnam, però també perquè agafarà els demòcrates en ple procés de selecció de candidat després que Sirhan Bishara Sirhan, un cristià palestí, assassinés el senador Robert Kennedy el dia que va guanyar  a Califòrnia (5-6-1968) les eleccions primàries per a ser candidat a la presidència.


L’opinió pública que es resistia a Vietnam i lluitava pels Drets Civils s’emmirallava en els líders del Tercer Món per la seva vocació de destructors de l’antic ordre: l’exaltació dels guerrillers algerians en “La batalla d’Alger” (que va fer guanyar al director italià Giulio Pontecorvo el festival de Cannes el 1961) o els aldarulls parisencs durant la visita del primer ministre del Congo, Moisés Thsombé (12/1967), l’assassí de Patrice Lumumba, ho demostren. Però potser la imatge dels Guàrdies Rojos atacant la burocràcia fos especialment seductora per als joves occidentals, bé sigui per la seva crítica de l’aburgesament i el saber llibresc, com pels tabezaos plens de consignes, que recorden els graffitis del maig parisenc. L’estrena de La Chinoise (Jean-Luc Godard, 1967) mostra tanta admiració pel (rebel) Tercer Món com l’èxit literari del  món màgic que el jove Gabriel García Márquez havia retratat a “Cent anys de solitud” (1967), la qualificació de “Memòries del subdesenvolupament” (Tomás Gutiérrez Alea, 1968) com una de les cent millors pel·lícules de la història del cinema per Cahiers du Cinema, o la sublimació de Marilyn Monroe com a personificació de la  innocència manipulada pel capital i la política per part d’Andy Warhol (1964). Trobaríem molts exemples...

Aquest context influirà en l’esclat del Maig francès, però també hi ha un soroll de fons més sofisticat: una crítica de l’opulència que, constatant que el proletariat ha perdut radicalitat i ha convertit la revolució en  retòrica, conclou que el capitalisme estova l’individu, el burocratitza en un benestar submís, l’aburgesa. El premi Nobel de Literatura Heinrich Böll (Memòries d’un pallasso, 1967) descriu la classe obrera “empatxat de comoditats”, i Herbert Marcusse havia deixat l’home en “unidimensional”. Era l’època en que l’Escola de Frankfurt (refugiada als Estats Units durant la guerra ) qüestionava l’ordre racionalista nascut de la il·lustració: Adorno descrivia “la personalitat autoritària” com una manera de ser convencional, d’opinions rígides, crítica amb la subjectivitat, sovint supersticiosa, que –sota educació estricta, incapaç de qüestionar els pares- traslladava cap a inferiors i dèbils tota la hostilitat. I d’aquesta crítica de l’autoritat sortia el qüestionament dels mecanismes repressius de la societat burgesa (policia, exèrcit, magistratura, església...), de la família (en tant reproduïa funcions socials integrant-nos tabús i falses certeses), de l’escola (que transmet una educació per a la subordinació i es converteix en una “cadena de muntatge per a fabricar idiotes especialitzats”.

domingo, 16 de junio de 2019

S30 - L'INFERN DE VIETNAM


Vam acabar la darrera classe parlant de com el Ché es va convertir en una icona, no solament per als revolucionaris de mig món, sinó també per a una part de l’acomodat jovent occidental.  El testimoni de Régis Debray, que va estar empresonat després d’entrevistar-lo i solament va sortir de la presó de La Paz gràcies a la mediació del general De Gaulle, va ser crucial: encara que de gran, després d’actuar com a col·laborador de François Miterrand durant els anys vuitanta, qualificaria el Ché com un paranoic, els seus llibres “El castrismo, la larga marcha de América Latina” (i més tard “La guerrilla del Ché”) van crear la imatge del guerriller heroic.


El darrer dia vam deixar també Vietnam escalfant un conflicte a foc lent. L’agost de 1964, com a resposta al presumpte atac per part d’unes llanxes nord-vietnamites a vaixells americans, es va produir un incident al golf de Tonkín que McNamara va presentar com a defensa legítima. El president Johnson va demanar al congrés una Resolució conjunta per a respondre amb operacions de càstig al·legant que “els atacs de Vietnam del Nord no són un esdeveniment aïllat, sinó que formen part d’un impuls comunista continuat per a conquerir Vietnam i eventualment dominar altres nacions lliures d’Àsia”. Amb la “teoria del dominó”, doncs, com a justificació, es va aprovar una Resolució (del golf de Tonkín) que oferia al president uns poders especials (i sense control) per a iniciar l’escalada militar que esdevindrà la gran catàstrofe de la història dels Estats Units. Sense cap declaració de guerra, doncs, s’iniciava un conflicte terrible, del que hauríem de destacar algunes característiques...

Primer de tot és una guerra tecnològica. El condicionament del medi natural (la selva amb prou feines permetia avançar 500 metres l’hora) obligava a fer servir l’helicòpter per a transportar tropes i evacuar ferits.  La gran quantitat de bombes llençades sobre el país (una cada 30 segons) va superar amb escreix les que es van fer servir en tota la Segona Guerra Mundial. També la flota fluvial per a patrullar el Mekong, els defoliants per a cremar la selva, o els sensors elèctrics per a detectar els moviments de la guerrilla demostren la tecnificació del conflicte.

Pel que fa al seu caràcter mediàtic , ha permès –tant com el tractament cinematogràfic- que fotografies com la del monjo budista immolant-se als carrers de Saigon, o els cadàvers dels habitants de l’aldea de MyLai assassinats per tropes americanes, formin part del nostre imaginari. Aquest petit poblat vietnamita va aparèixer a la premsa el gener de 1971, quan va transcendir que s’estava jutjant el tinent William Calley (24 anys, antic venedor d’assegurances) com a responsable de  l’assassinat  d’un centenar de persones a MyLai. Quan se’l va declarar culpable (29-3-1971), els seus advocats van al·legar que els crims formaven part d’una important operació de càstig contra una regió que oferia suport als guerrillers del Vietkong. Finalment va ser condemnat a cadena perpètua, i va publicar amb el periodista John Sack “His own history”, on admetia la carnisseria però es defensava explicant les terribles atrocitats de que va ser testimoni, i denunciant la cadena de responsabilitats polítiques i militars de les que depenien les seves decisions. També el llibre de Mark Lane donant veu als desertors recollia testimonis com el de Joseph Artur Doucette, que admetia que els ensinistraven per a torturar els presoners. L’allau informatiu va commocionar la societat americana...

Els testimonis de les atrocitats a Vietnam ens permeten recordar una altra característica molt particular d’aquest conflicte: que contra més gran era l’èxit militar, més crisi política provocava. No solament perquè la victòria era lenta i cara (el 1966 ja hi havia mobilitzats 385.000 soldats), sinó perquè el reclutament (terriblement desigual, afectava sobre tot a negres i pobres) va inspirar virulents brots de pacifisme. I, en obrir el debat contra l’abolició de l’exoneració dels estudiants per anar a la guerra, va contribuir a la mobilització del jovent contra el govern. La crítica oberta pels intel·lectuals també va ajudar: ja el 1965 un jove historiador anomenat Eric Hobsbawn va advertir en un article a The Nation sobre les altíssimes possibilitats d’un fracàs militar: Vietnam and the Dynamics of Guerrilla War, recollit a UncommonPeople. Resistance, Rebellion and jazz (Londres, 1998).  I el 1967 s’obria també el Tribunal Russell, una iniciativa de recollida de proves materials per a un procés contra els EEUU que, imitant Nüremberg, es proposava respondre a 5 preguntes: havien comès els americans actes d’agressió condemnats pels dret internacional? Havien fet servir armes prohibides per les lleis de la guerra? S’havia bombardejats objectius civils? S’havia sotmès els nord-vietnamites a tractaments inhumans? S’havien impulsat deportacions, camps de treball o altres accions pròpies dels genocidis? El Tribunal, que encara que va comptar amb James Baldwin, Simone de Beauvoir o Jean Paul Sartre, va prendre el seu nom del matemàtic i filòsof Bertrand Russell, simbolitza la condemna universal de la brutalitat. Mentrestant, la guerra s’anava allargant, sense que pogués semblar superable: al sud, els americans podien mostrar un aclaparador domini del cel, el mar i les ciutats, però els era impossible sotmetre la informació, el camp, la nit, l’ànima vietnamita.  El Nord, amb el suport soviètic, controlava 2/3 dels llogarets del Sud (sigui per convicció, sigui per coacció) i comptava amb la direcció del general Giap, heroi de la resistència contra els japonesos i els francesos. Ell ho canviaria tot el gener de 1968...


Abans d’arribar-hi hem de repassar què passava a la URSS. Havíem parlat de com el setembre de 1964 Kruschev estiuejava al Mar Negre mentre el Politburó conspirava i el convocava a una reunió que li havia de retreure haver transgredit “les regles leninistes de direcció col·lectiva”. Ell va reconèixer el dret del partit a destituir-lo, així que –encara que es va publicar que el nou canvi en la cúpula es devia a l’edat i la mala salut-, el seu carisma va deixar pas a Kosygin com a cap del govern i a Leónidas Bréznhev en la cúpula del partit i la URSS. Com a encarnació de la burocràcia freda, Breznhev feia responsable Kruschev de la ruptura amb Xina o la fracassada colonització de les “Terres Verges”. Un balanç més ampli podria ser positiu: el suport a Nasser durant la Crisi de Suez, o l’impuls ofert a la revolució cubana havien introduït la influència soviètica en el món àrab o el continent americà, i l’èxit apuntat al denunciar la crisi de l’U2 el 1960 fan pensar més aviat que el vell aparell del partit temia el carisma de Kruschev. De fet, Bréznev és un representat d’aquesta elit grisa que anomenem “nomenklatura”, i que –després de fugir als Estats Units (1972)- va descriure Michael Volensky en el llibre en què denunciava la burocràcia parasitària que s’ha apropiat de la revolució i contradiu els ideals igualitaris de 1917 perpetuant una casta –simbolitzada en el darrer capítol per Dennis Ivanovich- que gaudia de tota mena de privilegis: restaurants, apartaments, sous superiors a la mitjana, vacances o xofer. Del llegat Kruschev poc va quedar, perquè l’avantatge en la cursa espacial que havien simbolitzat el primer satèl·lit (el petit Sputnik I), la gosseta Laika, Yuri Gagarin (1961), Valentina Tereskova (la primera dona en viatjar a l’espai), es perd quan els EEUU posen en marxa el “Programa Apol·lo” que aconseguirà l’allunatge de Neil Armstrong el juliol de 1969.

I la Xina? Havíem deixat Mao enfrontant-se a l’acomodació (l’aburgesament del que acusava Kruschev) i a l’oposició que li criticava el culte a la personalitat i aconseguia –criticant el fracàs del Gran Salt Endavant- que cedís la presidència de la república a Liu Shaoqi i el control efectiu del partit (tot i que no la seva presidència) a Deng Xiaoping. El 7/1966 travessa nedant el Yang Tsé per a demostrar vigor físic i anuncia el seu retorn per carta: volia “un gran desordre sota el cel” per a aconseguir “un gran ordre”. Contra el sector “revisionista” Mao tenia al seu favor el seu entorn (la seva esposa, Jian Qing, actriu i coordinadora de cultura/propaganda) i l’exèrcit, dirigit per Lin Biao, el general que havia dirigit la Llarga Marxa i l’Exèrcit Roig durant la guerra civil. L’exèrcit i el Llibre Roig amb els pensaments de Mao que va recollir Lin Bao seran els principals instruments de Mao per a tornar a la primera línia política; però el més important seran els joves: l’abril de 1966 la premsa els crida a “aixecar el pensament de Mao”, i al juliol crea els “Guàrdies Rojos” i compareix davant d’ells a Tinanmenn per a demanar-los que “combatin” el vell pensament i les velles costums. En acusar Liu Shaoqi de ser el “Kruschev de la Xina” i instruir a la policia perquè deixés fer als Guàrdies Rojos, es va desencadenar una onada de violència que Mao no va aturar fins quedar convençut de que la vella estructura havia estat desarticulada, dos anys més tard. Això no vol dir que els revisionistes es deixessin aclaparar per la violència: Liu Shaoqui va crear “grups de treball” que pretesament desviarien la violència però a la pràctica els enfrontava. El dogmatisme dels Guàrdies Rojos va arribar a l’esperpent quan van actuar contra aparadors, floristeries i considerats símbols del capitalisme que calia destruir. Semblava que aquests comitès havien substituït el partit quan la repressió dels soviètics  a Praga va desbordar totes les alarmes xineses: tement que els soviètics actuessin en aquelles zones on el desordre provocat per aquesta “revolució cultural” s’havia consagrat una independència “de facto”, i veient que la facció revisionista les havia fet gairebé independents, Mao demana (octubre de 1967) aturar les lluites i reprendre les classes. El desembre del mateix any una directiva de Mao els ordena “marxar al camp” a reeducar-se: 17 milions d’estudiants van ser expulsats de les grans ciutats i el Comitè Central del Partit havia vist purgats 2/3 dels seus membres, que havien estat substituïts per militars i membres dels comitès. Liu Shaoqui, expulsat del partit, mor reclòs; i Deng Xiaoping queda relegat a l’exili interior. Què havia passat en aquesta Revolució Cultural (1966-1968)? Encara que la primera historiografia en buscava explicacions psicològiques en el fanatisme o la personalitat de Mao, els llibres més recents (MacFarqular, 1997) ja l’expliquen en base a la lluita de faccions. El problema és que la lectura que en faran alguns sectors de l’esquerra occidental, idealitzada, donarà peu al terrorisme de les Brigate Rosse, Baader-Meinhof, o ... ETA!!!








Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...