Unos mafiosos con buen gusto, como dice La Gata Verde
Un espacio para el encuentro con historiadores y apasionados por la Historia. Con los que se emocionan con la polémica historiográfica, con la divulgación o la investigación. Y creen en la Historia como instrumento de compromiso social. Porque somos algo más que ratones de biblioteca o aprendices de erudito. Porque nuestro objeto de estudio son personas.
Ferran Sánchez: Història. Divulgació. Docència.
"Sólo unos pocos prefieren la libertad; la mayoría de los hombres no busca más que buenos amos" (Salustio)
miércoles, 8 de abril de 2020
martes, 31 de marzo de 2020
LOS AMIGUITOS DEL MONSTRUO ESTABAN EN LONDRES
Tras mis primeros quince días de confinamiento contra
el coronavirus, las cifras de víctimas me abocan al desánimo. Clío siempre me
ha tratado bien, así que he probado una vez más a refugiarme entre sus brazos
viendo documentales. He encontrado uno que ARTE ofrece en abierto, y que me ha
parecido muy interesante porque desmenuza la actividad diplomática de los años
treinta. Se centra en el pacto Germano-soviético de 1939 y se plantea cómo
había sido posible el “inverosímil acercamiento de dos enemigos jurados”. Califica así aquella inesperada alianza porque, en el opúsculo que había escrito en la
cárcel, Hitler ya miraba al este como el “espacio vital” que, según él, Alemania
necesitaba; y hacía de la eliminación del comunismo una especie de leit motiv
vital que le guiaba. Así que la guerra con Stalin estaba anunciada, y, sin
embargo, Stalin firmó un acuerdo de no agresión con él en 1939. La “teoría del
totalitarismo” con que la CIA embadurnó las ciencias sociales durante la Guerra
Fría ha querido ver en esa alianza el acercamiento lógico de dos regímenes de
la misma naturaleza. Y aunque todas esas quincallas ideológicas siguen formando
parte de la Vulgata historiográfica del neoliberalismo, el documental bucea en
las verdaderas circunstancias que produjeron el acuerdo, con el objetivo de encontrar una
explicación más científica a esa sorpresa diplomática.
Parte del aislamiento en que los
tratados de postguerra dejaron a la recién creada Unión Soviética, pero no
atiende a sus dificultades para establecer puentes internacionales. Se limita a
definirla como una especie de “apestado” de la geopolítica de postguerra, que,
especialmente preocupado por el avance japonés en China, aspiraba a romper su
aislamiento intentando acercarse a los capitalistas europeos porque había advertido antes que nadie la amenaza que el ascenso de los nazis en Alemania suponía
para todos. Para romper el cerco Stalin apenas contaba, dice el documental, con
Maxime Litvinov, el Comisario del Pueblo para Asuntos Exteriores desde 1930.
Había nacido en el seno de una acaudalada familia de banqueros judíos muy
crítica con el zarismo. Tras el fracaso de la revuelta de 1905 se había
exiliado a Occidente, donde se había casado con Ivy Loew, hija de las más
distinguidas familias judías de Gran Bretaña. La prensa le había considerado
representante formal del gobierno bolchevique después de Octubre, porque Lenin
le había nombrado plenipotenciario de manera oficiosa, puesto que el gobierno
británico ni reconocía el estado surgido de la revolución ni mantenía
relaciones diplomáticas formales. Encabezando una delegación soviética, Litvinov
había negociado el levantamiento del bloqueo económico por los británicos y al
año siguiente el reconocimiento diplomático por parte de Francia y el Reino
Unido. Eso le había valido el título de primer vice-comisario de Asuntos
Exteriores en 1921. Como tal, y como muchos de los políticos de su generación,
marcados por la experiencia de las trincheras, se había mostrado siempre
obsesionado por crear un sistema de “seguridad colectiva” que impidiera repetir la
tragedia de 1914. Ese espíritu parecía presidir las relaciones internacionales
en los años veinte, por lo que cultivaba la amistad francesa esperando repetir
el acuerdo de 1907. En Francia había encontrado el apoyo del ministro de
exteriores francés, Louis Barthou. Sin embargo, el asesinato de este ministro
junto al del rey de Yugoslavia, durante la visita que Pedro II realizaba a
Marsella en 1934, enterró las posibilidades de estrechar una alianza con los
franceses. No es que los franceses no se incomodaran con el ascenso del cabo
austríaco a la cancillería del Reich; es que esperaban enfrentarlo cuidando la
estrecha alianza de los británicos.
El problema del sueño francés es que el Reino Unido seguía sumido en su “splendid isolation”, y que –en tanto que aquel nacionalista un poco esperpéntico no ponía en cuestión su gigantesco imperio mundial- preferían continuar el férreo aislacionismo respecto a los asuntos continentales que venía caracterizando tradicionalmente su política exterior. Sin embargo, Litvínov movía sus hilos en Londres: había nombrado embajador a Ivan Maiski, un amigo desde los tiempos del exilio que llevaba la diplomacia en la sangre (en la foto, a la derecha). Aunque su pasado menchevique le hacía sospechoso a los ojos de Stalin, su brillante y seductora esposa, Aigna, era una activa bolchevique capaz de codearse con soltura entre la aristocracia británica que les era, por naturaleza, hostil. Y en aquel mundo pretencioso encantado de haberse conocido, Maiski había encontrado una fisura: se trataba de una joven promesa política, Anthony Eden (en la foto, a la izquierda). Educado en Eton y en Oxford, este diputado por el partido conservador desde 1923 se había convertido (1931) en secretario de estado de Asuntos Exteriores, asumiendo las relaciones con la SDN. El documental le define como “lo mejorcito de la upper class británica”, y sugiere que era “más abierto de mente” que sus colegas de partido porque “hablaba cinco idiomas, entre ellos el ruso”. Cuando Hitler restablece el servicio militar obligatorio poco después de llegar a canciller, él forma parte de la misión diplomática que se desplaza a Berlín para hacerle entrar en razón. El dictador alemán se mostrará inflexible, y Eden regresa muy crítico con él, sembrando en los sectores más sensibles de la sociedad británica la primera señal de alarma.
Maiski aprovechó la ocasión para invitarle a Moscú:
“representa el futuro y no tenemos otra cosa”, dice de él en su desesperada
lucha por encontrar partidarios ingleses de una gran alianza contra Hitler.
Durante la visita oficial que Eden realiza a Moscú, Maiski y Litvinov le
muestran el metro recientemente inaugurado, y lo invitan a uno de los espectáculos
del Bolshoi. Al día siguiente, Eden se convierte en el primer occidental que, en el
mismo despacho de Molótov en el Kremlin, puede estrechar la mano de Stalin. Le describirá tan “distante y cruel” que el acercamiento con la URSS se demostrará imposible, así que los franceses, siempre complacientes con los ingleses,
entierran todo contacto con los rusos. Sin embargo, la facción cosmopolita del
bolchevismo no se rendía, y seguía trabajando en la creación de un sistema de
seguridad colectiva: en 1933 había obtenido el reconocimiento oficial del
gobierno soviético por parte de los EE.UU, y en 1934 el ingreso de su país en
la Sociedad de Naciones, donde Litvinov lo representará entre 1934 y 1938.
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| Molotv i Ribentropp |
Pero Hitler también movía sus fichas: en 1935 enviaba
a von Ribbentropp a Gran Bretaña para conseguir el permiso británico a la
construcción de una nueva armada, presentando como cebo la promesa de
mantenerla siempre en un tamaño inferior a la Royal Navy. Maiski quedó
consternado cuando los británicos aceptaron, porque veía agonizar su sueño de
seguridad colectiva, mientras Stalin interpretaba el acuerdo anglo-alemán como
el típico complot capitalista: a sus ojos, fascismo y liberalismo apenas constituían dos caras del capitalismo. Litvinov desalentado,
debió asustarse cuando en Nüremberg los nazis impulsan sus leyes raciales (1935)
y en Inglaterra todos, excepto Churchill, que parece predicar en el desierto,
miran hacia otro lado. Lo mismo ocurrió cuando Hitler remilitarizó Renania: Litvinov
interpeló a Eden en la SDN para conseguir una reacción conjunta “antes de que
sea tarde”, pero no hubo acuerdo. Mientras se hundía cualquier esperanza de
unas relaciones internacionales ponderadas, Alemania se estaba convirtiendo en
un océano infinito de brazos alzados. En apenas tres años Hitler lograría deshacer
el tratado de Versalles, por lo que los alemanes le aclamarían como un héroe:
cuando él les prometía el “espacio vital” que Alemania necesitaba, sabía que
necesitaría el silencio británico, así que decidió enviar como embajador en Londres, en consideración a su anterior éxito, a Joaquim von Ribbentropp.
Ya a su llegada, el inexperto diplomático improvisó un primer discurso contra la “terrible enfermedad que amenaza Inglaterra”, el comunismo, que al día siguiente toda la prensa criticó escandalizada: incluso los comunistas se expresan aquí con libertad, decían al reivindicar su libertad de expresión. Maiski creía que el nuevo embajador alemán no entendía Inglaterra porque, al presentar su credencial ante el rey, se saltó el protocolo haciendo el saludo nazi. Aquella ofensa a los británicos tendría continuidad en un montón de groserías: la prensa empezó a llamarle Brickentrop, en referencia al verbo “to drop a brick” (meter la pata). Maiski se esforzaba en ganarse la amistad de los dueños de los periódicos para que rebajaran sus feroces campañas anticomunistas, pero su esfuerzo resultaba vano: el advenimiento del gabinete Chamberlain en mayo de 1937 distanció todavía más a Londres de Moscú. Tras la visita de Lord Hallifax a Goering, que le presenta a Hitler en el Bergoff, Eden sale de ese gobierno como protesta ante el apaciguamiento. Maiski pierde definitivamente influencia en Inglaterra cuando Lord Hallifax sustituye a Eden en la cartera de exteriores. Pero la creciente influencia de los reaccionarios en el gobierno británico no fueron la única causa de la imposibilidad de tejer una alianza contra Hitler: el documental también recrimina a Stalin por las purgas, que, en el caso del Ejército Rojo, se llevaron a cuatro de cada cinco oficiales. ¿Quién iba a querer una alianza con un tirano loco que ha dejado a su ejército decapitado?
A partir de este momento los acontecimientos se precipitan porque von Ribbentrop llega a Ministro de Exteriores e impulsa la anexión de Austria. La URSS apenas reacciona: las purgas estaban depurando el personal diplomático, y Stalin se debatía entre la facción aislacionista (Molotov) y la agonizante postura que defendía participar de un sistema internacional de seguridad colectiva. Todavía mantuvieron a Maiski en Londres durante la crisis de los Sudetes, cuando Stalin anunciaba que sería fiel a su compromiso de defender Checoslovaquia. Chamberlain acepta ceder los Sudetes a cambio de que Hitler no haga más reclamaciones, y Daladier presiona al presidente Benes para que acepte el plan. Pero cuando Hitler ocupa toda Checoslovaquia, Maiski informa a Litvínov de que los ingleses están furiosos por el engaño de Munich: los soviéticos corren a ofrecer una alianza militar que, además de dar garantías a Polonia, se las dé también a Finlandia, las repúblicas bálticas y Rumanía. Fue un último intento desesperado: los polacos se niegan a aceptar que los soviéticos, para enfrentarse a los alemanes, atraviesen su territorio. Así pues, todos los sueños de una acción conjunta contra Alemania se desvanecen. Además, las purgas arrasan la Comisaría de Asuntos Exteriores, hasta el punto en que en 1939 había nueve capitales relevantes sin embajador soviético. Con la eliminación de esa facción cosmopolita del bolchevismo, el camino hacia una alianza soviética con Alemania quedaba abierta. Hitler escribía a Mussolini que la destitución de Litvínov indicaba la disposición del Kremlin a cambiar sus relaciones con Berlín.
Ya a su llegada, el inexperto diplomático improvisó un primer discurso contra la “terrible enfermedad que amenaza Inglaterra”, el comunismo, que al día siguiente toda la prensa criticó escandalizada: incluso los comunistas se expresan aquí con libertad, decían al reivindicar su libertad de expresión. Maiski creía que el nuevo embajador alemán no entendía Inglaterra porque, al presentar su credencial ante el rey, se saltó el protocolo haciendo el saludo nazi. Aquella ofensa a los británicos tendría continuidad en un montón de groserías: la prensa empezó a llamarle Brickentrop, en referencia al verbo “to drop a brick” (meter la pata). Maiski se esforzaba en ganarse la amistad de los dueños de los periódicos para que rebajaran sus feroces campañas anticomunistas, pero su esfuerzo resultaba vano: el advenimiento del gabinete Chamberlain en mayo de 1937 distanció todavía más a Londres de Moscú. Tras la visita de Lord Hallifax a Goering, que le presenta a Hitler en el Bergoff, Eden sale de ese gobierno como protesta ante el apaciguamiento. Maiski pierde definitivamente influencia en Inglaterra cuando Lord Hallifax sustituye a Eden en la cartera de exteriores. Pero la creciente influencia de los reaccionarios en el gobierno británico no fueron la única causa de la imposibilidad de tejer una alianza contra Hitler: el documental también recrimina a Stalin por las purgas, que, en el caso del Ejército Rojo, se llevaron a cuatro de cada cinco oficiales. ¿Quién iba a querer una alianza con un tirano loco que ha dejado a su ejército decapitado?
A partir de este momento los acontecimientos se precipitan porque von Ribbentrop llega a Ministro de Exteriores e impulsa la anexión de Austria. La URSS apenas reacciona: las purgas estaban depurando el personal diplomático, y Stalin se debatía entre la facción aislacionista (Molotov) y la agonizante postura que defendía participar de un sistema internacional de seguridad colectiva. Todavía mantuvieron a Maiski en Londres durante la crisis de los Sudetes, cuando Stalin anunciaba que sería fiel a su compromiso de defender Checoslovaquia. Chamberlain acepta ceder los Sudetes a cambio de que Hitler no haga más reclamaciones, y Daladier presiona al presidente Benes para que acepte el plan. Pero cuando Hitler ocupa toda Checoslovaquia, Maiski informa a Litvínov de que los ingleses están furiosos por el engaño de Munich: los soviéticos corren a ofrecer una alianza militar que, además de dar garantías a Polonia, se las dé también a Finlandia, las repúblicas bálticas y Rumanía. Fue un último intento desesperado: los polacos se niegan a aceptar que los soviéticos, para enfrentarse a los alemanes, atraviesen su territorio. Así pues, todos los sueños de una acción conjunta contra Alemania se desvanecen. Además, las purgas arrasan la Comisaría de Asuntos Exteriores, hasta el punto en que en 1939 había nueve capitales relevantes sin embajador soviético. Con la eliminación de esa facción cosmopolita del bolchevismo, el camino hacia una alianza soviética con Alemania quedaba abierta. Hitler escribía a Mussolini que la destitución de Litvínov indicaba la disposición del Kremlin a cambiar sus relaciones con Berlín.
El documental explica cómo se realizó la oferta de un pacto, y como, a las cláusulas públicas de no agresión, se sumaban unas cláusulas secretas que permitían a los rusos recuperar los territorios que había perdido en Brest-Litovsky en 1917. La oferta de los nazis era demasiado suculenta: Stalin, siempre desconfiado, había caído en la trampa y creía garantizarse la calma guiñándole un ojo al monstruo a costa de los polacos. No se lo puedo reprochar: es exactamente el mismo tipo de acuerdo que soñaban en Londres y París los “apaciguadores” que vendieron su alma por Checoslovaquia con los Acuerdos de Munich. Su negativa a aceptar las ofertas de amistad de Stalin constituyen, en el subtítulo que el documental ofrece en la web de Arte, “El fiasco de la diplomacia occidental”.
jueves, 19 de marzo de 2020
SPACAT21 (b) - DESPRÉS DE LA TRAGÈDIA, CANALEJAS
Primer de tot, una implacable repressió:
hi van haver gairebé 3.000 detinguts, dels quals 1700 van ser processats per la
justícia militar. Es van dictar sentències de cadena perpètua, i 17 penes de
mort, de les que 5 van ser executades, que tothom va considerar injustes: el
cas del jove discapacitat que havia ballat amb el cadàver d’una monja, Clemente
García, seria molt representatiu. La
darrera de les que va ser aplicades, la del pedagog Francesc Ferrer i Guàrdia,
va aixecar molta polseguera perquè havia estat jutjat en mig d’una gran tensió,
condemnat sense proves a pena capital, i afusellat. Encara que s’havia mostrat
partidari de la vaga general, s’havia interessat pels esdeveniments, i s’havia
entrevistat amb líders republicans, al final s’havia retirat al Maresme, d’on
ja no s’havia mogut fins que va ser detingut. Connelly Ullman veu “poques dades
fermes” per a justificar una “condemna tan severa”.
Qui era
Ferrer i Guàrdia? El món
llibertari l’ha reivindicat en tant cara visible de la renovació pedagògica
que, des dels canvi de segle, venia reclamant un ensenyament actiu i
experimental, menys memorístic i disciplinari, tal i com demostren les figures
coetànies de Maria Montessori o Rosa Sensat. Josep Termes no va ser tan amable
amb la seva figura en la “Història de
Catalunya” que Pierre Vilar va coordinar durant els anys vuitanta: encara
que veia en el Butlletí de l’Escola Moderna coeducació, treball actiu,
coneixement de l’entorn, laïcisme, trobava un “marcat biaix anarquista i ateïsta”.
Criticava que Ferrer menystenia l’ensenyament en català amb prejudicis
presumptament cosmopolites, i recollia el testimoni crític del geògraf Pau
Vila, que recordava l’escola com un negoci que convertia les publicacions
escolars en una mercaderia més. Se l’ha volgut desqualificar també fent servir
complicades relacions familiars, o que un ex-alumne seu, Mateo Morral, havia
atemptat contra Alfons XIII durant el seu casament. Per moltes ombres que pugui
tenir la figura de Ferrer, però, sembla prou clar que el seu judici no va tenir
cap garantia. Francisco Bergasa (“¿Quién
mató a Ferrer y Guardia?”, 2009) arriba a dir que va ser un atemptat contra
les mínimes normes processals: “Apresurada
en su instrucción, sigilosa en su procedimiento, falta de las garantías legales
necesariamente prescritas por el ordenamiento jurídico, desglosada sin razón
del resto de los sumarios instruidos con ocasión de los sucesos
revolucionarios, sorda a cualquier testimonio exculpatorio del reo, abierta a
la aceptación de documentos apócrifos que lo incriminasen, receptiva a
cualquier especie de rumorología, y tramitada, por si todo ello fuera poco, en
un periodo de suspensión de las libertades constitucionales, la causa se reveló
desde su inicio como el trámite de una condena anticipada”.
L’afusellament
va provocar una onada de protestes en diferents ciutats, i el seu nom es va convertir en símbol
de les víctimes de la intolerància. A París neix un Comité de Defense des victimes de la repressión espagnole, i la Societé Astronomique de France va expulsar el rei per «assassí». Ferrer és
l’únic espanyol que té estàtua a Brusel·les, i va haver manifestacions a
Amsterdam, Roma, Lisboa, Berlín, Viena, Ginebra, Trieste, Buenos Aires i
Montevideo. A París els manifestants van assaltar l’ambaixada, i a Londres
proposaven el boicot als productes espanyols. Els intel·lectuals van criticar
la manca de garanties del judici i l’actitud inclement de les autoritats: el cas
més important seria l’article “La ciutat
del perdó”, que Joan Maragall va escriure per a La Veu de Catalunya, i que
Enric Prat de la Riba, aleshores director del diari, va deixar inèdit (fins que
Josep Benet en va parlar el 1963) perquè la burgesia, i la patronal que la
representava, volien càstigs exemplars. El text, una emotiva i enèrgica crítica
de la pena de mort, proposava que, per un cop, la ciutat coneguda arreu com “La
ciutat de les bombes” ho fos del perdó!
No hem
d’oblidar, finalment, les conseqüències polítiques. La censura de l’article de Maragall en el diari
orgànic de la Lliga Regionalista ja suggereix que les classes dirigents
catalanes farien costat al govern Maura. Això trencaria la Solidaritat
Catalana, ja que els partits republicans s’afegirien al crit de “Maura, no” amb
els liberals. I aquesta protesta generalitzada contra Maura no solament és
important perquè forçaria el govern a dimitir, sinó perquè – en condemnar la
repressió també el partit liberal- es trencava aquell “pacte d’El Pardo” que
havien acordat Cánovas i Sagasta el 1885, i que constituïa el motor del règim
de la Restauració. Dit d’altre manera, amb el final del torn pacífic el règim
aprofundia en la crisi sistèmica que el duria cap a una agonia segura. Les
ruptures que es van produir dins de cadascun dels partits també serviria per
exemplificar la crisi de règim: per una banda el partit liberal es dividia en
dues sensibilitats, els partidaris de donar suport a Maura i garantir així la
supervivència del règim, i els que creien que la repressió ho feia impossible.
De moment, però, assumia la presidència del govern José Canalejas.
També els
conservadors van sobreviure gràcies a Eduardo Dato, que n’assumia la seva
direcció, però amb Maura apartat del poder estrepitosament, un sector de la
dreta queixosa amb el rei, sentint-se traïts pels liberals, avançaven cap a la
radicalització. Coneixem aquests fenomen com a “maurisme”. Una darrera
conseqüència és el descrèdit d’Alejandro Lerroux a Catalunya. El seu silenci
durant els esdeveniments de juliol el va allunyar del favor dels obrers. El món
proletari, però, havia après la lliçó del fracàs de la Setmana Tràgica: els
calia organització, evitar l’espontaneïtat i buscar certa coordinació.
D’aquestes necessitats sorgiria l’any següent una força política predominant,
que, encara que no es presentarà a les eleccions perquè era un sindicat,
condicionarà la vida política del país fins a la guerra civil: la CNT (1910).
EL REGENERACIONISME DEL PARTIT LIBERAL. L’accés a la presidència del govern de José
Canalejas va provar de reformar el sistema atenent al drama recentment viscut.
Potser provant de reduir la omnipresència de l’església en la vida pública del
país, que havia provocat una reacció airada del món obrer, va impulsar la LLEI
DEL CANDAU, que prohibia l’establiment de nous ordes religiosos. Contra ella es
va mobilitzar una nova entitat que tindria importància posterior: es tracta de
l’Associació Catòlica Nacional de Propagandistes, encapçalada per l’advocat i
periodista Àngel Herrera Oria i el seu diari, “El debat”. Van començar a
moure’s quan el govern va aprovar una norma que permetia anunciar-se a les
confessions no catòliques (1910), dient que contravenia l’article de la
constitució que prohibia les “manifestacions públiques” de religions no
catòliques. L’església va organitzar un Congrés Eucarístic a Madrid (1911) a la
clausura del qual, contra la voluntat del govern, va assistir el rei per
desautoritzar el govern.
Altres
mesures de Canalejas volien millorar la situació del proletariat. L’abolició dels impostos sobre els
productes de primera necessitat que anomenàvem “consums” acabava amb el que
deien era un “espoli del proletariat”. El govern va aprovar la jornada de 9 h
per alguns sectors, com el miner, va impulsar contractes d’aprenentatge per
acabar amb els nens obrers, va prohibir el treball nocturn per a les dones, i
va impulsar la “llei de la cadira” per garantir que totes les operàries en
tinguessin una. Tot plegat constituïa un
paquet de mesures socials interessant, però Canalejas no va poder aprovar la
llei de convenis col·lectius, el seu projecte estrella
Coneixent la
impopularitat del reclutament, que havia estat el nucli de la protesta de 1909, Canalejas va aprovar
també una Llei de reclutament que feia obligatori el servei militar, tot i que
solament en temps de guerra. No va aconseguir desfer la redempció en metàl·lic
que els rics pagaven per evitar-se’l, però quedava clar que serien reclutats en
cas de guerra, i que els fills únics de les famílies pobres en quedaven
exempts. Canalejas va aturar la guerra aprofitant que els francesos prenien
Fes: Canalejas fixava la zona d’influència espanyola després de controlar
Larache i Alcasarquivir, i la pacificava amb una visita oficial acompanyant el
rei (1911): Alfons XIII va quedar fascinat pel Marroc, on va conèixer un
militar que seria decisiu, l’aleshores tinent coronel Manuel Fernández
Silvestre.
Les
polítiques de Canalejas van quedar brutalment interrompudes pel seu assassinat: el 12 de novembre de 1912 mirava
l’aparador d’una llibreria a la Puerta del Sol quan l’anarquista Manuel
Pardinas li disparava un tret i, instants després, uns metres més enllà, abans
que l’agafés la policia, es suïcidava. La situació seria recreada en la
pel·lícula que, afegint imatges del funeral, rodaven Enrique Blanco i Abelardo
Fernández aquell mateix any, amb un jove Pepe Isbert com a momentani figurant
de Pardinas.
Canalejas
deixava tramitada una llei que tiraria endavant el govern conservador d’Eduardo
Dato, ja el 1913: es
tracta del Real Decret de Mancomunitat de Municipis i Diputacions, que oferia
la possibilitat –pensant en el catalanisme polític- que dues o més diputacions
provincials quedessin unides en una sola, estructurant-se administrativament
sota una sola presidència. Així ho demanarien les quatre diputacions catalanes,
naixent així la primera institució d’autogovern de Catalunya des del 1714, la
MANCOMUNITAT. La institució mantenia les mateixes competències que les
diputacions, però les podia aplicar sobre tot el territori: camins i ports,
cultura e instrucció, agricultura i serveis forestals, beneficència i
sanitat... Prat demostraria les seves dots com a estadista dinamitzant el
procés de reconstrucció nacional mitjançant una institució amb finalitat
purament administrativa.
Analitzar ràpidament la tasca de la Mancomunitat
exigeix centrar-se en 2 aspectes: les infraestructures i la cultura. No em
refereixo solament a la xarxa de telèfons i biblioteques, sinó a que els homes
que la van posar en marxa eren gent del positivisme científic de finals del
segle XIX i per això es van consagrar a formar els tècnics, els científics i
els funcionaris que necessitava l’estat català que somniaven. Això explica la
posada en marxa de l’Escola d’Administració Pública, l’Escola del Treball i
l’Escola Industrial en l’antic recinte de la Fàbrica Batlló, l’Escola Superior
d’Agricultura. Aquesta aposta per modernitzar el sector primari explica la
fundació del Servei de Meteorologia de Catalunya, les granges escola o el
suport als grans cellers cooperatius.
Pel que fa a la cultura, cal recordar
l’Escola de Bibliotecàries, la d’Infermeres, la Biblioteca de Catalunya i
l’Escola d’Art Dramàtic Adrià Gual. La percepció de que la llengua era una
infraestructura més d’aquest estat científic va ser que l’Institut d’Estudis
Catalans (1907) es va dotar de seguida d’una secció filològica que permetria a
Pompeu Fabra, amb la gramàtica de 1918, iniciar la nissaga de publicacions que
culminaria amb el diccionari de 1932. Per la seva part, la Secció Arqueològica
es va consagrar a restaurar les runes romanes de Barcelona, i a excavar
Empúries. Poder traçar un llaç emocional amb el món clàssic permetia la Mancomunitat
lligar-se als valors del noucentisme. La mort de Maragall el 1911 havia
simbolitzat el final del modernisme, i, poc abans, el 1906, l’inici de la
publicació del Glossari d’Eugeni d’Ors a la premsa (i “La nacionalitat
catalana”, de Prat de la Riba) ens demostra el relleu generacional que viu la
cultura catalana. Enrere queden la fascinació per l’edat mitjana, la
imaginació, la mística, les formes retorçades, la natura, el geni individual
pròpies del modernisme; el noucentisme representa la nova aposta,
respectivament, pel món clàssic, l’academicisme normatiu, la raó, la línia
recta i l’equilibri constructiu, la civilització i el poble entès com a
col·lectiu. A les musses bohèmies i delicades, desconsolades, que esculpiria
Josep Llimona deixaven ara pas les “Ben Plantades” virtuoses i solemnes que
esculpia Josep Clarà. A les formes retorçades de les façanes modernistes
succeïen els edificis simètrics, equilibrats i mesurats propis del noucentisme.
El catalanisme s’havia modernitzat...
martes, 17 de marzo de 2020
SPACAT21 (a) - AQUELLA SETMANA: TRÀGICA O REPUBLICANA?
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| La Marquesa de Comillas volia acomiadar els obrers que marxaven camí del Marroc |
Vam deixar Maura reclutant reservistes per anar al Marroc a sufocar les cabiles bereber que havien assassinat uns treballadors espanyols del ferrocarril que havia de transportar el ferro de la Companyia Espanyola de Mines del Rif, vinculada a Romanones, Güell i Comillas, cap al port de Melilla. El malestar que incendiaria Barcelona ja es va manifestar l’onze de juliol de 1909, quan van embarcar els primers soldats. El dia 19 de juliol es van produir ja les grans protestes, que van comptar amb suport de socialistes i radicals. A Terrassa, Solidaritat Obrera omplia un míting en que el periodista socialista Antoni Fabra i Ribas suggeria una vaga el 26 de juliol, incorporant-se ell mateix a un comitè per coordinar-la amb anarquistes i altres líders obrers no destacats. La vaga seria un èxit que acabaria amb violència contra l’escola marista i els tramvies, però provocaria dos morts i alguns ferits. El ministre de governació, Juan de la Cierva, va declarar l’estat de guerra i va suspendre les garanties constitucionals a la província. L’endemà la ciutat s’omplia de barricades. Durant els dies 27 i 28 van cremar més de 60 edificis religiosos, es van profanar sepultures i corrien llistes de convents i institucions religioses per cremar. Les forces de seguretat van disparar contra els manifestants, generalitzant les barricades. El dia 29 desembarcaven les tropes que el govern havia enviat des de València: no els va costar vèncer la resistència popular, desorganitzada i anàrquica. El dia 30 quedava restablert l’ordre: s’havien produït cent morts, i 400 ferits.
HAVIA ESTAT UNA REVOLTA OBRERA CONTRA EL RECLUTAMENT? Des de Joaquín Maurín (Los hombres de la dictadura,
1930), que veuria en la Setmana Tràgica una “pàgina brillant de la història del
proletariat”, fins al llibre recent de Dolors Marín, aquesta teoria ha celebrat
la capacitat de mobilització dels obrers, malgrat veure-hi un moviment
incoherent, acèfal i caòtic, acusant del seu fracàs a que Lerroux va desviar
cap a l’església la ràbia popular, per salvar el règim. Les memòries de Fabra i Ribas veuen en el seu
origen una espontània protesta contra la guerra, que hauria impulsat un comitè
central capaç d’organitzar una vaga que podria haver conduit els esdeveniments
cap a la revolució. Si no va arribar, conclou, va ser per causes lligades a la
situació del propi moviment obrer: perquè ni els radicals ni cap grup republicà
va voler oferir lideratge polític, perquè els obrers barcelonins van quedar
aïllats i denunciats per separatistes, i perquè la UGT socialista no va ser capaç
d’estendre la vaga general a una escala nacional. Aquesta interpretació va
arribar exitosa a la Transició, com demostra el llibre de Joaquín Romero Maura
(1975), o la pel·lícula d’Antoni Ribas. El problema és que –com que els obrers
van respectar fàbriques, palauets i centres oficials- no resulta fàcil entendre
el conflicte com a exemple de la lluita de classes.
VA SER EL DARRER MOTÍ ANTICLERICAL? La selectivitat destructiva va impulsar la historiadora nord-americana
Joan Connelly Ullman a interpretar els fets com si fossin el darrer motí
anticlerical. La traducció del seu llibre de 1968 va ser publicada com “La Semana Trágica. Estudio sobre las Causas
Socioeconómicas del Anticlericalismo en España (1898-1912)” (1972). Ella
recordava la presència omnipresent de l’església –consagrada a una “croada
recatolitzadora” empesa contra les ideologies materialistes- com a motor d’un
renovat anticlericalisme. La protecció estatal que havia rebut des de la
signatura del concordat de 1851 havia malmès la imatge de la institució, que
semblava beneir la injustícia social... Però les universitats de Deusto (1886)
o Pontifícia (1904), o els inicis de les obres de l’església de l’Almudena
(1884) o de la Sagrada Família (1888) no van ser l’única demostració d’aquesta
omnipresència quotidiana. També hem de recordar la repatriació dels clergues de
les colònies perdudes, o la massiva arribada de capellans francesos que fugien
de la legislació laïcista. Explicaria això que la protesta espontània contra un
reclutament injust –basat en la quinta i la redempció en metàl·lic- derivés en
la crema d’esglésies? Potser hi va caler també la presència d’un actor
especialment polèmic: Lerroux.
VA SER UNA CRISI POLÍTICA, DERIVADA DE L’ACTUACIÓ DEL PARTIT RADICAL? La idea de que els lerrouxistes van
derivar l’odi popular cap a l’església per salvar el sistema prové de qui el
veu com a instrument de l’estat contra el catalanisme... Defensant la jornada
de 9 hores, i atiant l’odi contra l’església, Lerroux s’havia convertit en
l’ídol dels obrers vagant pel carrer que articulava la ciutat proletària: per
això el coneixem com “l’Emperador del Paral·lel”. Ell va sistematitzar les
crítiques a l’església: l’ocupació d’espais públics, la seva connivència amb
els rics, la seva oposició a la modernitat, el seu suport a un estat
militarista, el seu obscurantisme, el seus privilegis fiscals i educatius, la
seva ociositat, la competència deslleial de les seves activitats econòmiques.
Els vehements discursos de Lerroux feien confluir l’anticlericalisme popular
amb el de les elits liberals (Canalejas), republicanes (Lerroux) o
intel·lectuals (Galdós, o Blasco Ibáñez), potenciant la seva mobilització. Joan B. Culla no li atorga aquest paper tan
protagonista en la direcció de les seves masses: més que manipular-les, diu, el
seu paper va ser normalitzar l’anticlericalisme, donar-li carta de naturalesa a
una cultura política reconeguda que ja existia. Els joves lerrouxistes que
atacaven els mítings de la Solidaritat Catalana havien legitimitat la
violència, l’havien normalitzat com si fos una estratègia política més.
EPISODI D’UNA LLUITA (CULTURAL) PER L’ESPAI PÚBLIC?. L’acció de la Lliga Regionalista al capdavant de
l’ajuntament de Barcelona havia aprovat el Pla de Reforma Interior (1902), que
contemplava l’enderrocament de 2.000 habitatges i desplaçar més de 10.000
veïns. Ja l’any de l’aprovació del Plau Jaussely es va produir una dura vaga
obrera, però el malestar es va accentuar quan el 1909 van començar els
enderrocaments. Els desnonaments augmentaven la densitat de població de la
ciutat antiga, perquè no podien permetre’s viure a l’Eixample. És més: al
reduir el nombre d’habitatges disponibles en un espai minoritzat, pujava el
preu dels lloguers. L’objectiu era obrir un centre de negocis que facilités els
desplaçaments entre l’Eixample, on la burgesia estava instal·lant els seus
despatxos, i el port, on es materialitzaven els negocis. Efectivament la nova
Via Laietana es va monumentalitzar al servei de la burgesia: hi podem trobar
Correus i el Banc Hispano Colonial a baix, i La Caixa en un edifici modernista
dalt del tot; i entremig la seu de Foment del Treball (a la Casa Cambó), i un
escenari de sociabilitat burgesa, el Palau de la Música.
![]() |
| Aquest llibre de Pere López Sánchez és molt interessant |
Queda clar que la
burgesia s’està apropiant d’un espai en el què fins ara vivia el proletariat,
tal i com demostra la croada moral contra la mendicitat, la prostitució,
l’alcoholisme i la vagància que també va emprendre la Lliga amb un discurs
classista que percebia l’ús que feia el proletariat de l’espai que ocupava com
una espècie d’anarquia. Dient que cal higienitzar, moralitzar i regular la
vida, la burgesia imposa un model de sexualitat i família, però també de
productivitat. La crítica de l’oci proletari ofereix com a alternativa fer
rendible temps i espai. Per tant, darrera d’ambdós polítiques amaga una lluita
pel control de l’espai públic: per a la burgesia, ha de servir per accelerar la
producció econòmica, facilitant desplaçaments de mercaderies, decisions i
treballadors. I aquests han d’abandonar activitats improductives i consagrar-se
als valors presumptament modèlics dels burgesos (treball, esforç, família,
estalvi, imperi). Es tracta, doncs, d’una lluita cultural: l’espai públic s’ha
de dedicar a produir, o a viure? La barricada es converteix així en el símbol de
la recuperació, per part del proletariat, de l’espai que li ha estat furtat.
VA SER UNA REVOLTA REPUBLICANA? Darrerament s’ha criticat que la dificultat per interpretar els
esdeveniments vindria de l’apropiació per part de l’església d’una
interpretació que impedeix veure la veritable complexitat del què va passar. En
aquest sentit s’ha volgut substituir la denominació tradicional dels
esdeveniments i apel·lar a una “revolució de 1909” que permetria encaixar-los
en la dinàmica regeneracionista, i fins i tot en un context internacional: les
reclamacions que acaben amb el Diumenge Sagnant a Rússia (1905), l’assassinat
del rei i l’hereu de Portugal el 1908 que desemboca en la proclamació de la
república el 1910, l’adveniment dels Joves Turcs que expulsen el soldà otomà
(1908), la revolució mexicana (1910) i la revolució xinesa que acaba amb el
jove Pu Yi tancat a la Ciutat Prohibida (1911) constituirien una “onada
revolucionària” de continguts republicans. És cert que la revolta sembla
animada per valors republicans: antimilitarisme, anti-imperialisme,
anticlericalisme, drets socials garantits, defensa del que és comú, protecció
dels més desvalguts. Tement complicitats dels obrers catalans amb els
republicans de la resta de l’estat, el ministre Juan de la Cierva va acusar el
moviment que omplia els carrers barcelonins de “separatista”, i el llibre de
Josep Pich i David Martínez Fiol segueix els contactes entre polítics
republicans per aprofitar l’avinentesa, però la desaparició de Lerroux va
impedir que ningú no encapçalés el moviment. De fet, era una època de
republicanismes populistes, com la figura de Vicente Blasco Ibáñez a València
podria demostrar. Una altra demostració d’aquesta valoració dels esdeveniments
dins d’aquesta constant republicana que apareix esporàdicament en la història i
que el discurs liberal ignora o fins i tot menysté per a fer-se valer com a
única alternativa vàlida de futur, és que les publicacions republicanes mai van
recordar els esdeveniments com una “setmana tràgica”, sinó com un moment
d’orgull de classe i demostració de la capacitat de força del poble....
sábado, 14 de marzo de 2020
SPACAT20 - ALFONS XIII I EL MOMENT REGENERACIONISTA
La desaparició
de Cánovas (1897) i Sagasta (1902) va coincidir amb el final de la regència i
l’adveniment del nou regnat amb la primera gran crisi del règim: amb els Fets del Cu-cut s’enfonsaria la
façana civilista del règim de la Restauració. El 18 de novembre de 1905
gairebé tres mil persones assistien al Banquet de la Victòria, per commemorar
amb l’àpat i uns parlaments polítics una de les victòries més sonades de la
Lliga Regionalista. Fent-lo servir d’excusa, el dibuixant Joan Junceda
publicava en el Cu-cut, el setmanari
satíric que acompanyava La Veu de Catalunya, un acudit que feia burla de
l’exèrcit. Què s’hi celebra?, deia un militar a un senyor que passava veient
entrar tanta gent al Frontó Condal (on havia de començar l’àpat). I el senyor
contestava: “El banquet de la Victòria”. I el militar rematava: “Doncs seran
civils”, fent mofa de les derrotes espanyoles. L’acudit va servir d’excusa a la
indignada guarnició, ja incòmoda amb el creixent catalanisme, per assaltar les
redaccions de la revista, i de La Veu.
La destrucció de màquines i arxius va durar hores, i va quedar impune perquè
els diputats catalans que van criticar el govern van ser acusats de
separatistes i el govern va anular les garanties constitucionals a Catalunya.
Els militars de tota la península es van solidaritzar unànimement amb la
guarnició de Barcelona, solament el coronel d’enginyers Francesc Macià es veurà
obligat a abandonar l’exèrcit per solidaritzar-se amb la llibertat d’expressió.
L’acte d’insubordinació, un veritable delicte amb el codi penal a les mans, no
solament no va ser sancionat, sinó que va comptar amb l’aplaudiment de la
classe política espanyola, que va impulsar la LLEI DE JURISDICCIONS (1906), que atribuïa a tribunals militars
les causes per ofenses a la “unitat de la pàtria” que poguessin fer els civils.
Segons la llei, qualsevol atac a l’exèrcit ho era contra l’estat, i per això va
sorgir un ampli moviment de protesta contra la llei.
D’aquesta freqüent col·laboració va sorgir la idea de presentar una
gran coalició electoral catalana a les eleccions: en aquesta aliança, la
SOLIDARITAT CATALANA, en la que van participar la Lliga, els
nacionalistes republicans escindits d’ella, els federals, la Unió Catalanista,
i els carlins. Solament van quedar al marge els partits dinàstics (en procés de
desintegració a Catalunya), i el Partit Radical. Alejandro Lerroux havia
mostrat el seu suport als militars, en un polèmic article que el 9 de desembre
de 1905 havia titulat “El alma en los
labios”, veritable peça antològica de l’anticatalanisme. El 20 de maig, els
“solidaris” van convocar una gran Festa de l’Homenatge als diputats que
s’havien oposat a la llei de jurisdiccions: van aplegar més de cent mil
persones al passeig de Sant Joan, i un altre míting important va ser el de la
plaça de toros de les Arenes l’onze de novembre de 1906. En resposta al
president del govern, Antonio Maura, que havia declarat al congrés que aquell
projecte de coalició amb prou feina li semblava “un montón”, Joan Maragall va
publicar (13 d’abril de 1906) un famós article que duia per títol “L’alçament”: “solidaritat és la terra (…) que s’alça en el seus homes (…) I la terra
no és carlina, ni republicana, ni monàrquica, sinó que és ella mateixa, que
crida, que vol ser un esperit propi per reegir-se, i ho crida en tots els seus
fills, republicans, monàrquics, revolucionaris, conservadors, pagesos,
ciutadans, blancs i negres, rics i pobres. I mentre’s duri’l crit de la terra,
no hi ha pobres, ni rics, ni ciutats, ni pagesies, ni partits, ni res més sobre
d’ella que un gran afany d’acallar-la i satisfer-la; perquè sols quan ella sia
en pau podrà cadascú ser republicà, carlí, pagès, blanc o negre, pobre o ric
(…) No es un montón, senyor Maura. Que no ho veu? És un alçament”.
L’èxit
electoral de la Solidaritat representa el final definitiu del sistema dinàstic
a Catalunya, i permetrà la participació activa dels polítics catalans en
l’oposició política al règim: dels 44 escons en joc a Madrid, va aconseguir-ne
41 (1907): d’una alta participació (58%) els “solidaris” van aconseguir el 41%
dels vots, mentre que un 17% se’ls enduien els radicals de Lerroux.
Durant la
campanya contra la llei de jurisdiccions va destacar un dels “fontaners” de la
coalició al qui ja havíem vist dedicar la tesi sobre les colònies industrials a
Güell, i fer de secretari en la reunió de la Unió Catalanista que havia
redactat les Bases de Manresa. Es deia Enric Prat de la Riba, i aquell 1906 va
publicar un llibre que seria molt important en la història del catalanisme:
duia per títol “La nacionalitat catalana”
i inclou una distinció entre la “nació” (descrita com una entitat natural
lligada per una història, una llengua i una cultura comunes), i l’estat, una
organització política, administrativa i jurídica. Partint d’aquí conclou que
Catalunya és una nació, i adverteix que tota nació tendeix naturalment a
constituir-se en un estat. Malgrat això, constata la integració de Catalunya en
l’estat espanyol com a fet històric incontestable, i formula dues recomanacions:
que Espanya busqui una estructura administrativa que permeti respectar certa
autonomia, i que –diferenciant entre un centre improductiu, i una perifèria
dinàmica- demana que els valors rectors de l’estat siguin els de la perifèria.
A més de defensar la creació d’una Espanya moderna, capaç d’assumir tasques
imperials, està recomanant la necessitat de que l’estat escolti el programa que
ofereix la Lliga Regionalista per a reformar-se i impulsar-se. En certa manera,
és una recomanació regeneracionista.
EL REGENERACIONSIME CONSERVADOR: ANTONIO MAURA havia ingressat a les files del partit
conservador el 1902 i va substituir Francisco Silvela –que moriria el 1905- en
la seva direcció. Amb 50 anys havia estat ja president del govern (1903-1904) i
havia organitzat la visita d’Alfons XIII a Barcelona de la que vam parlar, i
durant la que va patir un atemptat anarquista en el que va ser ferit lleument.
Irònic i carismàtic, el polític mallorquí despertava tota mena de passions
perquè era un vehement orador. Maura era conscient del que anys després Ortega
definiria com a “divorci entre l’Espanya real i l’Espanya oficial”: la
falsificació dels resultats electorals per l’Espanya oficial impedia saber què
pensava l’Espanya real, així que recomanava autenticitat a l’Espanya oficial
(sinceritat electoral) i esperit cívic (participació activa) a l’Espanya real.
El seu objectiu, doncs, era dignificar les institucions i revitalitzar el
parlament, una via ben diferent per guanyar el respecte del sistema per part de
l’opinió pública, que el “cirurgià de ferro” al que apel·lava Costa. Semblava,
doncs, un regeneracionista, que durant el període que els seus apologistes
coneixen com a “trienni gloriós” (1907-1909) va presentar a les corts 264
projectes de llei.
El seu Projecte
de Llei de Descentralització Adminsitrativa (1907) volia canviar el model
centralista creant mancomunitats regionals de províncies, i la seva Llei
d’Administració Local va ser l’esdeveniment més important de les corts
revisionistes: en dos anys que es va estar discutint es van produir més de
2.000 intervencions i gairebé 3.000 esmenes. Ell deia que era la llei per a
desencaixar el caciquisme, i probablement per això es va empantanar en el
congrés i va comptar amb l’oposició dels seus propis companys de partit.
Probablement
influït per l’Encíclica “Rerum Novarum”
de Lleó XIII, que apel·lava a l’evangeli per a reclamar una major justícia
social, alguns conservadors venien demanant iniciatives legislatives per a
millorar la situació de les classes treballadores. Ja el 1900 un ministre de
governació de Silvela, Eduardo Dato, havia aconseguit una Llei d’accidents de
treball, rebent l’acusació de ser un “socialista encobert”. Maura va continuar
aquesta política amb la Llei de Descans Dominical (1904). Amb la voluntat
d’integrar els obrers en l’estabilitat del sistema i neutralitzar la via
revolucionària, el 1908 es va crear l’Institut Nacional de Previsió. Aquest
organisme, considerat l’inici de les assegurances socials, es va adscriure al
Ministeri de Governació, prova de que la qüestió social es considerava una
qüestió d’ordre públic. Aquest primer pas cap a l’estat del benestar, la seva
prehistòria, de fet, acabaria estant una “revolució des de dalt” (“...abans que
no ens la facin des de baix”).
Una altra de
les iniciatives de Maura va ser la llei del sufragi (1907), que feia del dret
al vot un deure cívic per acabar amb el sistema de cacics i atraure a la
política una massa neutra que, desenganyada, la veia com una farsa permanent. Traslladava
la determinació de la validesa de les actes del parlament al Tribunal Suprem, i
el seu article 29 prescrivia que “en els districtes on no resultin proclamats
candidats en major nombre dels cridats a ser escollits, la proclamació de
candidats equival a la seva elecció”. Allà on no hi havia competència, doncs,
no caldria celebrar eleccions. Es feia per a incentivar la presentació de
candidatures, però a la pràctica desposseïa un nombre creixent de ciutadans del
seu dret al sufragi. Alguns detalls com aquest han fet pensar alguns
historiadors que Maura no era tan regeneracionista com semblava. María Jesús
González hi veu, amb prou feines, una “socialització conservadora”, un procés
d’integració activa i conscient dels ciutadans en el joc polític que, acceptant
beneficis i imperfeccions del sistema, lluita contra l’abstencionisme. Maura
pensava que el pitjor mal de la política era el divorci entre governants i
governats, i pensava superar-lo creant una ciutadania participativa. Li
demanava superar la indiferència per anar millorant el sistema sense
convulsions, però apel·lava a la societat convençut de que era molt
conservadora, i que així reforçaria la legitimitat del sistema (i no el
canviaria).
Les polítiques
de Maura també van anar orientades a ingressar en la cursa colonial ocupant el
Marroc. Amb l’argument que calia garantir una zona militar a l’altre costat de
l’estret per seguretat, va convocar la Conferència d’Algesires (1906). Els
francesos, espantats per la visita del Kàiser a Tànger el 1905 amb voluntat de
qüestionar la projecció colonial francesa al nord d’Àfrica, van negociar un
repartiment en dues zones de protectorat.
La campanya que
comença des de Melilla el 1907 és una lluita per una franja septentrional de
territori rifeny, muntanyenca i pobra, sense una opinió pública favorable a
l’imperialisme, sense tècnics colonials ni preparació bèl·lica ni coneixement
de l’adversari. De seguida van arribar notícies d’una escaramussa que havia
acabat malament al Barranco del Lobo. El govern Maura va decidir enviar reforços
i va decidir cridar a files els reservistes, homes que ja havien acabat el
servei militar i s’havien incorporat al món laboral. El reclutament, ja
classista de per sí, trencava sentimental i econòmicament les famílies. L’onze
de juliol de 1909 començaven a embarcar a Barcelona... allò es convertiria en
una revolució terrible, i en la segona gran crisi del sistema dinàstic.
viernes, 13 de marzo de 2020
SPCAT19 - L'IMPACTE DEL 98
(1): PLANTEJA LA
DECADÈNCIA. El debat sobre
quin diagnòstic descrivia els mals del país i quin tractament terapèutic calia
imposar-li per intentar salvar-lo d’una agonia irreversible va omplir des
d’aquell mateix moment l’opinió pública. En els ateneus obrers i els clubs de
la burgesia, en els partits i el Parlament, en els diaris i la universitat, es
discutia sobre la malaltia que havia provocat tan humiliant derrota, i sobre
quins remeis es podrien aplicar per a curar-la. Aquesta corrent de pensament
angoixat i pseudocientífic es diu regeneracionisme i tindria una de les seves
primeres expressions en l’article “Sin
pulso”, que Francisco Silvela, el nou president del partit conservador des
de la mort de Cánovas, va publicar en el diari madrileny “El tiempo” el 16-8-1898:
“Los doctores de la política (...)
discurrirán sus remedios, però el más ajeno a la ciència que preste alguna
atención a los asuntos públicos (...) observa este singular estado de España:
donde quiera que se Ponga el tacto no se encuentra el pulso (...) todos cuantos
tengan algun interès en que este cuerpo nacional viva es hora que se alarmen
(...) los que tienen por oficio y ministerio la dirección del estado no
cumplirán sus más elementales deberes si no acuden con apremio y con energia al
remedio, procurando atajar el daño con el total cambio del régimen (…) si esa
dignificación no se logra, la descomposición del cuerpo nacional es segura”.
En aquest fragment de l’article no solament trobem referències mèdiques que ens
remeten al context biologista; també sorprèn la urgència amb què demana que es
posin a fer reformes per salvar el país.
Malgrat que
Silvela arribarà a impulsar el primer govern regeneracionista i una llarga
nòmina d’autors es van mostrar preocupats per la situació del país després de
la desfeta, el nom de referència del regeneracionisme és el saragossà Joaquín
Costa. En un exitós llibre, “Oligarquía y
caciquismo como la fórmula actual de gobierno en España: urgència y modelo de
cambiarla” (1898) suggeria la fórmula “escola i rebost” com a mecanisme de
superació d’aquell estat de prostració nacional. Escola bàsica, per a pujar la
formació de la població del país, més que ensenyament superior; i una aposta
decidida pel regadiu, molt més productiu que el secà. Com a home del seu temps,
Costa va mostrar tics imperialistes quan va fundar la Societat d’Africanistes i
Colonialistes. En la conferència que va pronunciar a l’Ateneu de Madrid (1901)
va incidir en la figura que havia d’impulsar totes aquestes reformes: “esta política quirúrgica tiene que ser cargo
personal de un cirujano de Hierro”, havia escrit. Per això Enrique Tierno
Galván (Costa y el regeneracionismo,
1961) havia fet del que anomenava el “costismo” un «sentimiento difuso de admiración por la dictadura totalitaria
nacionalista» que hauria inspirat “los
fundamentos [ideológicos]» de la sublevación militar” de 1936. Se li va
contestar que alguns sectors del franquisme van desqualificar Costa i que la
decepció profunda que sentia Costa per la situació del país, lluny d’acostar-lo
a l’autoritarisme, el va fer tornar al republicanisme. Malgrat això, podem
imaginar que aquesta crida al “cirurgià de ferro” seria llegida amb interès per
alguns sectors de l’exèrcit.
(2): UN NOU PAPER
DE L’EXÈRCIT. En el
capítol “La escopeta sin blanco” del
seu llibre, Balfour escrivia que la Restauració havia destinat a l’exèrcit un
paper tutelar que permetria marginar els radicalismes (carlins o republicans),
però 1898 havia evidenciat la seva ineficàcia. El resultat havia estat una
profunda frustració de la casta militar, que es va manifestar en un fort
ressentiment cap als polítics (als que responsabilitzaven del fracàs) que
permetia intuir cert menyspreu per la societat civil. L’exèrcit se sentia una
espècie de boc expiatori, i per això va començar a elaborar una subcultura
victimista (centrada en menystenir l’autoritat civil) i un cert messianisme. La
pròpia percepció de salvaguarda dels valors patriòtics, gairebé en règim de
monopoli, no solament amagava el seu corporativisme, sinó tots aquells
problemes que el règim no havia abordat com a compensació al paper protector de
la moderació política que havia vingut exercint. Així doncs, era un exèrcit
hipertrofiat pel que fa als comandaments (500 generals, 23.000 oficials, 80.000
suboficials) i no massa professional. I que –per a justificar-se davant de la
societat que el mal pagava- es va assignar la vigilància del país per evitar
que no es repetís el Desastre. Espanya quedava a punt de convertir-se en una
caserna gegantina, en la que els obrers i els catalanistes –els crítics del
sistema, doncs- estan permanentment sota sospita. Si França havia resolt la
seva crisis “final de segle”, el Cas Dreyfus, amb la supremacia dels valors
civils, aquí no havia passat igual.
(3): UN NOU TIPUS
D’INTEL·LECTUAL. En
aquell moment s’estava desenvolupant un nou mercat cultural de masses, impulsat
per la urbanització, l’escolarització, l’alfabetització i la mesocratització.
Els creadors van poder independitzar-se dels vells patronatges de la cort, la
noblesa o l’església, i començar a viure dels productes que escrivien per a un
públic lector creixent. L’aparició de nous cenacles independents de producció
de cultura es manifesta en la Fabian
Society (1884), la Institución Libre de Enseñanza (1876) o l’École Normale Superieure. Aquesta
independència permet definir l’intel·lectual per la seva posició com a home de
lletres en relació als fets polítics, crítica i únicament compromesa amb la
veritat. És el que representaria Zola quan denuncia la inconsistència de la
condemna a Alfred Dreyfuss en el famós article “Jo acuso”, o la tasca de la intelligentsia
a Rússia, o el que farà la Generació del 98 al criticar els Processos de
Montjuïc o quan la seva mirada tendra a Castella conviu amb un to crític que
–malgrat valorar la bellesa del seu paisatge- li demanen la modernitat. Quan
Unamuno escriu el 1895 “¿con qué derecho me llevan ustedes contra
mi voluntat a la guerra? ¿Que se pierde Cuba? ¡Que se pierda!” està
mostrant tal ruptura amb els valors de la societat científica que ens podria
permetre parlar de la crisi del positivisme. En un moment en que la teoria de
la relativitat d’Einstein, la crítica de Nietzsche a les religions, o la
recerca freudiana de la veritat en el món dels somnis, molts pensadors
descobreixen que les certeses no estan garantides. Més endavant, el Titanic o
les trinxeres demostraran que ciència i tècnica no necessàriament ens condueixen
cap al progrés i la felicitat. Per tant, la confiança en la veritat objectiva i
el mètode científic sembla esgotar-se i deixar pas al dubte i l’angoixa, al
pessimisme, a l’esperit crític, a la inseguretat pel què vindrà. Intuïció,
passió, vitalisme i subconscient seran els valors puixants... Per això intuïm
certa crisi espiritual, pessimisme i angoixa vital, en Unamuno quan escriu “En torno al casticismo” o “Del sentimiento trágico de la vida en el
hombre y en los pueblos”.
Així ho
descriurà Azórín en els articles d’ABC publicats el febrer de 1913 per donar
forma al concepte “generació del 98”. 13). Deia: “Allá por 1896 vinieron de provincias a Madrid algunos muchachos con
ambiciones literarias y se reunieron aquí con otros que comenzaban a escribir
(...) la generación se ha iniciado en la vida intelectual teniendo ante su
vista un espectçaculo tremendo: el del Desastre (...). Desde 1898 para acá ya
la crítica política y social se va sistematizando, se robustece una convicción
capital esencial, la de que es preciso un cambio radical en la vida espanyola”.
I els presentava criticant “las
corruptelas administrativas, la incompetencia, el chanchullo, el nepotismo, el
caciquismo, la verborrea, el `mañana´, la trapacería parlamentaria, el atraco
en forma de discurso grandilocuente, todo el denso e irrompible ambiente”.
(4) EXASPERACIÓ DELS NACIONALISMES PERIFÈRICS. El 98 va mobilitzar la burgesia catalana en el
que podria ser considerada una cinquena fase del catalanisme polític. Ja el
poema que Joan Maragall va titular “Oda a
Espanya” demanava explícitament menys banderes i més canvis, i acabava
suggerint que si les reformes no es produïen s’hauria de trencar els llaços amb
la dissort espanyola. Així doncs, el catalanisme polític va superar la fase de
presa de consciència política per passar a implicar-se en la reforma d’Espanya
participant en el sistema dinàstic. En un to més reivindicatiu que fins
aleshores, aprofitava el primer intent de regeneració política per sumar-se a
la reforma del país. Primer ho va fer amb els partits dinàstics, concretament
amb el govern regeneracionista i conservador que Francisco Silvela va presidir
des de març de 1899. L’article “Sin pulso”
li havia ofert certa transcendència, tot i que aquell lament líric per l’estat
de prostració del país no arribava a aprofundir en l’anàlisi de les causes ni
en les propostes alternatives. Ara posava en marxa un govern en el que, a més
del prestigiós heroi de la resistència a Filipinas, el general Camilo Polavieja
com a Ministre de la Guerra, nomenava a Manuel Duran i Bas, un catalanista, com
a Ministre de Gràcia i Justícia. Aquesta influència en els nomenaments va
permetre l’arribada a les institucions de noves veus del catalanisme com
l’alcalde de Barcelona Bartomeu Robert, el bisbe Josep Morgades a Barcelona i,
de retruc d’aquest darrer nomenament, Torras i Bages a Vic. El problema és que
les reformes s’havien de finançar amb impostos, i el ministre d’Hisenda Raimundo Fernández
Villaverde impulsava una reforma fiscal que gravava la riquesa, les rendes del
treball i els beneficis de les societats.
Aleshores va
esclatar la crisi del TANCAMENT DE CAIXES (1899). Va ser la protesta dels botiguers i
industrials de Barcelona que, donant de baixa els establiments comercials per
deixar de pagar la contribució, es va organitzar entorn de la Lliga de Defensa
Industrial i Comercial. Quan alguns comerciants van ser empresonats per no
haver pagat les contribucions, l’alcalde de Barcelona, Bartomeu Robert, va
negar-se a signar els embargaments i va dimitir. L’estat va dissoldre per la
força la Lliga, i els comerciants van respondre amb una vaga de comerços que,
encara que va fracassar, podem llegir com una victòria: va demostrar que
darrera el catalanisme hi havia un públic disposat a fer-li un pols a l’estat,
per una banda; per altra, va fer pensar que els partits dinàstics no havien
estat el medi més idoni per implicar-se en la reforma de l’estat. D’aquesta
conclusió sortiria la voluntat d’impulsar un partit polític propi, la LLIGA
REGIONALISTA (1901). Aquell mateix any es presentava a dues convocatòries
electorals amb força èxit. A les eleccions municipals aconseguia 11 regidors, mentre
els diferents partits republicans n’acumulaven 10 i els dos partits dinàstics
solament 4. L’èxit encara seria més important a les eleccions al Congrés dels
Diputats: dels 7 diputats que s’havien d’escollir a la província de Barcelona,
la Lliga Regionalista n’aconseguia 4, deixant dos als partits republicans i un
al partit liberal. Semblava que el caciquisme no havia funcionat! Per què va
aconseguir aquest èxit la Lliga? Primer de tot perquè presentava una
candidatura carismàtica, “la dels 4 presidents”. Hi havia Bartomeu Robert (exalcalde
i expresident de la Societat Econòmica Barcelonina d'Amics del País), Sebastià
Torres (ex president de la Lliga de Defensa Industrial i Comercial), Lluís
Domènec i Montaner (ex president de l’Ateneu Barcelonès i Director de l'Escola d'Arquitectura), i Albert
Rusiñol (ex president de Foment del Treball Nacional). Un altre motiu que
explicaria l’èxit de la Lliga és que va ser el primer partit amb una
organització moderna i eficaç, amb afiliats, una xarxa de centres, secretaria
... i una publicació orgànica, el diari “La
Veu de Catalunya”. Hem de pensar també en la societat de masses que estava
naixent, com demostraria el 1902 l’assistència multitudinària al funeral del
poeta Jacint Verdaguer. Ja el 1901 es va produir també una populosa ofrena
floral a l’escultura dedicada a Rafel de Casanova: encara que la Diada es venia
commemorant des de 1886 amb una missa, aquell any s’estrenava l’ofrena floral
al Saló de Sant Joan (ja que l’escultura no seria traslladada a la Ronda de
Sant Pere fins el 1914).
La Lliga,
però, també presentava alguns problemes. Primer de tot, que dins d’ella hi havia
discrepàncies ideològiques entre els vells puristes (més radicals, crítics amb
les actituds pidolaires), i els més pragmàtics (disposats a aprofitar febleses
de l’estat per aconseguir rèdits polítics). Les diferències van esclatar amb
motiu de la primera visita oficial que va fer el jove Alfons XIII el 1904.
Maura va convèncer el rei de que era més important seduir l’opinió pública
catalana que rebre les despulles de la seva àvia, traspassada aquell any a París.
Mentre els puristes de la Lliga volien fer boicot, els pragmàtics esperaven
aprofitar l’avinentesa per a presentar noves reivindicacions al rei. La visita
va ser un èxit de públic, i a l’ajuntament de Barcelona el va rebre amb un
discurs improvisat de benvinguda una jove promesa de la Lliga: Francesc Cambó. Això
va trencar la Lliga: els puristes van marxar per a constituir partits
republicans, com el Centre Nacionalista Republicà (1906) de Lluís Domènec i
Montaner, que deixava la Lliga convertida en un coherent partit de quadres. El
segon problema de la Lliga seria un poderós adversari polític, el nou PARTIT
RADICAL, amb qui constituiria el sistema
de partits propi de Catalunya fins el 1923. Aquesta formació política,
dirigida per Alejandro Lerroux, seria un partit de masses per als obrers
crítics amb el catalanisme –“Ellos propietarios, nosotros proletarios”, deia-
que amb certa demagògia recollia velles reivindicacions obreres, com la jornada
de 8 hores, i el seu tradicional anticlericalisme. Els qui no veuen en ell un
agitador foraster que finançaria els “berenars fraternals” amb el “fons de
rèptils” (els fons reservats del Ministeri de Governació), ha recordat la
coetània aparició d’un republicanisme radical i populista, del que Vicente
Blasco Ibáñez seria exemple a València.
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| Francesc Cambó donant la benvinguda al jove Alfons XIII el 1904,segon Antoni Ribas ("La ciutat cremada", 1976) |
domingo, 1 de marzo de 2020
SPACAT18 I 19 · LA PÈRDUA DE LES COLÒNIES
Deia Sebastián Balfour (1977) que “Espanya va perdre el seu imperi dos cops”, referint-se a que el 1898 encara conservava Cuba i Puerto Rico al Carib, i les perdria estrepitosament. A la “perla de les Antilles” cal afegir, per tenir al cap el mapa de les colònies espanyoles, les Marianes i les Carolines prop de Filipines; Ceuta, Melilla, Ifni i Canàries a l’Àfrica; i Fernando Poo i Río Muni al Golf de Guinea. La revolta cubana de 1868 havia acabat amb els acords del Zanjón, on es prometia certa apertura política i l’abolició indemnitzada de l’esclavatge. Aquelles promeses, però, no acabaven d’arribar. I al malestar que això provocava cal afegir el que va anar produint la mecanització dels “ingenios”. La colònia superava l’economia de plantació, i això va tenir dues conseqüències.
Per una banda,
la híper-producció va desgastar els llaços econòmics amb la metròpoli, el “pacte
colonial” renovat el 1882 amb la Llei de Relacions Comercials amb les Antilles.
El trust sucrer nord-americà va començar a comprar el 90% de la producció. Ho
feia incòmode, perquè els seus productes, si podien entrar a Cuba, ho feien amb
aranzels molt alts (per protegir així els productes provinents d’Espanya). La
burgesia fabricant, obligada a consumir els productes espanyols i limitada en
les seves vendes als americans, va anar calculant els beneficis que li portaria
el lliure comerç amb els nord-americans.
Per altra
banda, sobrava mà d’obra. A partir del decret d’abolició de l’esclavatge (1886)
els antics plantadors van anar rebaixant els costos de la mà d’obra: l’esclau
havia estat més car de mantenir que els treballadors temporers que ara contractaven
a les noves “moliendas”. El problema era que els esclaus negres alliberats que
compartien les pèssimes condicions laborals dels blancs assalariats es van anar
contaminant de l’ambient crític amb Espanya, a diferència de quan vivien
tancats en els antics “ingenios”, allunyats dels valors de la societat civil.
Ara, però, expulsats d’aquelles gegantines unitats productives es trobaven
desvalguts competint en el mercat laboral, en el que continuaven –segons
descriu Manuel Moreno Fraginals (1995)- estigmatitzats.
Les reformes no
arribaven perquè el “lobby dels esclaus” les bloquejava: encara que es van
posar en marxa partits (la Unión Constitucional per als pro-espanyols, i el
Partit Autonomista per a la burgesia urbana), mai arribaven les eleccions que havien
d’enviar els representants cubans al congrés dels diputats. El 1892 el poeta
José Martí posava en marxa un Partit Revolucionari Cubà: si el 1868 l’ànima de
la lluita per la independència havia estat un terratinent, ara ho era un poeta
de classe mitjana.
Quan es va llençar
el Crit de Baire (1895) els espanyols van provar de conciliar enviant un altre
cop Martínez Campos, però veient que la revolta triomfava, Cánovas va encarregar
la repressió al general Valeriano Weyler. Els seus mètodes expeditius, les
“trochas” i la “reconcentració de civils” –que farien d’aquest conflicte una
típica dirty war colonial- van permetre els espanyols recuperar el control.
Gabriel Cardona y Juan Carlos Losada (Weyler.
Nuestro hombre en La Habana,1997) han explicat com justificava ell aquest
mètode terrible: era l’única possibilitat eficaç per a lluitar contra la
guerrilla que comptava amb suport popular, més cruel havien estat els yankees amb les tribus índies, els
anglesos l’aplicarien al Transvaal l’any següent i, en darrera instancia, els
reconcentrats eren enemics que haurien causat baixes espanyoles.
Las víctimes de
la reconcentració de civils, que va dificultar els conreus i la distribució
d’aliments, superarien les 300.000 persones. És per això que l’historiador cubà
Francisco Pérez Guzmán (“Herida profunda”, 1988) va fer d’ell una espècie
d’antecedent de Hitler. El suïs Andreas Stucki (Las guerras de Cuba. Violenica y concentración, 2017) va intentar justificar la tragèdia dient
que els forts dotats de talaies, filferrades i fossos no buscaven el control de
la població internada sinó la seva defensa davant d’atacants externs. La
concentració tindria, a diferència, dels camps de concentració posteriors,
certa permeabilitat gràcies a passis, permisos o suborns del centineles. Cal
dir que la brutalitat de la guerra colonial va anar esborrant els límits entre
combatents i civils, i que el comportament despòtic amb els civils formaria
també part de les pràctiques de l’exèrcit alliberador. En última instància, la
reconcentració no tindria per objectiu l’extermini, sinó la victòria (evitar
que la població civil facilités a l’exèrcit alliberador cubà les armes,
medicines, roba, o informació que necessitava per a resistir).
Sigui com
sigui, l’opinió pública nord-americana va començar a percebre aquelles
tragèdies com a bestieses que els obligaven a intervenir. La incipient premsa
sensacionalista conduiria en aquesta direcció l’opinió pública en un context de
veritable batalla periodística pels lectors entre el New York World de Joseph Pulitzer, i el New York Journal de William R. Hearst. Els seus diaris simbolitzen
un tipus de periodisme que presenta notícies amb titulars cridaners,
escandalosos o exagerats per tractar d’augmentar les vendes encara que les
evidències siguin precàries. El “groguisme” acostuma a tractar apel·lant a les
emocions, més que a la raó, notícies impactants de catàstrofes, accidents,
crims, o polèmiques). Un bon exemple seria l’incident Olivette de 1897... la
notícia de com la jove nord-americana Clemència Arango va ser detinguda en un
vaixell camí de NYC per funcionaris espanyols com a sospitosa de dur cartes
dirigides als rebels, i registrada per una matrona, va ser tractada pel diari
de Hearst sota el titular “Protegeix el nostre país prou bé les seves
dones?”... El nom del “groguisme” vindria, però, d’un ninot d’aquest color –un
nen mal dentat amb camisa de dormir groga, molt groller- que apareixia en les
tires còmiques del NY World de Pulitzer... i que passaria el 1897 al Journal de Hearst... li deien “The Yellow kid”.
Aquell mateix
any es produïen els contactes entre el líder cubà Ramón Betances i l’anarquista
italià Angiolillo a París, que Julián Companys Monclús va demostrar. Veient
finançat el seu viatge, el jove llibertari ansiós de venjar el patiment dels
torturats en els Processos de Montjuïc es va desplaçar a Sant Sebastià, on
estiuejava Cánovas del Castillo, i li va disparar un tret mentre llegia la
premsa al balneari de Santa Àgueda. El polític conservador havia mostrat la
seva predisposició a mantenir a tota costa el control de les Antilles “hasta el
último hombre y la última pesseta”. El seu traspàs permetia l’alternança
política i Sagasta provava d’aturar la tempesta concedint autonomia i convocant
eleccions a l’illa, però ja era massa tard. L’ombra de l’oncle Sam ja era massa
allargada. L’anècdota del dibuixant Frederic Remington, al que Hearst havia
enviat per cobrir la guerra, qui, escrivint al seu cap per avançar-li que no hi
havia notícia que explicar, va rebre per resposta “Vostè faci els dibuixos. La
guerra la poso jo”, podria ser reveladora. El 15 de febrer de 1898 un vaixell
nord-americà ancorat al port de L’Havana, el Maine, va explotar i –si l’opinió
pública nord-americana no estava prou convençuda- la mort de dos centenar dels
seus tripulants va servir com a excusa per a declarar la guerra a Espanya.
Encara que els informes dels enginyers sempre han deixat clar que l’explosió va
resultar d’algun problema a les calderes, i que per tant la versió oficial d’un
torpediner espanyol semblava absurda, els Estats Units van declarar la guerra a
Espanya. Malgrat l’entusiasme que la premsava va mostrar per la contesa davant
d’un adversari poc conegut, que encara no havia fet cap debut en política
internacional, la campanya va ser un desastre. La derrota a Cavite va acabar
amb la resistència dels “últimos de Fillipinas”, i l’Almirall Cabrera va haver
de presentar un desigual combat a Santiago de Cuba, en el que van morir 350
mariners espanyols i solament un de nord-americà, que va relliscar per la
coberta del seu vaixell. El paper jugat en la guerra no podia ser més humiliant.
En el tractat de París (1898) Espanya renunciava a la sobirania de Cuba, que
quedaria satel·litzada poc després (Esmena Patt, 1901), Puerto Rico i
Filipines. En aquest darrer arxipèlag els nord-americans quedarien implicats en
una guerra colonial de conquesta molt dura que duraria fins el 1902. L’any
següent el govern Silvela signaria la venda a Alemanya de les illes Carolines i
les Marianes, la darrera presència espanyola a Oceania. Per entendre el que
havia passat, vam recórrer a dues explicacions. Per una banda, les idees de
l’historiador José María Jover a “Teoria
y pràctica de la redistribución colonial” (1979), on feia constar que –amb
un món ja repartit, en el que les grans potències continuen necessitant matèries
primeres barates i mercats reservats per a una industrialització en permanent
creixement- quan s’esgoten els territoris a colonitzar solament queda l’opció
d’arrencar-li les colònies als seus adversaris més dèbils. El resultat era
aquella Europa “en pau armada”, en perpètua cursa d’armaments, amb tantes
rivalitats colonials en el seu si, que anirà precipitant-se cap a la tragèdia
de 1914. En aquest sentit els Estats Units eren una potència colonial des de
feia temps, tal i com havia demostrat la conquesta de l’oest i el tracte rebut
pels legítims propietaris de les terres d’aquesta expansió. Arribada a la costa
est, el gran colós, paradigma de la Segona Revolució Industrial, es projectava
cap al Pacífic, en clara competència amb el Japó, i –d’acord amb la política
del “big stick” preconitzada pel president Teddy Roosevelt- cap al Carib, on
trobava la tremolosa presència colonial espanyola.
El camí cap a la tragèdia de 1914 ja es podia intuir en el clima intel·lectual de finals de segle, tal i com demostra el “discurs de les nacions vives i les nacions moribundes” que Lord Salisbury va pronunciar en el Royal Albert Hall el 3 de juny de 1898, tres dies abans de la derrota espanyola a Cavite. Afirmava que hi havia aquests dos tipus de nacions, que unes veuen augmentar la seva riquesa, el seu poder, la perfecció de la seva organització, l’eficàcia destructiva dels seus exèrcits; i unes ambicions que les enfronten a altres fins el punt que s’hauran de “dirimir en un arbitratge sagnant”. I que hi ha altres cada cop més dèbils, i pobres, que progressivament tenen menys homes destacats i veuen convertides les seves institucions en nius de corrupció, fent impossible tota reforma. El darwinisme social, aquella lectura errònia o interessada de la “selecció natural” sobre la que el naturalista britànic havia teoritzat anys enrere (“L’origen de les espècies”, 1859), satura aquest text. La creença en les nacions com a organismes vius que havien nascut en temps mil·lenaris i estaven subjectes com a tals a la mateixa “lluita per la vida” que la natura imposava a tots els altres no solament legitimava que la burgesia , “més apta”, controlés els estats, o que els blancs (presumptament instal·lats en un estat civilitzatori superior) es repartissin Àfrica. També legitimava la guerra com instrument natural amb què dirimir la millor adaptació al medi que legitima la supervivència d’una nació... Aquest discurs angoixaria tot seguit els espanyols que –davant del shock que suposaria la notícia de la humiliant derrota i el retorn de les tropes vençudes- percebrien Espanya com una nació malferida que apurava els seus darrers dies.
El camí cap a la tragèdia de 1914 ja es podia intuir en el clima intel·lectual de finals de segle, tal i com demostra el “discurs de les nacions vives i les nacions moribundes” que Lord Salisbury va pronunciar en el Royal Albert Hall el 3 de juny de 1898, tres dies abans de la derrota espanyola a Cavite. Afirmava que hi havia aquests dos tipus de nacions, que unes veuen augmentar la seva riquesa, el seu poder, la perfecció de la seva organització, l’eficàcia destructiva dels seus exèrcits; i unes ambicions que les enfronten a altres fins el punt que s’hauran de “dirimir en un arbitratge sagnant”. I que hi ha altres cada cop més dèbils, i pobres, que progressivament tenen menys homes destacats i veuen convertides les seves institucions en nius de corrupció, fent impossible tota reforma. El darwinisme social, aquella lectura errònia o interessada de la “selecció natural” sobre la que el naturalista britànic havia teoritzat anys enrere (“L’origen de les espècies”, 1859), satura aquest text. La creença en les nacions com a organismes vius que havien nascut en temps mil·lenaris i estaven subjectes com a tals a la mateixa “lluita per la vida” que la natura imposava a tots els altres no solament legitimava que la burgesia , “més apta”, controlés els estats, o que els blancs (presumptament instal·lats en un estat civilitzatori superior) es repartissin Àfrica. També legitimava la guerra com instrument natural amb què dirimir la millor adaptació al medi que legitima la supervivència d’una nació... Aquest discurs angoixaria tot seguit els espanyols que –davant del shock que suposaria la notícia de la humiliant derrota i el retorn de les tropes vençudes- percebrien Espanya com una nació malferida que apurava els seus darrers dies.
Els
nord-americans s’havien compromès a traslladar les tropes espanyoles els ports
atlàntics i cantàbrics que els acollirien com podrien. Ningú no va sortir a
rebre’ls. Aquells soldats llicenciats i malferits, malalts i mutilats,
exhibirien el drama del país durant el seu retorn, demanant caritat, fins a les
poblacions d’origen. Fernando Soldevilla (El año político, 1898) parlava de
l’estat de “demacración, debilidad y
anonadamiento en que venían estos infelices soldados. Eran espectros más que
personas vivientes, y su cuerpo flácido y escueto cubierto con andrajos les
daba un aspecto a la vez repugnante hasta el horror y tristísimo hasta hacer
derramar lágrimas. Después de llegados, se morían por docenas, algunos se
cayeron desmayados en las calles, y era un espectáculo verdaderamente
descorazonador que partía el corazón contemplar a aquellos infieles”.
Aquella invasió de “palúdicos, enfermos,
anémicos, tuberculosos, tifoideos, heridos e inútiles, que apenas podían
sostenerse” trencaria la moral del país.
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