¡Echando de menos la edición radiofónica!

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"Sólo unos pocos prefieren la libertad; la mayoría de los hombres no busca más que buenos amos" (Salustio)

miércoles, 24 de septiembre de 2008

ADRIANO NO ES OBAMA



Acabo de regresar de Londres, donde pude visitar una exposición temporal en la vieja Library del British Museum. Hadrian, empire and conflict se estructura en seis espacios. Destacan los tres primeros: Una nueva élite, que sitúa a Adriano en las redes de clientelas creadas por los provinciales dedicados a la exportación de aceite de oliva; Guerra, que le define como líder experimentado y rudo militar, rompiendo el estereotipo del pacifista filoheleno; y Arquitectura, dedicado a la fiebre constructora del periodo. Pero hay tres más, dedicados a la villa de Tívoli, a Antinous y al problema sucesorio.

Además de presentar algunos nuevos hallazgos, como los fragmentos de una estatua colosal descubierta el 2007 en Turquía, la exposición quiere actualizar nuestra visión de un personaje de sorprendente actualidad: su primer acto como gobernante fue retirar el ejército romano que ocupaba Mesopotamia, el actual Irak, en el que costaba consolidar la invasión impulsada por Trajano. Cuando Adriano llega al poder tiene 41 años y una larga experiencia política y militar: había destacado en la segunda guerra dácica (105), había sido pretor en el 106, cónsul en el 108 y gobernador de Siria en el 117. Por tanto, la decisión no es tanto la de un pacifista débil sino la de un experimentado militar que quiso retraer las fronteras del imperio a líneas más fáciles de defender.

Y sin embargo, tras las trágicas contiendas del siglo XX fue leída como ejemplo de pacifismo. Así debió ser cómo el personaje sedujo a Margueritte Yourcenar, autora de una presunta autobiografía extraviada, las Memorias de Adriano (1951) traducida con éxito a a muchas lenguas: sólo en España lleva vendidos más de un millón de ejemplares.



Aquella apasionada clasicista que aprendió latín a los diez años y griego a los doce debió inspirarse en una enorme estatua del emperador con pinta de filosofo fondón que, según el British, es en realidad un montaje victoriano que mezcla una cabeza adrianea con un cuerpo ajeno. Aunque la muestra se abre con su manuscrito, la deconstrucción del Adriano yourcenariano rompe implacablemente con la imagen del dócil filósofo, pacífico, introspectivo y cercano, dedicado a la vida contemplativa, que cede territorio romano. De hecho, la pieza favorita del comisario, Thorsten Opper, es la que él llama la “imagen real” de Adriano: una estatua que luce coraza, expresión despiadada y con el pie izquierdo aplasta a un enemigo bárbaro.

Se ha escrito que la reivindicación de Adriano podría ser un críptico mensaje al candidato a la presidencia norteamericana para que, nada más celebre su advenimiento, retire las tropas de Irak. A mi, sin embargo, la exposición, además de elegante en su diseño, me pareció tan aséptica como una mesa de quirófano. ¡A no ser que fuera precisamente esa aparente ausencia de la reinvidicación la que encubra sutilmente la apuesta por abandonar Irak a su suerte!

Me explico: al hacer hincapié en el Adriano marcial y al mismo tiempo diluir el abandono de las provincias que Trajano había conquistado, el discurso expositivo refuerza la idea de que el abandonismo no era tanto señal de debilidad como de estrategia. Así se adoctrina al público para que no considere la retirada una derrota, y se jalea al candidato a adoptar una medida que será ridiculizada por los agitadores de banderas y el lobby petrolero.



De todos modos, en el caso de que Barak Obama accediera a la presidencia, la decisión me parecería hoy irresponsable y temeraria. Irresponsable porque el mal está hecho, y la comunidad internacional que pecó tolerando el ataque supuestamente preventivo y obviamente arbitrario, tiene la misión de evitar que la deriva de los acontecimientos y el caos que se respira hoy allí den como resultado la constitución de un estado agresivo y rencoroso, que sólo deje de ser marioneta de las petroleras para pasar a serlo de cualquier mafia del terror. Y temeraria porque no se lo perdonarían: desde que en 1960 el viejo Ike dedicara parte de su discurso de despedida a advertir del alcance tentacular del Complejo Militar Industrial, no creo que nada pueda oponerse a la lógica mesiánica del “Destino Manifiesto”. No habrá salida de Irak si la decisión no resulta lucrativa para los magnates wasp.
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