Ferran Sánchez: Història. Divulgació. Docència.

Ferran Sánchez: Història. Divulgació. Docència.
"Sólo unos pocos prefieren la libertad; la mayoría de los hombres no busca más que buenos amos" (Salustio)

lunes, 21 de abril de 2014

1914 NO ES UN CISNE NEGRO


La metáfora de los “cisnes negros” está de moda: la idea es que, cuando un evento es una sorpresa inesperada y tiene gran impacto, después es racionalizado retrospectivamente. Un cisne negro sería uno de esos descubrimientos científicos o tecnológicos, o un acontecimiento muy trascendente, que -aunque era en realidad impredecible- es explicado “a posteriori” como si formara parte de lo deducible. Ha sido Nassim Nicholas Taleb (“El cisne negro: el impacto de lo improbable”, 2008) quién ha lanzado el concepto, definiéndolo como “un caso atípico, (…) fuera de las expectativas regulares porque nada en el pasado podía apuntar de manera convincente a su posibilidad, […que además...] conlleva un impacto extremo, [… y para el que inventamos...] explicaciones (…) después de los hechos”. Resumiendo, un “cisne negro” se define por su rareza, su impacto y porque se le otorga,retrospectivamente, previsibilidad. Taleb parte del aforismo de Juvenal “rara avis in terris nigroque simillima cygno”, escrita cuando se presumía que no existían cisnes negros, y que todavía en el siglo XVI se usaba como declaración de imposibilidad. Entonces, en 1697, una expedición holandesa en Australia descubrió cisnes negros, dejando a las élites cultas tan estupefactas como si nosotros -acostumbrados a postergar para “cuando las ranas crien pelo” o “los cerdos vuelen” las demandas que no pensamos atender- descubriéramos una nueva especie porcina con alas en un recóndito rincón del Amazonas, o un batracio peludo en una de esas islas del Pacífico donde se ejecutaron los ensayos nucleares.

Aquel que dijo que más vale tener suerte que talento
 conocía la esencia de la vida. Tenemos miedo a reconocer
que gran parte de la vida depende de la suerte; asusta pensar
cuántas cosas escapan a nuestro control”
(Match Point,
Woody Allen, 2005),

La idea más importante del concepto es la previsibilidad que se le otorga de forma retrospectiva. A toro pasado, creamos un discurso que explica lo que ocurrió, sin que las causas que hoy le adjudicamos condujeran ni probable ni necesariamente al cisne negro en cuestión. Lo que Taleb denuncia es la tendencia humana a (re)explicar los sucesos improbables e imprevisibles a partir de modelos interpretativos (re)creados para obviar la fuerza del azar. El libro de Taleb nos recuerda que vivimos en una realidad tan caótica como compleja, cuyo futuro está marcado por la incertidumbre. Si tuvo tanto impacto fue porque apareció en plena crisis financiera del 2008, cuando se demostraba que expertos economistas y cálculos informáticos habían sido incapaces de prever que aquello ocurriría. El mismo autor había estudiado matemática financiera y trabajado en el mercado financiero neoyorquino.

Si me refiero a él -que no le he leído, ni pienso hacerlo- es porque Taleb -en su empeño por concluir que conocer el pasado no sirve para explicar la causalidad- se sirvió de ejemplos históricos, y definió el estallido de la Gran Guerra, cuyo centenario se está conmemorando actualmente, como cisne negro. Al hacerlo desmentía la teoría de la guerra inevitable, que la hacía resultante del imperialismo orquestado por las burguesías nacionales dispuestas a utilizar los estados, recientemente conquistados durante las revoluciones liberales, para pugnar por la conquista de los mercados mundiales. El máximo ejemplo de esta teoría que pone la explotación de las colonias en el centro de la explicación causal de la Gran Guerra tuvo su máximo exponente en el libro “El imperialismo, fase superior del capitalismo” que Lenin publicó en 1916... A posteriori, vaya!

Valorando la casualidad por encima de la causalidad, Taleb afirma que la Gran Guerra fue una sorpresa, que nunca fue prevista por sus contemporáneos pese a las supuestas tensiones en aumento, la competencia comercial entre los estados burgueses, la carrera de armamentos, la verborrea nacionalista, los compromisos militares de ayuda mutua, y la creencia (darwinista) en la legitimidad de la lucha por la hegemonía. Que aquella Europa pueda parecernos una olla a presión, en la que cualquier chispa podría dar lugar a una tragedia, no determina que ocurra, diría Taleb: otras crisis anteriores, añadiría, no desembocaron en guerra general.


















En mi opinión, las circunstancias concretas que se precipitaron aquel verano de 1914 pudieron haber contado con alternativas capaces de provocar algún desenlace similar durante alguna de las crisis anteriores. No ocurrió, pero eso no quiere decir que no pudiera haber ocurrido. No estoy reivindicando una historia contrafactual, sino sorprendiéndome de que los historiadores estemos buscando hoy explicaciones para el estallido de la guerra exclusivamente en los comportamientos individuales del centenar de personajes que -pudiendo tomar decisiones equivocadas, o evitando dar pasos oportunos- contribuyó a que Europa se acercara al abismo, y a que -inesperadamente- la guerra se produjera. Que los poderosos de entonces convivieran cotidianamente con las tensiones internacionales, y aquéllas se sucedieran sin traca final, no puede "descausalizarlas". Que la visita del Káiser a Tanger (1905) generara un conflicto diplomático resuelto no significa que las cosas no hubieran podido irse de las manos entonces, tal y como ocurrió cuando los disparos de Gavrilo Prinzip acabaron con el Archiduque Francisco Fernando y su esposa nueve años después en Sarajevo. Deshacer el intrincado "encaje de bolillos" que explotó la guerra puede permitirnos escribir el thriller más apasionante, pero no podemos despreciar las causas profundas que crearon las circunstancias que permitieron que determinado azar (y no otro) fuera posible... El factor azaroso que precipitó 1914 -sea la movilización rusa, el famoso “cheque en blanco” alemán a los austriacos, la indecisión parlamentaria británica, el inasumible ultimátum austrohúngaro a los serbios, o cualquier combinación de ellos a la vez- puede interesarnos a la hora de reconstruir los acontecimientos, pero no convierte su consecuencia -el estallido de la Gran Guerra- en una rareza increíble, puesto que hay factores de fondo que venían atizando el fuego.

Tampoco la crisis actual es una rareza improbable. Nadie creía que la crisis fuera a estallar, todos confiaban en el crecimiento eterno, había expectativas de crecimiento ininterrumpido y sin embargo se produjo. Pero del mismo modo que la especulación no determina la crisis, la creencia generalizada en que no ocurrirá nada no certifica que no se esté gestando. Cuando Taleb sugiere que la búsqueda de explicaciones a posteriori es retórica banal parece querernos tan inconscientes como cuando la amenaza pendía sobre nuestras cabezas; en cierto modo, cuando afirma la improbabilidad de que aquello ocurriera está justificando/disculpando nuestras acciones de entonces, las que probablemente no sean determinantes, pero sí merecen una reflexión formativa para evitar repetir errores. Cuando por norma un alumno no estudia y confía en su suerte (constatándole su experiencia que ha pasado de curso con poco esfuerzo, dos chuletas y un poco de imaginación), aquel castillo de naipes que es su expediente académico puede venirse abajo. Por mucho que él creyera que aquello no ocurriría, el cisne negro aparentemente impredecible se estaba formando, seguramente le fue advertido, y no era una rareza improbable, sino una posibilidad voluntaria e interesadamente no contemplada: estudiar cada día da mucha pereza y no podemos echarle la culpa a sus padres por no obligarle!  Puede que la crisis no fuera anunciada con luces de neón ni grandes titulares; puede que quienes nos mostrábamos extrañados por el ascenso infinito de los precios de las viviendas, convertidos en el hazmereír de una sociedad que aparentaba opulencia, no supiéramos bautizar aquello como “burbuja” por ignorar los mínimos rudimentos económicos. Pero definir el suspenso, o el pinchazo especulativo como “cisnes negros” inesperados, apenas puede servir para legitimar las inconsciencias previas y evitar el análisis de las responsabilidades: quién iba a decirlo, parece querer decir Taleb, pobres especuladores de entonces (que se lo llevaron caliente), no pudieron advertir que venía un cisne negro. Pudieran advertirlo, o no, lo cierto es que su comportamiento fue irresponsable, poco ético, y peligroso. Su resultado fue involuntario, pero homicidio.

Gravilo Prinzip, según la serie "37 días", que acaba de emitir la BBC
La conversión del azar en el motor de la historia no es nada nuevo. Ya los más radicales apóstoles de la postmodernidad descalificaron cualquier cientificidad del estudio racional del pasado por inaprensible e irreproducible. Se quiso reducir a la Historia a la categoría de narración para desactivar su carga crítica. La colección de despropósitos, a veces sórdidamente risibles, que incluye la narración de aquel 28 de junio de 1914 puede constituir una narración apasionante; pero la causa fatídica de la Gran Guerra no fue que Prinzip se encontró inesperadamente el coche del Archiduque vagando por Sarajevo después de un primer intento fallido. Aunque tratemos de convertir al azar en el “Deus ex machina” de la Historia, el implacable juicio que todas las generaciones instruyen a la generación anterior nos llegará tarde o temprano. Algún día caerá sobre nosotros, y no valdrá responder que la culpa fue de los dados.




viernes, 18 de abril de 2014

1939-1945: LOS TRAPOS SUCIOS DE LOS ALIADOS


Glenn Edwuard McDuffie y Edith Sain
El 18 de marzo pasado fallecía, a los 86 años, el marinero de la famosa foto que Alfred Eisenstaedt realizó para “Life” en Times Square: el envidiable beso conmemoraba la rendición del Japón en agosto de 1945. Aquel bello final para una tragedia sin parangón marcaba el comienzo de la operación de reescribir la historia de la Segunda Guerra Mundial. Y en eso destacó uno de sus principales protagonistas: Winston Churchill defendía en sus memorias la tesis de que Hitler había sido el causante del conflicto, que los partidarios de intentar apaciguarle se habían equivocado, que la lucha había sido justa, y que la URSS -cuya contribución se ignoraba tanto como los crímenes de Stalin mientras convenía su alianza- fue un accesorio. Para Churchill, la liberación empezó en Normandía y el final de la guerra fue la victoria de la libertad y la democracia. Puede que la historia, contada así, pueda parecer un cuento con moraleja y beso apasionado al final, pero tiene un problema: simplifica una verdad mucho más compleja. ¡Incluso miente!

Hubo historiadores que cuestionaron ese discurso onírico: A. J. P. Taylor (1961) negó la única culpabilidad de Hitler demostrando que no seguía un calendario de agresiones premeditado sino que –arribista, temerario y oportunista- forzó el cuestionamiento del tratado de Versalles con provocaciones improvisadas y precipitadas, que no seguían ningún plan maléfico esbozado previamente. Al sustituir la responsabilidad del Maligno (sea Hitler o el Káiser) por un estudio de causas más profundas, Taylor ya sugería el “cierre incompleto” de la Gran Guerra que significaron los tratados de 1918. Recientemente esta teoría parece estar triunfando: ambas guerras mundiales se estudian como un sólo conflicto encadenado -una “segunda guerra de los treinta años”- cuya cronología más amplia, además de permitirnos incluir en el desarrollo de los acontecimientos algunos focos de tensión que no se apagan en 1918 y aquellos que -en Asia- empiezan antes de 1939, supera la visión eurocéntrica y muestra la relación dinámica entre los fascismos, la URSS y las potencias imperiales.

Fotograma de "El día más largo" (y no de "La muerte os sienta bien")

Sin embargo, las interpretaciones con matices suelen tener menos éxito que las de “buenos y malos”. Por eso Hollywood, sirviéndose de la visión “churchilliana” de la guerra, ha logrado crear un imaginario propio sobre la contienda que sirvió para legitimar el papel hegemónico de los Estados Unidos durante la Guerra Fría: en películas como “El día más largo” (1962), un buen puñado de machotes -John Wayne, Henry Fond, Robert Mitchum, Sean Connery...- consagraban la idea de una nación idealista que entraba en guerra para restaurar la libertad y la justicia en Europa. Jacques R.Pauwels escribía en “El mito de la guerra buena. Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial” (2002) que los soldados luchaban -antes que por ninguna ideología- para que la guerra acabara, o -como dice un personaje de “Salvad al soldado Ryan”, una visión mucho más realista y menos elegante de lo que es la guerra- “por el derecho a volver a casa”.

Steven Spielberg (1998). La guerra se parece más a esto que al glamour de la foto anterior

Pero lo peor de la visión oficial de la II Guerra Mundial -debate sobre las responsabilidades y mitificación de los combatientes como héroes patéticos aparte- es que, como ha denunciado Donny Glucsktein en "La otra historia de la Segunda Guerra Mundial: Resistencia contra Imperio" (2013), evita las referencias al movimiento de resistencia que liberó Europa. Los sueños de estos "pueblos en armas" que sufrieron lo indecible contra los nazis eran tan radicales, había una distancia tan insalvable entre resistentes/partisanos y los gobiernos aliados, que los vencedores tuvieron que emplearse a fondo para crear el mito de que sus gobiernos sintonizaban con los proyectos de liberados. Trostky ya les caló cuando afirmó que no luchaban contra el fascismo sino a favor de su propia dominación: "la victoria de los imperialistas franceses y británicos no sería menos terrible para el destino de la humanidad que la de Hitler y Mussolini (...) la tarea que la historia nos impone no es apoyar a una parte del sistema imperialista contra la otra, sino acabar con el sistema como un todo (...) los bolcheviques también defendemos la democracia, pero no ese tipo de democracia gobernada por 60 reyes no coronados"
El autor es profesor del Stevenson College
de Edimburgo

Gluckstein llama a ese combate por una democracia auténtica la GUERRA POPULAR, y pone como primer ejemplo la resistencia contra Franco: una lucha que combinaba la resistencia en el frente y la guerra de clases tras las líneas, que colectivizó el 80% de las empresas. Orwell, que lo vio, escribió que “la clase trabajadora tenía el poder (…) se había colectivizado hasta a los limpiabotas, cuyas cajas se habían pintado de rojo y negro. Camareros y dependientes te miraban a la cara y te trababan como a un igual. Las formas serviles y ceremoniales de hablar desaparecieron (…) las propinas se prohibieron por ley”. Al actuar la República contra las fuerzas populares liberalizadoras durante los Fets de Maig de 1937 se “apagó el entusiasmo popular”. Sin embargo, había nacido una forma de hacer la guerra, que el autor persigue por los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial y que los manuales evitan. Gluckstein no disculpa los excesos de la violencia popular, pero advierte que palidecen ante los métodos de los rivales imperialistas.

Los manuales pasan de puntillas, es cierto, por el apoyo que los aliados ofrecieron al régimen griego, a pesar de que -desde 1936- la monarquía había salvado las huelgas generales impulsadas por los comunistas llamando a un fascista, el general Metaxas, para gobernar. Pese a la afinidad ideológica, Mussolini había atacado Grecia pensando que sería una presa fácil. Y cuando los nazis tuvieron que venir a ayudarle encontraron tan durísima resistencia que -evitando el aprovisionamiento de Rommel en África- permitió la victoria de El Alamein. La hazaña del Frente de Liberación Nacional no le permitió conseguir el aplauso de Londres, cuyo apoyo a los monárquicos conservadores tendrá su continuidad en la terrible guerra civil griega (1945-1949): una tragedia que se llevó al 7% de la población y terminó con la derrota del pueblo en armas.

Tampoco se nos cuenta que, tras el reparto germano-soviético de Polonia, Stalin atacó a Finlandia; y que -pese a que la declaración de guerra franco-británica a Alemania no precipitaba demasiadas movilizaciones- los proyectos para liberar Finlandia avanzaban deprisa, y sólo fueron detenidos por la rendición de los fineses. La caza de brujas contra comunistas que corría en el interior pareja a esa movilización -que incluyó la suspensión de 300 ayuntamientos comunistas, la prohibición de Ce Soir y L'humanité, o el encarcelamiento de diputads electos que habían denunciado el apaciguamiento (“Francia ha cedido al chantaje, traicionado a un aliado, allanado el camino a la dominación alemana”, habían dicho)- nos debería hacer reflexionar sobre la naturaleza del estado francés y la precipitada rendición que -ante el ataque nazi- materializó Pétain diciendo que “lo único que se puede hacer es acabar, negociar y aplastar a la Comuna como hizo Thiers”. La decisión fue aplaudida por la derecha, alegando que -puesto que la guerra había estallado para defender Polonia y los polacos se habían rendido- no merecía ya la pena continuarla.

Pauwels dice que los aliados impusieron
a De Gaulle "con calzador"
Lo mismo podemos decir de la Liberación de Francia. Cuando tras el desembarco en Normandía los resistentes parisinos inician las huelgas que pretenden expulsar a los nazis, De Gaulle recomendó “volver al trabajo porque temía que la resistencia liberara París”. Y mientras la triunfal resistencia le esperaba en el Hôtel de Ville, él se entrevistaba con el director del Banco de Indochina o felicitaba a la Policía de París, que había ayudado a los nazis a mantener el orden. Cuando finalmente acudió, regañó a la Resistencia “porque habían recibido la rendición alemana como un igual frente al soldado legítimo y regular Lecrerc”. Inmediatamente después, obviamente, les sugirió que se desmovilizaran.

Tampoco en Italia los aliados cooperaron con el frente antifascista, demasiado de izquierdas para ellos, porque si se convertían en protagonistas de la liberación podrían imponer sus reformas. Prefirieron pactar con la élite tradicional: la monarquía, los banqueros, industriales, terratenientes, el Vaticano... que habían posibilitado la llegada de Mussolini al poder. Algunos italianos hablaron de un “fascismo senza Mussolini”. En medio del caos que siguió al fin del Duce, en un contexto de guerra civil, los aliados avanzaban hacia el norte: en esta ocasión tenían prisa por llegar a Berlín antes que Stalin, quien -por su parte, habiendo tomado nota- también se dedicó a crear estados títere en la Europa que “liberaba”.

La lista de trapos sucios de los presuntos liberadores sería muy larga: nuestro autor se detiene en los bombardeos “estratégicos” (¡!), lanzados sobre la población civil indefensa de Dresde o Hamburgo, y en muchos otros episodios. Me hubiera gustado encontrar también referencias a las relaciones de Hitler con Henry Ford, la General Motors, o la Texaco, pero -en su ausencia- seguro que los capítulos dedicados a la Guerra del Pacífico contendrán emociones fuertes y algún que otro bombazo. Una demostración de fuerza descomunal que, además de precipitar la derrota japonesa, advertía al “amigo” soviético de quién la tenía más grande. La bomba, quiero decir. Voy a seguir leyendo...

viernes, 21 de marzo de 2014

ANDREU JAUME: "A L'ÈPOCA VICTORIANA HI HAVIA MOLTA FAM"

A Fent Història acabem d'enviar als socis el butlletí núm. 23. Corresponia al segon semestre de l'any 2013, però fins ara no hem pogut superar totes les gestions d'impremta, correcció, maquetació i estilisme que comporten tenir a punt una publicació. Treballem amb professionalitat, però des del voluntariat. Fa molts anys que ho estem fent, i -malgrat que la nostra revista no és Past&Present- la veritat és que es deixa veure, fa goig i demostra que som constants, rigorosos i apassionats per la Història. El dossier d'aquest exemplar tracta sobre l'època victoriana, i s'hi pot trobar l'entrevista a la que -tant amablement- va accedir Andreu Jaume (Palma, 1977), editor de Lumen i Llicenciat en Filologia romànica per la Universitat de Barcelona. Aquest inquiet professor de literatura no solament ha editat la correspondència de Jaime Gil de Biedma; també algunes de les obres d'Oscar Wilde. Per això, i perquè des del proper mes d'abril impartirà un curs sobre la literatura victoriana a l'Escola d'Escriptura de l'Ateneu Barcelonès, ens hi hem adreçat.



En què consistirà el curs?
Una panoràmica de la literatura victoriana, en novel·la, poesia, assaig i teatre.

Com va impactar l'experiència imperial en la literatura?
Doncs d'una manera determinant: la literatura va assolir la vocació d'universalitat romana que de fet tenia des de Shakespeare, però al mateix temps va fer que els escriptors fossin conscients dels problemes socials i polítics que l'expansió comportava.

Podem dir que hi ha obres que legitimen els valors de l'imperialisme?
Hi ha de tot: obres que ho legitimen, que l'impugnen. El període és tan vast que costa molt de reduir a una fórmula. Hi ha Kipling, però també Conrad. I ni l'un ni l'altre es poden reduir a una ximpleria ideològica.

Una altra de les experiències que sovintegen la literatura victoriana sembla ser la fam. Per què?
Senzillament perquè n'hi havia molta. La vida de millions de persones, des de la revolució industrial, era molt dura i les diferències de classe molt notòries.

Com s'ha tractat, durant el recent bicentenari, la figura de Dickens? Sabem què li va inspirar les seves obres?
Bé, tota obra literària és producte de la imaginació, però Dickens s'encara al seu temps i treu material de la seva experiència periodística i de l' observació.

Hi ha algun personatge literari que recordi / representi la reina Victòria? Com es tracta la seva figura?
No em vé al cap cap exemple. Crec que en general, els millors escriptors parlen de qüestions socials, íntimes i familiars, més que de la figura de la reina, que va ser tractada amb més llibertat pels eduardians i el grup de Bloomsbury.

Lytton Stratchey va escriure que va ser “una era en què les línies mestres eren esplèndides, i els detalls sòrdids”. La biografia que va escriure de la Reina Victòria, era una crítica? Com es pot interpretar “Eminentes victorianos”?
Stratchey és un gran assagista i fa la primera gran lectura crítica del període, tant de la figura de la reina com de les principals figures intel.lectuals de l'època. Crec que Eminent Victorians és un treball exemplar. És com si algún, avui en dia, s'atrevís a ver un llibre titulat "Eminents personatges de la Transició" i les examinés amb detall. Però ningú no ho ha fet.

El regnat de Victòria és molt llarg, i en una cronologia tan llarga hi ha escriptors, obres i estils ben diferents... És una categoria vàlida, doncs, l'etiqueta “victoriana”?
És una manera de simplificar i acotar un terreny d'estudi.


Per què hi ha tantes dones escrivint novel·les, des de Jane Austen? Les germanes Brontë, George Eliot?
Bé, Jane Austen no pertany pròpiament a l'era victoriana, però es veritat que hi ha moltes dones escrivint i llegint. I no només a Anglaterra. El fet té a veure amb l'extensió i problematització de la lectura, el culte a la lletra impresa i a la sublimació de la represió pròpia de la moral d'aquell temps.

Benjamin Disraeli, a més de primer ministre, va ser l'autor de “Dos nacions”. Quina importància té aquesta obra?
És important com a document, més que com a literatura. Disraeli volia mostrar les terribles condicions en què vivia la clase treballadora.

Va contribuir la novel·la en la formació del codi de valors que anomenem “moral victoriana”? (deure, treball, moral, virtuts domèstiques…)
No, si de cas, el que va fer és examinar la moral, explorar-la, expressar-la, confrontar-la, que és el que ha de fer la literatura.

Una recomanació raonada per a algú que vulgui començar a gaudir de la literatura victoriana?
Hi ha molt per on començar: els contes de Nadal de Dickens, que donen idea de la caritat, Cims borrascosos, d'Emily Brontë, la millor expresió de la sexualitat oculta i transgresora del temps. I Kipling i Conrad com a narradors de l'expansió colonial.

La seva obra preferida d'aquest període. Per què ho és?
Probablement "Cims borrascosos": es una relectura de Shakespeare i la Bíblia.


















domingo, 26 de enero de 2014

RECORDANT 2013 (1): LA BATALLA DE TETUÁN DE FORTUNY















Durant l'estiu de l'any passat l'estació de metro de Tetuán va acollir en les seves parets unes grans reproduccions sobre vinil  de “La batalla de Tetuán”. S'anunciava així l'exposició que oferia el MNAC amb motiu del 175è aniversari del naixement de Marià Fortuny, i que -a diferència de la gran retrospectiva de fa 10 anys- estava dedicada exclusivament a una de les obres estrella del museu. La iniciativa al metro feia pensar en una reflexió de gran format, però finalment “La batalla de Tetuán de Fortuny, de la trinxera al museu” ocupava amb prou feines una saleta propera a la paret des de la que presideix un espai gran del museu, i dos raconets -a ambdós costats de la pintura- francament decebedors. Vaig pensar que, reduïda la despesa en cultura per culpa de la crisi, cal innovar en el petit format i allargar el pressupost; però la veritat és que la desproporcionada convocatòria soterrada em va despertar unes expectatives que solament hauria compensat si hagués estat un profund erudit en art. No és el cas!



Després he sabut que la iniciativa era la primera d'un seguit de reflexions que es volen impulsar per posar en valor el patrimoni del MNAC. Així ho diu Miquel Roca en la presentació del llibre-catàleg de l'exposició, primer d'una sèrie que durà per títol CONTEXTOS. El president del Museu presenta la iniciativa com innovadora perquè és el primer cop que “el museu posa a l'abast del visitant tots els instruments d'interpretació i anàlisi adients per entendre la riquesa i complexitat” d'una obra. Tot i que això és fals, perquè sense tenir un bon coneixement previ en el tema exposat era molt difícil que les peces ofertes et permetesin accedir a cap lectura, cal dir que l'objectiu és bo: es vol oferir contínuament nous punts de vista perquè el museu pugui ser visitat repetidament. I el mitjà seran petites exposicions, inserides en les mateixes sales, centrades en aspectes singulars.

Esbossos i dibuixos, però també alguna mostra d'armament i algunes fotografies constituïen una modesta ruptura respecte del que acostumen a ensenyar els museus d'aquest tipus, habitualment dedicats, sense cap guarniment, a les obres d'art. La ruptura no va anar massa enllà: hi havia pocs cartells explicatius i no vaig trobar aleshores cap discurs interpretatiu; ha estat ara que la lectura del llibre m'ha permès mesos després, conèixer l'apassionant història del quadre.

Resulta que Marià Fortuny va acceptar l'encàrrec d'una sèrie pictòrica que havia de decorar les parets del saló de sessions del Palau de la Diputació de Barcelona amb escenes de les campanyes africanes de 1859, quan l'organisme provincial havia finançat el batalló de voluntaris que va dirigir Joan Prim. El resultat de l'expedició fou modest, però el fervor patriòtic dominant legitimava la campanya com a continuació de la Reconquista i croada civilitzadora. En aquest context, Fortuny havia de pintar una crònica militar que exaltés l'estat. El seu viatge al Marroc, però, el permetria descobrir el món islàmic i encetar el gènere orientalista. Jordi Carbonell explica com els apunts al natural, atent a les peculiaritats visuals del paisatge, el conduïren a deixar de banda les fórmules de taller. L'enlluernadora arribada a l'Àfrica ens ha deixat un bon munt de llapis i aquarel·les representant paisatges, racons urbans, escenes de vida als carrers, retrats de jueus i musulmans, i també escenes amb soldats i els seus comandaments. Un exemple: l'aquarel·la “Nuestra tienda de campaña”, actualment al Museu d'Art i Història de Reus, representa l'assistent de Fortuny, el medallista Jaume Escriu, escrivint damunt d'una caixa, dins la tenda on van viure fins que -rebuts per Prim- se'ls va deixar instal·lar-se amb l'Estat Major.

La batalla de Tetuán ja s'havia produït mentre Fortuny navegava cap a Àfrica. Va estar present en les negociacions de pau, que li van permetre veure l'enemic de prop … i retratar-lo de lluny! Pedro Antonio de Alarcón explica en el seu “Diario de un testigo de la guerra de África” com el General O'Donnell va amonestar el pintor José Vallejo per dibuixar de prop els musulmans: “Habiéndose sentado en el suelo frente a la tienda, al principio de la entrevista (…) O'Donnell, que le vio armado de un lápiz y sabía la repugnancia que tienen los musulmanes a ser retratdos, hízole una señal de que se retirara”.

Fortuny sí que va ser testimoni, en canvi, de les batalles de Castillejos i Wad Ras, de la que Prim relata -en una carta a Víctor Balaguer- “que los catalanes se batieron como tigres (…) muriendo y matando hicieron retroceder a los moros espantados de pelear con gente tan bravía (…) de 257 que entraron en combate, 7 oficiales y 111 hombres muertos o heridos. Brava es la gente de mi tierra”.


Ja de tornada, Fortuny va iniciar un viatge a París per estudiar les obres de propaganda imperialista que podien inspirar-lo. A Roma retrobà Alarcon i pintà La odalisca. Després va retrobar els escenaris de la batalla, ja acabada la guerra i sense pressions, passant inadvertit, descobrint la suggeridora llum de Tánger. Però malgrat que el 1863 el compromís adquirit es va reduir a un sol quadre, es mostrava amoïnat, no aconseguira acabar l'encàrrec, s'hi referia despectivament com “el gran quadre” i -com que va deixar de cobrar una pensió- n'abandonà l'execució amb l'esperança de continuar-lo més endavant. El 1870 escrivia al president de la Diputació que “es cierto que en 1860 siendo yo bastante joven acepté irreflexivamente un encargo para cuya ejecución se destinaba una suma que aunque se creyera importante como remuneración del trabajo, era sin duda insuficiente para la materialidad de los gastos que los estudios de semejante obra requerían”. Així que va tornar els diners de l'encàrrec, justificant la decisió per l'actuació desafortunada de la Diputació, que, com diu Carbonell, “quan estava en el punt culminant de la seva carrera i feia poc que s'havia vengut La vicaria a un preu elevadíssim, se li va reclamar que complís els seus compromisos”. En mostrar-se disposat a cancel·lar el contracte i tornar els diners, els membres de la Diputació el van titllar de vanitós i ingrat. El quadre va quedar sense acabar, penjat a l'estudi de Roma. Poc després de morir Fortuny, la Diputació l'adquirí per 55.000 pessetes i el penjà al saló de sessions. Malgrat que la historiografia sempre ha enaltit aquesta pintura inacabada, el seu autor havia viscut el procés de creació amb frustració. Aleshores, la seva inesperada mort en ple zenit de la seva carrera va projectar sobre “La batalla...” el desig de reparar l'injust oblit del millor pintor català del segle XIX. Jordi Carbonell va trobar, però, una crítica anònima en el diari “El diluvio” (1880): “No es un cuadro que representa una batalla ni es una escaramuza, ni un mal simulacro de destacamento, sino un lienzo pretencioso que da una tristísima idea de la imaginación y el talento de Fortuny, y que apenas la da de su talento de colorista, pues no está de mucho acabado (…) por consiguiente, es necesario que los que quieran dedicarse al estudio de Fortuny escojan alguna de las obras que le dieron fama, y no un cuadro desatinado, que su familia debía echar a una hoguera”. En articles publicats poc després, el misteriós crític insistia a considerar un error que la Diputació l'hagués comprat, però reconeixia que era un encert haver pagat una misèria -“50.000 pesetas dadas por un lienzo de 30 palmos de un autor que venía sus cuadros de un metro a 100.000 francos”- i afegia que “si Fortuny pudiese resucitar y viese su lienzo en la Diputación de rodillas pediría que se lo restituyesen por doble cantidad de la dada a su familia y, obtenido, lo rompería con cólera, indignado de que los suyos hubieran vendido una obra que todos sus amigos y parientes sabían que despreciaba”. 


Carles Pirozzini va defensar posteriorment, en el diari La Renaixensa, l'encert de les autoritats i de reconeixement de les virtuts artístiques de la pintura, i aquesta consideració tan positiva del quadre li ha garantit un llarg itinerari pel Palau de Belles Arts de l'Exposició (1888), l'església de Sant Esteve d'Olot (on es custodia, enrotllat, durant la guerra civil), Reus (on està exposat el 1939 durant la commemoració del centenari de Fortuny), el Museu d'Art Modern a la Ciutadella (1957) i l'exposició “Fortuny, Dalí y sus batallas de Tetúan” (1962).

 Aquesta exposició és interessantíssima! Tot i que semblava més un acte propi de la cultura de masses més alternativa dels Estats Units, va sacsejar, com diu Jordi Carbonell, una “ciutat immersa en una dinàmica ensopida, poc amant de concessions a cosmovisions cosmopolites”. Aquesta figura controvertida, d'egolatria estudiada i cerimoniositat litúrgica, que va ser Dalí,va aconseguir emparentar-se amb Fortuny. L'agitador cultural, tolerat solament perquè la seva sobreactuació era un divertimento intrascendent, compensava qualsevol dimensió subversiva amb un discurs reaccionari: l'exposició aprofitava les Festes de la Mercè i totes les autoritats del franquisme, cofoies en les fotos de l'acte inaugural, volien superar l'aïllament cultural que patia la societat barcelonina fent servir l'artista català més internacional. En un moment d'obertura del règim, utilitzar aquell freeky famós arreu també per un passat difusament republicà li netejava la cara. La revitalització de Fortuny servia d'instrument per al lluiment d'aquell esperpent de màgic pinzell i sinistre silenci.


No era possible que el MNAC pogués tornar a encarar aquells dos quadres, ja que el de Dalí forma part de la col·lecció del Morohasshi Museum of Modern Art, a Fukushima (Japó). La dificultat quedava ben lluny dels objectius de l'exposició de l'any passat! Però tampoc no caldria tanta ambició per aconseguir l'exposició que "La batalla de Tetuán" mereixia. El trencament del discurs expositiu tradicional oferint cartells explicatius d'alguns aspectes concrets hauria d'haver anat més lluny. I atrevir-se a tocar aspectes més a fons: la mirada "orientalista", que diria Edward Said, la relació de Fortuny amb Prim, en el bicentenari del General, o l'ús que li va donar Dalí haurien estat enfocaments apassionants. No hauria estat fàcil, però, parlar del patriotisme espanyolista dels voluntaris catalans de 1859, la mirada colonialista de l'elit que Prim representava i de Dalí pintant deliris imperials i reminiscències de la "Reconquista" durant la dictadura. I menys en el context actual! Però hauria estat sa, provocador, profitós i aclaridor.

domingo, 19 de enero de 2014

PRÀCTICA 2: "L'ANGLESA I EL DUC"



  1. Busca a la xarxa alguna informació sobre la pel·lícula o la seva fitxa tècnica, i redacta un text de 10 línies amb aquest recull de dades. Hi pots incloure les reaccions de la crítica, si les trobes, i contrastar-les amb la teva mateixa opinió.
  2. Escriu un petit informe presentant els personatges històrics que fan de protagonistes: l'aristòcrata anglesa Grace Elliott, i Felip d'Orléans (també anomenat Felip Igualtat). Afegeix també Maximilien Robespierre, que apareix breument al final de la pel·lícula.


  3. La primera escena es desenvolupa el 1790
    1. En quina fase de la revolució francesa es troba aquesta seqüència i quines fites ens permeten situar-la?
    2. Fes un petit resum del que havia passat fins aleshores...
    3. Com es governa França en aquell moment? Quina imatge ens ofereix el director de la pel·lícula del París d'aquell momento?
    4. Com es fa referència en aquestes primeres seqüències als “emigrées” i als “sans-culottes”? Qui eren aquests personatges?
    5. Què opinen els protagonistes sobre la revolució i la monarquia? Quin és moderat i quin és radical? En què se'ls nota? Escull tres frases de cadascun que et permetin demostrar quines són les seves idees.
    6.  
  4. La segona part de la pel·lícula es densenvolupa a partir del 10 d'agost de 1782
    1. Quins esdeveniments hi surten reflectits? Per què van esclatar?
    2. En quina fase de la revolució es desenvolupa aquesta segona part? Com és ara la situació de cadascun dels protagonistas?
    3. Explica què li encarreguen a la protagonista, quin perill corre, a qui ajuda, i què té a veure amb els esdeveniments aquest Champcenetz?
    4. Com decideix mostrar els sans-culottes el director de la pel·lícula? En quines escenes i amb quina actitud?

  5. La tercera part de “La anglesa i el duc” es desenvolupa a començaments de 1793
    1. A quins esdeveniments fa referència? Com condicionen els protagonistes, i la seva relació? 
    2. En quina fase es troba la seva relació, i en què consisteix?
    3. Per què diuen que el rei ha faltat a la seva paraula a la nació? Explica en què van consistir els esdeveniments a què es refereixen.
    4. Quina opinió té el General Dumoriez davant aquests fets, i per què ser-ne amiga resultarà perillòs per a la George Elliott més endavant?

  6. Les visions de la Revolució:
    1. Quina opinió transmet L'anglesa i el duc sobre la revolució? 
    2. Creus que hi ha temes que no toca?
    3. Quins procediments es fan servir per oferir-nos aquesta visió?
    4. Creus que el cinema ha de tenir en compte les diverses opinions sobre un esdeveniment, o que la llibertat del director per denunciar aquell experiment polític terrible no ha d'estar condicionada per res? Argumenta la teva resposta.
    5. A classe vam dedicar una sessió a conèixer el drama personal de la Reina Maria Antonieta, però no sempre les dones aconsegueixen en el discurs històric l'espai que mereixen. Fes la prova amb el teu llibre de text, i raona per què creus que hi ha poques dones.
    6. Per compensar-ho, busca información d'una d'aquestes dones que van exercir de testimonis i/o protagonistas de la Revolució Francesa. Construeix una petita biografia sobre ella. Si prefereixes, confecciona un fris cronològic on figurin els principals esdeveniments, les etapes diferenciades per colors, i imatges que et permetin comparar les trajectòries de la George Elliot i el personatge que has escollit: Olimpia de Gouges, Théroigne de Méricourt, Carlota Corday, Claire Lacombe, Thérésia Cabarrus, - Josefina Beauharnais, Lucile Desmoulins, Rose Lacombe, Madame de la Tour du Pin, Madame Roland












sábado, 14 de diciembre de 2013

MAQUIAVELO, EL EX-REPUBLICANO. 500 AÑOS DE "EL PRÍNCIPE"



El pasado día 10, hoy hace cuatro días, una conocida carta de Nicolás Maquiavelo cumplió 500 años. El pensador florentino, en su retiro forzado de Sant'Andrea in Perccusina, marginado por el retorno de los Médicis al gobierno de Florencia, se dirigía a su amigo Francesco Vettori citándole de pasada el opúsculo que estaba escribiendo. La referencia constituye el primer testimonio del nacimiento de El Príncipe, por lo que el departamento de Historia de la Filosofía, Estética y filosofía de la cultura de la Universidad de Barcelona celebró -en conmemoración- una jornada internacional muy interesante en la que tuve ocasión de escuchar al gran experto italiano en Maquiavelo. En tanto el florentino dejo dicho que había querido escribir “sin palabras magníficas” y sin retórica, era especialmente oportuno que la conferencia que abrió la jornada llevara precisamente por título “Un Príncipe sin retórica”. El ponente, el profesor de literatura medieval italiana Francesco Bausi, de la Universidad de Calabria, verá traducido al español en breve su estudio, y la verdad es que -por lo que pude escuchar- promete.


Desde el primer minuto de su ponencia, el profesor Bausi denunció cómo el nacionalismo y la consideración del personaje como humanista han “sepultado” al verdadero Maquiavelo. Hemos considerado a Nicolás un “sumo filósofo”, decía, incluso le hemos tratado de “inventor de la ciencia política” hasta el punto de convertirle en el “anticipador del pensamiento laico y libre”: hemos hecho de “El Príncipe”, en definitiva, el acta de nacimiento de la modernidad antropológica, filosófica y política, atribuyéndole, dijo el profesor Bausi, “un peso y una responsabilidad excesivas”. Urge pues, continuaba, sumergir el texto en su tiempo, y en la biografía de su autor, un fino y realista observador de la política gracias al observatorio privilegiado que le facilitaron sus años de experiencia diplomática al servicio de la república florentina. Esa es la hoja de servicios que agitaba ante los Médici cuando escribía “El Príncipe”. Decía Franceso Bausi con sorna que si, siguiendo la tradición de los “Espejos de Príncipes” escritos en el pasado, Maquiavelo les hubiera recomendado ser justos y virtuosos, nadie -conocedor de su curriculum- le hubiera tomado en serio. Y es que su opúsculo constituye un análisis realista de la política de su tiempo hecho con un estilo directo y sin “palabras ampulosas y solemnes” ni circunloquios ni sofisticadas figuras literarias; en parte porque su experiencia le había proporcionado la capacidad de analizar fríamente las situaciones, informar a sus superiores con precisión y actuar con resolución.

Dicho de otro modo, no parece que “El Príncipe” sea un ensayo especulativo, ni la obra de “un cultísimo erudito, un brillante retórico o un docto filósofo académico”. Maquiavelo no es Picco della Mirandola! Ni contratarle acrecentaba el prestigio y la magnificencia de los Médicis, ni su compromiso con la república y el proyecto de milicias ciudadanas hacía de él un súbdito fiable, por lo que en 1512 fue uno de los dos únicos miembros de la cancillería que perdió su empleo. Con el mismo pragmatismo que le había caracterizado hasta entonces, mostró entonces sus credenciales ante los Médicis, lo que podría no constituir ninguna contradicción respecto a su trayectoria, puesto que quizá aspiraba a que ellos se convirtieran en el dique que contuviera “el poder excesivo y el miope conservadurismo de la vieja nobleza florentina” que celebraba el final de la República. Ese nuevo papel de intelectual orgánico, confirmado cuando las imprentas filomediceas publican su “Arte de la guerra” (1521), explica que, durante el efímero retorno republicano de 1527-1530, recién fallecido él, nadie le recuerde más que como un servidor de los Médicis. El profesor Bausi abundó en algunos ejemplos que demuestran cómo sus amigos le habían dado la espalda.

Pintado por Rafael. Al fondo, un recordatorio
de quien le protege...
También su opúsculo se volvió inservible muy pronto: había sido escrito para enseñar el verdadero arte del estado a Giuliano de Médici, ”un hombre apacible y culto, amante de las artes y de la poesía” pero sin experiencia política ni temperamento. En aquel momento parecía que su hermano Giovanni (León X) lo convertiría en un “Príncipe nuevo” al frente de un estado inventado para él. Sería lo que Maquiavelo llama en su libro un príncipe de los que “adquieren el estado con la fortuna y las armas de otros” y por tanto necesitan, para no perderlo, una acción política decidida y valiente. En ese sentido, César Borgia se convierte en el principal objeto de la atención de Maquiavelo: si aquel hombre, teniendo también un apadrinamiento papal, acabó como acabó, qué menos le podía pasar a otro, como Lorenzo, que no contara con su determinación, valor, habilidad o energía. Así que hace falta que el aspirante mediceo aprenda a “hacerse temer antes que amar; no tener miedo de ser juzgado cruel en lugar de clemente, transgredir los pactos cuando dejen de ser convenientes para el estado, o dedicarse con gran empeño a la disciplina militar”. Sin idealismos, Nicolás selecciona qué virtudes son necesarias para conducir bien el estado, y cuáles son inútiles, incluso nocivas, si se ejercen sin tener en cuenta las circunstancias concretas. No es que separe política y moral, decía el profesor Bausi, sino la “moral privada” del príncipe (que le concierte únicamente a él) y su moral “pública” (que afecta al estado). Con César Borgia no te irías de cañas, parece querer decir Maquiavelo, pero su gobierno -sin disculparle crueldades concretas- contribuyó al bien general: con unas pocas ejecuciones pacificó la Romaña. En cambio, la república florentina evitó intervenir en la lucha entre las facciones de la cercana Pistoya, dejando que se extendiera la devastación. Vista así, la crueldad del Valentino fue pues una virtud política y moral, y del mismo modo el gobernante avaro, que evita ser generoso, acabará siendo considerado liberal cuando no tenga que subir los impuestos para financiar tal prodigalidad. Estas paradojas que hacen del Valentino cruel un príncipe clemente, o del príncipe avaro un gobernante generoso, están reexaminando la ética tradicional y -como Erasmo en “El elogio de la locura”- atribuyen significados opuestos a verdades comúnmente reconocidas.

Lorenzo de Médicis, Duque de Urbino
El proyecto papal de otorgar un estado a su hermano Lorenzo de Médicis debió madurar en 1515, a juzgar por otra de las cartas enviada por nuestro Nicolás a Francesco Vettori informando de que tenía constancia de que Giuliano adquiriría un principado con Parma, Piacenza, y Módena: “Estos estados nuevos, adquiridos por un señor nuevo, se conservan con innumerables dificultades. Y si ya es difícil conservar los estados que están habituados a conformar un cuerpo unitario, (…) muchas más dificultades hay en mantener los que se han constituido recientemente con elementos diversos, como es el caso de éste de Giuliano”. En la misma misiva, Maquiavelo distinguía qué mecanismos facilitarían el mantenimiento de ese estado, de tal modo que el texto parece una especie de Príncipe 2.0. Sin embargo, Giuliano, enfermo, no llegó a poseer su principado; quien desde 1516 le hacía el relevo era Lorenzo de'Medici il Giovane, sobrino del pontífice y del mismo Giuliano, a quien nombraron capitán de las tropas florentinas y pontificias, y duque de Urbino. Ese mando único sobre todas las huestes mediceas permite a Maquiavelo presentarlo como redentor de Italia, escribir los capítulos que fueron leídos durante el Risorgimento como aspiración nacional y dedicarle el tratado al joven Lorenzo. Sin embargo, si Maquiavelo tenía buen rollo con el Medici poeta, difícilmente iba a tenerlo con el Medici militar, que no le prestó ninguna consideración.

La obra caducó pronto, porque las circunstancias que la habían convertido en un manual de autoayuda ad hoc habían prescrito al fallecer Lorenzo en 1519. Con fino olfato, el profesor Bausi advierte que al frente de la familia Medicis quedaban dos altos prelados (el Papa León y el Cardenal Giulio), que no podían convertirse en “príncipes” de Florencia y que “tenían mucho interés en mostrar moderación en el gobierno ciudadano a la espera de que los sucesores más jóvenes dela familia -Ippolito y Alessando-, hijos respectivamente de Giuliano y Lorenzo- consiguieran la mayoría de edad”. En ese contexto, la publicación de un libro como el Príncipe, dedicado a un Médici, hubiera sido impensable y contraproducente. El libro queda guardado en el cajón y Maquiavelo, consultado por el cardenal Giulio sobre la posible reforma constitucional de Florencia, recomienda excluir para la ciudad una solución principesca e impulsar un “gobierno mixto” de tipo republicano, “que asegure la representación de todas las clases sociales y que permita a los Médici una supremacía sólo indirecta y oculta”: aunque a mi juicio el ferviente republicano vuelve aquí a aparecer, como el Guadiana, lo cierto es que Francesco Bausi responde a la Escuela de Cambridge llamando “mito” a la consideración de Maquiavelo como tal. Parece, como decía Blanca Llorca en su réplica al profesor Bausi, que -pese a combatir los anacronismos- Skinner o Pocock pecaron de lo mismo cuando relacionaron El Príncipe con el pasado del autor y ni pensaron en que su cocción pudo continuar después de 1513. Francesco Bausi apuesta por una redacción dilatada en el tiempo, fragmentaria y nada compulsiva, y unos valores menos radicales. ¿Será la obra maquiaveliana, al final, continuadora de la cultura municipal oligárquica vulgar florentina del Quattrocento?

sábado, 30 de noviembre de 2013

DIMARTS VINENT, ELS HEROIS DE 1714


Dimarts, 2 de desembre de 2013
A la Biblioteca Pública Arús
(Pg. St Joan, 26 - Barcelona)
A les 19:15 h.


Una crònica de l’etapa final de la Guerra de Successió, des de juliol de 1713 fins al setembre de 1714, a càrrec de l’autor del recent llibre del mateix títol, una obra que recupera herois poc coneguts i altres patriotes que van fer possible de la resistència catalana. Francesc Serra, especialista en la Guerra de Successió, és autor de “La darrera victòria de l’exèrcit català: la batalla de Talamanca” (2009) i “Catalunya, 1714: un viatge als escenaris de la Guerra de Successió i al temps del Barroc” (2010).La seva propera publicació, ja en tràmit, serà “Cardona, 1714: el darrer baluard de les llibertats catalanes”.