Ferran Sánchez: Història. Divulgació. Docència.

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"Sólo unos pocos prefieren la libertad; la mayoría de los hombres no busca más que buenos amos" (Salustio)
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sábado, 26 de septiembre de 2020

EL ABUELO, LA TÍA Y LOS LIBROS DE CABALLERÍA (1)

 


Haciendo limpieza de papelotes acumulados me encontré hace unos días las notas que tomé del Carlos V de Geoffrey Parker durante unas noches de vela hospitalaria. No llegué a escribir ninguna entrada en el blog porque no pude acabar de leer el libro, a pesar de que es imposible dudar de la extrema profesionalidad del autor. Ya en 1978 Parker había escrito una pequeña joya sobre Felipe II que, en su voluntad de humanizarle, usaba la correspondencia con sus hijas, conservada en el Archivo de Estado de Turín. La pasión por las obras y los jardines de sus palacios, el sentido del deber que le ataba al despacho, la angustiosa religiosidad que condicionaba sus responsabilidades corrían por aquellas páginas, que, sin justificarle, matizaban la imagen del tirano monstruoso repetida hasta entonces por la historiografía protestante. Parker ha sido, pues, un historiador importante, cuya comprometida dedicación a Felipe II le permitió subtitular el estudio sobre el rey que publicó en 2012 con una expresión tan provocadora –“la biografía definitiva”- como comercial. Aquellas mil trescientas páginas, suculentas y apasionantes, constituían un retrato fehaciente del rey y su reinado que consiguió un merecido éxito. Sin embargo, hay que decir que aquel subtítulo fue una temeridad o algo peor, porque apenas dos años más tarde Geoffrey Parker publicaba otro libro al que incorporó una llamativa banda: “la biografía esencial” (2015). Es cierto que trabajaba nuevas fuentes primarias, concretamente cerca de tres mil documentos encontrados entre los fondos de la Hispanic Society of America y que, en tanto se trataba de documentación de despacho del rey y sus secretarios privados, parecía especialmente interesante.  Sin embargo, cualquier vistazo al libro ya dejaba claro que no parecía ampliar nuestros conocimientos sobre el reinado; y que reclamar otra vez la atención de los lectores me pareció un abuso. Por eso apenas le presté atención, y aún me duraba el desengaño cuando supe que Parker publicaba un “Carlos V”: como en “la biografía esencial” pensé que el gran historiador forzaba su trayectoria y que “una nueva vida del emperador” era apenas un producto comercial.

Descarté terminarlo durante aquellas largas noches de hospital, pero un buen amigo –“llegidet”, dice él- se ofreció a prestármelo y, ahora que he tenido que devolvérselo tras meses secuestrándolo en casa por causa del confinamiento y otros accidentes vitales, le he echado un vistazo de nuevo, he recuperado las notas que tomé en su día, y considero que algunas cosas buenas sí se pueden decir de él. No sólo el ritmo trepidante con que nos lleva de Gante a Laredo, de Barcelona a Aquisgrán; también las páginas dedicadas a la dieta de Worms me han parecido muy interesantes, y, sobre todo, el retrato del joven Carlos me ha fascinado más que nunca; quizá porque el Emperador en marcha permanente, viajero y viajado, titán en permanente lucha, llama tanto nuestra atención que nos hace descuidar su infancia. Quizá también quienes antes se habían atrevido con el período no contaban con la eficaz metodología que Parker ya había usado con Felipe II para sistematizar las influencias juveniles que marcarían su personalidad.

Para empezar, creo que es un acierto marcar el ascendente que significó su tía, Margarita de Austria. Cuando Felipe el Hermoso se marchó a España presuponiendo presuntuosamente que arrebataría a su esposa la herencia de la reina Isabel, su suegra, Carlos tenía seis años y quedó como regente el barón de Chievrès. Sabemos que a Felipe se le atragantó una partida de tenis, a no ser que demos por cierto rumores maledicentes que acercan al cardenal Cisneros a la copa de agua fría que se tomó entre sudores después de colgar la raqueta. Cuando llegó la noticia a Malinas (1506), los nobles flamencos que ejercían la tutela del joven Conde de Flandes eran francófilos. Manda cojones ser partidario de Luis XII años después de la derrota de Carlos el Temerario en Nancy (1477), la batalla que había dejado las aspiraciones borgoñonas en un recuerdo entre mítico y fantasmal. Quizá por eso a esa facción nobiliaria francófila a la que la muerte del Archiduque en España dejaba la tutela de su hijo se opuso, en los Estados Generales, la fuerza mercantil de las provincias marítimas, que preferían potenciar las relaciones con Enrique VII de Inglaterra, a donde su activa clase mercantil dirigía la mayor parte de sus exportaciones. Tan fuerte era la tensión entre ambas facciones, que mandaron aviso al emperador Maximiliano, quien encargó a su hija Margarita (hermana del archiduque fallecido) la tutela de su sobrino Carlos. 

La Archiduquesa tenía sólo 28 años, pero tenía a sus espaldas una larga experiencia en el tablero dinástico: había sido repudiada por Carlos VIII tras ocho años en la corte francesa porque su prometido francés prefirió casarse con Ana de Bretaña, cuya suculenta dote había de proporcionarle la presunta fortaleza con la que pretendía lanzarse sobre Italia, primero, y cruzarse hacia Tierra Santa, después. El fracaso del enlace (y de la expedición francesa) había dejado en la joven Margarita la suficiente fobia francesa como para que, años más tarde, se situara a favor de las ciudades costeras que exportaban piezas de lana hacia Inglaterra en su lucha contra los nobles flamencos que envolvían a su joven sobrino. Por eso debió estar encantada cuando, contra los franceses, su padre el emperador había negociado una alianza con los Reyes Católicos que se formalizaría con el doble matrimonio de Margarita y su hermano Felipe con dos de los hijos de Isabel y Fernando: Felipe casaría con Juana (de cuyo matrimonio nacería Carlos), y ella casaría con el príncipe Juan, que debería heredar todos los estados de los Trastamara. La cosa tampoco salió bien: si el matrimonio de Felipe y Juana daría varios hijos, el suyo con Juan acabó con el fallecimiento del príncipe adolescente y media Europa cuchicheando que el jovenzuelo se había dejado la salud alargando la noche de bodas mucho más allá de lo razonablemente recomendable.

Las desgracias de Margarita habían ido a peor, porque, habiendo enviudado en España en 1497, la habían casado en 1501 con Filiberto de Saboya, quien también había fallecido en 1504. Así que ahora, viuda por segunda vez, se hizo cargo de la tutela de su sobrino Carlos, siguiendo las instrucciones del emperador Maximiliano, al morir Felipe el Hermoso. Que Carlos y sus hermanas, -Leonor, Isabel y María- se encariñaron con su tía no ofrece lugar a dudas. Parker dice que “Carlos y sus hermanas se convirtieron en el proyecto de Margarita, la familia que nunca antes había tenido (…) se referían a ella como su señora tía y querida madre”. Lo sabemos porque el emperador siempre firmó sus cartas diciéndose “Tu humilde hijo y sobrino”. Y cuando Margarita falleció, en 1530, el todopoderoso emperador dirá que “su pérdida a nadie afecta más que a mí porque la consideraba mi madre”. No es de extrañar: su correspondencia muestra una preocupación tierna y cercana por sus sobrinos, enseñó a las niñas a coser, bordar y hacer conservas, y cuando ya adolescentes se habían marchado a casarse se consagró a mantener cálidos contactos epistolares entre las cortes donde residían.

¿De qué manera influyó Margarita en Carlos? Que el futuro emperador vio en ella la profunda lealtad a la casa/dinastía no hay duda. Pero Parker sugiere también cómo el joven Carlos presenció el despliegue del mecenazgo, ya que la corte de su tía Margarita se convirtió pronto en un importante centro cultural: tenía cuatrocientos libros en la biblioteca, muchos de ellos manuscritos ilustrados, y había contratado a pintores de renombre, como Jan Vermeyen, y, como tejedor de tapices, a Peter de Pannemaker. También recibiría a los artistas más famosos de su época: Durero alabó en su diario la colección pictórica de Margarita “y muchas otras cosas de valor, además de una muy valiosa biblioteca”. A su muerte en 1530, la archiduquesa poseía más de cien tapices, cincuenta esculturas y doscientos cuadros de los mejores artistas neerlandeses, como Roger van der Weyden, El Bosco, o Jan van Eyck. Parker incluye referencias a la bisagra que encargó para que las alas del tríptico de “El matrimonio Arnolfini” cerraran bien, y recoge que el inventario de sus posesiones contiene correcciones y anotaciones de su puño y letra, que rebelan su implicación personal en la creación de la colección. Margarita era, queda claro, un importante mecenas: las cuentas del tesorero que Parker ha consultado registran pagos a un joven fraile agustino llamado Erasmo para que se pagase la universidad, quizá a cuenta del panegírico que había escrito para Felipe el Hermoso. Aunque Erasmo rechazó ser tutor del príncipe Carlos, sabemos que mantuvo una activa correspondencia con la casa del Príncipe y le dedicó alguno de sus libros.

El caso es que cuando el emperador Maximiliano se volvía al imperio en 1509 dejó a su hija Margarita como gobernadora, y contra ella se movía en la sombra la facción de los señores, alrededor de Chievrès, quien llegará a ser chambelán del príncipe y por tanto su compañero inseparable. Margarita y los señores competirán “sin cuartel por ganarse el control y la mente del príncipe huérfano”. Ese pulso político por la influencia sobre el joven rey permitirá al historiador francés Jules Michelet referirse a Margarita –en tiempos del romanticismo- como “el verdadero hombre fuerte de la familia”, aunque fuera una exageración: ella siempre firmaba “por orden del emperador” y los nombramientos venían confirmados desde Alemania. Fue Maximiliano quien asentó el poder de la dinastía, y el control que ejercía sobre Margarita queda claro en las visitas que le hizo desde la muerte de Felipe -de noviembre de 1508 a marzo de 1509, durante la primavera de 1512, durante el verano de 1513 y en enero de 1517-, para alegría de los niños, que comían, bailaban, jugaban a las cartas y salían de excursión con el abuelo, quien les cargaba de regalos. La influencia del abuelo también sería decisiva en la formación del futuro Carlos V…

miércoles, 15 de julio de 2020

EL MINISTERIO DEL TIEMPO: APRENDER UNA HISTORIA MEJOR (y 2)


Felipe III confirma el Tratado de Londres, en un episodio que presenta al duque de Lerma era belicista y la reina Margarita pacifista: ¡fue al revés! En el episodio 37 presentan ya anglicana a Isabel Tudor en 1558. Más que errores parecen simplificaciones que hagan inteligible la trama al espectador.


Decía en el post anterior que “El ministerio del tiempo” había cumplido con algo más que una tarea divulgadora de la Historia de España, que también contenía una nueva mirada historiográfica que pretendía superar la retórica peripatética del nacionalismo más casposo, y también los lamentos por el fracaso reiterado y la tragedia repetida que han caracterizado a la mirada más progresista. Es imposible mirar atrás y que no se te encoja el alma en un suspiro, y de hecho en la serie pasa: a menudo alguno de los protagonistas explicita que cada vez que pasa por una puerta del tiempo le parece encontrarse “el duelo a garrotazos de Goya año tras año, siglo tras siglo, en una guerra civil permanente”. Eso sugería Amelia en el capítulo 25 cuando le compraba al pintor su grabado “El sueño de la razón” y le veía reñir con las duquesas de Alba y Osuna, y –cansada de tanta miseria- le echara en cara que “así ha pasado siempre. Los inteligentes acaban divididos en mil luchas intestinas, los audaces frente al pelotón de fusilamiento, los íntegros en el exilio, y los inocentes en la miseria”. Esa tristeza flota en la serie como una especie de personaje fantasmagórico que reaparece muchas veces: ya en el capítulo 3 una Lola Mendieta madura, que aún parece malvada, lamenta la victoria francesa en 1812 porque permitió a Fernando VII anular la Pepa, matar al Empecinado y que “nuestros mejores” (refiriéndose a Goya o Jovellanos) se tuvieran que exiliar; a continuación se pregunta si vale la pena que el Ministerio se desangre –a veces explícitamente- para salvar esa Historia de dolor…

Por poco que uno conozca de la Historia del país resulta difícil no sentirse así de descorazonado. Pero me parece que la serie intenta superar esa tristeza peripatética con dos estrategias: revisando científicamente la historia, y rescatando del olvido a los personajes que nos robó la historiografía oficial para que generalotes y moralistas de medio pelo ocuparan su lugar. Por lo que respecta a la revisión científica no sólo he visto pequeñas explicaciones teóricas, como la que Amelia hace del romanticismo en el episodio sobre Bécquer. También se desnuda el discurso histórico de apriorismos nacionalistas: hay un ajuste de cuentas con Torquemada (4) y cierto reconocimiento de las víctimas de la inquisición. Ya en el capítulo 3 Amelia le desmiente a Alonso la expresión “imperio español”: Breda es una victoria de mercenarios, y Spínola era genovés. El capítulo dedicado a los “últimos de Filipinas” está más pendiente de las miserias del reclutamiento que de ninguna épica imperial (15). La misión en Yucatán (29) muestra muchas de lasmiserias de la conquista: de hecho, que el agente del ministerio en aquel tiempo sea Bernal Díez del Castillo ya es toda una declaración de intenciones. A Felipe II le ponen fino en el capítulo 21, donde se consagra la inquisición como instrumento del poder real. Y cuando unos radicales –los Hijos de Padilla- intentan atentar contra Alfonso XII durante el Consejo de Ministros que en 1881 celebró en la finca del Marqués de Comillas, cuyo pasado esclavista es el hilo conductor del episodio 27, se denuncia la Restauración como un régimen corrupto: “dos partidos se reparten el poder y enriquecen a cuatro empresarios”. También se traza un paralelismo entre los moriscos expulsados en 1609, que son “tan españoles como nosotros” (31), y los refugiados que llaman hoy a las puertas de Europa, y –en el episodio 9- se confecciona un retrato del Cid como mercenario.

Que Isabel la Católica grite "Yo soy la reina de Castilla, no mi esposo" es una lección sobre la época moderna, en la que se ambienta el 35% de las tramas de los episodios. Sólo un 11% de las tramas transcurría en la Edad Media; el 53% en la contemporánea

Que la serie encierra una mirada historiográfica, pues, parece obvio. Es cierto que evita algunos debates –la autoría del Lazarillo, por ejemplo, en el capítulo 6- pero a veces plantea que puede haber miradas distintas sobre el pasado: en el episodio 26 el talante de Godoy puede parecer tiránico, pero Amelia recuerda su papel en la protección de la ilustración. También se ejercen miradas historiográficas contradictorias cuando, en el capítulo 5 una misión para proteger el retorno del Guernica permite celebrar el Madrid de la movida, pero –cuando el objetivo es que Almodóvar conozca a Banderas (36)- el reencuentro de Pacino con aquellos años es una tragedia, porque a su antiguo amigo del instituto le diagnostican la plaga que puso fin terminó con la bohemia creativa. Queda claro así que los ochenta tuvieron dos caras, y que debemos evitar que la nostalgia empañe la mirada.

Los guionistas incluyen pues, también, una mirada comprometida con el presente: hay capítulos que denuncian la violencia de género (38), los desahucios o los recortes del estado del bienestar: Salvador Martí, cuando descubre a la empresa americana que trapichea viajando en el tiempo, afirma enfadado que “hay cosas que no se pueden privatizar, como la educación, la sanidad o los viajes por el tiempo”. Hay cierta normalización de la diversidad en la forma alegre y desprejuiciosa con la que Irene Larra vive su sexualidad, y también se procura empoderar a los personajes femeninos: no sólo porque Amelia es una agente inteligente y culta, y por eso dirigirá la mayor parte de operaciones de la patrulla. También porque los espectadores conocen a María Pita, y a las “Sin Sombrero” en un capítulo (18) en el que Irene se dice fascinada por Clara Campoamor, a la que, en un capítulo posterior con momento emotivo, puede agradecer su trabajo personalmente en el París de la Exposición Universal de 1937 a costa de perderse un “cameo” con Josephine Baker. Esa manera simbólica de saldar la deuda que tenemos con uno de los grandes personajes de nuestro pasado va en la línea también de la relación especial que Julián tiene con Federico: su abrazo al final del capítulo 8, y su reencuentro posterior, que hacen de Lorca un personaje simbólicamente inmanente sobre parte de la trama de la serie, simbolizan, a mi entender, la relectura de la historia de España que se pretende. Le debemos ese abrazo a Federico y ese agradecimiento a la Campoamor; dárselo en la serie no sólo es justicia poética, también constituye una oportunidad de reconciliarnos con esa historia tan ingrata de exilios, hogueras  y espirales de venganza. Yo mismo, cuando descubrí a Emilio Herreraen el capítulo 40 –mucho más que un pedazo de ingeniero- me quedé tan emocionado como enojado. ¿Por qué nos han robado esos personajes? ¿Quién se ha empeñado en callar sus voces? Y es que, como los protagonistas de “El ministerio del tiempo”, todos tenemos cadáveres en el armario que nos incomodan. España los tiene, y muchos. El mejor homenaje que se les puede hacer es contar su verdad, escribir sobre ellos, hacerle un hueco a sus gestas, conocerles, rescatarles de las cunetas de la Historia (y de las otras) y meterles a empujones en los libros. Agradecerles lo que hicieron contando su historia, recogiendo sus palabras o sus obras, en definitiva, darles vida.


¿Quiere decir todo eso que es una serie “de izquierdas”? No lo creo: que haya unas pocas secuencias en catalán y un guiño austracista (7) no la convierte en una serie independentista. De hecho, uno de los adversarios del Ministerio son los Hijos de Padilla, un grupúsculo revolucionario que coquetea con el terrorismo y a los que Amelia recuerda la cita de Sebastian Castellion “Matar a un home no es defender una doctrina, es matar a un hombre”. Los comunistas no salen bien parados (40), y una de las pocas polémicas historiográficas que ha generado la serie igualaba a los dos bandos de la guerra civil al recordar Lola Mendieta el bombardeo de Cabra (Córdoba) por tres Topolev soviéticos el 7-11-1938 como una “Guernica olvidada” (35). Si en algún momento la serie parece escorarse es porque quienes se manifiestan junto a una estatua de Don Pelayo o retiran bustos de Abderrahman III ocupan demasiados titulares: consumimos una historia de cartón piedra, y eso nos aleja de cualquier referente auténtico proveniente del pasado. Sólo una vez he escuchado a un político presentarnos la historia de España que deberíamos conocer: fue Pablo Iglesias, en el discurso que pronunció en el 2015 delante del Museo Reina Sofía, celebrando el resultado de las elecciones europeas que dieron protagonismo a su partido. Allí dijo que aquella noche se podía escuchar “la voz del pueblo de Madrid resistiendo al invasor, de Riego defendiendo espada en mano la constitución, de Torrijos desembarcando en Málaga, la voz de los demócratas de la Gloriosa, la voz de Joaquín Costa y la institución libre de enseñanza, la voz de Rosalía y la risa irónica de Valle Inclán, de las mujeres que lucharon por la extensión del sufragio y de los reformadores republicanos, de Clara Campoamor, de Victoria Kent, Margarita Nelken, Federica Montseny. Dolores Ibárruri (…) de Miguel Hernández, de Federico, de Machado y de Alberti. De los mineros asturianos, de Companys diciéndole a Madrid os habla vuestro hermano. De Durruti, de Largo Caballero, de Azaña y de Andreu Nin. Las voces políglotas de los voluntarios internacionales que por haber defendido nuestra patria serán españoles para siempre. De los que empuñaron las banderas de la libertad frente al terror. Las voces de los que lucharon contra la dictadura. De la clase obrera que ganó con huelgas sus derechos. Se escuchan voces en euskera, en catalán, en gallego (…) a Carlos Cano cantando a los emigrantes, las voces de Serrat, de Paco Ibáñez, de Rosa León, (…) de Manolo Vázquez Montalbán y de todos los que lucharon por un futuro mejor”.

Fueron muchos. Y muchas. Si les atiendes, de repente, todo parecer ser de otra manera. Dicen en “El ministerio” que “la historia es la que es”. Tienen razón. Pero si uno se atreve a meterse por cualquiera de sus puertas, encuentra una realidad muy distinta a la que cuatro machirulos borrachuzos nos presentan entre banderas.

Gracias, Clara Campoamor!
Irene Larra puede conocer en persona a uno de sus personajes favoritos de la Historia... y agradecerle su trabajo y su esfuerzo






domingo, 8 de diciembre de 2019

SPACAT9 - EL TRIENNI ESPARTERISTA (1840-1843)





La desamortització havia aportat partidaris i finançament de la guerra carlina; la constitució sumava consensos moderats i progressistes a la causa. Així que la lluita contra els carlins faria un gir en iniciar-se la darrera fase (1837-1839): malgrat l’èxit de l’Expedició Real o la victòria carlina a Oriamendi (1837), les tropes dirigides pel general Baldomero Espartero van anar reduint la presència territorial del carlisme. Els moderats esperaven la pau per dedicar-se a la indústria, i evitar que la guerra oferís cobertura a la radicalització dels progressistes. Mentrestant, la divisió del carlisme en faccions i l’esgotament econòmic dels seus contribuents, obria el camí de la victòria liberal. Va contribuir també el canvi de conjuntura internacional, que qüestionava els suports externs: la Quadruple Aliança s’esquerdava quan la França de Lluís Felip i l’Anglaterra victoriana començaven a rivalitzar per les despulles otomanes a Egipte... així que el liberal Espartero i el carlí Maroto van signar el Conveni de Vergara (1839): a més de pensions per vídues i orfes, es pactava la incorporació dels comandaments carlins, amb respecte de graus i sous, en l’exèrcit isabelí. L’Abraçada que, davant dels seus exèrcits, es van fer els dos generals simbolitzava l’adveniment de la pau i la marxa de Carles V a l’exili...

Mentrestant, Maria Cristina, lliure de l’amenaça carlina, maniobrava políticament per desfer el camí que s’havia vist obligada a fer per les circumstàncies polítiques. No solament venia nomenant governs moderats des de 1837, sinó que tenia sobre la taula a punt per signar una “llei d’ajuntaments” que qüestionava l’elecció per sufragi dels alcaldes per convertir-los en càrrecs de designació reial. Els progressistes, que tenien el seu múscul polític en els ajuntaments i la Milícia Nacional, estaven inquiets. Espartero s’enfrontava amb les darreres bosses de resistència carlina al Maestrat i el Pirineu, i Maria Cristina venia a Catalunya per entrevistar-s’hi. El flamant Duc de la Victòria rebia una calorosa i apassionant rebuda popular en la seva entrada a Barcelona, molt més discreta que les que rebria setmanes després la regent, i s’hi entrevistava a Molins de Rei. En defensa de la constitució de 1837 que els moderats provaven de retallar amb la llei d’ajuntaments, es van produir algunes bullangues en diferents ciutats espanyoles. Espartero va pressionar la regent perquè no signés la llei: recordant que el testament de Ferran VII condicionava la Regència en la vídua si no es tornava a casar, i sabent del seu matrimoni en secret amb Fernando Muñoz, va negociar amb ella un exili discret: Maria Cristina marxava a París amb el seu marit, i el popular general Espartero es quedava amb la regència.

Quins problemes van haver d’enfrontar els seus governs? Per començar, pronunciaments militars contra el seu govern, com el del general Diego de León, finançat per Maria Cristina des de París, que assaltaria el palau reial amb voluntat de segrestar les nenes. Mentre,–protegides per la vídua d’Espoz y Mina, corrien a amagar-se-, en les escales d’accés al palau reial s’enfrontaven a trets la guàrdia reial i les forces dels colpistes. La figura de Diego de León, que acabaria pres i afusellat, no solament ens permet adonar-nos de l’oposició que el regent va tenir en el si de l’exèrcit, sinó que ens permet reflexionar ja sobre aquesta ingerència permanent dels militars en la vida política del país, que no solament vindria representada per la seva aventura, sinó per la pròpia experiència del regent, que devia la seva sort política a la fama que li havia ofert la seva trajectòria militar.

En un estudi sobre el regnat que va publicar José Luis Comellas, s’adjudicava aquesta ingerència militar al context cultural que aportava el romanticisme. Aquests militars, convençuts de la bellesa de les seves idees i la generositat del seu compromís, es llençaven a conspirar sense preparar-ho massa: igual que “el enamorado està convencido de que su amor es tan bello, tan puro, tan sublime que la princesa de sus sueños no podrà menos que caer rendida a sus requerimientos (...) el revolucionario està convencido està tan convencido de que sus ideales son tan hermosos, tan prometedores, tan capaces de alcanzar la felicidad del genero humano, que está absolutamente seguro de que multitudes inmensas seguiran su grito y le alzarán entusiasmadas en el podio del poder político”.

Recordant que Galdós, en l’episodi titulat “Juan Martín el Empecinado”, havia dit que 1808 havia estat “escuela de caudillos”, Gabriel Cardona observava que 1808 havia “modificado el aristocrático cuerpo de oficiales al posibilitar la formación de mandos procedentes de clases medias y bajas que alcanzaron sus grados en las academias fundadas por el régimen patriótico, o en las guerrillas. Hombres que, al llegar la paz, esperaban vivir de su profesión”. Acabada la guerra, el retorn a l’absolutisme alçava barreres estamentals en una postguerra de crisi econòmica i desmobilització. Solament una ruptura decidida amb l’Antic Règim podia tornar-los als primers llocs d’importància. Per això l’exèrcit va ser tan permeable al liberalisme.

Nelson Duran oferia un tercer motiu: “en aquelles nacions on la societat civil és dèbil, solament l’exercit posseeix, a més del monopoli de la força física, una cohesió disciplinada i un esperit de cos que no té rival”. Segons aquesta teoria de la dèbil societat civil, la burgesia faria dels militars els seus protectors. És cert, com deia Christiansen, que els "espadones” del segle XIX mai es van apoderar del govern mitjançant juntes militars, ni van constituir governs de majoria militar. La seva intromissió en política es a títol personal, mai corporativa. A diferència del cop d’estat, com a assalt corporatiu al poder en defensa de que res no canviï, tal i com veurem fer a l’exèrcit a partir de 1874, el pronunciament té una lògica ideològica que posa en el centre de l’acció el manifest polític i l’ideari d’un partit, del que es converteix en la seva primera cara visible. Sigui com sigui, aquest “pretorianisme” aniria canviant el tarannà de l’exèrcit, fent-lo més reaccionari i convertint la tradició intervencionista en un problema per al lliure desenvolupament del liberalisme a Espanya. Per això n’haurem de tornar a parlar. 


El segon problema que hauria d’enfrontar el Trienni Esparterista va ser l’oposició cada cop més activa del lobby industrial davant de les seves polítiques econòmiques liberalitzadores, que –en treure els aranzels que havien servit de paraigües al desenvolupament industrial- van atraure un allau de productes britànics. Joan Güell, amb la fortuna americana ja invertida en la nova fàbrica de Valentí Esparó, El Ave Fénix, va publicar un opuscle el 1841 que el converteix en apòstol del proteccionisme. A “Sobre la industria”, Güell certifica que és impossible competir amb el Regne Unit i reclama aranzels, afegint que “protegir la indústria nacional és protegir el treball de milers d’obrers i no a una minoria de capitalistes”. Certament, industrialitzar “a la britànica” no era fàcil: a la pèrdua de les colònies, que impedia l’acumulació de capitals primigènia, cal afegir la debilitat de l’agricultura, que no genera excedents ni per tant augmenta la massa compradora. Sense capitals ni una demanda consumidora dels seus productes, ni entre els jornalers al camp, ni entre els obrers a la ciutat, una dèbil burgesia emprenedora difícilment podrà empentar els seus projectes. Hem de pensar també en la manca de recursos naturals: ni hi ha matèries primeres (cal importar el cotó, doncs) ni energia (el carbó no és de bona qualitat, té poc poder calorífic). A la inestabilitat política (un risc per als inversors) cal responsabilitzar de la lenta expansió de les comunicacions: sense una xarxa ferroviària digna el transport de mercaderies i productes és un repte insuperable. La conseqüència d’aquests impediments és la necessitat de polítiques proteccionistes, i, vist que semblen difícils de superar –la posició geogràfica d’Espanya, allunyada dels mercats puixants- la burgesia industrial buscarà el paraigües del poder per a inspirar polítiques d’ordre que mantinguin baix l’únic cost que poden abaratir: el de la mà d’obra. Malgrat aquest panorama, però, Joan Güell impulsa el Vapor Vell a Sants, una de les grans fàbriques de la ciutat, i inspirarà ben aviat, la llavor de la patronal en l’Institut Industrial de Catalunya (1848).


El tercer problema que va haver d’encarar l’esparterisme és el malestar social que provocava a Barcelona el procés de proletarització. La massa camperola de fills secundogènits que fugia de la duresa agrícola compartia amb la menestralia precaritzada la vivència deshumanitzadora d’instal·lar-se ens suburbis propers a les fàbriques, sense equipaments, en condicions miserables, compartint habitatges amb moltes altres famílies, desarrelat i submergit en el món caòtic de la massificació urbana, desproveït de les xarxes de solidaritat col·lectiva de què, almenys, podia comptar en el món rural. L’experiència laboral (les llargues jornades, el sou minvant, la fèrria disciplina de càstigs i penalitzacions, el ritme de treball marcat per la màquina, la desprotecció davant dels accidents) havia provocat ja reaccions airades, espontànies i violentes, de ludisme, i ara, ja més elaborades a mida que es va consolidant certa consciència de classe, les primeres societats de socors mutu, com la Societat de Teixidors (1841), primer avenç cap al sindicalisme en tot l’estat. Les bullangues que havien trasbalsat el ritme industrial de la ciutat demostraven ja certa cultura política bàsica, no massa estudiada, però en la que intuïm valors republicans, tal i com demostra l’himne “La campana”, musicat per Josep Anselm Clavé (1824) i amb lletra de l’antic alcalde de Figueres, Abdó Terrades (1812), o que personatges com Ramon Xauradó, Pere Felip Monlau (1808), Narcís Monturiol (1819), es moguin per ambients alternatius de la ciutat, de vegades coquetejant amb el socialisme utòpic.
L’oposició a les polítiques econòmiques liberals del regent anava creixent: com que davant del Palau de Buenavista hi havia l’ambaixada britànica, per Madrid deien “en este Palacio habita el regente, però el que nos rige habita el de enfrente”. El malestar s’estenia a Barcelona a mida que tancaven les empreses menys competitives i l’atur creixia. Una nova bullanga esclatava quan, a les pàgines de “El republicano”, Abdó Terrades deia que  “Cuando el pueblo quiera conquistar sus derechos, debe empuñar las armas en masa”. El regent va arribar a la ciutat i va encarregar el bombardeig de la ciutat: un miler de projectils van tocar 466 cases. La Junta formada pels obrers/republicans es va rendir i va començar una dura repressió que, a més d’afusellats i una multa a la ciutat, va dissoldre l’associació de teixidors. La terrible actuació a Barcelona va enfonsar el prestigi del regent, mal rebut de camí a Madrid; la burgesia industrial –prenent Barcelona com a pretext d’agres debats parlamentaris impulsats pels moderats- va sumar els militars progressistes a les conxorxes que maniobraven contra el regent dins de l’exèrcit. El jove brigadier Joan Prim s’alçava contra el regent i Barcelona tornava a sortir al carrer en una revolta, la Jamància, que demostra la precarietat que vivien els obrers a la ciutat. Aquest cop, però, ben organitzats, van formar una Junta Popular Directiva que s’empoderava de la ciutat. Malgrat la mediació d’alguns notables –Xifré, Güell, Ferdinand de Lesseps- el govern va demanar la rendició incondicional de la ciutat, i veient la seva resistència, Prim decidí un nou bombardeig (“o caixa o faixa”). En aquell moment Espartero ja havia abandonat la regència: va marxar a l’exili a Londres, on,–elogiat per la seva defensa del lliure comerç- rebria homenatges populars i recepcions de la reina Victòria, Robert Peel o Wellington.

domingo, 1 de diciembre de 2019

SPACAT8 - LA PRIMERA GUERRA CIVIL (1833-1839)



Vam acabar la darrera sessió inaugurant el conflicte bèl·lic entre els partidaris del príncep Carles (V), als que anomenarem carlins, i els partidaris de la petita Isabel, els isabelins. El dilema successori camuflava la lluita entre els partidaris del trilema “Altar, pàtria i tron”, i els del liberalisme, amb el seu programa de laïcisme i desamortització: mentre els primers recollien suports socials entre la pagesia empobrida i la noblesa marginada dels nous cercles de poder, nostàlgics d’una societat rural, patriarcal, religiosa, gairebé feudal; mentre –contra ells- s’anaven situant la burgesia urbana i la menestralia més o menys proletaritzada, representants d’una modernitat urbana, laica, industrial, comercial, liberal... La guerra va tenir també una discreta faceta internacional: mentre les velles potències de la Santa Aliança finançaven els carlins, els isabelins signaven amb els liberals portuguesos, amenaçats pel miquelisme, i els francesos de Lluís Felip, una Quàdruple Aliança amb el Regne Unit, que va comprometre la Legió Auxiliar Britànica en el conflicte. Derrotada pels carlins als afores de Sant Sebastià (Oriamendi, 1835), origen del cementiri britànic al Mont Urgull, no és l’únic testimoni estranger: el pro-carlí Charles Lewis Gruneisen es considera el primer corresponsal de guerra de la història, i el belga Charles Frederick Henningsen va escriure la primera biografia del general Tomàs Zumalacàrregui.

La conversió per la propaganda liberal de la petita Isabel en la personificació de la llibertat, que també innocent i fràgil, estava provant de créixer a Espanya, va trigar en arribar. En un primer moment, la Regent Maria Cristina havia enviat un missatge a la nació que, inspirat per l’entorn d’absolutistes tebis que havia acompanyat els darrers anys la trajectòria de Ferran VII, assegurava que mantindria “religiosament la forma i les lleis fonamentals de la Monarquia sense admetre innovacions perilloses” perquè “la millor forma de govern del país és aquella a la que està acostumat”. El primer gabinet, presidit per Zea Bermúdez, però, no aguantaria massa: els alçaments carlins pel nord d’Espanya, i les advertències del capità general de Catalunya, el mataroní Manuel Llauder, que –després de protegir la marxa del Comte d’Espanya i impulsar una àmplia amnistia- li adreçà un missatge de Nadal dient que “el primer enemic del tron de la petita Isabel és Zea Bermúdez”, referint-se a la seva intransigència, van decidir la Regent a nomenar president del govern un liberal moderat: Francisco Martínez de La Rosa era un veterà polític conservador del Trienni que, –en l’esperança d’ampliar les bases socials que donaven suport a la Regència- va publicar el primer text de la història del constitucionalisme, l’Estatut Reial (1834). És un simulacre de constitució, més aviat una Carta Atorgada, perquè no conté cap dogmàtica ni declaració de drets, ni fa cap referència a la sobirania nacional o la separació de poders. Preveu, això sí, unes corts consultives amb dues càmeres: la “cámara de próceres” (vitalicis, hereditaris, de nomenament reial), i una “càmera de procuradors” que seria escollida per sufragi censatari (per al que els nivells de renta exigits eren tan alts, que calculem que hi participaria un 0,15% de la població).

Del govern de Martínez de la Rosa vam citar a classe també la divisió provincial impulsada pel ministre Javier de Burgos, i l’abolició definitiva de la inquisició; però la figura de Martínez de la Rosa ens permetria parlar també de l’esclat del Romanticisme: el seu drama “La conjuración de Venecia” (1834) se’n considera el primer, i dos anys més tard, va estrenar “Aben Humeya”, on, darrera un tirànic Felip II, s’insinua una crítica a l’absolutisme de Ferran VII. Larra ja feia acabar “Macías” amb un suïcidi el 1837, el mateix any en què Ángel de Saavedra, el Duc de Rivas, estrena “Don Álvaro o la fuerza del sino”. El triomf de la moda romàntica quedarà potser consolidat quan Prosper Merimée estreni “Carmen” el 1845... aquest gust pels amors truculents i les històries de misteri expliquen els rumors que corren sobre la l’enamorament de la jove reina vídua del jove soldat Fernando Muñoz: ¡el testament del rei que li encarrega la regència la desposseeix del títol si es tornés a casar, així que ells ho fan en secret! La premsa recull també la “traïció” que, per als absolutistes, significa l’Estatut Reial, i el cas d’una monja del convent del Cavaller de la Gràcia de Madrid: a Sor María Rafaela de los Dolores Patrocinio li apareixen unes llagues a les mans i els peus quan la regent “s’apartava de Déu”. Acusacions molt carlines que li van valer una denúncia, instruïda per un jove advocat liberal, Salustià d’Olózaga, que anys enrere havia provat de seduir-la abans de prendre els hàbits. El judici va concloure que les llagues eren una “patraña”, i corria el rumor de que la denúncia havia estat la venjança del menystingut!

Mentrestant, la mort del general carlí Tomàs Zumalacárregui a les portes de Bilbao posava fi a la primera fase de la guerra carlina (1833-1835): en certa manera simbolitza que el món urbà se’ls resistia, tot i que la por a les ciutats quan els carlins estaven a la prop va provocar molts motins. A Madrid es va produir una matança de frares (1834) quan va córrer el rumor que l’epidèmia de còlera que patia la ciutat provenia de l’enverinament de les aigües pels capellans. A Barcelona, un seguit de “bullangues” responien compulsivament a les notícies de les terribles matances comeses pels carlins: una de les bullangues de 1835 acabaria amb l’estàtua de Ferran VII escapçada pel terra i el cos defenestrat del general Bassa, que havia estat enviat per aturar el motí. La revolta es va llençar després contra el Vapor Bonaplata, la primera fàbrica de la ciutat, aixecada per l’indiano Josep Bonaplata, que donava nom al carrer Tallers, i la van cremar, en el que es considera encara avui la primera mostra de ludisme a Espanya. Aquestes protestes obreres típiques de la primera industrialització, d’ampli abast a la Gran Bretanya que lluitava contra Napoleó, reben el seu nom dels anònims signats per un presumpte heroi, Ned Ludd, qui amenaçava amb desballestar les màquines si no es millorava la situació dels obrers. No sabem si aquell personatge va existir, però els anònims demostren la capacitat de creació cultural dels artesans i menestrals precaritzats per la maquinització dels tallers. Deia Miquel Izard que el ludisme es una “primera forma de resistència contra la alienació industrial” (1975): encara que respostes irracionals i espontànies, constitueixen la prehistòria del moviment obrer contra la deshumanització del treball que implicava la creixent industrialització. Els aldarulls de Barcelona, van tenir, segons Ana M. García Rovira, conseqüències decisives (1989): primer perquè “la pressió popular va empènyer els polítics liberals a trencar sense equívocs amb el vell ordre”; segon, perquè neix la por burgesa, que aparta el liberalisme moderat de tota acció revolucionària i la fa demanar solucions violentes.

Aquestes reaccions espontànies d’odi popular, sovint enmig de crits a favor de la Pepa, van obligar la Regent a buscar un nou president del Consell de Ministres: el 1835 cridava Juan Álvarez Méndez, àlies Mendizábal, qui proposaria el 1836 el famós Decret de Desamortització que porta el seu nom. La llei imposava unilateralment l’expropiació per part de l’estat de béns de propietat col·lectiva administrats per comunitats religioses, per a la seva posterior subhasta i conversió en propietat privada en plena llibertat d’ús i disposició. Els objectius, però, anaven més enllà de privar l’església (que donava suport als carlins en la guerra) de força econòmica: també es volia finançar la guerra i augmentar els partidaris de la causa liberal creant un pròspera capa de propietaris que oferís estabilitat al règim. Quin balanç en podem fer?
·         L’impacte va ser important, perquè 1/3 de les terres de conreu del país van canviar de mans, però els compradors no van ser molts: un conjunt de 10.000 famílies era la propietària de la meitat de les terres, consolidant així una tendència al latifundisme (sobre tot al sud del riu Tajo)
·         El perfil del comprador no respon al de l’inversor disposat a maximitzar els beneficis, sinó més aviat al del propietari absentista, que no se’n cuida massa, però espera viure de renda
·         Aquesta escassa inversió, malgrat que hi va haver augment de la producció i de la quantitat de terres conreades, va condicionar l’escassa competitivitat de l’agricultura espanyola...
·         I tot això va instaurar un conflicte latent al món rural, perquè els antics camperols es veien obligats a l’èxode, camí de la ciutat industrial, o a convertir-se en jornalers a canvi de sous molt magres.


Les pressions de l’església van permetre a la reina destituir Mendizábal, però les reaccions a la destitució van generar bullangues un altre cop: a Barcelona van començar amb les Matances de la Ciutadella (1836) i solament el general Espoz y Mina cridant “llibertat i ordre” va aconseguir aturar la revolta. El capità general que el va substituir, Ramon (baró de) Meer va restar al càrrec de gener de 1837 a 7/1839, i va impulsar una forta repressió: un jove metge anomenat Pere Felip Monlau va ser deportat a Canàries, i el periodista republicà Ramon Xauradó a L’Havana. Vicens Vives dirà que Meer va ser “el primer dictador militar local que consolida l’ordre burgés”. Amb l’execució de Ramón Xauradó s’acaben les bullangues, però també la pressió de la monarquia a continuar amb l’absolutisme.

El motí per recuperar Mendizábal al govern va tenir un altre escenari: al mateix palau de La Granja, on els sergents pronunciats per l’aprovació de la Pepa, van arrencar-li un compromís a la regent, no sabem si amb violència perquè tenim fonts contradictòries, que va permetre el retorn dels progressistes al poder en la persona de José Maria Calatrava, qui va comptar de nou amb Juan Álvarez Méndez com a ministre d’Hisenda (per a continuar amb la desamortització). No va ser l’única conseqüència del motí dels sergents: el restabliment de la Pepa mentre es redactava una nova constitució posava també en vigor els decrets que significaven l’abolició definitiva de l’Antic Règim. I, com que Maria Cristina els va atribuir la coacció / humiliació de La Granja, s’instal·lava en la corona una duradora i creixent aversió pels progressistes que marcarà la història del regnat.

La Constitució de 1837 va ser una altra de les creacions del govern progressista. És un text breu: son 77 articles, directes i molt pràctics, tan desproveïts de retòrica que 60 d’ells van arribar vigents textualment fins a la constitució de 1931. És una constitució flexible, de fàcil reforma, que reconeix la sobirania nacional i inclou un títol de drets dels ciutadans. Proclama la separació de poders, i que el parlament tindrà dues cambres: el Senat i el Congrés dels diputats s’escolliran per sufragi censatari, però més obert que el que fixava l’Estatut Reial: d’acord amb els nivells de renda que es consideraven suficients per a formar part del cos d’electors, podrien participar en les eleccions 418.000 persones, que representen un 2,65% del 15 milions d’habitants que tenia el país. No proclama cap religió oficial, però es compromet a mantenir el culte catòlic, i estableix la Milícia Nacional en els municipis.

sábado, 16 de noviembre de 2019

EL TIRÀ I EL TITÀ (O NAPOLEÓ OBERT EN CANAL)




Els documentals del Canal de la Història ens tenen acostumats a un ritme trepidant que apel·la a totes les emocions possibles, amb l’objectiu de mantenir segrestada l’atenció de l’espectador en mil misteris egipcis i els vicis dels emperadors romans. Aquest enfocament fa dels personatges una espècie d’éssers extraordinaris amb facultats sobrehumanes, desmereixent l’acostament rigorós i sense prejudicis que hauria de fer l’historiador. El resultat acostuma a ser atractiu per als sentits, però descoratjador per al qui vol aprendre història.

"Napoleón, el Dueño de Europa" no és diferent en aquest sentit. L’exageració de les facultats del personatge acaba semblant una pel·lícula d’éssers mitològics amb facultats sobrehumanes. No és que ja en la introducció se’l qualifica com “el més gran militar de tots els temps”, que “gràcies a la seva intel·ligència i la seva capacitat de lideratge va conduir França a cotes de glòria sense precedents”. És que el fil conductor de la història que explica és la pròpia personalitat de Napoleó: ja quan retrata la família situant-la en la petita noblesa togada es pretén presentar de forma gairebé miraculosa el seu vertiginós ascens social, com si d’una trajectòria titànica es tracés. Després, com si els historiadors fóssim psicòlegs pel mateix preu, ens descriu la seva personalitat amb elogis gairebé fantasiosos: expressions com “era conscient de la seva pròpia importància” no tenen cap valor historiogràfic si no es presenten fonts documentals per contrastar-les. Lluny de fer-ho, la veu en off insisteix a presentar un nen que ja anunciava el geni de la guerra quan organitzava baralles a l’escola.

Potser quan el documental celebra els èxits acadèmics de Napoleó a l’École Militaire se’l vulgui presentar com un il·lustrat: la consciència de la importància de la formació, l’interès per la política i la filosofia, la lectura compulsiva de grans biografies de personatges del món clàssic, la passió pels estudis (tècnics) d’artilleria, semblen apuntar en aquest sentit. És l’únic context a què es fa referència: la personalitat de Napoleó és sempre el fil conductor capaç de crear un relat en el què l’egocentrisme de la joventut, que el duria a l’èxit, va deixar pas a la megalomania, abocant-lo al fracàs. És una interpretació seductora i moralitzant que fa de la Història -com diria Ciceró- mestra de la vida... evitant que sigui també eina crítica del present, ni mecanisme d’aproximació científica al passat!
Culte a l'individu, prespectiva subjectiva i lectures emocionals demostren l'èxit de l'escola postmoderna en la historiografia nord-americana, i la seva projecció en productes audiovisuals. 

El segon problema que presenta aquesta mirada al personatge que sembla adquirir rang de culte és que es menysprea els personatges secundaris que l’envolten. Fins i tot la revolució és poc més que un paisatge! No queda més remei que fer-hi referència, però solament s’expliquen els episodis que justifiquen l’ascens de Napoleó: a Toulon contra els britànics, i als carrers de París contra les masses reialistes. Fora de presentar-la com a “temps turbulents” que van permetre el seu ascens, la Revolució és solament un decorat en el monòleg napoleònic. I això mateix passa amb Josefina: la relació amb ella es presenta com “un dels romanços més famosos de la història” i ella,  amb una misogínia insultant, és presentada com una jove “vídua ambiciosa i calculadora, que sabia el que volia i com aconseguir-ho” i que “es va plantejar la relació com un negoci”. El masclisme continua quan es diu que “l’home més poderós de la seva època no va arribar mai a dominar-la”, com si la condició natural de l’home fos dominar, i la de la dona ser dominada. Així s’oblida que el principal beneficiari del seu matrimoni és ell: després d’haver perdut el seu marit en la fase radical de revolució, ella era una dona ben connectada, sofisticadament elegant, freqüent en alguns salons, podríem dir una mica mediàtica, tot i que els meus alumnes van preferir qualificar-la, amb més traça que jo, com una “influencer”.

El mateix any en què va casar amb Josefina, Napoleó va prendre la direcció dels exèrcits d’Itàlia. El documental es refereix a aquell 1796 com el temps en què Napoleó va revolucionar l’art de la guerra, però  no ens explica com ni per què. Enrere queda, se’ns diu, la “guerra de cavallers en la que dos exèrcits es reunien en el camp de batalla i carregaven l’un contra l’altre fins a la rendició del contrari”. Un altre cop, al no aprofundir en el tema, sembla que l’únic ingredient que impulsaria els canvis en la guerra seria el geni de Napoleó, que convertiria “les derrotes en victòries, i les victòries en conquestes”. I que a Itàlia es va forjar la fama d’invencibilitat que li va permetre aspirar a conquerir Europa, “si no el món sencer”. 

Afirmacions exagerades com aquesta, gairebé fantasioses, farien el paper de juguesca amb què mantenir l’atenció de l’espectador si després apareguessin historiadors que en fessin punta o matís. Però els historiadors que hi apareixen no fan cap aportació important: ni es reconeix cap especialista, ni cap subtítol justifica la presència d’aquells professionals en concret en base a una recerca, un llibre publicat o una exposició. Es limiten a fer afirmacions curtes, sense profunditat, que acompanyen l’explicació sense introduir-hi cap ciència. El guió segueix doncs pautes cinematogràfiques, mai historiogràfiques. I en aquest context, Egipte acompleix un paper especialment atractiu. No queda clar per què –en tornar d’Itàlia- es va enviar a Napoleó allà: se suggereix que es volia sentenciar la guerra contra el Regne Unit bloquejant a Egipte les rutes comercials amb l’Índia. La qualificació del territori com un ”exòtic camp de batalla ancestral” podria fer referència a la voluntat d’estendre la revolució per a alliberar un poble esclavitzat per supersticions i poders tirànics; també es parla del component científic de l’expedició, però tampoc no s’analitza el perquè, i s’adjudica –un altre cop- a la personalitat curiosa de Napoleó. Així que el documental ens arrastra fins a Egipte, ens ensenya les piràmides per recordar-nos que al seu peu Napoleó va guanyar una batalla, i precipita l’explicació del seu retorn en base a la relació amb Josefina, la nova coalició formada a Europa contra França i l’oportunitat d’assaltar el poder que li oferia la necessitat que, segons el documental, tenia la societat francesa d’un líder fort “després d’anys d’inestabilitat”, un “sabre” que acabés amb el desordre social. No goso dir que se'ns fan recomanacions polítiques, però sí que subliminalment es vol tancar un cercle narratiu: el nen que guanyava batalles de marrecs era l’home providencial que havia de posar ordre en el caos revolucionari. El conte seria perfecte, sinó fos perquè l’home es va torçar!


La darrera imatge de Napoleó que descriu el documental és el del treballador incansable. Aprofita per fer-ho les reformes del període del Consolat, que faria de França, diu la veu en off, “enveja del món”. Aquestes insistents preferències pels governs d'ordre permeten saltar-se Abukir i Trafalgar, que qüestionarien la imatge del personatge com a “déu de la guerra” que el guió ens vol donar en aquest tram. Així doncs, quan es comença a parlar dels "errors de Napoleó" es prefereix parlar del bloqueig continental, una totalitària intervenció estatal contra el liberalisme econòmic anglosaxó. És aleshores quan emergeix el monstre “presa de temptacions, d’una insaciable gana de glòria i poder”, l’home trasbalsat per l’ambició que es precipitaria cap a la seva perdició. Així que es coronaria emperador, impulsaria el bloqueig continental i envairia Rússia. Coronació, divorci de Josefina per a concebre una dinastia en una princesa austriaca més jove, i megalomania imperialista demostren que l'ambició desmesurada seria la llavor del seu final. Solament he trobat una reflexió científica sobre el fracàs de l’imperi: l’expansió de les idees revolucionàries que Napoleó significava, va implicar revoltes contra els exèrcits ocupadors, tan difícils de costejar. La reflexió permet referir-se a Espanya, on un “brot nacionalista” (sic) faria de tomba napoleònica, i presentar sir Arthur Welleslay, el futur Duc de Wellington, un personatge necessari perquè es dedicaran molts minuts de metratge a explicar la trepidant fugida d’Elba i la derrota a Waterloo.

La batalla es presenta com una lluita entre titans, desproveïda de lectura política. De l’enfrontament entre la França de la burgesia revolucionària i l'Europa dels aristòcrates reaccionaris, no se’ns diu res. Napoleó és solament una trajectòria espectacular que va fer d’ell una “llegenda en vida, o un mite després de la seva mort”. Tota lectura possible és moral. Podríem discutir molt sobre aquesta concepció de la història com a teatre d’homes d’acció, emprenedors o lluitadors, molt a la mida del caràcter dels nord-americans, i la seva utilitat en el blindatge d’aquest model. Però sembla clar que la figura de Napoleó continua esperant el producte audiovisual que permeti els espectadors conèixer qui va ser i què representa!

domingo, 27 de octubre de 2019

SOLUCIONARI "EL PACTE DELS LLOPS" 1ER BATXILLERAT




“El pacte dels llops” és una pel·lícula històrica d’aventures, dramàtica i amb uns tocs de ciència ficció. La intriga manté l’espectador ben pendent, i alhora ens ofereix molta informació sobre l`època. Els crítics cinematogràfics, però, van fer constar que les escenes de lluites i baralles semblaven fantasioses i inapropiades, no solament per l`època, sinó també pel clima del metratge.

El director aprofita un tema verídic, el de la fera de Gevaudan, per a crear una trama mistèrica, afegint-se així a les propostes més o menys científiques de periodistes, escriptors, criptozoòlegs, antropòlegs, historiadors, biòlegs i naturalistes. La bèstia de Gévaudan és el nom atribuït a un animal que va assolar aquesta regió del sud de França entre 1764 i 1767 atacant un nombre confós de víctimes, sobre el que les fonts històriques difereixen, que el 1987 es van censar en 210 atacs, dels que van resultar 113 morts. La fera es va fer famosa, i va obrir un debat sobre quin animal era, que encara dura.

SUPERSTICIÓ I PROVIDENCIALISME. El diccionari defineix com a “superstició” l’excessiva reverència o por a les coses desconegudes i misterioses, però també l’atribució d’una força oculta i sobrenatural a objectes o esdeveniments que, per llur natura, no la posseeixen. Gevaudan apareix com una regió mal comunicada, boscosa i pantanosa, on l’església encara combat (i participa de) velles creences: ja en el mateix començament se’ns ensenya un creuer, una d’aquestes creus altes, de pedra, que es troben en molts camins de vegades per recordar morts violentes, i es considerava atorgaven certa capacitat protectora als viatgers, i que s’havien estès per Europa durant la Contrareforma. També a l’inici de la pel·lícula veiem acusar una dona que pateix epilèpsia com si fos una bruixa (minut 5), posseïda pel dimoni (minut 28), i objecte de violència (sexual i de l’altra).




De seguida veiem com es parla de la bèstia com si fos un  càstig de Déu pels pecats del poble. Una de les supervivents de l’atac diu que “més que un llop era un dimoni” (minut 12), la mare del marquès que acull els protagonistes diu que per aplacar-la no es necessiten soldats sinó oracions (minut 15), i ell mateix diu que circula per la comarca el rumor que el papa ha enviat un espia per a saber si la bèstia “és una manifestació del dimoni”. El pare dels dos joves pastors que s’han perdut en la muntanya irromp en la missa –precisament en el moment en que el sermó s’adreça a déu preguntant-li “fins a quant durarà la teva còlera”- cridant que els seus fills han desaparegut perquè “Déu el castiga pels seus pecats”... Davant les ferides que té una de les víctimes a l’hospital el capellà insisteix que “solament resant podem salvar-la” (minut 58), negant cap capacitat d’actuació a la medicina científica. Jean-François demanarà ajuda al mossèn perquè l’alliberi del pecats per estimar a la seva germana. Una de les prostitutes s’espanta amb els tatuatges que l’indi duu al cos: diu que és un bruixot (minut 43). Les seves creences, en canvi, estan justificades en tant estan íntimament relacionades amb la natura, en el que sembla ser una certa reivindicació deista: la identificació del tòtem de cada persona en un animal, descobert només tocant-li les mans, per exemple, o l’ús de medecines naturals per a curar els malalts, fan d’aquest personatge una espècie de depositari d’un saber natural que es considera pur. Per això justifiquem el protagonista quan l’incinera, perquè veiem en el ritus una espècie de ritual humanista.

VISIONS D’AMÈRICA. Durant el metratge es fan tres referències a Amèrica. En el minut 18 trobem la primera: en un sopar al castell, Fronsac fascina la noblesa provincial explicant la captura d’un peix pelut al Canadà. Amèrica queda definida com una terra de misteris, de riquesa natural insondable, una espècie de paradís exòtic. La segona referència és ben contrària: estan el marquès i Fronsac parlant sobre Mani, i Fronsac li explica que el va conèixer a Amèrica durant la Guerra dels 7 Anys: l’enfrontament entre francesos i britànics havia comptat amb suports indígenes que els havien convertit en objectiu de guerra. La tribu iroquesa a la que Mani pertanyia havia estat exterminada fent servir la verola.  Amèrica queda retratada com un espai de brutal rivalitat colonial entre europeus, en el que els blancs es comporten com a éssers gens civilitzats. És un espai de cobdícia. La tercera referència la fa Jean-François quan li demana a la seva germana que marxi amb ell a Amèrica. Terra de promesa, de futur, d’oportunitats, d’esperança, en el que es podria viure al marge de les convencions socials europees. Allà no compten els orígens, la sang, i el passat, sembla voler dir. Tothom té una oportunitat per a prosperar, i és una terra de llibertat.




NOBLESES CORTESANA, TOGADA I PROVINCIAL. La que més apareix durant tot el llarg metratge és la noblesa provincial, a la que es mostra residint en els seus vells castells medievals heretats dels seus avantpassats, intentant reproduir-hi amb malaptesa l’ambient dels grans salons parisencs. Com que s’han de conformar amb poetes de tercera, poca música i converses sense enginy, l’arribada de Fronsac els resulta un revulsiu. Són nobles consagrats a la cacera, orgullosa dels seus vells títols nobiliaris, amb una mentalitat molt providencialista. Tenen una vida tranquil·la i ociosa, però es mostren preocupats pels seus vassalls, i per tant, per les seves obligacions feudals: potser viuen del treball dels camperols, però també es preocupen dels estralls que provoquen les tropes del rei en els seus feus, i organitzen l’hospital per atendre’n les víctimes de la fera. S’interessen pel que passa a palau, a París, però les novetats, i la il·lustració, els semblen llunyanes i (... criticables). Així ho demostren que formin aquesta societat secreta, Els llops de Déu, que utilitza la bèstia per a espantar el territori i desgastar el rei pel seu despotisme il·lustrat.



La noblesa que es mostra en la seqüència situada a Versalles és ben diferent: viuen de la seva posició a la cort, més forta segons més a prop s’està del rei, i per això accepten l’absolutisme, del que fan una inqüestionable declaració de principis, de la que parlaré més endavant. Un exemple de noblesa funcionarial la tenim en Buffon.

GEORGES LOUIS LECLERC, COMTE DE BUFFON. (1707-1788). Va ser un botànic, matemàtic, biòleg, cosmòleg i escriptor francès. Aquesta fascinació per totes les ciències per si mateix ja en faria d’ell un il·lustrat, en tant vol comendiar i sistematitzar el seu coneixement en els 44 volums de la seva Histoire Naturelle, générale et particulière, avec la description du Cabinet du Roi, 1749-1788 , una ambició intel·lectual que podria haver influït en l’Enciclopèdia de Diderot. Havia nascut en el si de la petita noblesa togada, però va haver d’abandonar la universitat després d’haver participat en un duel. Aleshores va conèixer  Evelyn Pierrepont, duc de Kingston, un jove aristòcrata anglès que, acompanyat del preceptiu preceptor, estava fent el seu “grand tour” cap a Itàlia. La formació obtinguda el va convertir en membre de l’Acadèmia de Ciències als 27 anys, i a obtenir la protecció reial com a conservador de les col·leccions reials i els seus jardins (1739), que va convertir en un museu i centre de recerca. Fent aquesta feina va obtenir el títol de Comte de Buffon (1773).

En geologia va teoritzar sobre l’estratificació de la terra i els mecanismes de l’erosió. La síntesi final als seus treballs, Les époques de la Nature (1778), prova de superar les fronteres interpretatives que li posa el discurs religiós dient que la interpretació del Gènesis no deu ser literal. De fet, per proposar una edat de la terra molt superior a la que suggeria l’església, va ser jutjat i va haver de retractar-se. També defensa la idea d’una escala natural, que encara que avui està obsoleta, volia sistematitzar la classificació de les espècies. No va arribar a ser un evolucionista, però qüestionava la constància absoluta de les espècies.




FRONSAC COM A LLIBERTÍ. Fronsac sap actuar davant dels atacs d’epilèpsia, i desmenteix els que pensen que “està posseïda”. És naturalista en el jardí del rei, i també fa de taxidermista. Aquesta ocupació ja implicaria per si una mirada admirada, sistemàtica i científica cap a la naturalesa: evita que Marianne mati un llop dient-li que l’animal que vol matar no és prou gran com per a causar les ferides que han analitzat i que per tant no s’ha de matar en va. Si afegim la broma que durant el sopar adreça als comensals en ensenyar-los un suposat peix pelut ho confirma: no solament perquè afronta les meravelles que la natura ofereix amb sentit crític, sinó perquè fingeix un nom en llatí que demostra que coneix la classificació científica dels animals. Per justificar la broma diu que “les mentides semblen veritats si les vesteixes de llatí”, la qual cosa demostra una mirada escèptica a la religió, fins i tot crítica amb l’església. Sembla una persona ben informada: duu en la seva motxilla una gaseta, concretament un exemplar d’un “Mercuri de França”, i l’amistat que l’uneix amb Mani, l’indígena que va conèixer a Amèrica durant la guerra dels Set Anys, el mostra tolerant i respectuós amb les altres cultures: tranquil·litza a la prostituta que s’espanta dels tatuatges, fa de la costum d’atorgar identitats animals a les persones per la seva personalitat un joc, i empatitza amb la tragèdia dels pobles colonitzats en tant ha ajudat a escapar un indi iroquès.



Des del primer moment es mostra escèptic respecte a les històries sobrenaturals que s’expliquen sobre la bèstia. La seva manera de recaptar informació és sistemàtica i científica: ja en la primera víctima que troba en un bassal, mesura les ferides dels cadàvers per a intentar trobar la grandària de la mandíbula de la bèstia, dibuixa esbossos basant-se en les descripcions de les supervivents, estudia les distàncies entre les zones on ha actuat, i contrasta els testimonis. Fronsac no fa cas dels comentaris supersticiosos, sempre busca una explicació racional als misteris que es presenten. La troballa d’un queixal de ferro ja li fa anunciar que la bèstia no està enviada per Déu, sinó conduïda per una persona, ben aviat, però quan li diuen que sembla un endevinador confirma aquest afany empíric dient que “per saber solament cal observar”.

LA PARAULA FILÒSOF. La paraula “filòsof” apareix tres vegades en la pel·lícula. En el sopar del castell, tothom s’enfada quan s’assabenta que el peix pelut és un invent: aleshores, Jean François li pregunta a Fronsac si és un filòsof i ell respon escèptic que les “mentides semblen veritats si les vesteixes de llatí” (minut 19). En una segona ocasió, assisteixen espantats a l’atac d’epilèpsia de la dona camperola, i Jean François li pregunta si, apart de ser naturalista i filòsof, també és remeier, ja que Fronsac sap el que li passa realment a la dona.
En l’escena que estan disparant a les carabasses, s’esmenta la paraula filòsof com a sinònim d’il·lustrat (minut 79). Fronsac ja sabia que havia gent darrere la bèstia, i que aquests volien castigar al rei, mitjançant la bèstia, per la seva indulgència amb els il·lustrats.

UNA DONA QUE TRENCA ELS ROLS. La pel·lícula ens presenta Marianne de Morangias com una valenta que, gràcies a la seva posició, i una personalitat carismàtica, pot burlar els controls que patien les dones del seu temps. Sembla avançada al seu temps: practica la cacera, munta a cavall com els homes, i –amb cert menyspreu- tracta de farsa avorrida el joc en el que Mani juga a descobrir l’animal (el tòtem, diu) que hi ha darrera cada persona. També el fet de citar-se a soles amb Fronsac i plantejar-se la fugida del món tradicional i providencialista en el que ha viscut la seva joventut.


EL PODER DEL REI TRONTOLLA. Quan els protagonistes arriben ja hi ha una companyia de dragons (potser desplegada anys abans per les revoltes camisards) treballant sobre el territori. Les seves batudes, però, no havien servit de res. Això desprestigiava les autoritats, així que el rei va decidir enviar Beauterne a Gévaudan per a capturar a la bèstia: aquest personatge simbolitza l’arcabusser reial, Françoise Antoine, qui va aconseguir matar un immens llop de 60 kilos. A la pel·lícula li encarrega a Fronsac que utilitzi les seves habilitats com a (...) per a dissenyar una bèstia monstruosa. Ell es nega, però finalment accepta perquè és l’ordre del rei: “ejecuto su voluntat”, li diuen. D’aquesta manera, el rei s’assegura de que el poble no es rebel·li contra ell per no poder capturar la bèstia, i de la mateixa manera, fama i respecte. La presentació oficial del monstre a Versalles serveix per a demostrar el poder omnímode del rei: “només arribar a desplegar el poder del rei” vaig poder acabar amb la bèstia, diu, “perquè en la seva única persona resideix el poder sobirà”. Encara que les morts van continuar, la censura reial evitava parlar-ne.  Per això el guió de la pel·lícula es permet crear una trama que, malgrat constituir una interpretació arriscada, ens permet reflexionar sobre la societat, la política i les mentalitat d’Antic Règim, i els canvis ideològics que suposava la il·lustració.

LA TRAMA FOSCA. Darrere la bèstia hi havia una organització anomenada ”els Llops de Déu”, formada per membres de la noblesa provincial (...) que la formaven quasi tota la noblesa i part del poble. La bèstia obeïa les ordres d’un dels seus membres, perquè –després de l’expedició al Senegal en la que havia participat- s’havia emportat el cadell d’una lleona que l’havia atacat. La fan atacar com si fos un càstig de Déu per a qüestionar el rei, en tant es mostra indulgent amb els il·lustrats. Per a respondre aquesta conxorxa, un dels ministres del rei explica a Fronsac que la falsificació de la bèstia que li han demanat ha estat “raó d’estat”: serveix per a respondre les publicacions il·legals que criticaven el despotisme il·lustrat de Lluís XV. Fronsac torna a Gévaudan convençut que “la bèstia és un instrument” i que és famosa perquè el seu amo la necessita així.


L’ANTI-IL·LUSTRACIÓ. Lluís XV no ho va tenir fàcil per imposar les reformes que li suggerien els il·lustrats: amenaçat per un permanent dèficit, provava mesures fiscals que comprometien els privilegis de les classes altes. Per això aquesta col·laboració amenaça l’estatus dels nobles i del clergat, i s’abriguen en el pensament providencialista per a qüestionar l’autoritat reial. També l’església tem el progrés de la llibertat de pensament i busca mantenir el control de les consciències, defensar la fe dels progressos de l a raó. El mateix bisbe de Mende va enviar a totes les diòcesis una crida a l’oració que havia inclòs en el seu sermó del 31 de desembre de 1764, en la que definia la bèstia com una “plaga enviada per Déu per a castigar els homes pels seus pecats”. Aquest debat fa que el jove marquès es pregunti, entre la picardia i el desencant, si “és realment aquesta època l’era de la raó”. A l’inici de la pel·lícula, abans de començar a recordar la seva història, quan els camperols assetgen el seu castell durant la Grande Peur, adverteix sobre els perills de la fe, de la manca d’escepticisme, quan diu que “les conviccions poden devorar el cor d’un home i convertir-lo en una bèstia”.