¡Echando de menos la edición radiofónica!

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"Sólo unos pocos prefieren la libertad; la mayoría de los hombres no busca más que buenos amos" (Salustio)

domingo, 1 de julio de 2012

¿QUIÉN ATENTÓ CONTRA PRIM?




El director del departamento de criminología de la Universidad Camilo José Cela, Francisco Pérez Abellán, ya está en Reus investigando la momia de Prim. El periodista especializado en sucesos siempre ha criticado que el Museo del Ejército de Toledo hubiera restaurado la berlina tiroteada y la levita que llevaba el general en el momento del atentado: seguro que sus conclusiones nos amenizarán el verano. Estando el tema de actualidad, Damià, uno de mis mejores compañeros de trinchera, me ha prestado un libro tras una apasionante charla entre clase y clase. Su autor, el sociólogo José Maria Fontana Bertrán, pretende arrojar algo de luz sobre “el magnicidio del general Prim”, añadiendo a ese título en la cubierta el efectivo llamamiento “los verdaderos asesinos”. Con ambición historiográfica, toma de Stefan Zweig una apelación a la lógica y la deducción cuando las fuentes están manipuladas o alteradas, que pretende utilizar para interpretar los 18000 folios del enrevesado sumario judicial instruido para averiguar quién disparó al general en la calle del Turco. Aunque no se entretiene en describirnos las 18 muertes en circunstancias extrañas que se produjeron durante los cuatro años que duraron sus diligencias, el ensayo cuenta con una trama trepidante y fuentes de todo tipo. Parte del conocimiento casual, por parte del autor, de la compraventa de una finca, el heredamiento de Sanuy: en la finca, propiedad del general Caballero de Rodas, se refugiaron los autores materiales del magnicidio, entre los que se contaba el capataz del general, un tal Ramón García. Desde ese punto, Fontana Bertrán desarrolla un thriller, empujado por el sorprendente encuentro con una calle y un callejón llamados “del Turco” en Montejo de la Sierra. Al interesarse por qué circunstancias los bautizaron, le respondieron que allí se había suicidado “el tío García, el asesino de Prim”, hacia 1930. Y ni corto ni perezoso, Fontana Bertrán buscó el acta de defunción: por ella supo que el sospechoso murió con 78 años (lo que significa que tendría 18 en 1871) por culpa de una oportuna “hemorragia traumática” que permitió superar cualquier traba en la exhumación de un suicida.


Aunque el libro apenas repasa la carrera de Prim a vista de pájaro, se intuye cierta simpatía por el personaje. Prim seduce fácilmente porque vivió deprisa y de forma temeraria, hasta el punto que podríamos decir que aquella “caixa o faixa” pronunciada el mismo año en que se pronunció en Reus contra Espartero (1843) llegaría a ser un lema vital. La empatía que se respira entre líneas evita la parte turbia de Prim, que quizá nos facilitaría la comprensión de la versión oficial del asesinato, que señala a los republicanos. El lado oscuro del general va más allá de 1843, cuando se pronuncia por la burguesía proteccionista que derribó al regente Espartero; también hay sombras en su gestión de la esclavitud siendo gobernador de Puerto Rico, y algún interés inconfesable en la expedición contra el México de Juárez. A la fama de aguerrido héroe que le garantizó la campaña de Marruecos, donde su paisano Mariano Fortuny le pintó un célebre spot, añadió en México la de político avezado al zafarse del abrazo de Napoleón III. A aquel agravio Eugenia de Montijo añadiría otros cuando Prim le facturó a París a Isabel II, cuando la candidatura por el trono vacante de la reina ejerció de chispa de la guerra contra Prusia que dejó a Doña Eugenia sin trono imperial y cuando, pocos meses de exilio después, su esposo Luis Napoleón se consumió de pena para siempre.

Sin embargo, el impulso francés que mató a Prim no fue imperial, sino el de un Orléans, casado con la hermana de Isabel II y por ello eterno aspirante. El duque de Montpensier fue en realidad quien -tras intentar derribar al gobierno provisional surgido de La Gloriosa comprando diputados y periódicos, sin conseguir mayoría parlamentaria ni estado de opinión favorable, sabiendo que un golpe era imposible porque Prim controlaba bien el ejército- decidió optar por la vía rápida. La desaparición de Napoleón III, que hubiera vetado a cualquier Borbón en España porque se sentaba en un trono que fue suyo, despertaba la ambición de Montpensier tanto como la nueva III República Francesa ofrecía al general Serrano el modelo de MacMahon, un militar que con mano de hierro y disfraz republicano regía ahora los destinos de Francia. Sin embargo, Prim decía claro que “ni Borbones ni república”, lo que tejió con opositores tan dispares una intrincada madeja de relaciones oportunistas: a Montpensier y Serrano cabe añadir los carlistas -excluidos en la búsqueda del nuevo rey-, los azucareros cubanos y los empresarios partidarios del proteccionismo. “Todos tienen motivos, todos callan, algunos financian, otros esconden a los asesinos, otros entorpecen el proceso, dos curaron mal al paciente”, dice Fontana Bertrán, y remata con ingenio que "entre todos lo mataron... y él solo se murió" porque al final fue una septicemia la que mató al general. Una trama realmente terrorífica, que Pérez Galdós descubrió a Pío Baroja , según éste confesó -sorprendido después de que finalmente fuera silenciada por Don Benito en el Episodio Nacional correspondiente- en “Desde la vuelta del camino” (Barcelona, 2006, p. 299). Parece que eso mismo cuenta también Julio Caro Baroja en un artículo en los Cuadernos hispanoamericanos (números 265 y 267, julio y septiembre de 1972)

Así es como el libro va recopilando indicios para demostrar que no fue el radical republicano Paúl y Angulo quien mató a Prim, sino que sus iracundos artículos en “El Combate”, -más célebres por lo que se supone que dicen que por haber sido leídos, como dice A. Piqueras- constituyen el tupido velo que permite proteger así a los verdaderos culpables. El libro depara también al lector algún susto -¿cuándo fue saqueado por última vez el sumario de Prim?-, algún escándalo -con quién se acostaba la esposa de Serrano- y algún cotilleo suculento sobre el hijo del matrimonio. Finalmente, intenta también deshacer la madeja catalana de la conspiración, en la que participan los industriales Antoni Sedó Pàmies y el controvertido Josep Puig i Llagostera: como dice Ángel María Segovia (“Figuras y figurones”, 1881) “uno de esos tipos industriosos y activos que tanto caracterizan al país catalán y tanto levantan el espíritu mercantil”; para otros, en cambio, Puig i Llagostera será el típico burgués siniestro que -aún amasando fortuna aprovechando la filoxera en Francia, la esclavitud obrera en sus fábricas, el contrabando de algodón en las Antillas, los cargos ganados con pucherazos ya en tiempos de la Restauración- se atreve a criticar en el opúsculo “Cortar por lo sano” esa “enfermedad crónica de nuestro país que consiste en un hambre desordenada de comer sin trabajar”. ¡Vaya quién habló! Cuando Laureà Figuerola le llamó vil y miserable por acusarle, en un debate parlamentario, de traicionar a Prim, respondió “así califica al país productor esa vil oligarquía de la nómina que olvida insensatamente que a él le debe la importancia que se da y el pan que come”. ¡Vamos, que en tanto fabricante le teníamos que dar las gracias por sus piraterías! Esa oposición consistente en meter el dedo en el ojo y denunciar aspiraciones totalitarias en la reacción del ojo malherido, tan calcada a la de Mourinho o el Partido Popular, refleja la baja estopa de estos trileros de medio pelo. La Restauración borbónica premiará los servicios prestados por Puig i Llagostera, y otros industriales, como Sedó Pàmies lo fue con suculentos pagos estatales por vestir al ejército que combatía en Cuba, donde toda esta caterva de sátiros forzaría al gobierno a resistir, para garantizar la continuidad de sus turbios ingresos, “hasta el último hombre y hasta la última peseta”.

Hay muchos indicios que apuntan a este lobby como instigador del asesinato de Prim. La acusación que recae sobre Paúl y Angulo no tiene mucho sentido: ¿quién proferiría imprudentes amenazas públicas si prepara el asesinato del objeto de su rabia?. Los republicanos, por otra parte, no aprovecharon la inestabilidad generada por el asesinato para ninguna insurrección, y nadie pudo demostrar nada contra los que fueron detenidos. La pérdida de pruebas, los testigos asesinados y el desfile de trece jueces por la instrucción demuestran que los instigadores tenían mucho poder. Una vez casado el príncipe Alfonso con la hija de Montpensier, María de las Mercedes de Orléans, se sobreseyó el sumario. Suscribo la pregunta con la que Fontana Bertrán cierra su libro después de recoger indicios mucho más sutiles: ¿cuántos hacen falta para convertirse en pruebas?


Y puestos a preguntar... si se proyectan sospechas sobre el ensayo de Pedrol Rius, que querría exculpar a los Borbones mientras Franco preparaba la proclamación del Príncipe Juan Carlos como sucesor, ¿que intención podría tener ahora la recuperación de todas esas dudas? ¿Tan sólo nos mueve la ciencia? ¿Podremos celebrar el bicentenario del nacimiento del general aclarando quién lo mató, o escaparán de nuevo los asesinos?





3 comentarios:

José Mª Fontana dijo...

Querido Ferran: Quiero felicitarte y agradecerte. Felicitarte, por el estupendo artículo sobre mi libro, bien escrito y con argumentos serios. Agradecerte, por dar difusión a un libro de Historia (a pesar del relato de no ficción que lo envuelve) que al no estar dentro del circuito de grandes tiradas, tiene la difusión que con mis fuerzas logro hacer.
Veo que lo has leido con atención y me gustaría suponer que te ha entretenido y enseñado algo sobre la historia de esos convulsos tiempos de mi paisano Joan Prim.
Gracias de nuevo y un fuerte abrazo..
José Mª Fontana Bertrán

administracion del blog dijo...

"MONTPENSIER. BIOGRAFÍA DE UNA OBSESIÓN", de José Carlos García Rodríguez
Editorial ALMUZARA
Publicación: 06/03/2015
Páginas: 400
Edición ilustrada
Tamaño: 16,00 x 24,00 cm
Encuadernación: rústica con solapas
ISBN: 9788416392001
IBIC: BG
Colección: Memorias y biografías
PVP: 27,95 €
Enlace al libro:
http://grupoalmuzara.com/a/fichalibro.php?libro=2986&edi=1

José Mª Fontana dijo...

Esta Semana Santa me he leído el libro "MONTPENSIER. BIOGRAFÍA DE UNA OBSESIÓN", de José Carlos García Rodríguez. Es un estupendo libro aunque tengo algunas precisiones que hacer a José Carlos, en la seguridad de que nos entenderemos. El tema del asesinato de Prim y la participación de Montpensier está un poco difuminado a pesar de que le culpa del mismo. Yo no estoy tan seguro. Que participó en el segundo intento de asesinato (el preparado para el 16 de noviembre) no tengo duda, pero del que le costó la vida al general, creo que no participó. Un abrazo.

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