Ferran Sánchez: Història. Divulgació. Docència.

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"Sólo unos pocos prefieren la libertad; la mayoría de los hombres no busca más que buenos amos" (Salustio)
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lunes, 27 de julio de 2026

DESPUÉS DE LUIS XV EL CAOS... ¡Y DURANTE TAMBIÉN!

 

Aunque los postmodernos descalificaron la historia socio-económica para potenciar la política y la cultural, “El temperamento revolucionario. París 1748-1789” me ha recordado los clásicos estudios estructuralistas que con tanta saña criticaban los apóstoles de los “cultural studies”.  El papel del escándalo del collar en las misóginas acusaciones que se vertieron contra María Antonieta, o el estreno de “Las bodas de Fígaro” (1784) -la ópera en que el pícaro protagonista que inventa Beaumarchais afea a su señor que apenas “os habéis tomado la molestia de nacer”- ya inducían las causas de la revolución francesa, pese a constituir pinceladas de historia política y cultural, cuando yo estudiaba en la universidad a finales del siglo pasado. Ambos acontecimientos están situados en el reinado de Luis XVI, y el nuevo libro de Robert Darnton rastrea ya en el anterior la presunta y creciente disposición general a cuestionar el Antiguo Régimen. Nunca me leí “la matanza de gatos” pero como estudiante escuché buenas referencias sobre Robert Darnton, y, aunque este libro me ha parecido bastante aburrido, la crónica del reinado de Luis XV que incluye me ha permitido confirmarlas. Sigue pareciéndome, como entonces, que los “postmos” siguen ahogando al lector en párrafos infinitos mientras circulan entre lo obvio y lo indemostrable. Eso parece cuando la introducción apunta que “los acontecimientos no nacen desnudos”, sino revestidos de actitudes, suposiciones, valores, recuerdos, pronósticos, esperanzas y temores; y que para comprender cuanto sucedió urge acercarse a esas percepciones inseparables que lo revisten. Por eso propone estudiar esas manifestaciones culturales como indicios de cómo reaccionaron los parisinos a lo sucedido entre 1748 y 1789, en la creencia de que así podremos conocer la evolución de la consciencia colectiva, a la que define como un  estado de ánimo fijado por la experiencia, de forma análoga al temple del acero por medio de un proceso de calentamiento y enfriamiento”. Me abstengo de comentar esa definición, pero sí lamento que la introducción -lejos de justificar por qué Darnton concentra su estudio en determinados periodos, y los criterios con los que los ha seleccionado- vomite que su autor no se siente apelado a explicar ninguna metodología. Su respetuosa reverencia por las fuentes sugiere que tal selección cronológica tiene que ver con acontecimientos que generaron una avalancha de documentos. Ese es un punto fuerte del libro, porque utiliza muchas fuentes y muy variadas: periódicos, canciones, panfletos, literatura de cordel, informes policiales que transcriben de manera casi literal conversaciones escuchadas en mentideros, incluso los ensayos de los enciclopedistas cuya difusión, dice, poniendo como ejemplo el recibimiento triunfal de Voltaire al volver a París tras largos años de exilio (1778), “demuestra que esas ideas habían calado profundamente en las capas altas y medias de la sociedad”.

¡Vaya por Dios! ¡Décadas de cultural studies criticando que los historiadores estructuralistas presentaban los best-sellers de la ilustración como la caja de Pandora del calentamiento prerevolucionario y aquí estamos, estableciendo una relación mística -casi fantasmal, y a la vez determinista- entre lo escrito y lo sucedido! Es cierto que el libro apenas hace de la ilustración un indicio más en el proceso de formación del “temperamento revolucionario”, pero Robert Darnton explica cómo en 1762 Rousseau -autor del superventas del año anterior, "La Nueva Eloísa"- huyó de Francia tras el escándalo provocado por su “Emilio” mientras el “caso Callas” inspiraba a Voltaire su “tratado sobre la tolerancia”. La erudición con que aborda ambos episodios me parece la discreta concesión de un postmoderno -tradicionalmente consagrado a negar el principio de causalidad- que merece ser contestada con el reconocimiento de sus aportaciones, así que yo también, advertido por antiguos alumnos que ya son doctorandos o profesores, he decidido aceptar que un motín de subsistencias -lejos de tener que ver con el precio del pan- es una “émotion” (sic) y que la obsesión por ese precio es propia de “una consciencia de subsistencia colectiva” (sic), y no del hambre y la “economía moral de la multitud” que nos explicó Thompson.

Otro acierto del libro es que nos acerca a temas que apenas llegan al mercado editorial español a través de manuales universitarios, porque muchas obras de referencia no se traducen. Nuestra industria editorial, consagrada a alimentar voraces muchedumbres nacionalistas empeñadas en que los mexicanos nos den las gracias, no facilita el acceso a la ciencia histórica cultivada fuera del espacio donde acostumbra a agitar banderas. Aunque traducir a Darnton no lo tenga por objetivo, he podido conocer gracias a él, por ejemplo, la aparatosa expulsión del príncipe Carlos Eduardo Estuardo, que tras fracasar en su intento de recuperar el trono inglés (1745) se pavoneaba por teatros y jardines parisinos incomodando los acuerdos firmados en Aquisgrán (1748), que debían poner fin al amparo que, desde la Gloriosa inglesa, venía prestando Luis XIV a los jacobitas. Según Darnton, el gallardo pretendiente se convirtió -a ojos de los lectores de panfletos- en el primer argumento de desprestigio de Luis XV, quien se había beneficiado del levantamiento escocés y finalmente había vendido a su aliado... ¡expulsándole!. ¡No nos explica de qué manera esas ideas tomadas de los panfletos le permiten asegurar que ahí concretamente el rey empezó a perder el respeto de sus súbditos, pero se nos está permitiendo ampliar la visión del reinado de Luis XV!


Luis XV, niño, preside desde el rincón, entre cojines, un "lit de justice", una ceremonia por la que el rey impone el registro de los decretos, en 1715

Lo más conocido por todos sobre ese largo periodo es el enfrentamiento entre el rey y los parlamentos cuando estos tribunales de justicia -donde la  nobleza empelucada campaba a sus anchas-  se negaron a publicar la condena papal al jansenismo porque participaban de la concepción rigorista de este cristianismo que, para los jesuitas, era sospechoso de herejía. Según Darnton, los rumores de jansenistas que habían muerto inconfesos porque el arzobispo de París ordenó negar los sacramentos a los que no confirmaran su adhesión a la bula Unigenitus -la condena del obispo Jansenius-, parecía una crueldad porque “la salvación era cosa de todos” (sic). Si los jesuitas ya eran vistos como agentes de un catolicismo integrista por esa prohibición, después del atentado contra el rey que llevó a Robert François Damiens (1757) a una espantosa ejecución ejemplarizante, la incipiente opinión pública recordó cómo, durante el siglo anterior, los de San Ignacio habían construido la tesis del tiranicidio. Y parece ser -aunque las piezas que enlazan ambos acontecimientos y las creencias de ese activo público pensante no se explicitan, entre otras cosas, porque como objeto de estudio son etéreas- que ese desprestigio acabaría provocando la expulsión de los jesuitas en 1764. Cuando Luis XV, cansado de la oposición parlamentaria, convocó a los magistrados en el palacio de justicia para recordarles que “sólo en mí reside el poder soberano, sólo de mi deriva la existencia y autoridad de los tribunales”, crecía la tensión política. Y todo estallaría con el famoso episodio de los mosqueteros visitando a los jueces durante la noche del 19 al 20 de enero de 1771 para exigir retractación, lo que abrió otro encendido debate de papel. En él participó Voltaire criticando los arcaicos parlamentos responsables de la ejecución de Callas y apostando por un rey ilustrado capaz de hacer reformas, mientras Diderot -consciente de que la libertad a la que apelaban era la inmunidad fiscal- advertía ("Observations sur l’instruction de Catherine II", 1774) que los parlamentos,  aunque corruptos, también eran el único freno del despotismo. La conclusión que tomarían aquellos insaciables lectores del s. XVIII -según Darnton- es que urgía una “tercera vía política”: desprestigiadas  realeza “despótica” y nobleza “libertaria”, sólo quedaba apelar a la nación, a la que Rousseau ya había definido como depositaria de la soberanía en “El contrato social” (1762).

 

Así pues, Robert Darnton va ordenando cronológicamente -otra cesión que agradecerle- los debates que irían politizando la sociedad parisina. La creciente presión fiscal que debía financiar las guerras, la prohibición de la Enciclopedia -a la que los sectores populares accederían por fragmentos sueltos difundidos “aquí y allá” (sic)-, o las carestías provocadas por la liberación del precio de los cereales decretada en 1774, encenderían sendos debates que irían forjando, dice Darnton, el “temperamento” latente que favorecería el estallido revolucionario. La prueba sería un ecosistema comunicativo terriblemente ruidoso, que recuerda cómo hoy las redes inundan el discurso público de mensajes confusos y convulsos, no siempre ordenados y coherentes. En el siglo de las luces, y no necesariamente encendiéndolas, los panfletos eran leídos en voz alta, discutidos en mercados, muelles, cafés, parques y calles para entusiasmar a los transeúntes y agruparles en torno a polemistas, tomando partido, derivando las discusiones y forjando “temperamento”. Darnton suma fuentes para describir ese escenario comunicativo tumultuoso y alborotado. En “Les entretiens du Jardin des Tuilleries” (1788) Louis Sébastien Mercier decía que “todo el mundo quiere ser autor o lector, incluso el cochero lee sentado en el pescante. Todos, desde los criados al aguador, participan en los debates”. Los panfletos seguían de cerca el curso de los acontecimientos, y afectaban a muchas cuestiones, desde la tortura a la tolerancia, pasando por la esclavitud; y en esa intensidad comunicativa tan bulliciosa brillarían circunstanciales líderes de opinión, de Sieyès a Condorcet, pasando por el duque de Orléans… Como los influencers de hoy, transmitían sus mensajes con vehemencia y carisma, pero no creo que -como concluye Darnton- del “runrún” (sic) generado por tan compleja “sociedad de la información primitiva” se despliegue un “estado de ánimo” (sic) -uno, en concreto- con los ingredientes que le atribuye en sus conclusiones. Porque cuando estalle la revolución, los acontecimientos no toman una sola dirección compartida y unánime. Porque en el batiburrillo de voces que constituye hoy el griterío público compiten tantas ideas, que su selección y ordenamiento difícilmente permitiría nada más que un acercamiento parcial. La acertada descripción del atribulado mercado de los mensajes que bullía en París nos ayuda a entender el estallido de la revolución, pero difícilmente su explicación podrá separarse de la crítica del privilegio nobiliario por parte de la burguesía, y de la crisis de subsistencia que se vivió en París aquel verano de 1789…

domingo, 9 de mayo de 2021

SPACAT2021 (12B) – CAP A FEBRER’36... I EL COP!

 

De Javier.ainet - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0,
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=15293971

La repressió de la revolució d’octubre també va deixar tocat el govern Lerroux, perquè encara que l’entrada dels ministres de la CEDA podia donar-li certa estabilitat, la presa de decisions dins d’aquell govern no seria fàcil. Un primer ministre d’agricultura de la CEDA, Manuel Giménez Fernández, va mostrar sensibilitat pels problemes dels camperols i la justícia social, però aviat va haver de dimitir per pressions dels propietaris, tota una campanya contra ell que el criticava com si fos un “bolxevic blanc”. Un dels seus successors en el càrrec, el latifundista Nicasio Velayos Velayos, va expulsar milers de famílies de les terres que conreaven i va presentar una reforma de la llei agrària que suprimia les expropiacions. La CEDA també va presentar una proposta de reforma constitucional sense gaire acord amb els radicals que l’acompanyaven en el govern: suggerien retallar autonomies, anul·lar el principi de socialització de la propietat privada, escollir un senat com a segona cambra i reformar els articles laics... la comissió encarregada de discutir-la va ser un galimaties. Un tercer tema d’enfrontament va ser la pròpia repressió: encara que es van acomplir dues de les 17 penes de mort dictades pels fets d’Octubre, quan el president de la república va commutar la pena de mort a dos dirigents socialistes (1935) alguns dels ministres de la CEDA –que reclamava sentències més dures- van dimitir. Aquesta crisi de govern va precipitar les eleccions de febrer de 1936.

 

Santiago Casares Quiroga, 
president del govern 
(maig a juliol'36)

El resultat va ser una important victòria d’esquerres, la situació política tornava a fer un gir. Segur que hi van influir l’empitjorament de la situació del proletariat amb el progressiu impacte del crack, i l’efecte psicològic de la repressió d’Octubre, mitificada quan la campanya electoral va retornar la llibertat de premsa. En plena inflació, la premsa s’omple de notícies sobre els escàndols de corrupció del govern Lerroux. Que Izquierda Republicana s’havia convertit en un fenomen de masses ja ho havien demostrat els mítings de Mestalla (100.000 persones el 26-5-1935), Baracaldo (14-7-1935) i Comilla (200.000 el 20-10-1935); però les reunions militars van fer córrer rumors que anunciaven la trama d’un pronunciament també devien contribuir. L’aliança estratègica del partit d’Azaña amb l’esquerra galleguista, els socialistes, la UGT, el PCE, el POUM i el partit sindicalista d’Àngel Pestaña va concentrar el vot de tal manera que la victòria va estar prou segura.

 De seguida que es va establir al poder, el Front Popular va desplegar un munt de mesures que considera urgents per a restablir l’ordre republicà: l’amnistia política, clamorosament exigida en noves manifestacions espontànies d’alegria popular, va beneficiar 30.000 presos; es va reposar Companys, la Generalitat, l’Estatut i el nivell d’autogovern anterior a 1934; van entrar a les corts per a seva discussió l’estatut basc (que s’aprovaria l’octubre, ja començada la guerra) i el gallec; es va publicar un decret de readmissió dels treballadors acomiadats per les represàlies polítiques durant la revolució d’octubre i es van impulsar les mesures encaminades a restaurar els projectes reformistes alterats durant el segon bienni. Així va passar amb la reforma agrària: en 4 mesos es van ocupar 232.199 Ha i es van assentar 71.919 colons, molts més que en tot el període de vigència de la llei. Es va començar a estudiar un augment progressiu dels impostos sobre la riquesa rústica (que gravaria la concentració de propietat) i el rescat dels béns comunals dels municipis  (una des-desamortització que volia revisar l’espoli municipal del segle XIX). I també es va allunyar de la capital, mitjançant noves destinacions, dels comandaments militars considerats proclius al cop: Goded a Balears, Franco a Canàries, Mola a Pamplona. Potser ja era tard, perquè el cop s’havia posat en marxa.

 


El problema d’aquest cop és que la propaganda franquista, repetida durant tants anys, ha deixat una imatge del cop com un “plebiscit armat” contra una “revolució en marxa” després d’una “primavera revolucionària” que hauria obligat l’exèrcit a posar-se unànimement en marxa per evitar la deriva del país cap a un comunisme exterminador. La visió del cop està plena de tòpics que tenen ben poc a veure amb la realitat... Per començar, el cop no va ser una operació organitzada per tot l’exèrcit, sinó pels africanistes i els sectors més conservadors, reunits en la UME, la Unión Militar Española. De fet, dos de cada tres generals no hi van col·laborar: els colpistes van ser, amb prou feines, 4 dels 14 generals de divisió que hi havia, i 20 dels 58 generals de brigada. Tampoc no hi va col·laborar el 70% dels coronels i tinents coronels. És cert que va tenir molt més èxit entre tinents i capitans, però els colpistes van haver de construir un discurs que desqualificava els militars que es van mantenir fidels a la república com si fossin una minoria, i aquest discurs va triomfar perquè encaixava amb l’antimilitarisme dels sectors més arrauxats de l’esquerra, que el repetien amb delit. Molts dels que van participar havien cedit després de votacions en les sales de banderes de les casernes: a la de Sant Andreu, per exemple, el comandant Guillermo Reinlein (el seu fill fundaria la UMD el 1974) es va unir per quedar en minoria i, empresonat a Montjuïc quan el cop va fracassar a Barcelona, es va salvar pel seu passat conspirador contra el rei (i hauria d’anar a la División Azul per fer-se perdonar)...

Tampoc no és una conxorxa estrictament militar. La importància de la trama militar no ens pot fer oblidar que hi havia una important trama civil, que és principalment monàrquica i estava liderada per Calvo Sotelo. El model era Grècia, on el 1935 els generals Metaxas i Konditis havien enderrocat el republicà Tsaldris per forçar el retorn de Jordi II. Els qui traslladen Franco de Canàries al Marroc –amb l’avió que Ignacio Luca de Tena, propietari de l’ABC, encarrega llogar al seu corresponsal a Londres, Luis Bolín, els qui firmaran els contractes d’aprovisionament d’armes a Itàlia, i l’aval del financer mallorquí Juan March en son un exemple.

 Tampoc no va ser un cop domèstic. Els contractes italians demostren que Mussolini està molt implicat des de 1933, però les sancions imposades per la SDN amb motiu de la invasió d’Etiòpia aturen la seva importància fins que, superades les friccions per Àustria i fixada l’amistat amb Alemanya, Mussolini pot tornar a concentrar-se en la Mediterrània. Calvo Sotelo arriba a justificar el dictador italià en un article a La Nación: i és que les estretes relacions amb el Duce van permetre la signatura amb fabricants italians d’armament dels contractes que, segons Ángel Viñas, rondarien els 40 milions de lires (uns 34 milions d’euros d’avui). Per això Pablo Gil Vico diu que “no se iba a la Vicalvarada”.

No hi ha cap participació de l’església en el disseny del cop: el problema religiós no sembla motor del cop, no es va fer servir com a propaganda fins setmanes després. No sembla clar quin projecte tenien, sembla que Mola pensava en una dictadura republicana, que –controlat Madrid, dissoltes les corts, suspesa la constitució- jutjarien els polítics. Però, sense suport de tot l’exèrcit, el cap d’estat o les forces de seguretat, com el 1923, la recerca de suports polítics i financers feia difícil fixar el projecte. Mola necessitava els carlins (que preferien la monarquia tradicional al retorn dels Borbons), i per això no es va concretar la forma d’estat.

 No és cert que el cop va ser una reacció a l’assassinat de Calvo Sotelo, el 17 de juliol de 1936. La trama s’havia posat en marxa ja en el moment en que va guanyar les eleccions el Front Popular i la seva organització va ser molt primerenca. Ja aquells dies de febrer Gil Robles pressionava Manuel Portela Valladares per declarar l’estat de guerra i evitar la presa de possessió, igual que Franco va fer amb Alcalà Zamora. Però el president del govern, del partit radical, va demanar Alcalà Zamora el nomenament d’Azaña com a president en funcions per accelerar la segona volta. Va ser en aquest context que el nou govern d’Izquierda republicana va destinar lluny Goded (Balears), Franco (Canàries) i Mola (Pamplona).

 

Tampoc no és cert que els presumptes disturbis esdevinguts durant aquella primavera fossin el motor del cop, amb prou feines una excusa exagerada per a justificar-lo.  S’intenta parlar d’aquell moment com una “revolució en marxa” estenia el “terror roig” amb el vistiplau del govern. Per començar hem de dir que les xifres denunciades al parlament per Calvo Sotelo i Gil-Robles, de febrer a abril, van ser exagerades. En un famós discurs, van fer un inventari dels mesos de febrer, març i abril: 163 seus polítiques i domicilis particulars havien estat assaltats, 106 esglésies cremades, 11 vagues generals, 169 motins, 39 tirotejos, 85 agressions, 24 atracaments. El balanç d’aquesta violència ascendia a 345 ferits i 74 morts. Ni les fonts provinents dels governs civils, ni registres de la guàrdia civil, ni la pròpia premsa permeten contrastar aquestes dades, i això fa pensar en la presumpta existència d’una estratègia de desestabilització que combina pistolers falangistes amb discursos catastrofistes dels diputats ultres, que no sabem fins a quin punt és una pinça conscient/preparada. L’anècdota per la que Azaña, quan Niceto Alcalà-Zamora li parlava d’unes presumptes violacions, li responia “¿Y qué tiene que ver el triunfo electoral de las izquierdas, con el virgo de las mozas de Jumilla?”, sembla insinuar que s’atribuïen a la responsabilitat política del govern crims que poc hi tenien a veure (si és que existien).

És més: el recompte de les víctimes de la violència política durant la primavera’36 desmenteix la inhibició del govern (la majoria van estar per la duresa repressiva de l’estat republicà contra la mobilització popular, obrera, camperola i sindical que desplegava un ample repertori intimidatori contra propietaris i institucions en forma de vagues, manifestacions o iconoclàstia). Rafael Cruz va observar la contradicció dels qui acusen de despotisme la república alhora que denuncien la seva debilitat per mantenir l’ordre al carrer.

Tampoc no permet parlar de cap “revolució en marxa” ni “terror roig” el fet que en aquesta violència no es pot advertir cap dinàmica d’extermini o assassinats d’enemics de classe: hi va haver més empresaris assassinats durant el pistolerisme (i en aquell moment la situació es va resoldre amb una dictadura convencional); de fet hi van haver tan poques víctimes entre la gent d’ordre que Calvo Sotelo en seria, gairebé, l’excepció.

sábado, 1 de mayo de 2021

SPACAT2021 (12A) – LES CONSEQÜÈNCIES D’OCTUBRE’34

Guardia civiles custodiando prisioneros de la huelga  en Brañosera (Palencia)

Per tal de reprimir la revolta, el govern va enviar la Legió, comandada pel general Franco, des del front colonial africà. La resistència dels prop de 30.000 miners asturians va perllongar-se durant deu dies i va anar acompanyada d’una terrible repressió. Més de mil minaires van morir en la revolució asturiana en execucions sumaríssimes. A Catalunya, l’estat català proclamat per Companys a l’espera del triomf de la vaga general va durar 10 hores: sense el suport de la CNT ni massa interès per la població, l’exèrcit va poder ocupar ràpidament els punts neuràlgics de Barcelona sota el comandament del general Batet després de quatre canonades i alguna resistència per part d’un grup nacionalista a les Rambles. Els caps de la revolta, encapçalats pel president Companys, van ser empresonats al vaixell Uruguay; també ho serien els alcaldes i regidors que havien donat suport a la insurrecció i els dirigents més destacats dels partits i els sindicats d’esquerres.

La Revolució d’Octubre (els Fets d’Octubre a Catalunya) constitueixen un tema historiogràficament molt polèmic. Encara podem trobar circulant una interpretació conservadora molt barroera, que hi veu una revolta bolxevic per instal·lar-hi el GULAG, i acusa PSOE i ERC d’haver iniciat aquí –com diu l’historietògraf Pío Moa- la guerra civil. Aquesta visió carrega especialment les tintes contra Francisco Largo Caballero, que presidia el PSOE en aquell moment i era, alhora, secretari general.

- La definició d’aquest sector del PSOE com a radicalitzat va néixer de la propaganda franquista posterior, i encara la defensava durant la Transició Andrés de Blas (1978) quan veia en Prieto un sector més reformista/moderat contra el qui Largo defensava impugnar la democràcia per caminar cap al socialisme, en una “revisió leninista”. 

-  De manera semblant s’expressava Marta Bizcarrondo (1975):  deia que havia estat un convers sincer al socialisme revolucionari que demana la inclusió en el programa del PSOE de la dictadura del proletariat, però –contradictòriament- alhora li criticava “falta de pes teòric marxista”.

-          Aquesta paradoxa també es podia trobar en un llibre que Santos Juliá (1977) va dedicar a “La izquierda del PSOE”: hi veia un reformista de discurs maximalista amb praxis no adequada a la radicalitat que s’afirmava.

Malgrat constatar la incoherència entre discurs i pràctica política, el tòpic de Largo Caballero com un “Lenin espanyol” ha arribat fins avui, i explica el tracte desconsiderat que li ha dispensat recentment, no sense polèmica, l’ajuntament de Madrid. De la radicalitat dels discursos que es prenen com a font per a dissenyar aquesta imatge intolerant no hi ha dubte: El Socialista en recollia un el 9-11-1933 en el què –després d’un retret per defensar la dictadura del proletariat- Largo responia “Pero ¿es que vivimos en una democracia? Pues ¿qué hay hoy, más que una dictadura de burgueses? Se nos ataca porque vamos contra la propiedad. Efectivamente. Vamos a echar abajo el régimen de propiedad privada. No ocultamos que vamos a la revolución social. (…) Dudo que se pueda conseguir el triunfo dentro de la legalidad. Y en tal caso, camaradas habrá que obtenerlo por la violència”. Una altra cosa és el que significa la “dictadura del proletariat”, un concepte marxista que es refereix al monopoli del poder amb què el proletariat havia de respondre al mateix monopoli per part de la burgesia que es vivia a Occident (i que no era un règim tirànic). Hem de vigilar no aplicar amb presentisme el que nosaltres sabem que acabarà estant la URSS amb el que presumptament defensava l’esquerra dels anys trenta...

És més: prendre al peu de la lletra la retòrica electoral ens obligaria a fer el mateix amb altres partits, i la CEDA no sortiria massa ben parada. Per si fos poc, buidar els discursos ens permetria trobar referències a les mesures impulsades per Largo Caballero com a ministre de treball, defensades ja en aquell moment per la OIT, que no són les polítiques pròpies de cap radical. El destí de la Rotes Wien també omple els seus discursos i els analistes les menystenen perquè farien comprensible el procés de radicalització que viuen els sectors més joves i dinàmics del PSOE.

 

Aquesta visió més socialdemòcrata és la que va defensar el professor Julio Aróstegui en la biografia que va escriure de Largo Caballero: aprofitant que el PSOE era un partit tan democràtic que es pot fer una exegesi profunda de les actes de les reunions (on es feien constar totes les posicions i debats), va donar-li menys importància als discursos i la premsa. Apareix un personatge menys carismàtic, que es remet contínuament a la classe i al partit, molt poc dogmàtic, més proper a Pablo Iglesias que a cap ínfula comunista, i que –fent de mitjancer entre militància i jerarquia del partit- participava de la necessitat de “fer alguna cosa” davant l’ascens del feixisme. Les diferències amb Indalecio Prieto no serien ideològiques, sinó sobre quins partits havia de pactar el PSOE en el seu camí cap al socialisme: amb els republicans (com deia Prieto) o amb l’esquerra (com deia Largo)?. Aróstegui no nega, però, la deficient organització de la vaga general de 1934 i, lluny de justificar-la, la veu com un greu error polític; però això no vol dir que l’esquerra hagi canviat massa en la interpretació d’Octubre de 1934.

Des de l’esquerra s’ha volgut veure en el moviment una defensa desesperada de la República violada per la dreta malgrat que es va posar en marxa quan encara els ministres de la CEDA convidats a entrar en el govern Lerroux encara no havien signat ni un paper. Es justifica aquesta interpretació amb la intensitat creixent dels discursos de Gil Robles, que ja el 29-11-1933 havia anunciat que les dretes havien de preparar-se per a prendre el poder. “¿Cuando? Cuando se pueda. ¿Con qué régimen? Con el que sea”.

-          Manuel López Esteve ha volgut veure-hi també la resposta a la “guerra social” desencadenada per un govern que encara no havia canviat les lleis però sí les condicions de vida dels obrers i els camperols: el febrer de 1934 havia ordenat abandonar les ocupacions provisionals i els ministre de Governació Rafael Salazar Alsonso va declarar la collita un “servei nacional”.

-          Ja hem parlat de la consigna “abans Viena que Berlín”, traduïble per “millor rebelar-se que esperar assegut el degollament”. Per entendre Octubre’34 caldria afegir que els esdeveniments de França van obrir la possibilitat de resistència de la societat civil contra el feixisme: quan les Lligues reaccionàries i parafeixistes de la Croix-de-Feu, Action Française i les Jeunesses Patriotes van convocar manifestacions conjuntes que volien fer caure el govern, les forces de seguretat hi van plantar cara en violents enfrontaments que es van saldar amb 17 morts i més de 2.000 ferits. La dreta parlamentària havia demanat la dimissió del govern i l’esquerra –interpretant l’estratègia com un complot feixista- va convocar una contra-manifestació (9 de febrer) que –a més de postergar l’amenaça- va permetre, de la mà de la barreja de comitives sindicals, els primer contactes entre partits i sindicats per a construir el Front Popular que guanyaria les eleccions a França. L’exemple d’una societat civil aturant el feixisme, devia esperonar també un “hem de fer alguna cosa” entre els sectors més arrauxats del moviment obrer espanyol.

LES CONSEQÜÈNCIES DE LA REVOLUCIÓ D’OCTUBRE. Dels dos milers de víctimes, 1700 van ser minaires caiguts en combat, la resta forces de l’ordre. Milers d’acomiadats per participar en la revolta i 30.000 detinguts van marcar l’actualitat del país durant el següents mesos. El balanç a Catalunya va ser també demolidor: Companys i els seus consellers van ser condemnats a trenta anys de presó; l’estatut de 1932 i la Generalitat van quedar suspesos (malgrat que la dreta demanava derogar-los). Fins i tot Azaña –que es trobava a Barcelona per assistir al funeral de Jaume Carner, el seu antic ministre d’Hisenda- va ser detingut, i això –després de publicar “Mi rebelión en Barcelona”- va disparar el seu prestigi. El seu nou partit, Izquierda Republicana, celebrarà grans mitings massius radiats i a l’aire lliure: Mestalla a València, Baracaldo a Biscaia i el Camp de Comillas a Madrid (1935).

L’exèrcit es va sentir desairat perquè esperava penes de mort (i el president de la República va commutar les poques que es van dictar). Per això Franco es retraurà sempre a 1934 quan dicti la seva justícia sumaríssima. La dreta va sentir confirmades les seves sospites: els obrers busquen la revolució, els republicans són dèbils per aturar-los i, com els fets semblaven demostrar, l’única salvació havia de ser l’exèrcit. Això explica un discurs posterior de Calvo Sotelo: “el Ejército es el mismo honor de España. El señor Azaña decía que el Ejército no es más que el brazo armado de la Patria. Falso, absurdo, sofístico: el Ejército se ha visto ahora que es mucho más; no diré que sea el cerebro, porque no debe serlo, pero es mucho más que el brazo, es la columna vertebral, y si se quiebra, si se dobla, si cruje, se quiebra, se dobla o cruje con él España”.

Per la seva banda, l’esquerra, conscient de que la revolució no els permetria arribar al poder, va optar per la coalició electoral, una aliança estratègica que acordava un govern de republicans amb suport extern del PSOE i altres partits. José Luis Martín Ramos troba en el context internacional el camí cap al Front Popular: per una banda la sortida de Hitler de la SDN havia pressionat la URSS a demanar un sistema de seguretat col·lectiva i, seguint el model que a França demanen les bases d’esquerra, la III Internacional suggeria als partits comunistes buscar l’aliança amb liberals, burgesos i socialdemòcrates. Tant Viena com Astúries demostraven que la revolució era inviable, i calien aliances transversals interclassistes per aturar el feixisme. Així doncs, no es pot dir que el Front Popular era cap “cavall de Troia” del comunisme, sinó una tàctica de lluita antifeixista. Llistes, candidatures i programa mostren hegemonia no obrera en el si de la coalició: abolició pena de mort, sistema fiscal progressiu, sancions a la patronal si incompleix legislació laboral, o seguretat social, eren recomanacions coetànies expressades per l’OIT.

La repressió de la revolució d’octubre també va deixar tocat el govern Lerroux, perquè encara que l’entrada dels ministres de la CEDA podia donar-li certa estabilitat, la presa de decisions dins d’aquell govern no seria fàcil.


domingo, 25 de abril de 2021

SPACAT2021 (11) – EL CANVI D'ORIENTACIÓ DE LA REPÚBLICA


L’OPOSICIÓ A LES REFORMES. Les reformes desplegades durant el primer bienni no solament van despertar la fina crítica dels intel·lectuals i les dels partits de dretes que defensaven els interessos de monàrquics, tradicionalistes o grans propietaris. També van sorgir noves formes d’oposició, com les Juntes d’Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS), que amagaven darrera del jou i les fletxes dels Reis Catòlics un programa anti-liberal, anti-marxista, anti-semita i imperialista, o la Falange Espanyola que presentava el fill del dictador al Teatre de la Comèdia de Madrid el dia que s’acomplien 11 anys de la Marxa sobre Roma que havia dut Mussolini al poder: José Antonio Primo de Rivera defensava un programa polític de 26 punts (un mes dels que havia defensat Hitler el 1920) que semblava definir un projecte de tercera via: repudiava tant el marxisme com el capitalisme per a inspirar una voluntat d’imperi i –sorprenentment- defensava la reforma agrària radical i la nacionalització de la banca.  El mateix José Antonio deia que el feixisme era una fe “ni de derechas, que en el fondo aspira a conservarlo todo, incluso lo injusto, ni de izquierdas, que aspira a destruirlo todo, hasta lo Bueno”. Aquesta verborrea i l’escassa projecció electoral del partit han permès la falangística més irredempta identificar José Antonio com “el creador d’una doctrina original”, malgrat que els 26 punts són la típica barreja inconsistent de confosos principis que, en l’inici dels feixismes, atrau votants de tot arreu. Falange tindria, però, escàs resò: l’oposició de dretes més influent es va organitzar entorn de la CEDA, la Confederació Espanyola de Dretes Autònomes, que –englobant agraris, monàrquics i tradicionalistes- amb prou feines van poder redactar un programa comú de mínims basat en la revisió de la constitució i les reformes (sobre tot les laïcistes), l’aturada de la reforma agrària i l’amnistia per als participants de la Sanjurjada. 

Lentitud i moderació de la reforma agrària també va impulsar l’oposició a l’esquerra: la CNT va inspirar dures vagues rurals molt violentes: a Castillblanco (Badajoz) a finals de 1931, a Armedo (Logronyo, el gener de 1932, amb 7 manifestants morts), a Castelar de Santiago (Ciudad Real, el desembre de 1932)... Però potser els successos de Casasviejas (gener de 1933) són els més coneguts perquè provocarien la caiguda del govern Azaña. En aquesta població gaditana quatre de cada cinc obrers estava en atur permanent, i en meitat d’una vaga es va assaltar una caserna i es van assassinar dos guàrdies civils. L’expedició de resposta per part de la guàrdia d’assalt va arrencar d’alguns detinguts sospites dels fills de Francisco Cruz Gutiérrez, àlies Seisdedos, un carboner de 72 anys que s’havia refugiat en una vella casa i –quan van provar de forçar la porta- va disparar i matar un agent. Es va decidir cremar la casa perquè sortíssin, i sis persones van morir calcinades. El periodista Ramón J. Sender va suggerir més tard que s’havien assassinat a posteriori altres sospitosos i la polèmica va arribar amb duresa a la premsa. La dreta va aprofitar la tragèdia per desgastar el govern; Azaña va haver de declarar com a testimoni en el judici contra el capità responsable de la desmesurada repressió. Alcalá Zamora va decidir convocar eleccions.

Les eleccions de novembre de 1933 les van guanyar la CEDA (115 diputats) i el Partit Radical (102); l’esquerra es va enfonsar. Encara que s’ha vinculat aquest resultat a la primera participació femenina en la votació, presumptament conservadora per influència de l’església, aquest argument no acaba de quadrar perquè en les eleccions posteriors també van participar les dones i va guanyar l’esquerra. També s’ha suggerint que l’abstenció que va recomanar la CNT per a castigar els partits del govern podria haver estat decisiva, tot i que el desengany davant la moderació i la lenta aplicació de les reformes podria haver desmobilitzat molts més votants que els anarco-sindicalites. Del que no hi ha dubte és que la desunió de l’esquerra va facilitar la victòria de la dreta que es presentava estratègicament unida, i que aquesta victòria va inaugurar el BIENNI RADICAL-CEDISTA (11/1933 a 2/1936). Alcalá Zamora va encarregar formar govern a Lerroux, en tant la CEDA no havia fet una declaració solemne d’adhesió republicana. Lerroux va aconseguir el suport de la CEDA: el primer va justificar governar amb el seu suport extern com a via per a incorporar la dreta catòlica a la república, la CEDA com la millor manera per acostar-se al poder i poder reformar la constitució. Això seria, per a Gil Robles, el primer pas d’una estratègia en tres passos per a arribar al govern.

AQUEST POLÈMIC BIENNI (per a uns “bienni negre”, per a d’altres “rectificador”) donaria a la vida pública oficial un to molt conservador, i es pot subdividir en dues etapes separades per la revolució d’octubre de 1934: en la primera el Partit Radical governa amb suport extern de la CEDA, i des d’octubre de 1934 amb la CEDA dins del govern. La principal característica del període és la reforma de la tasca reformadora del bienni anterior. La paralització de la reforma agrària va crear focus de tensió a Andalusia i Extremadura, i sense política econòmica expansiva l’impacte del crack de 1929 va fer augmentar l’atur. Al conflicte social, que anava fent més violentes les alteracions de l’ordre públic perquè l’actuació del govern va sembrar la desconfiança de les classes treballadores, cal sumar el conflicte polític que van significar les tensions entre el govern central i el País Basc, i amb el govern de la Generalitat.

En matèria religiosa, la nova aliança del govern amb l’església li va permetre reobrir les escoles parroquials i emprendre de nou l’ensenyament. El clergat va tornar a cobrar el sou de l’estat, es van suprimir les normes laïcistes del primer bienni (com el matrimoni civil i el divorci) i es van aturar les expropiacions als ordes religiosos. Pel que fa al problema militar, quan Gil Robles arribi a Ministre (5/1935) es va polititzar l’exèrcit amb l’augment del pressupost i les promocions d’alguns militars africanistes (Franco arriba a cap de l’Estat Major Central i Mola a Comandant Militar del Marroc). Es pot dir que les concessions volien rebaixar la tensió sorgida en el si de l’exèrcit per les reformes d’Azaña, però s’haurà de reconèixer que també van posar les bases de la futura conspiració. Finalment, pel que fa al problema agrari, la participació del Partit Agrari en la CEDA va obligar a aturar la reforma: es van reduir el nombre de terres expropiables, es va suprimir l’inventari de finques, base de l’IRA, i es van anul·lar les expropiacions previstes sense indemnització. A més, en limitar-se el pressupost de l’IRA els canvis havien de ser tan lents que la previsió de colons feta inicialment hauria trigat 150 anys.

Mentrestant, a Catalunya la Generalitat aprovava la Llei de Contractes de Conreu per a superar la crispació que vivia el camp des que l’arribada de la fil·loxera a finals del s. XIX havia trencat l’estabilitat que venien mantenint des del segle XV els contractes de rabassa morta. La mort de les vinyes va ser aprofitada pels propietaris per a exigir una pujada dels lloguers que pagaven els rabassaires, generant un conflicte latent entre la Unió de Rabassaires (el sindicat que els defensava) i l’Institut Agrícola de Sant Isidre (que reunia els propietaris). Amb la llei es volia facilitar la compra per part dels llogaters que venien treballant els camps des de més de 12 anys ençà posant en valor els lloguers pagats fins aleshores com a part del valor de compra. Defensant els interessos dels propietaris, la Lliga va presentar un recurs contra la llei en el Tribunal de Garanties Constitucionals, que va sentenciar que la llei era inconstitucional i la va anul·lar. En senyal de protesta, els diputats d’ERC van abandonar el Congrés dels Diputats, i els diputats del PNB s’hi van sumar en solidaritat (i perquè el seu projecte estatutari no havia estat aprovat).

El referèndum de l'estatut basc-navarrés va ser el primer cop que van poder votar dones a Espanya; poques setmanes després ho farien en les eleccions generals de 11/1933

Ja el 1931 l’alcalde de Getxo havia proclamat la República, malgrat que el PNB no havia participat en el Pacte de Sant Sebastià; i una assemblea d’ajuntaments bascos i navarresos (del PNB i Carlins) havien redactat una proposta –l’Estatut d’Estella- que havia estat refusat per les corts perquè alguns continguts foralistes, confederals i confessionals els havien semblat de difícil encaix constitucional. Un tercer projecte, conegut com a l’Estatut de les gestores perquè havia estat redactat per unes comissions sorgides de les diputacions provincials (amb socialistes i republicans) havia estat votat el novembre de 1933 amb indiferència del govern radical i dels carlins navarresos. Però com que la població alabesa havia ignorat la votació, el govern central va fer-ho servir d’excusa per evitar debatre’l a les corts. Això va aproximar el PNB a Azaña i el PSOE...

Precisament els sectors més arrauxats d’aquest partit van començar a preparar una vaga revolucionària. La radicalització de l’ala més esquerranosa del socialisme va coincidir amb la crisi del govern central quan un sector del Partit Radical encapçalat per Diego Martínez Barrio –incòmode amb les cessions a la CEDA- va fundar el Partit Radical Democràtic i es va endur amb ell 20 diputats. La dificultat de Lerroux per governar va coincidir amb l’esclat d’un cas de corrupció, que la premsa va batejar com “l’estraperlo” perquè els socis del seu nebot, que venia ruletes falsejades als casinos, es deien Strauss i Pearl. Per resistir al front del govern no li quedava més remei que repenjar-se més en la CEDA, que venia exigint la seva entrada en el govern mentre demanava mà dura a Catalunya, on el parlament acabava d’aprovar de nou una llei molt semblant a la de contractes de conreu que havia estat declarada inconstitucional. Per si fos poc, la política agrària del govern conservador facilitava els desnonaments (amb la fórmula “comed república” que alguns propietaris es ventaven de presumir).

 

És en aquest context que s’entén l’esclat de la REVOLUCIÓ D’OCTUBRE. El conflicte es va desenvolupar en tres escenaris: a les grans ciutats la vaga general (triomfant a les províncies de Biscaia i Guipúscoa, i a Madrid) va punxar en pocs dies per la pèssima planificació. El govern va declarar l’estat de guerra i va mobilitzar l’exèrcit, reduint els focus de vaga. On la vaga revolucionària va adquirir més projecció va a ser a Astúries, con el suport de la CNT va permetre mobilitzar 20.000 minaires que van controlar la conca del Nalón, Gijón i Avilés, van entrar a Oviedo i van proclamar la República Socialista Asturiana. Organitzats en columnes, minaires armats i amb dinamita atacaven casernes, esglésies i ajuntaments, formant un exèrcit que avançava cap a Madrid mentre substituïen els ajuntaments per comitès revolucionaris. Alhora, les autoritats catalanes s’hi sumaven quan Companys anunciava que trencava tota relació amb les “institucions falsejades” i proclamava l’estat català “dins la república federal ibèrica”, convidant a formar un govern provisional a Barcelona.

domingo, 7 de marzo de 2021

SPACAT2021 (6) – TEMPS DE PISTOLERS (1918-1923)


 En un ambient d’eufòria col·lectiva, milers d’obrers barcelonins participaven el 19 de març de 1919 en un multitudinari míting a la plaça de toros Les Arenes, on la CNT buscava el consens entorn dels acords negociats amb el govern. El públic, enardit, reclamava l’immediat alliberament dels presos: volia mesures urgents. El darrer orador de l’acte, després de tantes intervencions interrompudes des de les grades, va evidenciar la inconsistència de tanta fanfarronada i oferia acceptar l’acord i fixar tres dies per al seu compliment abans d’assaltar Montjuïc. El discurs d’aquest personatge, Salvador Seguí, apaivagà els ànims, però alhora demostrava que –encara que la CNT havia demostrat molta força per doblegar la burgesia-, tenia dins seu una pulsió radical que –mitificant el passat terrorisme com a l’única manera d’enfrontar la intransigència patronal- s’estava radicalitzant.

A més del “noi del sucre”, també s’enfrontà a aquesta tendència en el si de l’anarcosindicalisme el jove Àngel Pestaña, que aquell 1918 havia assumit la direcció del diari Solidaritat Obrera. Fins aquell moment, el diari anarquista més potent havia insinuat activitats d’espionatge enemic durant la Gran Guerra, i ara passaria a publicar documents que la provaven. Quan el diari “El Sol” va entrevistar un ebenista de la CNT, Miguel Pascual (9-3-1918), que demostrava amb cartes del secretari de l’ambaixada alemanya que s’havien pagat campanyes contra ROmanones per desbancar-lo quan plantejava l’acostament a l’Entesa, i també s’havien finançat vagues, calia netejar la cara de la CNT. Per això el nou director de “Solidaritat Obrera” va publicar les proves que demostraven com el cap policial Miguel Bravo Portillo havia participat en l’assassinat pocs mesos abans del president de la Societat d’Industrials Metal·lúrgics Josep Albert Banet, perquè l’empresa subministrava municions a França.

 Alhora, Pestaña advertia del desprestigi que els atemptats projectarien sobre la CNT i insistia que terrorisme i anarquisme eren conceptes antitètics. Deia que els culpables de la violència eren els pistolers de la patronal i els agents provocadors, que la CNT s’havia vist obligada a defensar-se del terrorisme patronal (tot i que més endavant, a “Lo que aprendí en la vida”, va escriure que “Por duro, por violento y doloros que sea para nosotros confesarlo, hay que decir que los hombres que entonces mataban, que los autores morales, los que inducían (…) vivían en los medios anarquistas y sindicalistas, eran miembros visibles de la organización y de los grupos”.

El context internacional també va afavorir la violència cenetista, perquè el Congrés de la Komintern de 1920 suggeria buscar compromisos amb els partits burgesos, i sectors de l’anarcosindicalisme volien encarnar l’essència de la radicalitat revolucionària mentre veien socialdemòcrates i ara comunistes entrar en el joc electoral del parlamentarisme liberal. Per què el moviment obrer obria aquesta via pragmàtica? Perquè les revolucions iniciades a Europa amb l’ensorrament dels vells imperis (a Baviera, Eslovàquia i Hongria, però també pels carrers de Berlín i Viena) havien estat durament reprimides. De les aspiracions a la revolució mundial amb prou feines quedava un espantall, perquè arreu s’havien organitzat unions cíviques, milícies patriòtiques i grups paramilitars que havien destruït tota esperança revolucionària: els freikorps que van assassinar Rosa Luxemburg en serien el prototip, però –quan els veterans llicenciats organitzats en fasci di combattimento van acabar el biennio rosso italià (1918-1920)- qualsevol contagi revolucionari quedava tallat. Gramsci escriuria que a Rússia havia triomfat la revolució perquè el despotisme del tsarisme tenia ben pocs suports socials i la seva intransigència cohesionava l’oposició, però els règims constitucionals occidentals tenien instruments per a reconduir la protesta popular: eren societats civils més complexes a les que, combinant consentiment i recurs a la força, es podia complaure o desmobilitzar amb certa facilitat. Segons la intel·lectualitat marxista, doncs, la revolució havia triomfat per les peculiaritats russes, i, convertida en un instrument de l’estat soviètic que ara necessitava consolidar-se, la Komintern va fixar les “21 condicions” d’ingrés, fent dels partits comunistes –com el fundat a Espanya el 1921- titelles de Moscou.

La por patronal no era, però, cap invent: la vaga de la Canadenca no espantava la burgesia per la violència desfermada ni pels objectius dels obrers (encara poc revolucionaris), sinó la disciplina demostrada. També el ressò de la revolució mundial en el “trienni bolxevic” al món rural (1918-1921) durant el que es van cremar collites, destruir màquines i produir xocs violents entre vaguistes i latifundistes. FTN va definir l’actuació de Romanones com a una indignant claudicació: recompensava els criminals amb la jornada de 8 hores. En connivència amb la Patronal, el capità general Milans del Bosch, conscient que la debilitat de la CNT era aquella tensió que s’havia mostrat en el míting de Les Arenes, es va negar a alliberar els presoners. La CNT va provar de convocar una nova aturada, mentre el capità general declarava l’estat de guerra (sense consultar Romanones, en un acte de sedició en tota regla contra l’autoritat civil). Després de la recent vaga, la nova convocatòria no va prosperar, i la violació de l’acord per part del capità general va donar protagonisme als sectors radicals de la CNT, que –deixant enrere els atemptats protagonitzats per solitaris individus que executaven espectaculars accions amb dinamita contra personalitats- es van convertir en professionals de la pistola que protagonitzaven assassinats selectius contra l’enemic de classe: propietaris, fabricants, capatassos, esquirols, etc. Així va començar el PISTOLERISME, una espiral de violència protagonitzada per provocadors, confidents, aventurers, espies aturats després de la Gran Guerra i joves radicalitzats (sovint immigrants del sud que havien importat el record de la Mano Negra i el radicalisme més primitiu) que, a sou del millor postor, provocaven la resposta del bàndol contrari, impossibilitant cap solució política.

La percepció patronal de la impotència de l’estat per mantenir l’ordre va conduir-la substituir-lo per una aliança amb la milícia que acabaria definitivament amb l’autoritat de l’estat. Quins instruments va utilitzar? Primer de tot, la CONFEDERACIÓ PATRONAL ESPANYOLA, una Associació de patrons i guarnició que suggereix la sindicació forçada (esperit gremial) com una eina per a superar els conflictes laborals en tribunals estatals (així debilitarien la CNT). Alhora que patrocinava aquesta idea, però, també pressionava les autoritats per demanar mà dura, i es coordinava amb l’exèrcit per impulsar altres mesures de força:

-          SOMATÈN. Milícia catalana rural medieval contra el bandidatge que s’havia recuperat durant les carlinades i que ara es convertia en una força paramilitar urbana de la “gent de bé”, presumptament interclassista (tot i que comandada pel Marquès de Comillas, o el Comte de Godó). Patrullava carrers amb armes llargues (fusells o escopetes) sota l’autoritat militar amb finançament patronal, dedicant-se a arrestar, fer llistes negres o registres domiciliaris.´

-          El LOCKOUT (tancament empresarial) de les fabriques, tallers i comerços per temps indefinit, deixant al carrer i sense sou milers d’obrers i les seves famílies

-          Un nou sindicat per competir amb la CNT, el SINDICAT LLIURE, dirigit per carlins i tradicionalistes. No va tenir l’èxit que tenien a França o Itàlia, la col·laboració entre classes en un entorn paternalista no va despertar simpaties entre la classe obrera.

-          La LLEI DE FUGUES (1921), és una expressió aplicada accions extralegals contra empresonats, als que es posava en llibertat i a la sortida de la presó se’ls matava a trets amb la justificació que volien escapar-se. El 1921, dels 22 cenetistes morts, 12 ho van ser amb aquest proceidment. Com a represàlia, assassinen Eduardo Dato (3 anarquistes catalans: Mateu, Nicolay i  Casnellas, que van disparar des d’una moto amb sidecar contra l’automóvil oficial) oficial.

Aquesta múltiple ofensiva y la violència sistemàtica impulsada pel governador civil de Barcelona, Severiano Martínez Anido, explica que el nombre de víctimes del pistolerisme sigui majoritàriament obrera. El llibre d’Amàlia Prada situava tots els assassinats en el mapa per a demostrar que la violència es produïa sobre tot en els barris obrers (Poble Nou, Poble Sec, Sant Martí, Casc Antic, o Sants) i, encara que en la identificació de les víctimes s’hi detectaven policies, pistolers, patrons, encarregats o obrers anti-sindicals, la major part de les víctimes van ser obrers anarcosindicalistes.

Sobre aquesta espiral de violència creixent va caure el 1921 una mala notícia provinent del Marroc. La guerra colonial venia marcant l’evolució de l’estat, perquè –a més d’augmentar la distància entre el sistema polític i una part considerava de la societat espanyola que no participava dels interessos colonials- anava accentuant la divisió interna de l’exèrcit i va estimular les ja per si perceptibles inclinacions autoritàries del rei. El conflicte s’havia cronificat en una contínua guerra de guerrilles, tímides ocupacions de noves posicions, i reaccions violentes de les cabiles... fins que, que, a Annual, una ofensiva mal planificada i una confusió inesperada van generar una retirada confosa i massiva que va deixar 9.000 cadàvers al desert.

 L’opinió pública va quedar en shock i en el parlament bullien les exigències de responsabilitats. Així que el ministre de la guerra va haver d’encarregar un informe sobre el que havia passat al Marroc. La investigació va estar encapçalada pel general Juan Picasso (un familiar del pintor), i per això el coneixem com l’Expedient Picasso. L’informe qualificava de negligent l’actuació del general Berenguer (l’Alt Comissari al protectorat) i de temerària la del general Fernández Silvestre, que semblava havia estat en relació contínua amb el rei. L’exigència de responsabilitats per part de la classe política va incomodar molt l’exèrcit i, probablement, Alfons XIII. Però el ple del parlament en què s’havia de parlar de l’Informe redactat pel general Picasso no es va arribar a reunir mai, perquè pocs dies abans es va posar en marxa el pronunciament militar que va convertir –gràcies al vistiplau reial- al capità general de Catalunya, el general Miguel Primo de Rivera, en el cap del govern. El rei acceptava una dictadura!

sábado, 6 de marzo de 2021

SPACAT2021 (5B) – IMPACTE DE LA GRAN GUERRA. CRISI DE 1917

ESPANYA, NEUTRAL! La solemne declaració de neutralitat anunciada pel govern d’Eduardo Dato l’agost de 1914 no deixava de ser una declaració d’impotència, perquè implicava admetre que no hi havia els mitjans militars necessaris per afrontar una guerra moderna (tal i com demostraven les dificultats al Marroc). La marginalitat en el context europeu havia mantingut Espanya fora de les aliances: l’acostament a l’Entesa pel Marroc tot just havia impulsat la construcció de cuirassats el 1908, però –com que Itàlia va romandre neutral perquè la Triple Aliança era defensiva i havia estat Àustria la que havia atacat Sèrbia- la neutralitat espanyola es va consolidar. Així doncs, Espanya no va entrar a la guerra, però la guerra sí va entrar a Espanya. De fet el podem considerar un estat manipulat pels contendents:

-          Hi van crear xarxes de centenars d’agents de (contra)espionatges que feien seguiments, identificacions, vigilàncies en hotels, carrers i ports. Espanya es converteix en el principal escenari de la guerra d’espies (que procura un "modus vivendi" a pescadors, recepcionistes d’hotels, personal de neteja de les ambaixades o cantants famoses).

-          Alemanya mirava de dificultar la producció, venda i transport de les exportacions, finançant vagues, pagant centenars d’informadors ocasionals i enfonsant vaixells. Quan el liberal Romanones va publicar l’article “Neutralidades que matan” demanant prendre partit (18-8-1914), van finançar una campanya a la premsa que l’acusava d’afavorir  els seus interessos miners involucrant Espanya en les aliances... va haver de dimitir!

        L’article va obrir un cru debat entre aliadòfils i germanòfils que demostrava la profunda divisió de la societat espanyola: sectors de la noblesa i l’exèrcit desitjaven la victòria d’Alemanya, l’església criticava la França laica i la Itàlia “usurpadora”. El món anarquista era fervent partidari de la neutralitat, i el republicà era obertament francòfil (encara que Lerroux, a més, era partidari de la intervenció). El PSOE va passar de la inicial condemna de la guerra burgesa al suport a la democràtica Entesa. Els liberals eren neutralistes, però Romanones volia anar més enllà de la benevolència amb els aliats. Fins i tot el carlisme es va trencar: el pretendent, Don Jaume, era aliadòfil, però les bases dirigides per Juan Vázquez de Mella eren germanòfiles. I els sopars de Nadal de la família reial no devien ser més unànimes: el rei admirava el militarisme alemany, la seva mare era austríaca i, alhora, era anglòfil –malgrat Gibraltar- per matrimoni.

 El caràcter de “guerra total” de la contesa, que obligava els participants a consagrar totes les seves forces i recursos a l’esforç bèl·lic, els feia aprovisionar-se en els estats neutrals. Així va ser com les exportacions espanyoles es van disparar, però, lluny de procurar una època de prosperitat generalitzada, van disparar la conflictivitat social perquè els fabricants van reservar la major part de la producció a l’exportació (que els procurava alts beneficis ràpids) i en els mercats interns (mal proveïts) es van disparar els preus. El poder adquisitiu de la classe obrera va caure en picat i les conseqüències d’aquesta inflació no es van fer esperar:

-          Els extraordinaris beneficis comercials i industrials van estimular un procés corporativista que xocava amb l’encotillada classe política dinàstica (més vinculada a sectors tradicionals de l’economia)

-          L’espectacular augment del pes de l’economia catalana va estimular la Lliga a superar el torn dinàstic. El 1916 arrasa en les eleccions amb l’eslògan “Per Catalunya i l’Espanya Gran” i –liderant els interessos industrials- impedeix l’aprovació d’un impost sobre els “beneficis extraordinaris” que el ministre d’Hisenda Santiago Alba volia impulsar per a finançar cobertures socials.

-          Violents episodis de protesta popular (motins de subsistències, assalts a comerços i fleques, baralles als mercats) desborden el PSOE-UGT, que es van radicalitzar.

-          Els preus també van afectar els funcionaris, inclosa l’oficialitat castrense, que van buscar solucions corporatives en sector com les duanes, correus, telègrafs... o l’exèrcit.

La situació va empitjorar quan els alemanys van anunciar la “guerra submarina sense restriccions” (1917): Espanya, que abans de la guerra tenia la desena marina mercant del món, perdrà el 25% en 128 atacs alemanys en els que moriran un centenar de mariners. Mentre la premsa aliadòfila hi veia “una declaració de guerra alemanya”, exigia “contundència en la resposta” i advertia que Espanya era “econòmicament bel·ligerant”, la premsa germanòfila justificava els enfonsaments com a resposta la bloqueig naval britànic i celebrava que, sense exportacions, els preus baixarien. Aquell any 1917 el règim iniciaria la seva definitiva dissolució mitjançant una triple crisi: així ho explicaria el periodista coetani Fernando Soldevilla a “Tres revoluciones. La Junta de Reforma, la asamblea parlamentaria y la huelga general” (1918) i amb aquesta estructura arribaria a la historiografia quan Juan Antonio Lacomba va mantenir aquesta idea del cicle revolucionari amb tres fases: pretoriana (juny), burgesa (juliol) i proletària (agost).

 

LES JUNTES DE DEFENSA La primera crisi va girar entorn d’aquestes organitzacions corporatives militars que van exercir pressió sobre el poder civil. Amb llenguatge regeneracionista que representava els militars de guarnició, les Juntes criticaven els seus companys africanistes, defensant l’ascens per antiguitat davant del favoritisme regi dels ascensos “per mèrits” al Marroc. Ja una primera Junta de l’Arma d’Infanteria va començar aquesta crítica el 1916 a Barcelona, però quan va ser arrestada a Montjuïc (5/1917) una Junta suplent va exigir la posada en llibertat dels oficials detinguts, amenaçant trencar la disciplina si no s’acceptaven les seves demandes. El rei –recordant Rússia, Grècia o Portugal- va desautoritzar el seu govern i va encarregar-ne un de nou al conservador Eduardo Dato, qui va claudicar davant dels militars. Pensava que les concessions permetrien recuperar la disciplina militar, però, ben al contrari, les Juntes es van veure legitimades per interferir en la vida política, demostrant-se (com el 1905) que el centre de decisió política es desplaçava del parlament al palau i les casernes, i que la ingerència militar es consolidava (tot i que no encarnat en espadones, com al segle XIX, sinó en l’exèrcit com a corporació). El nou govern Dato va suspendre les garanties constitucionals i va tancar les corts temen un cop d’estat.

 

L’ASSEMBLEA DE PARLAMENTARIS. Cambó, el líder de la Lliga Regionalista, va prendre la iniciativa amb un manifest que denunciava el tancament de les corts i exigia una reforma de la constitució que inclogués el reconeixement de les identitats regionals. Va reunir a l’ajuntament de Barcelona tots els diputats y senadors catalans, que van fer una crida als parlamentaris espanyols a assistir a una convocatòria de corts constituents. A la reunió del 19 de juliol van venir 71 diputats republicans, lligaires, reformistes i socialistes. Van ser detinguts pel governador civil, que va dissoldre la reunió, i es van citar per a una segona sessió a l’Ateneu de Madrid, durant la que el rei va citar Cambó. De tots dos sorgí aquella nit a palau la idea d’un “govern de concentració”, presidit per García Prieto, que comptaria amb 2 ministres de la Lliga (excloent els conservadors de Dato i els liberals d’Alba, que seguien defensant el torn).


LA VAGA GENERAL D’AGOST va ser convocada pel PSOE i la UGT de manera indefinida “fins no haver obtingut garanties suficients d’iniciació del canvi de règim”, posant com exemple juntes militars i assemblea de parlamentaris de les “ànsies de renovació existent en tot el país”. Es van parar totes les zones industrials, les grans ciutats i les zones mineres, però solament una setmana. En ciutats petites i zones rurals no va tenir repercussió, però va acabar amb 71 morts, 156 ferits i 2000 detinguts. El comitè de Vaga va acabar a la presó, el PSOE els inclouria en les llistes de les eleccions de 1918, quan va caure el govern de García Prieto: al ser escollits, van ser amnistiats.

Per què va fracassar? La infraestructura organitzativa era dèbil, l’escassa concreció dels objectius, i la divisió del proletariat van ser decisius. Però també la desmobilització de la pagesia, que no iniciaria el seu “trienni bolxevic” fins el 1918, dels republicans (més pendents de la transformació democràtica del sistema que en la seva destrucció) i de l’exèrcit (més pendent d’interessos corporatius).

Les conseqüències. La por dels propietaris va fer claudicar l’estat davant de l’exèrcit que havia de protegir-los de la revolució: una Llei de bases de la reorganització de l’exèrcit (6/1918) va fixar plantilles, va aturar els ascensos per mèrits i va augmentar les retribucions. El “govern de salvació nacional” no va satisfer el moviment obrer: el PSOE avançà cap al republicanisme, la CNT obrí un dur debat en el seu si sobre com encarar la lluita pels drets dels obrers. L’anarcosindicalisme havia deixat enrere el terrorisme individual per abraçar la combinació d’acció directa i participació en la política burgesa, d’acord amb una direcció centralitzada. L’arribada d’immigrants andalusos i murcians havia importat, però, cert radicalisme. En el debat semblen guanyar primer noves veus, com la del lleonès Àngel Pestaña (que assumeix el 1917 la direcció del diari “Solidaritat obrera”), o el jove pintor lleidatà Salvador Seguí, escollit secretari general de la CNT en el Congrés de Sants (1918), on es va decidir deixar enrere la vella organització típica del sindicat d’ofici per abraçar la del sindicat únic que englobaria tots els treballadors d’un sector. Seguí, conegut com “el noi del sucre”, s’havia format prop de l’Escola Moderna i defensava la formació dels obrers en el sindicat: la preparació intel·lectual i tècnica dels treballadors s’entenia com una arma revolucionària.

 La força d’aquesta nova forma d’organització sindical es provaria ben aviat, en la vaga de la Canadenca, el moviment iniciat contra l’empresa Riegos y Fuerza del Ebro, una filial de la Barcelona Traction Light and Power, que abastia de llum i energia la ciutat de Barcelona. La vaga es va originar en solidaritat amb 8 oficinistes acomiadats que protestaven per l’intent de l’empresa de baixar-los el sou a canvi de fer-los fixos en plantilla. Quan 120 treballadors de facturació s’hi van sumar, la direcció va trucar la policia per desallotjar-los, i la vaga es va estendre –gràcies al nou format de lluita sindical- a tot el sector energètic. Barcelona va veure com s’apagava la indústria i el transport. Encara que el govern va nacionalitzar temporalment la companyia i va militaritzar el servei i declarar l’estat de guerra, la caixa de resistència recaptada per la CNT va permetre resistir. Romanones va enviar plenipotenciaris, un nou cap policial i un governador civil, que aconseguirien un acord: llibertat dels detinguts, readmissió dels acomiadats, augment general de salaris i... jornada de 8 hores. Després de 44 dies de vaga els obrers tornaven a la feina en un clima d’eufòria sindical. El 14 d’abril de 1919 es publicava el decret que fixava a tot l’estat la  jornada de 8 hores...