¡Echando de menos la edición radiofónica!

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"Sólo unos pocos prefieren la libertad; la mayoría de los hombres no busca más que buenos amos" (Salustio)

sábado, 8 de noviembre de 2008

ILUSTRADOS EN PALACIO... HASTA EL 11 DE ENERO!



Hace años que escuché atribuir a Pío Baroja que “el problema de España es que los reaccionarios son de verdad y los liberales de pacotilla”. Sobrevivir a Aznar te convence del tradicional poco entusiasmo de la derecha española por el liberalismo político más elemental. Por eso el axioma barojiano me pareció muy acertado y por eso me cuesta creer –vistas las últimas confesiones de la reina- que por palacio haya vagado jamás gente más abierta e ilustrada que la tan sospechosamente oportuna Pilar Urbano. Visto el panorama, con Feijoo confesando, Mayans delirando en su gabinete sobre el sexo de los ángeles historiográfico, y Floridablanca temblando de miedo por la bastilla, cuesta creer que hubiera ilustración en España.

Acepto que en un país europeo integrado en el circuito de ideas gracias a las relaciones diplomáticas, los contactos comerciales, el trasvase de población, los libros y los relatos de viajeros, difícilmente hubiera fronteras políticas o barreras lingüísticas para las ideas. Y que –procesados por la derecha como “heterodoxos”, ninguneados por la izquierda francófila- los ilustrados españoles siguen silenciosos y silenciados.

Pero por donde no paso es por construir ningún paradigma con las modestas, parciales y superficiales reformas de los tiempos de Carlos III. Recuerdo un libro de un grupo de historiadores que se hacía llamar Equipo Madrid que cuestionaba la unanimidad de juicio sobre el monarca –basada en la repetición de tópicos- recordando que trató de restablecer la jurisdicción del Santo Oficio en Nápoles, que de joven quiso quemar un volumen del Teatro Crítico de Feijoo, que Aranda –tan amigo de Voltaire- no se cortó un pelo reprimiendo los motines de 1766, que Moniño usó la tortura judicial bastante después de que Beccaria publicase Los delitos y las penas, y que las cartas que enviaba a Bernardo Tanucci muestran a Carlos III más absorto en los faisanes que apasionado por las Luces.

En cambio, desde que leí La aventura del poder (la biografía que dedicó a Manuel Godoy el profesor Emilio La Parra) me seduce la idea de que fue en realidad bajo Carlos IV cuando gente ilustre llegó a ilustrada… El mismo autor acaba de editar las Memorias que el favorito, fiel hasta el final, escribió en el exilio, en las que se pregunta ¿Quién me encontró temeroso de las luces? Lejos de apartarlas, procuraba yo encenderlas y buscar su claridad, precavidas sus explosiones. Las amé constantemente, y para no temerlas, procuré hacerlas aliadas del gobierno.


















Finalmente, el mismo profesor de la Universidad de Alicante es uno de los comisarios de la exposición Ilustración y liberalismo 1788-1814 que se podrá visitar en el Palacio Real de Madrid hasta el 11 de enero. Concidí con él este verano en el Palacio de la Magdalena porque coordinó un curso de verano excelente en Santander sobre el dos de mayo en el que participaron, entre otros, Jean-René Aymes, Armando Alberola, Miguel Artola, y –en la foto, a la derecha de la representante de la universidad Internacional Menéndez Pelayo-, el mismo Emilio La Parra, Ricardo García Cárcel y Javier Moreno Luzón. El curso fue apasionante y suculento. Y me permitió abordar al profesor La Parra para preguntarle por el hilo argumental de la exposición: "Partiendo de los proyectos ilustrados y tomando como referencia el reinado de Carlos IV" –me dijo- "se intenta establecer cuales son aquellos planteamientos reformistas referidos especialmente a determinados campos, como el artístico y arquitectónico, el concepto de ciudad y el de sociedad que implica, proyectos económicos (explotación de minas, construcción de canales, mejora de las técnicas agrícolas, etc). Después queremos mostrar cómo la guerra de la independencia supone una crisis de los proyectos reformistas y también del concepto de monarquía que sustenta la ilustración. Ante esa crisis se plantean dos opciones: la afrancesada o josefina (que debía ser una continuación de la ilustración pero con un proyecto reformista muy acusado, condicionado por el modelo francés explicitado en Bayona, el de Napoleón aplicado a los estados satélites) y la liberal (que se plasma en las cortes de Cádiz y la constitución de 1812). La exposición termina con la solución final, que es la restauración del absolutismo con Fernando VII en 1814

Patrimonio Nacional y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales (SECC) han reunido más de doscientas piezas procedentes de distintos museos, bibliotecas, archivos y colecciones particulares. Cuando le pregunté al profesor La Parra sobre con cual de ellas le ilusionaba especialmente contar, me respondió que “todos son materiales originales, del momento, sin anacronismos: si presentamos un personaje, el retrato está realizado en el periodo al que se refiere la exposición y no en otro. Hay varios retratos de José I que vienen de Versalles, otros de Fernando VII como un Vicente López no muy visto. Y una colección extraordinaria de grabados y planos relacionados con el proyectismo economico en España y en América, sobre las minerías de Almadén y la construcción de maquinaria, algunas enormes y a todo color”.

En el próximo boletín de Fent Història publicaremos el resto de la entrevista. Pero mientras tanto, me escaparé a Madrid para rendir homenaje a Jovellanos, a Meléndez Valdés, a Moratín, a Olávide o Cabarrús (si es que salen en la exposición). Reivindicando a los ilustrados de verdad, quizá evitemos que nos hagan pasar por tales a dos coleccionistas de mariposas, tres funcionarios con exceso de celo y a una señora ingeniosa que, por aburrimiento, recibe en su salón.

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