¡Echando de menos la edición radiofónica!

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"Sólo unos pocos prefieren la libertad; la mayoría de los hombres no busca más que buenos amos" (Salustio)

sábado, 4 de agosto de 2007

NEGRÍN, NUMANCIA EN LLAMAS Y LOS PATRIOTAS DE HOJALATA



Qué buena noticia que el Museo de Historia de la ciudad de Barcelona haya acogido la exposición que la Fundación Pablo Iglesias ha dedicado a Juan Negrín, cuando coinciden la biografía de Ricardo Miralles Juan Negrín, la república en armas (Temas de Hoy, 2003), y otra más reciente de Enrique Moradiellos. Se quiere reivindicar al que fue presidente del gobierno republicano desde mayo de 1937 y superar la triple acusación que apestó al personaje hasta hoy: que entregó la república a los comunistas, que fue el responsable de la salida del oro a Moscú y que su obstinación de resistencia a ultranza condujo a un final sangriento de la guerra.

Parece claro que el primer objetivo político del gobierno Negrín fue recuperar el poder político para el estado. Dar mayor poder a los partidos y quitárselo a comités y sindicatos era un paso básico para aparentar legalidad constitucional y ganarse así apoyo internacional (y entregas de armas). Por eso negoció con el Vaticano la apertura de las iglesias intentando dar garantías de seguridad. Me sorprende que los mismos que le adjudican el asesinato de Andreu Nin descalifiquen el "desorden" y la anarquía republicanos. Esos gallitos de espolón español que cacarean letras para el himno nacional, ¿no estaban en contra de las colectivizaciones en Aragón y denuncian la puesta en marcha de una supuesta “tercera república” nunca votada por los ciudadanos y en proceso de satelización del universo comunista? ¿No es contradictorio criticar la “revolución en marcha” de la CNT y la FAI, y al tiempo criticar que ese proceso se detuviera con violencia sumaria?

Profesionalizar el ejército era la otra cara la misma moneda: era urgente unificar el ejército popular y arrebatárselo al control de pandilleros y milicianos oportunistas. El gobierno Negrín no sólo agrupó bajo la presidencia de Prieto un nuevo ministerio de defensa nacional que integraba los de guerra, marina y aire. También puso al frente del ejército al mejor general de la república: Vicente Rojo será el protagonista de las estrategias diversivas que pretendían salvar el norte primero (Belchite y Brunete), evitar que el avance nacional separara Cataluña de Valencia (Teruel) y resistir a toda costa (El Ebro). Era una apuesta resistencialista que confiaba que estallaría la guerra en Europa y un conflicto internacional entre democracia y fascismo forzaría el apoyo francobritánico para los republicanos. Quienes critican ese “resistir es vencer”, ¿por qué callan que Franco no escuchó los Trece Puntos de mayo de 1938 ni los agónicos intentos de pacto del General Casado, y exigió una rendición incondicional que le permitiría imponer en toda España el silencio de los cementerios?

Las 7800 cajas con 600 toneladas de oro que viajaron de Cartagena a Odessa (el 72% de las reservas del Banco de España, el cuarto más rico del mundo) pretendían la pervivencia de la república en un momento en el que se temía que los aliados decretaran un embargo financiero parecido al que –respecto a las armas- había establecido la conferencia de Londres. La desconfianza, a mi juicio razonable, de la izquierda respecto a los medios financieros internacionales, acabó forzando la entrega del oro a la mafia soviética. Los que están tan preocupados por el precio político que supuestamente pagó el bando republicano, el precio y la calidad de las armas pagadas con el oro de Moscú, ¿por qué olvidan que hubo un “oro de Berlín” y niegan el apoyo masivo, decidido e inmediato que permitió a Franco saltar el estrecho en aviones alemanes?

Al final de la exposición un documental ofrece algunas claves sobre este asunto, que en el discurso expositivo apenas aparece tangencialmente. En él aparecen los mejores especialistas, como Angel Viñas, Julián Casanovas, Santos Juliá o –hablando sobre la calidad del material de guerra ofrecido por los soviéticos- Gerald Howson, quien ya decía en Armas para España (Península, 2000) que, aunque la república recibió fusiles de ocho calibres distintos, dificultando así la logística y la formación de reclutas, los aviones que recibió eran “el último grito”: los Mosca, dice en el documental, eran los primeros aviones de combate moderno y mostraron verdaderos virtuosismos en el aire contra la aviación enemiga. Las maquetas de los aviones son una de los aciertos de la exposición, junto con la recreación del laboratorio de fisiología que Negrín dirigió en 1916 en la Residencia de Estudiantes, o la entrega al visitante de un excelente programa de mano con fotografías, textos de los paneles y reproducción de fuentes primarias.

El tema de la gestión de los fondos en el exilio, con el que es probable que pudiéramos empañar la memoria de Juan Negrín, queda al margen de la exposición. Curiosamente, estos voceros de conducción temeraria, campos de golf y recalificación de terrenos de ciudades deportivas, padrinos de historiadores de tres al cuarto, omiten también la crítica. Seguro que después de escribir esta entrada, además de la tradicional enemistad de sus rapados seguidores, me he ganado la de algunos alternativos de estética neohippie a los que enternece la “utopía igualitaria”. Debo confesar que, de vivir aquel caos violento e imprevisible, hubiera preferido ganar la guerra antes que hacer la revolución. A fin de cuentas, sin guerra ganada, revolución no habría nunca. Aunque ellos me dirían que con la guerra ganada tampoco, y probablemente tendrían razón.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, sólo quería decir que he podido escuchar a quien lleva este blog, Ferran Sánchez, y es una de las personas que he conocido en mi vida con mayor pasión por la Historia, con más lecturas, más soltura en el aula y con más empuje. Que tengas suerte en todo Ferran, te la mereces. UN ALUMNO TÍMIDO.

Mara dijo...

pasa a recoger el premio solidario que te he concedido en mi blog http://www.marapales.blogspot.com

Un beso
Thais

Ferran dijo...

Esta es mi primera intervención... He disfrutado mucho con el texto. Escribes de la misma manera que hablas: claro, directo... Un abrazo!! Fernando (Sánchez)

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