¡Echando de menos la edición radiofónica!

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"Sólo unos pocos prefieren la libertad; la mayoría de los hombres no busca más que buenos amos" (Salustio)

martes, 29 de septiembre de 2009

UN BANQUETE TAN ETERNO COMO DELICIOSO





Hace pocas horas que salí del banquete eterno que Nuria y Gemma Castro celebran todos los viernes de verano hasta mediados de octubre en el Museu Egipci de Barcelona… Y aquí estoy ya escribiendo entusiasmado. Pese al título, no se trata de “ir a cenar al egipcio”, sino de una degustación que, además de un vino dulce y un pollo adobado deliciosos, permite saborear una exquisita visita guiada previa a la exposición permanente del museo, especialmente atenta a las piezas que se pueden relacionar con la alimentación en el Antiguo Egipto.

El resultado es exótico, original y riguroso. Y se debe principalmente a la posibilidad de gozar al mismo tiempo de dos especialistas de primera categoría en la vida cotidiana y la alimentación en el Antiguo Egipto; y a la libertad que les da el museo para crear su propio producto. Que el discurso museístico reivindique el Antiguo Egipto para sonrojo de los apasionados del mundo clásico podría parecer sólo una muestra más del lógico corporativismo empresarial: presumo del producto que ofrezco. Sin embargo, lo mejor de la visita es precisamente la evidencia de que los recursos didácticos son personales, originales, creativos, fruto del conocimiento y la pasión por el objeto de estudio de quien lo muestra. A menudo me he quejado de los discursos convencionales y previsibles con los que los museos castigan a sus visitantes, previamente impuestos a sus guías como un camino del que está prohibido salir. Resulta bochornoso para los que conocemos la dificultad de hacer buena divulgación asistir al lamentable espectáculo de un licenciado cargado de buenos propósitos, ideas y lecturas, repetir esas cantinelas tediosas bajo un disfraz de esclavo fugitivo, matrona desmemoriada o legionario enclenque.



El banquete eterno es justamente lo contrario: cuando Nuria Castro presenta la actividad recogiendo la sorpresa de Herodoto ante la escandalosa –para un misógino griego- igualdad jurídica entre hombres y mujeres que se respira en las ciudades egipcias, está haciendo una reivindicación del viejo mundo egipcio muy personal y valiosa. Personal, porque jalona su discurso de poéticas salidas de tono -“llamaban casa de eternidad a los que nosotros, con un gusto cuestionable, llamamos tumba”- y valiosa porque, además de una oleada de sonrisas, logra que el discurso histórico sea accesible a todos. Decir, por ejemplo, que los egipcios comían “frutas, verduras, legumbres y vegetales, poca carne roja, pescados de río y sobre todo, aves de todo tipo, excepto las exóticas, como la gallina, que no aparece en Egipto hasta las campañas asiáticas de Tutmosis III”, no es banalizar, sino hacer una divulgación tan accesible como rigurosa. Por eso también, cuando le pregunté a Gemma, qué porcentaje de similitud tenía la degustación ofrecida respecto al menú cotidiano de un egipcio me podía decir, con la seguridad de quien conoce su tema, un rotundo “cien por cien”.

Ya hace unos años, en la conferencia “Estimar-se fins a la eternitat”, me emocionó especialmente cómo Nuria Castro trascendía nuestro imaginario sobre Egipto como espacio exótico para recrear un referente útil para nuestro presente: Egipto dejaba de ser la tierra de los misterios inexpugnables y pasaba a ser una sociedad avanzada por su rechazo a la discriminación de género, su respeto por la orientación sexual, o –¡atención!- su rendida admiración por la belleza natural e intrínseca del cuerpo, tan alejada de nuestro frívolo y banal culto oficiado en gimnasios y quirófanos.

En El banquet hay, pues, rigor, capacidad comunicativa, originalidad, pasión por lo explicado, un discurso original y valiente, que convierte a la egiptología en una herramienta de compromiso con el presente. Me atrevo a decir que, hoy por hoy, es la mejor actividad divulgativa ofrecida por los museos de Barcelona. La recomiendo con entusiasmo porque, antes de cerrar sus puertas hasta el próximo verano, aún estará unos viernes más en cartel.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues me la apunto tío...¡Olé Ferran!, reivindicando la divulgación científicamente rigurosa de la historia, así es cómo te queremos tus coleguitas de FH...La divulgación científica de la historia no es imposible; es la única posible. LUIS.

Anónimo dijo...

una visita extraordinària, molt elaborada i gens densa. EXCEL.LENT.
Una visió amena i agradable del món egipci i la "nostra" dieta mediterrània.

Santi dijo...

Qué chulo Ferrán. Ya el año pasado lo queríamos hacer Bruno y yo, pero el precio nos lo hizo pensar... El viernes pasado estuvimos haciendo 8 horas intensivas de Louvre. Vimos lo que pudimos, pero siempre te quedas corto-saturado-insatisfecho... Un beso.

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