¡Echando de menos la edición radiofónica!

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"Sólo unos pocos prefieren la libertad; la mayoría de los hombres no busca más que buenos amos" (Salustio)

lunes, 7 de abril de 2008

ERNEST BELENGUER CIERRA UN CÍRCULO (1983-2008). OJALÁ ABRA OTROS...



Que el reinado de Jaime I fue decisivo para Cataluña no se puede dudar: los privilegios otorgados a Barcelona dispararon su prosperidad mercantil, se consolidó su estructura política por medio del Consejo de Ciento, las ciudades se convierten en el tercer estamento de las cortes (el braç reial), creció el dinámico barrio de la Ribera, y se vertebró –con las conquistas de Mallorca y Valencia- el territorio que hoy ocupa la cultura catalana. Es indudable que merece, salvando las distancias con que puede ser leído en términos de nacionalidad contemporánea, que el octavo centenario de su nacimiento se celebre este año con el nivel suficiente. Por eso es lógico que el profesor Ernest Berenguer –comprometido y vehemente modernista, autor de pormenorizados estudios sobre la monarquía hispánica durante la alta edad moderna, y tantas obras de referencia sobre los distintos reinos de la Corona de Aragón, pero también de un repaso sobre las interpretaciones historiográficas que, sobre el rey Jaime, tejieron escribanos, escribientes y escritores (1983)- se queje en su reciente estudio sobre el reinado de Jaume I de que no haya dinero público para gastar en ciencia histórica.

La apuesta por el rigor ya se percibe en la portada de la edición castellana, con el único retrato coetáneo del rey que nos ha llegado, sacado de las Cantigas de su yerno Alfonso X el Sabio. También es obvio en el uso de una diversidad ingente de fuentes secundarias (incluido Ferran Soldevila, citado con reconocimiento profesional pero sin nostalgia romántica) y primarias: el Llibre dels Fets es leído con el mismo sentido crítico adecuado, recordando que allí aparecen los “fets gloriosos” y son disimulados o silenciados los que no sirven a la gloria del rey.



Dice el autor que su obra no es un relato oportunista, apresuradamente redactado para aprovechar la ocasión comercial. Y añadió que nadie se enriquece escribiendo; por tanto no será él, poco dado al mercadeo político, quien escriba el guión que en Valencia glosará los tiros que don Jaime, representado con belleza tipo portada de Menshealth, disparó sobre damiselas inocentes, otras menos asustadas, y unas más listas que lo buscaban por los rincones. ¡Quien queda de niño prisionero de los vencedores de su padre en batalla campal, y supera un largo reinado lleno de asaltos y traiciones abandonando una cruzada a San Juan de Acre en beneficio de un buen par de muslos, sin duda, merece una película! ¡Esperamos que tenga, eso sí, mayor dignidad que la que dedicaron a los Borgia!

Quienes hemos disfrutado en clase de la punzante, casi afilada, agudeza del profesor Belenguer vimos en el acto de presentación de Jaime I y su reinado a un autor más afortunadamente comedido, incluso más sensible. Y es que la presentación de la edición castellana del último libro del profesor Belenguer fue un acto emotivo. Él mismo confesó que había temido no poder acabarlo, que espera que no sea el último, que se agota cada vez más en clase y fuera de ella, y que en todos estos años de carrera investigadora –desde su primer libro, sin prologuista porque poco antes, a su maestro, Joan Reglá, le habían diagnosticado un cáncer de pulmón- no ha hecho más que hacer honor a quien le enseñó. Como el maestro ya no estaba cuando el joven Belenguer debutaba, y por mucho que como escritor novato necesitara un buen padrino, se negó a que ningún otro que no fuera su maestro ocupara aquel espacio, y escribió su propio prólogo para glosar la figura de Reglá y vindicar su maestría. Lo cual merece, cuando menos, un encendido elogio.

No acabo de entender por qué un gobierno blavero, cargado de resentimiento anticatalanista, despliega tal cantidad de recursos para celebrar la figura del monarca que, en su euforia belicista, fijó los profundos vínculos con Cataluña que hoy ellos quieren ignorar. Pero estoy seguro que el profesor Belenguer nos lo aclarará: ¡nos ha prometido una conferencia para el veinte de mayo!

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