¡Echando de menos la edición radiofónica!

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"Sólo unos pocos prefieren la libertad; la mayoría de los hombres no busca más que buenos amos" (Salustio)

viernes, 16 de marzo de 2007

LOS JINETES DEL APOCALYPSIS LLEVAN CORBATA, NO TAPARRABOS





Tras un suculento ágape en “les quinze nits” discutía un domingo por la tarde sobre « Apocalypto » con mis amigos « L » y « J ». Con el conocimiento de causa que me otorgaba NO haberla visto, me dispuse a opinar sobre lo que desconozco cual contertulio de la COPE. Reconozco que de Mel Gibson me molesta tanto su fanatismo religioso como su homofobia, aplaudida por la caterva de indocumentados que, armados con críticas a lo políticamente correcto como si de la quintaesencia del pensamiento progresista se tratara, se consagran a aplaudir, apelando a la calidad técnica, aquel esperpento de dolor infinito que Gibson tituló “La pasión”. Mi amigo “J”, dotado de una sólida formación teológica, no ha podido explicarme aún por qué aquella película obvió el mensaje más importante del legado de Jesús: “Amaos los unos a los otros” (olvido por otra parte compartido por tantos fariseos con sotana).

Y es que a mi lo más significativo de Gibson siempre me ha parecido que es lo que NO cuenta en sus películas. Su técnica es conmover al espectador removiéndole previamente las tripas con violencia descarnada. Algo difícilmente criticable en estos tiempos de cine gore excesivo y barroco. Pero justificar toda esa violencia con el argumento de que fue cierta encierra una trampa: la de tomar “la parte” por “el todo”. Apocalypto resume la civilización maya sirviéndose de los sacrificios humanos ofrecidos a Kukulkán, aquella serpiente emplumada nunca ahíta de sangre. Se quejan los detractores de lo políticamente correcto de que esa violencia estructural apenas ocupa una línea en los antropológicos ensayos escritos por americanistas fascinados por la arqueología, las matemáticas y unos calendarios de exactitud prodigiosa… Yo le daría la vuelta a esa acusación y me pregunto por qué esa película, publicitada como un retrato verídico de la civilización maya, no se refiere en ningún momento a ese nivel cultural.

No sé si esa omisión es racismo, como dicen algunos indigenistas. Pero me temo que se está argumentando la inferioridad cultural de los colonizados para que su brutalidad justifique la presencia colonial y, de carambola, la intervención en Irak. Me explico: si después de presumir de verosimilitud, una película termina con un supuesto encuentro entre los exhaustos mayas y los colonizadores españoles, hemos de pensar que tal anacronismo, desprovisto del mínimo rigor, cumple con un objetivo importante. Ignorando que la colonización fue un proceso tan violento como el mundo precolombino al que aculturizó, las carabelas al final de Apocalytpo quieren justificar la presencia del conquistador en base a dos supuestos falsos: uno, vienen a traer la civilización que el metraje de la película ha demostrado que les falta; y dos, su presencia supone el fin de aquella violencia inhumana. ¿Acaso no se legitimó con esos mismos dos argumentos la intervención occidental en Irak? “Venimos a traer la democracia (uno) y a imponer la paz (dos)”. Pero ni el Irak posterior a la invasión americana ni la América colonial parecen precisamente remansos de paz.

Estos intelectuales orgánicos neocon, y sus proxenetas del casino global, citan a Hannah Arendt para recordarnos que su “teoría del totalitarismo” iguala comunismo y fascismo. ¿Por qué no dicen que la última parte de aquella magna obra del pensamiento hacía del imperialismo la forma más sofisticada de totalitarismo?

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