¡Echando de menos la edición radiofónica!

¡Echando de menos la edición radiofónica!
"Sólo unos pocos prefieren la libertad; la mayoría de los hombres no busca más que buenos amos" (Salustio)

lunes, 15 de octubre de 2007

LOS BUENOS BLOGGEROS HABLAN DE AMOR...

Los últimos meses han sido como un gran premio de F-1 en la vieja carretera del Garraf: mucha curva, mucho peligro de despeñe, apenas un milagro contenido, una suerte vigilante pendiente de los detalles y una inconsciencia absurda que provoca una falsa sensación de plenitud. ¡Los mismos ingredientes que enamorarse! Sin embargo, lo que en enero me parecía un camino de cabras cuesta arriba, hoy es pasado superado: por lo que no me queda más remedio que prometer a los amigos más pacientes que abandonaré mis lamentos de plañidera mal pagada sobre mi divorcio con la suerte. Me sorprendió en Les Roquetes, envuelto en compañeros de eficiente profesionalidad y corazón generoso, la convocatoria de oposiciones. Tomé el toro por los cuernos con cierto escepticismo. Sin embargo, cuando el inspector que me valoró la gestión del aula me puntuó con alabanzas lisonjeras, la ambición empezó a torturarme los nervios con tan punzante escozor que dejé de morderme las uñas para empezar con los muñones.



Después vinieron la confección de la programación de un curso entero, que por cierto terminé menos de 24 horas antes de su fecha de entrega, y el sorteo de las cinco bolitas en el que el azar me premió con dos temas de historia. Era la parte que más había temido, porque no había tenido tiempo de estudiar nada… Nada quiere decir que, de 75 temas, apenas llevaba 20 conmigo… No por estudiarlos, sino porque te gustan lo suficiente como para que te acompañen siempre, y te apetezca reciclarte en ellos con relativa frecuencia.

El caso es que seduje suficientemente al tribunal como para lograr la tercera mejor nota de la zona, y que –pese a tener poca antigüedad y alegar por tanto apenas un puñado tan pequeño de puntos que, de tan escasos, más bien parecían de sutura- pude elegir un destino cercano a mi casa que sustituirá los eternos desplazamientos de entonces por un ligero paseo. Pero hubo más logros: ganar la presidencia de la asociación Fent Història me está permitiendo impulsar un equipo lleno de entusiasmos, ideas y matices. Tomando una cerveza de verano en una terraza en Gracia por poco no me echo a llorar de alegría por su generosidad, viéndoles reír y rivalizando por tomarse las palabras unos a otros. Historiadores de convicción y soñadores de corazón, tengo la impresión de que vamos a hacer muchas cosas chulas juntos… A mi lado tengo el apoyo de mi granadina lorquiEva, que tiene mucho arte; y otra Eva que maquetando tentaría a Adán cual manzana con curvas; y una Victoria que es tan sabia que me llena de orgullo compartir cartel con ella en la Casa Elizalde; y una Isa que, además de dejar que me tome la confianza de cambiarle el nombre, me cubre las espaldas mejor que María Teresa Fernández de la Vega cubre a ZP; y una Virginia que es capaz de compartir lo que nadie se atreve a compartir; y un Jordi y un Luis –excelentes discutidores y polemistas- que sobre todo destacan por su compromiso por la Historia como herramienta de libertad de pensamiento. El viaje tendrá escollos, pero también voluntad de consenso para superarlos. Espero que sea creativo y se llene de oportunidades…



En todas esas trincheras andaba metido cuando recayó sobre mi un encargo difícil: hablar en público nunca ha sido para mi tan peligroso como para los que me escuchan, pero cuando el tema lo ha elegido una amiga muy competente y que se pone pachucha, la tierra parece temblar con intensidad Lisboa 1755. Lo mejor de aquel acto fue conocer que hay apasionantes experiencias de renovación docente en la facultad, y buenos profesionales (pre)dispuestos a escuchar a los alumnos.

En las reuniones preparatorias del acto, tuve la oportunidad de escuchar a la doctora Marta Sancho decir que “ser historiador”, (y yo lo apunté en la agenda precipitadamente con letra de médico extendiendo receta), “no es una profesión, es una forma de vida”. Espero que no lo tenga registrado, porque se lo pienso copiar a destajo… porque tiene razón al decir que las gafas de mirar que hemos elegido para entender el mundo a nuestro alrededor no funcionan sólo en horario de oficina…



Por lo que respecta a la doctora Teresa Vinyoles, me resulta difícil camuflar la incondicionalidad del aprecio que le guardamos todos los que empezamos la carrera en 1996. Llegamos perdidos a la facultad y –en una clase primeriza y vespertina- nos contaba que acababa de regresar de un congreso que había incluido una visita a un castillo. Y que, preguntándose con algunos compañeros por la zona más gastada de los escalones que subían a la torre del homenaje, habían concluido –al preguntarse qué pasos habrían dejado aquel desgaste en la piedra milenaria- que la Historia era aquello: preguntarse por las huellas y las personas que las dejaron.



Recuerdo que un escalofrío de emoción me recorrió la espalda. Mi mirada coincidió entonces con otra estudiante con la que apenas había cruzado algunas palabras hasta entonces. Nos sonreímos. Eva Ubarti aun hoy aún es una de mis mejores amigas. Y, como todas las personas a las que he mencionado en este texto, también ha dejado huella.

domingo, 14 de octubre de 2007

40 AÑOS DESPUÉS, DAVID SE CONVIRTIÓ EN GOLIAT





















Recomiendo efusivamente una lectura que abrumó despiadadamente mi último trayecto en tren entre Barcelona y Manresa: me refiero al último número de La Vanguardia Dossier, que está dedicado al conflicto Israel-Palestina. Aunque el tema te encharca el alma de sangre y tristeza con sólo mencionarlo, me siento obligado a tratarlo con la sutileza que requiere porque en mi horario lectivo en mi nuevo destino docente figura un crédito variable dedicado a la geopolítica que amenaza con eternizarse en áridos debates sobre “paz positiva” y “paz negativa”. Una alumna de trece años reflexionaba en voz alta el otro día ante sus compañeros, mientras yo intentaba convencerles de la diferencia entre “paz justa” y “paz posible”, que –si tan ventajosas resultan las paces pragmáticas y poco idealistas- por qué israelíes y palestinos parecen tan poco dispuestos a intentarlo. Los adolescentes tienen una asombrosa capacidad de helarle la sangre a cualquiera; por lo que –enfrentado a mi ignorancia por una joven brillante- me arrastré hacia un kiosco y me compré el dossier de La Vanguardia.

¡Su lectura es tan apasionante como dolorosa! Abordar los cuarenta años que se cumplen ahora de la victoria israelí en la Guerra de los Seis Días implica contemplar de golpe 120 años de odios, prejuicios, culpas, estereotipos, desconfianzas y miedos. Cuando la Historia da vértigo, los historiadores pueden ser útiles; por lo que el dossier reseña algunos libros que quieren dar luz sobre el tema. Por un lado, el ex presidente Jimmy Carter critica en Palestina; paz, no apartheid los 40 años de ocupación israelí en Gaza y Cisjordania, aunque siempre ha defendido el derecho de Israel a la paz y la seguridad, y siempre ha condenado con vehemencia el terrorismo palestino. Creo que eso le da suficiente crédito como para seguirle en su crítica de las estúpidas consignas que la Vulgata neoliberal cacarea para explicar el Próximo Oriente: “Israel es la única democracia en Oriente Medio. Está rodeada de dictaduras enemigas cuyo principal objetivo es destruir el estado judío y expulsar a su población al mar. El holocausto inmuniza a Israel contra todas las críticas: todo lo que haga para protegerse contra el terrorismo y garantizar la supervivencia del estado judío es apropiado”.






















Sin duda, el tema necesita de materiales más completos que esas simples consignas. Por eso el dossier de La Vanguardia reseñan también dos estudios recientemente aparecidos: 1967, Israel, the War and the Year That Transformed the Middle East, de Tom Segev; y The accidental empire. Israel and the birth of the Settlements, de Gershom Goremberg. Por ellos sabemos que en 1967 Nasser no tenia intención de atacar Israel, que el estado mayor hebreo lo sabía, que los incidentes fronterizos con Siria que movilizaron a Nasser fueron provocados voluntariamente por unidades israelíes (según confesión del general Moshe Dayan) y que el pánico que se apoderó de los ciudadanos judíos sirvió para justificar una guerra que el estado mayor contemplaba desde mucho antes y que –en lo que podría ser considerada una “revuelta de los generales”, y por qué no, un golpe de estado- fue impuesta al primer ministro de entonces en el curso de una reunión tumultuosa.

No se trata de una cuestión local, del propio estado judío, puesto que el panorama actual en el Próximo Oriente, el que nos afecta a todos, nació de dos consecuencias de la guerra de los Seis Días. Por un lado, el debilitamiento de la influencia soviética que había armado a Egipto y Siria (Nasser expulsó a los técnicos y asesores soviéticos y se pasó al bando americano). Que el prestigio soviético se derrumbara en Oriente no sólo es un capítulo de la evolución de la “Guerra Fría”, porque el descrédito del nacionalismo árabe, laico y socialista, dio paso al prestigio de regímenes conservadores pronorteamericanos: Arabia Saudí sustituyó a Egipto en el liderazgo del mundo árabe y difundió… ¡en fin! No me quiero apartar de lo que intentaba: recomendar el sesudo dossier, que contiene una feliz selección de libros, películas, novelas y enlaces. Y apasionados artículos enfrentados, que discuten pros y contras de las soluciones uniestatal y biestatal. Y la voz a Gideon Levy, columnista de Haaretz, que denuncia la “religión de la seguridad” con la que se justifica todo lo que ocurre en el patio trasero de una democracia que no puede ser tal si ignora tratados internacionales, expropia tierras, traslada colonos, se dedica al pillaje y encuentra justificaciones para tales actos. ¡Porque en Israel también hay almas sensibles que no lloran sólo por los suyos! ¡Y que por eso no son escuchadas! ¡Démosles voz tanto como podamos! ¡Sirvamos para algo!
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