¡Echando de menos la edición radiofónica!

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"Sólo unos pocos prefieren la libertad; la mayoría de los hombres no busca más que buenos amos" (Salustio)

sábado, 23 de octubre de 2010

HÉROES QUE JAMÁS FUERON DOBLADOS



Por uno de sus protagonistas, el eterno luchador Ángel Fernández, supe que la Associació per a la Memòria Històrica i Democràtica del Baix Llobregat organizaba la presentación del libro Traumas: niños de la guerra y del exilio, en Cornellá. La obra, casi quinientas páginas y más de 200 fotografías, narra las historias de vida de 28 niños que padecieron la guerra civil y a los que las circunstancias obligaron a elegir entre un largo exilio interior -estigmatizados por ser hijos de los vencidos, testimonios de la represión infringida a sus madres- y la tragedia de cruzar la frontera, camino del exilio en Francia.

Francisco Ruíz Acevedo, presidente de la asociación, fijaba -basándose en informaciones obtenidas en la alcaldía de Tolouse- que además de 686.000 adultos, más de 68.000 niños cruzaron la frontera en 1939. En Francia sufrirían la separación de sus padres dictada por las autoridades francesas en los campos de concentración, la muerte por hambre, frío o disentería...



Aunque el acto no empezó puntual, el guión fue ágil y variado. A las palabras de Paco Ruíz Acebedo siguió la proyección del cortometraje “Dibujando la memoria”. El acto fue conducido por Josefina Piquet: los que la hemos visto en acción en clase, explicando su experiencia infantil -y la de su muñeca- a los adolescentes, sabemos que es una gran comunicadora. En algún momento recordó que “Nosotros los niños somos víctimas inocentes de los conflictos que los mayores no saben o no quieren arreglar. Nosotros no hemos declarado ninguna guerra”. Por eso el presidente del Memorial Democrático, Miquel Caminal, reclamó que el recuerdo por los niños de nuestra guerra llegue a movilizarnos por los niños que en el presente sufren por la guerra en Irak, en Palestina, en Chechenia. Añadió que, viendo cómo las democracias pueden ser degradadas por los corruptos e insultadas por los mercados financieros, el ejemplo de los que defendieron la democracia con sus vidas y la ganaron tras cuarenta años de sufrimiento nos debe mover a mantenerla con la misma convicción. Vino después la siempre generosa y aplaudida actuación de Paco Ibáñez. A los que se ríen por lo bajini diciendo que en estos actos están los de siempre, les invito a ver cómo despierta entusiasmos la voz de este hombre abrazado a su guitarra. Fue emotivo escucharle, ver a un auditorio rendido y esperanzado, a los luchadores sacar fuerzas una vez más de sus ajados cuerpos para cantar junto a él “andaluces de Jaén”, y un mar de labios tarareando bajito las “Palabras para Julia” que Goytisolo escribió y Paco Ibáñez lleva años cantando... Ya saben “Entonces siempre acuérdate, de lo que un día yo escribí, pensando en ti como ahora pienso”.



Si, como dijo Josefina Piquet, los testimonios recogidos en el libro son los de la última generación que puede relatar la tragedia de la guerra y sus consecuencias en primera persona, y por tanto el libro figura ser en cierto modo su testamento, deberíamos estar atentos al ejemplo que nos prestaron con sus vidas tanto como de sus palabras escritas. Porque si algo les distingue es la entereza y la constancia en su lucha por la libertad. Marcelino Camacho, el que fuera impulsor de Comisiones Obreras, falleció antes de ayer y hoy ha recibido un discreto aunque sentido homenaje, que ha reunido a algunos cientos de personas en Madrid. Personas que le recuerdan decir, recién salido de la cárcel, aquello de "Ni nos domaron, ni nos doblaron, ni nos van a domesticar". Su viuda pronunció ayer un breve discurso de agradecimiento a los congregados, y explicó que las últimas palabras de Marcelino Camacho fueron "Si uno se cae, se levanta inmediatamente y sigue adelante". Lo dejo escrito para cuando me acongoje la desdicha, para cuando me tiente el desaliento, para acordarme del ejemplo valiente y apasionado de toda una generación que nos debe servir como modelo. Estará bien entonces, cuando el capricho venza al compromiso, pensar en ellos, nunca domados, como ahora pienso.

domingo, 10 de octubre de 2010

¿MARIANA INEXPERTA? CUANDO GOBERNAR NO ES SOLO UN ASUNTO PÚBLICO


Leyendo un blog que se centra en el reinado de Carlos II me acuerdo de que cuando cursaba la carrera en la facultad, el reinado del epígono de la Casa de Austria era territorio brumoso. Uno nunca sabía si se quedaba fuera porque estaba al final del temario y no daba tiempo, o porque –entre hechizos y conjuras- el lóbrego reinado resultaba algo esperpéntico. Sólo Henry Kamen intuía entonces que se trataba de un reinado importantísimo, en el que podemos encontrar temas mucho más suculentos si cabe que las luchas por la sucesión entre las facciones cortesanas partidarias de conservar la sucesión en el seno de la Casa de Austria (auspiciadas por Viena y el emperador) y las que preferían ponerse a la sombra siempre alargada del Rey Sol para proteger así la unicidad de la herencia.

Todo eso ha cambiado, sin duda, gracias a algunos recientes estudios sobre el período. Los últimos capítulos de “El arte de gobernar” de Luis Ribot constituyen un ejemplo esclarecedor, a los que cabe sumar los esfuerzos divulgativos de José Calvo Poyato y un brillantísimo estudio sobre Juan José de Austria que publicó Albrecht Graf von Kalnein. Del libro de Laura Oliván sobre Mariana de Austria, especialmente brillante cuando analiza las políticas de representación de la regencia y sitúa en su contexto cada una de las obras pictóricas en las que aparece la reina; sólo puedo lamentarme de que no se haya publicado la tesis completa. Finalmente, hay un ensayo apasionante, muy bien escrito, síntesis pormenorizada al tiempo que tesis de alcance, publicado en el 2003 por Julián Contreras. A mi juicio "Poder y melancolía en la corte del último Austria" es un estudio definitivo: retrata un ambiente, nos permite respirar la tensión abrumadora que hacía recaer sobre sus protagonistas la incertidumbre sucesoria; pero también la tristeza plomiza de la corte ante un futuro nada halagüeño.

De todos los actores políticos de ese tiempo histórico siempre me pareció especialmente interesante la madre de Carlos II. De las reinas de la época moderna siempre me han atraído más aquellas que ejercieron el poder porque eran, más que consortes, las verdaderas depositarias de la soberanía. Mariana fue consorte, reina viuda y reina madre, pero también –en virtud de la regencia- mucho más que una mera correa de transmisión de la legitimidad dinástica. Aquellas mujeres que encarnaban el derecho a gobernar eran como mujeres un cero a la izquierda jurídico; pero en tanto titulares de la soberanía eran la primera persona del reino. Para resolver esa contradicción y superar la contestación a su poder por parte de algunos críticos con aspiraciones, las reinas de la época moderna se vieron obligadas a diseñar innovadoras estrategias de representación del poder, y a jugar a sutiles escarceos políticos. Evitar el matrimonio, que la sometería a un hombre y desencadenaría las conspiraciones de las facciones nobiliarias opuestas, fue una de las estrategias seguidas por Isabel Tudor. Todas las especulaciones que se han hecho sobre su virginidad olvidaban que, simplemente, no podía casarse. Otorgar su favor a un príncipe extranjero, fuera católico o protestante, significaría despertar las susceptibilidades de las facciones religiosas contrarias, y sembrar desafección entre los cortesanos apartados por el matrimonio de la gracia real. En la búsqueda permanente de ese equilibrio, Isabel mantenía la fidelidad de los aspirantes dedicándoles sutiles gestos que parecían anunciar favores futuros. Supongo que haber sobrevivido a las tensiones políticas y religiosas que vivió durante los reinados de su padre y sus hermanos la doctoraron en política: aprendió a andar entre las aguas más sinuosas.

No podemos olvidar que, siendo la política de la época moderna la gestión del interés dinástico, esa intuición formaba parte de la experiencia vital de la aristocracia. Y no hacía falta, como en el mundo contemporáneo, que dice haber separado la gestión de los asuntos públicos de los intereses privados, ninguna carrera de ciencias políticas. Yo mismo he caído en ese error en un artículo que he tenido la suerte de publicar en BBC Historia este mes: en tanto escritor primerizo trabajé con tanta prisa por quedar bien y entregar el encargo con puntualidad, que se me pasaron algunos gazapos, alguno de ellos tan importante que me avergüenza. Por eso me tiré de los pocos pelos que me quedan cuando me leí, por ejemplo, diciendo que Mariana de Austria no tenía experiencia política porque la incertidumbre de la sucesión la consagró a la misión suprema de proporcionar un heredero para la monarquía, sin dejarle tiempo de ganarse partidarios a cambio de favores y privilegios.

¡Craso error! Porque Mariana demostró después una iniciativa política innovadora y perspicaz para garantizar el trono para su hijo, lo cual demuestra que para la gestión del interés privado, patrimonial, para la transmisión de la herencia en definitiva, no hacía falta más formación especializada que la que ofrecían los consejeros formados en leyes. A fin de cuentas ninguna mujer era educada a tal alto fin, porque ni estaba previsto que le tocara ejercer el poder directamente, ni era deseable ni era probable que eso ocurriera. Pese a eso, Mariana supo reaccionar con ingenio político a los retos que se le presentaron: en 1667-1669, en 1675-1676, y –sobre todo- en la apuesta por una sucesión en el seno de la casa de Baviera, una verdadera “tercera vía” que hubiera podido superar la “Guerra Fría” París-Viena que estaba tensando la vida cortesana en Madrid y las relaciones internacionales en Europa.

Hay más.¿Acaso nos planteamos si Isabel Tudor, Catalina II de Rusia, o Catalina de Médicis, estuvieron preparadas para ejercer las más altas funciones de gobierno? No lo fueron, y sin embargo demostraron estar a la altura en su momento porque lo que estaba en juego eran ellas mismas. Nadie hubiera podido enseñarles a gestionar aquello que les correspondía por el hecho de respirar: la soberanía.
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