¡Echando de menos la edición radiofónica!

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lunes, 29 de octubre de 2012

UNA NOVELA EN LA INGLATERRA TUDOR


Las dotes como novelista de C. J. Sanjom ya se manifestaron en “El gallo negro”. Situada en 1537, justo cuando la nueva Iglesia de Inglaterra había puesto en marcha la disolución de los monasterios, contaba las aventuras del abogado Matthew Shardlake, un jorobado de contrastada solvencia profesional y fe reformada, en misión especial para el primer ministro de Enrique VIII, Thomas Cromwell. El rey había repudiado a Roma y se había declarado cabeza de la iglesia: acogiendo las medidas reformistas, había acabado las misas en latín y había impreso la Biblia en inglés por vez primera.

Al instar el Papa a las potencias católicas para unirse y reconquistar la isla herética, Cromwell quiso afianzar las reformas y la posición internacional del reino casando al rey –viudo de su tercera esposa, Juana Seymour- con una princesa protestante. Sin embargo, la alemana Ana de Clèves desagradó profundamente al monarca, que –en cambio- se había encaprichado de Catalina Howard, la sobrina adolescente del Duque de Norfolk. Este aristócrata, el enemigo más peligroso de Thomas Cromwell, encabezaba a los católicos de la corte, contrarios a la Reforma. Si antes el canciller había ayudado al monarca a desembarazarse de Catalina de Aragón y de Ana Bolena, ahora se esforzaba en mantener el matrimonio Cleves para evitar que los nuevos círculos íntimos del monarca le persuadieran de que debía hacer volver al reino a la obediencia a Roma.

Esta nueva entrega de las aventuras del letrado Shaldlake se sitúa en ese contexto, tres años más tarde que la anterior aventura. Transcurre el verano de 1540, cuando la posición de Thomas Cromwell como hombre de confianza de Enrique VIII se ve triplemente amenazada por la nueva crisis matrimonial del rey, los rumores de invasión que llegan del continente, y las conspiraciones de las facciones papistas agazapadas tras la mujer que Enrique pretende ahora. Por eso encarga al veterano abogado la búsqueda de la fórmula del Fuego Griego, un compuesto de petróleo y ciertas resinas de la madera que los bizantinos habían usado, cual primitivo lanzallamas, para hacer arder sobre el mar las armadas enemigas. La intriga inventada se mezcla con equilibrio en esta historia, en la que -por la gracia real- hay quien está dispuesto a matar.

Según la novela, el secreto de tan definitivo armamento había aparecido en el sótano de uno de los monasterios disueltos tras la ruptura con Roma. Las tierras de las antiguas órdenes habían sido subastadas a cortesanos, aristócratas y burgueses. Sin embargo, antes de que sus nuevos propietarios las ocuparan, los oficiales del rey se encargaban de registrar –y expoliar- cuanto se encontraba en ellos. El ministro había prometido al rey una espectacular exhibición del arma secreta, pero el manuscrito que permitiría su elaboración había desaparecido tras el asesinato de los dos alquimistas encargados del proyecto: ahora, Cromwell necesita que Shaldrake le consiga tan preciada información para recuperar el favor del rey.

El texto está escrito en primera persona, con lo que podemos seguir las elucubraciones del abogado cada vez que una nueva prueba, o un nuevo crimen, condiciona su investigación. Resulta especialmente meritoria la recreación del contexto histórico en el que se desarrolla la aventura, ya que se mezclan los enfrentamientos entre facciones cortesanas con el fenómeno de las discordias religiosas que dividían entonces Europa.

El autor se luce también en la representación de la vida cotidiana: su fresco retrato del interior de las viviendas o las populosas calles de Londres, donde el lector puede asistir a una ejecución pública o sentir el hedor del Támesis en agosto. En definitiva, "Fuego oscuro" constituye un viaje tan didáctico como emocionante.

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