¡Echando de menos la edición radiofónica!

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"Sólo unos pocos prefieren la libertad; la mayoría de los hombres no busca más que buenos amos" (Salustio)

lunes, 11 de diciembre de 2006

FRAGONARD VISITA BCN! (pero apenas hay un beso furtivo)






















Acudí a la exposición que, en Caixaforum, conmemora el bicentenario de la muerte de Fragonard. Afortunadamente, no había leído nada antes en la prensa: así pude experimentar una sacudida tremenda al aparecer ante mi, por sorpresa, la última pieza. Por si tengo algún lector, no diré más: me parece injusto que se desvele, sin respeto alguno por el visitante, la presencia de la obra del nigeriano Yinka Shonibare que constituye el momento más emotivo del paseo artístico. El resto me pareció, en mi supina ignorancia, algo intrascendente. Y no sólo porque lamenté la ausencia de las obras de temática erótica: El columpio más conocido de la historia del arte, que no está en Caixaforum, fue un encargo de un obispo para adornar la alcoba de su amante.
En cambio, el comisario del evento decía en su presentación a los medios que Fragonard comparte con Picasso un talento extraordinario, una voluntad de reinterpretar a los clásicos y una increíble capacidad productiva. Parece obvio que Jean Pierre Couzin se ha planteado el evento como un sesudo ensayo que amplía nuestro conocimiento del artista. Y sin embargo, la pintura de Fragonard me pareció tan insustancial que salí preguntándome por qué nuestra ociosa sociedad mediático-festiva, a menudo frívola, reinvindica la bucólica joie de vivre de la nobleza francesa del setecientos. Aquel mundo supuestamente idílico (sobre todo ahora que la historiografía conservadora pretende haber desmontado el mito de la revolución), ¿acaso no comparte con el nuestro sus ropas vaporosas y sus interiores color pastel?
Cuando el París festivo quedó atrás y la revolución puso de moda cuadros con motivo, más preocupados por el qué se pinta que por el cómo, la nueva sociedad emergente rechazó el erotismo de Fragonard, considerándolas propias del gusto de la corrupta aristocracia del antiguo régimen. Fragonard se adaptó con relativa facilidad: si alguno de sus trabajos más refutados le había costado años cobrarlos, sus nuevos clientes burgueses pagaban al contado. Tuvo, eso sí, que abandonar la picante pintura de alcoba para ofrecer retratos de virtuosas familias adineradas. Por eso Madame du Barry le retiró el encargo de la serie "Los progresos del amor": el rococó perdía ya influencia a favor de los motivos clásicos. El descubrimiento de Herculano y Pompeya ofrecía además la posibilidad de avanzar en la idealización de la antigua Roma.
Un aspecto positivo del discurso historiográfico de la muestra de Caixaforum es la lectura de género, que nos permite conocer a una cercana colaboradora de Fragonard: su cuñada Margueritte Gérard. Mientras celebro que podamos disfrutar del testimonio de una mujer artista, siempre silenciadas, habrá quien denuncie que sólo la reconocemos en tanto se la relaciona con un hombre artista. ¡Apasionante tema de discusión!

1 comentario:

síl dijo...

la tinc pendent aquesta expo... i després de llegir-te me la miraré amb uns altres ulls...
és un luxe tenir-te per aquí i poder-te seguir la pista...
un petonàs i molta sort!

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