Ferran Sánchez: Història. Divulgació. Docència.

Ferran Sánchez: Història. Divulgació. Docència.
"Sólo unos pocos prefieren la libertad; la mayoría de los hombres no busca más que buenos amos" (Salustio)

sábado, 3 de enero de 2015

VIVA LA PEPA: MÉS DESVENTURES QUE AVENTURES



Activitat de recuperació del primer trimestre per als alumnes de 2n de Batxillerat.
Prèviament heu de veure el documental "La Constitución de 1812: aventuras y desventuras", que us enllaço, i que està penjat a "TVE a la carta"

1. Explica per què popularment va ser coneguda com "La Pepa"
2. Quins són els principis liberals que acull la Constitució segons els experts que apareixen en el documental?
3. Explica breument qui eren Agustín de Argüelles i el Conde Toreno
4. Explica la postura dels diputats constituents respecte l'església
5. Què passa amb els personatges més importants que han lluitat per les noves idees, quan torna Ferran VII?
6. Quins quadres hi havia penjats a la Puerta de Alcalà quan Ferran VII entra a Madrid? Per què creus que no li van agradar gens a Ferran VII?
8. Per què hi ha una colla de militars que defensen la Constitució? On s'havien familiaritzat amb les noves idees?
9. Un dels participants en el "pronunciamiento" de Riego es Juan Álvarez Méndez, alias Mendizábal. Explica la importància d'aquesta figura en la Història d'Espanya.
10. Explica, consultant els apunts, quins problemes es van presentar durant el Trienni Liberal
11. Busca tres de les víctimes de la repressió durant la Dècada Ominosa, i fes-ne un petit retrat de la seva vida
12. Quants anys està en vigor la Pepa? Concreta en quins períodes.





viernes, 2 de enero de 2015

1812: LA PEPA, UNA REVOLUCIÓ?



Activitat de recuperació del Primer Quatrimestre per als alumnes de 2n de Batxillerat
Prèviament, cal visionar el documental "1812, la revolución española", emès per TVE, que us he enllaçat.

(1) Com era la il·lustració espanyola, segons Fernando Savater? Què creus que vol dir?
(2) Descriu el quadre que Goya va fer de Jovellanos. Per què creus que el pinta en aquesta postura? Què en pensa Fernando Savater?
(3) Explica en què va consistir l'Estatut de Baiona, i argumenta si va ser una constitució
(4) Escriu una petita biografia, per ítems, de l'intel·lectual Manuel José Quintana
(5) Com haven de ser les Corts segons les diferents sensibilitats que hi ha en el si de la Junta Central?
(6) Què tenia Cadis per convertir-se en l'única ciutat que resisteix contra els francesos?
(7) Quines idees rupturistes trobes en el discurs inautural de les Corts de Cadis?
(8) Descriu l'ambient que es respirava a Cadis durant les discussions de les Corts
(9) Segons el professor Juan Sisinio Pérez Garzón, quin tractament reserva la Constitució a les dones i els esclaus?
(10) Fes una llista dels encerts de la Constitució de 1812 que representin una modernització d'Espanya

jueves, 1 de enero de 2015

LOS GALONES PESAN, O KUBRICK SE QUEDÓ CORTO



No suelo detenerme en los obituarios, pero el pasado 20 de diciembre tropecé en La Vanguardia con el que anunciaba el fallecimiento de Jon Stallworthy. El gran experto en la poesía de Wilfred Owen nos permitió lamentar la muerte del poeta en las trincheras pocos días antes del armisticio. Hubo miles de tragedias parecidas que mezclaron azar y desgracia en el frente durante la Gran Guerra, sin duda, y pensé en aquel momento que darlas a conocer constituye una victoria de expertos como Stallworthy, además de un homenaje a aquellas personas que se dejaron la vida en la tragedia que hoy cumple cien años. 

La empatía con la que hoy recordamos aquellos soldados parece general: la UEFA ha sublimado el famoso partido de la Tregua de Navidad, e incluso IsabelII incluyó alguna referencia en su mensaje oficial de Nochebuena.

Sin embargo, no todos siguen esa corriente: el especialista en historia militar del Imperial War Museum Peter Hart, en una reciente “Historia Militar de la Primera Guerra Mundial”, hace una lectura bien distinta. “Si hubo una locura fue la decisión de emprender la guerra, y no cualquiera de las decisiones tácticas tomadas por los comandantes sobre el terreno”, dice. La idea de desviar responsabilidades a los políticos no solamente llueve sobre mojado en un momento oportuno de desengaño político generalizado, sino que ignora premeditadamente la mentalidad favorable a la guerra que se había instalado en los Estados Mayores, y que ya describió Pierre Renouvin en su clásico manual sobre la Gran Guerra. Puede que la inepta clase política de entonces precipitara ultimátums aquel verano de 1914 en la creencia -como el mismo Káiser dijo en una entrevista con el rey de Bélgica en noviembre de 1913- que la guerra era “necesaria”. Pero no hay que olvidar que, en su lucha por mantener preparados para la acción sus ejércitos, los Estados Mayores llevaban años presionando a los gobiernos para aumentar sus recursos. Tal carrera de armamentos, justificada con la tensión diplomática y amparada por la exaltación nacionalista, pretendía ofrecer una superioridad momentánea que todos estaban dispuestos a aprovechar. Cada una de esas miserables esperanzas precipitó las grandes movilizaciones de tropas aquel funesto mes de agosto de 1914.

Desviar la responsabilidad hacia los políticos es un recurso fácil, pero no el único del que se sirve Peter Hart para justificar las acciones de las barrigas engalonadas: también utiliza la nueva naturaleza del conflicto, condicionada por la mortifera capacidad de permanente renovación tecnológica que ofrecía la Segunda Revolución Industrial, como explicación a la dificultad de resolver la guerra decididamente. “Con independencia de lo que hicieran”, dice, “la guerra hubiera sido igualmente corrosiva” porque “se desarrolló en la era industrial moderna” con “nuevas armas utilizadas en choque táctico, en continua evolución entre el ataque y la defensa”. Es cierto que, marcados por la experiencia reciente, todos esperaban una guerra rápidamente superada: desde 1871 las tensiones internacionales se habían resuelto con diplomacia secreta, repartos coloniales o -en el peor de los casos- enfrentamientos rápidos como los que se habían sucedido en los Balcanes en los años inmediatamente anteriores a 1914. Sin embargo, la Secesión americana ya había mostrado las carnicerías que podía ejecutar la nueva tecnología, sus limitaciones, y de hecho, parte de la confianza en un conflicto rápidamente resuelto provenía de la sistematización de los nuevos transportes, la velocidad, la ciencia y la técnica. El Plan Schlieffen, tomado como hipotético ejemplo, pretendía superar el pánico alemán a la guerra en dos frentes sirviéndose del efecto sorpresa y un estudio concienzudo de la capacidad de movilización de cada uno de los adversarios. La innovación tecnológica cambió la guerra para siempre, es cierto, pero no era un factor inesperado sin considerar sino la carta que los burócratas de la muerte creían tener en su manga.

El retrato que Kubrick hizo de los mandos militares en “Senderos de gloria” puede parecernos despiadado, pero algunos ejemplos de mediocridad e incompetencia sugieren que se queda corto. Fijémonos por ejemplo en el General Joseph Joffre. Cuando el gobierno francés le nombró jefe del Estado Mayor (1911) apenas se le conocía por la toma de Tombuctú (1894). Me permito cuestionar que podamos contar la guerra colonial como experiencia curricular: aquellos aquelarres ultramarinos consistían, en resumen, en enfrentar fusiles y cañones contra lanzas y jabalinas. Lo que me permite concluir que, en 1914, Francia enfrenta la guerra bajo la autoridad de un hombre inexperto, y que -ametralladoras y alambradas aparte- eso explica que durante el primer año de conflicto se sucedan los desastres. El general, sin embargo, se mantuvo en el cargo hasta que Aristide Briand logró su dimisión en diciembre de 1916, no sin compensarle elevándole a la dignidad de Mariscal de Francia. El Atlas Histórico de Le Monde Diplomatique (2011) se pregunta a qué se debió tal retraso y por qué se le concede tal honor, después de tanto desastre.

Y acude buscando respuestas al libro de Roger Franekel “Joffre, l'âne que commandait des lions” (París, 2004). De su lectura se concluye que, al ser el único que tomaba decisiones en la zona de combate, el general pudo falsificar informaciones que encubrían las derrotas, escondían al gobierno la realidad de la situación, y le permitieron seguir en el cargo. Alegaba haber dispuesto sus ejércitos con superioridad numérica y en las mejores posiciones: “la palabra la tienen ahora los operativos, que tienen que sacar partido de esa superioridad”, escribía en un telegrama al ministro de la guerra el 23 de agosto de 1914. Veinticuatro horas más tarde, fingiendo aflicción, confesaba la derrota de varios días anteriores cargando la responsabilidad en la tropa: “Debemos rendirnos ante la evidencia. Nuestros ejércitos, a pesar de la superioridad numérica con la que contaban, no han demostrado en campo abierto, las realidades ofensivas que nos habían hecho esperar los éxitos parciales del principio”. Joffre pasó meses culpando a otros, mientras miles de soldados morían en inútiles ofensivas. A pesar de eso, seguimos considerándole estúpidamente el vencedor del Marne, el genio que requisó los taxis parisinos para llevar a sus hombres al frente, el héroe que tuvo derecho a un funeral de estado.

No es el único caso: cuando se firmó el armisticio en Compiègne a las 5:30 de la mañana del 11 de noviembre de 1918, para que entrara en vigor a las 11 h, seis horas más tarde, canallas engalonados como el Mariscal Foch enviaron a miles de soldados a tomar posiciones que pocas horas después hubieran podido ocupar pacíficamente. Escudándose en la obligación de combatir porque seguían en guerra, buscaban ascensos y méritos ante un enemigo ahora fácil de batir. Un documental de la BBC que llevaba por título “El último día de la Primera Guerra Mundial” (producido por John Hayes Fisher en 2008, y basado en un libro de Josep Persico) explica que en esas horas murieron 3000 americanos y en total 10.000 hombres.


La verdad es que no sé cómo explica Hart en su libro las últimas horas de la Gran Guerra. He de reconocer que abandoné la lectura porque se me antojó demasiado empeñado -tal y como manifiesta en su introducción- en denunciar el tópico retrato de unos mandos “carniceros y chapuceros”. Me quedé en las páginas que dedica a las ofensivas de abril de 1917 contra las disputadas colinas del “Camino de las Damas”: allí reconoce que “la metodología del General Robert Nivelle carecía de cierta sutilieza”. Efectivamente, lanzar a una muerte segura a miles de hombres no parece ser una “metodología sutil”.

sábado, 20 de diciembre de 2014

EL MITO DEL LIBERALISMO



Interesante sesión de la Universidad del Barrio (Mayo 2014), presentada por Noelia Aldaña. El ponente, Victor Alonso, habla de "Las paradojas del liberalismo y la marea neoliberal". És licenciado en económicas y doctorado en ciencias políticas por la Universidad Complutense de Madrid. Como miembro del colectivo Novecento colaboró en la publicación de "Le llamaban democracia. De la crisis económica al cuestionamiento de un régimen político". La charla forma parte del "Curso de Historia (provisional) de España" que se organizó durante el primer trimestre en la cooperativa Teatro de Barrio, en Madrid. Entre los temas que abordan en su ponencia me han parecido especialmente interesantes...
- La otra cara de John Locke
- La constitucionalización de las monarquías
- "Camino de servidumbre", el panfleto de Hayek
- Chile, la oportunidad de los Chicago Boys
- Privatizar, deslocalizar, desregularizar

viernes, 31 de octubre de 2014

AVIAT, A FH, UNA HISTÒRIA MEDIEVAL DE LA GUERRA!

La Història Militar no ha gaudit de bona consideració: el fet que en els seus inicis al segle XIX fos una disciplina conreada exclusivament per militars, i la superació de la història dels esdeveniments -”l'escuma de la història”, diria Braudel- per l'Escola dels Annals la van carregar de consideracions negatives. Georges Duby va iniciar la seva recuperació quan va escriure “El Diumenge de Bouvines”; i des d'aleshores hem anat recuperant el seu estudi com a fenomen total, que influeix notablement en les societats, les economies, els discursos culturals i la política del seu temps. 

Un recull de les fonts medievals que parlen de la guerra ens permeten distingir dos discursos predominants: el que recull l'èpica de la lluita, i la bellesa del combat, omple els cantars de gesta i capitells romànics, com aquest tant famós que trobareu tot seguit, que està al Palau dels Reis de Navarra, a Estella-Lizarra... L'altre és el que considera la guerra el pitjor de tots els mals, una activitat malèfica, i converteix el cavaller -lluny de ser un referent heroic- en un ésser perillós i busca-raons, al que calia subjectar. D'aquest segon discurs sorgirà la proposta de l'Abat Oliba: les Assemblees de Pau i Treva demonitzen la figura del cavaller amb enginyosos jocs de paraules, com el que assimila la “militia” amb la “malitia”.  Fruit d'aquests discursos que els condemnen a l'infern, molts cavallers de fortuna lleguen la seva riquesa a l'església; però el veritable objectiu de l'església era donar sortida a la violència medieval subjectant els cavallers, sotmetent a control la violència que campava per tot arreu. I a més de buscar-ne limitacions en l'espai (les sagreres) o el temps (els dies o períodes de prohibició), Bernat de Claraval proposa com a alternativa el “Miles Christi”: tot i fer referència sobre tot als monjos, veritables soldats de Déu concentrats en una guerra ideològica contra el mal, el cant gregorià, podia implicar també lluites sagrades per l'església. Em refereixo a les croades.

Fixem-nos que qui segueix la crida del Concili de Clermont (1095) no són reis. Els grans monarques no són, doncs, el target a qui va adreçada aquella crida. De fet, fins a la tercera croada no assistiran a fer-se la foto... La crida respon a necessitats gestades durant generacions i recull teories patrístiques (Sant Agustí ja definia la guerra santa com una confrontació dialèctica), la pràctica expansiva de l'imperi bizantí (que fa dels territoris controlats per heretges unes terres conqueribles) i recompenses virtuals (el cel, el perdó dels pecats). El senyor lluita així per Déu, i aquest -si ha estat bon cavaller- intervé en el seu favor. Aquesta legitimació del conflicte permetria -a començaments del s. XIII- tot un seguit de batalles campals, en les que ambdós exèrcits escullen lluitar en una localització escollida en un moment determinat i cada facció pot abandonar l'escenari de l'enfrontament abans que comenci o poc després del primer xoc. No és un atac atzarós, tipus escaramussa, ni forçar un exèrcit a lluitar, tipus setge. I sobretot, és un gran judici de Déu, en el que el guanyador es veu refermat per la victòria que demostra que la seva causa era justa. Són batalles com les que ha estudiat Martí Alvira: seguint la metodologia de Duby en el seu “Diumenge de Bouvines” -incloure la sociologia i les mentalitats- va descriure les batalles de Muret i Las Navas de Tolosa en la seva tesis “Guerra e ideología en la España Medieval: cultura y actitudeshistóricas ante el giro de principios del s. XIII (2000), per situar-hi un punt d'inflexió en la història de l'època medieval. La imatge de la batalla campal com a xoc frontal entre masses de cavalleria i infanteria ha triomfat en el nostre imaginari historiogràfic: inventem confusos combats i duels singulars a espasa després d'heroiques i massives càrregues de cavalleria, malgrat que  aquesta no era la realitat habitual de la guerra medieval. La guerra era, això sí, l'ofici, l'ocupació i la distracció del cavaller.


I per dignificar aquesta tasca, la cort va respondre amb una altra definició del cavaller: és la que retrata la cavalleria com una forma de vida acceptable i moral, i canalitza cap a la caça -la lluita contra el monstre- la violència continguda, convertint-la en una forma reconeguda de guerra que no és guerra. La cacera no és l'única canalització de les violències; també ho són les justes. El torneig és un simulacre de guerra que entrenava els cavallers i desfogava de forma controlada la inquietud violenta de la noblesa. Aquells encontres preparats, celebrats fora dels castells i les ciutats, marginals, propis dels joves nobles desocupats, eren, vistos així, un instrument de pau perquè posaven fi a les guerres privades. Però també eren un joc econòmic: no només pels mercats informals que s'hi acaben celebrant al seu voltant; també pels rescats demanats per tornar els vençuts i perquè la reputació dels guanyadors els cotitza entre els que busquen construir la seva host. El cavaller va passant de la despreocupació lúdica a la professionalització, ja al s. XV: els valors idealistes fixats pels llibres de cavalleries deixen pas als mercenaris. I el seu ús obrirà tot un debat sobre els condottieri a la Itàlia del Renaixement.

De tot això ens parlarà, a la Biblioteca Pública Arús, l'historiador Alberto Reche. Doctorat per la Universitat Autònoma de Barcelona (“L'Speculode 1764: una aproximació documental al Montornés medieval i al seu entorn”), aquest especialista en Història de la guerra ens està demostrant una encisadora capacitat de divulgació, tant en el programa “A les portes de Troia”, de Matadepera Ràdio, com en el seu blog, EntreHistorias. Fa pocs dies que ha començat a impartir un curs sobre el tema a l'Institutd'Estudis Medievals, i ens en vindrà a exposar les conclusions dins la programació d'hivern de Fent Història. MOLT AVIAT!

BIBLIOGRAFIA:
ALVIRA CABRÉ, M: Muret, 1213. La batalla decisiva de la cruzada contra los cátaros. Barcelona, Ariel, 2008.
ALVIRA CABRÉ, M: Las Navas de Tolosa. Madrid, Sílex, 2012.
CONTAMINE, Ph: La guerra en la Edad Media. Barcelona, Labor, 1984.
DUBY, G: El domingo de Bouvines. Madrid, Alianza Editorial, 1988.
DUBY, G: Guillermo el Mariscal. Madrid, Alianza Editorial, 1997.
FLORI, J: La caballería. Madrid, Alianza Editorial, 2001.
GARCÍA FITZ, F: La Edad Media, guerra e ideología. Justificaciones jurídicas y religiosas. Madrid, Sílex, 2003.
GARCÍA FITZ, F: Las Navas de Tolosa. Barcelona, Ariel, 2005.
KEEN, M: La caballería. Barcelona, Ariel, 1986.
RUÍZ-DOMÈNEC, J.E.: El Gran Capitán, retrato de una época. Barcelona, Península, 2002.

sábado, 4 de octubre de 2014

DAVID GESALÍ ("LA GUERRA CIVIL A L'AIRE"), MOLT AVIAT A FENT HISTÒRIA

El 10 de maig passat es va produir a Toulouse, als 97 anys, el traspàs de Josep Falcó. Aquest cognom podia semblar premonitori, però la veritat és que aquest combatent republicà va fer el servei militar a la marina. Solament quan l'esclat de la guerra va obligar la Generalitat a reclutar pilots, ell -bon tècnic- va ser admès. Format a Múrcia i destinat a Sabadell, va reunir-se amb els darrers avions republicans després la batalla de l'Ebre a l'aeròdrom de Vilajuïga, a Girona. Va ser allà on -responent un dels atacs de la Legión Cóndor- va protagonitzar el darrer combat aeri de la guerra civil a Catalunya, enguany fa 75 anys. A la biografia que li va dedicar el periodista francès Pierre Challier s'explica que aquell dia va abatre dos Messerschmitts Bf 109 de la Luftwaffe i que aquella gesta li va valer l'ascens a capità. Quan va ser restituït després de la dictadura, es va localitzar a Vilajuïga l'estela que els nazis havien deixat en memòria d'un dels pilots abatuts aquell dia de 1939, Heinrich Windemuth; des d'aleshores va anar de tant en tant a deixar-hi flors. Deia Indalecio Prieto en un discurs que la República necessitava “pits durs per al combat, però cors sensibles dins d'ells” i ens sembla que, en aquest sentit, aquest Falcó volava molt alt.

Per això a Fent Història volem recordar-lo enguany, quan s'acompleixen 75 anys del final de les llibertats republicanes, en representació de tants lluitadors que s'hi van deixar molt més que l'entusiasme. I per mirar amunt, per veure com va ser la guerra al cel, ningú millor que David Gesalí qui, juntament amb David Iñíguez, és autor de “La guerra civil des de l'aire” (Rafael Dalmau editor, 2012), un llibre important nascut d'anys de recerca en multitud d'arxius i de coneixement apassionat dels aviadors de l'ADAR (Asociación de Aviadores de la República). La seva visió de la guerra civil és plena de tantes històries heroiques com terribles i la seva lectura és obligada per aquells que troben insatisfactòria la guerra civil descrita en els manuals. La propera edició del butlletí de Fent Història incloura una entrevista suculenta, que vam realitzar l'Eva López i jo mateix, de la que us oferim un extracte:

David, condiciona l'estat i evolució de l'aviació el propi desenvolupament de la guerra?

Sí. També la guerra al mar condiciona molt l'evolució del conflicte, tot i que el discurs general no incorpora aquests factors. Però és cabdal. Pensa que els nacionals compren avions, no tancs, quan preparen el seu cop. Sabien que el futur de la guerra estava a l'aire. L'arma puntera als anys trenta i quaranta, la que havia de decidir els conflictes, és l'aviació. Flash Gordon va en avió! L'estratègia considerada moderna explica que -davant la victòria del Front Popular el febrer de 1936- s'iniciïn les compres d'avions a Itàlia i tota la planificació del cop d'estat, tal i com manifesten les factures que ha trobat recentment Ángel Viñas. Per tant, indirectament l'aviació ens permet saber alguna cosa sobre la naturalesa del cop: per una banda la seva premeditació, tot just quan s'han produït els resultats electorals de febrer de 1936; per altra banda el seu tarannà monàrquic. Hem de pensar que Franco era un africanista, no un monàrquic, que la trama va ser pensada per Mola, i que hem trobat avions que porten l'escarapel·la monàrquica. Aquells avions ens parlen de la voluntat de reinstauració monàrquica, demostren que la trama inicial és monàrquica, i quan els africanistes donen instrucció de tatxar aquella simbologia dels avions se'ns apareix el “cop dins del cop”!

En el llibre expliqueu un bon grapat d'històries individuals de joves combatents republicans. Per què creieu que cal donar-los tant protagonisme?

Sí, hem de recuperar-los, igual que estem fent amb els represaliats que s'havien quedat a les voreres de les carreteres. Hi ha un tabú que ens impedeix reivindicar els militars, cosa que sí ha fet per exemple el discurs historiogràfic anglosaxó. Mentre que Churchill va dir que “mai tants han degut tant a tant pocs”, en reconeixement de la lluita desigual que van sostenir contra els avions alemanys durant la Batalla d'Anglaterra, els nostres pilots republicans han desaparegut sense que ningú els reconegui les seves heroïcitats, que van permetre que milers de refugiats arribessin a França. L'exèrcit republicà va fer la tasca de contenció que va permetre milers de persones fugir. Per què ho feien? Mireu, potser és perquè la meva experiència professional com a bomber em condiciona, però soc capaç d'entendre que de vegades fem les coses per compromís, per responsabilitat, perquè sentim que ho hem de fer. Jo mateix he preguntat a alguns dels pilots “per què ho feies?”, per què agafaves l'avió i t'enlairaves i plantaves cara als avions italians? Ells t'expliquen que ganes de volar en tenien però que de por en tenien encara més. Ho feien perquè vivien “ a tope”, com demostra el fet que alguns han arribat als 96 anys sense deixar d'iniciar projectes, vivint com si mai no haguessin de morir; però sobre tot ho feien perquè sentien que ho havien de fer, perquè en aquell moment eren els únics que podien fer-ho.


L'entrevista inclou interessants interpretacions dels bombardejos sobre la població civil. La nostra modesta però trempada publicació es distribueix a biblioteques populars i universitàries, i entre els socis de l'entitat. No us la perdeu!

jueves, 11 de septiembre de 2014

LA CORTE DEL ARCHIDUQUE, SEGÚN VIRGINIA LEÓN



Hoy se cumplen 300 años. Toca escuchar a los que saben. Josep Cuní, anoche, mientras se cumplía el Tricentenario del asalto final a Barcelona, entrevistó al que me parece el experto más valiente: Joaquim Albareda denuncia los anacronismos que idealizan la tragedia, y a los apologistas del absolutismo. Entre los materiales ofrecidos por el Tricentenario que me han parecido interesantes están las entrevistas que Toni Soler ha realizado a los mejores expertos del período. En este caso, Virginia León, autora de una excelente biografía del emperador Carlos VI y de apasionantes estudios sobre la obra política del austracismo, nos ayuda a imaginar cómo fue la efímera corte del Archiduque en Barcelona.

lunes, 14 de julio de 2014

LOS OTROS DISPAROS DE 1914




La idea de que el disparo de Gavrilo Prinzip empezó la Gran Guerra va extendiendo este verano en los medios la teoría del conflicto impredecible, a la que los defensores de la “segunda guerra de los treinta años” añaden que el conflicto se cerró en 1945 con la detonación que “suicidó” a Hitler en Berlín. La idea de la guerra inesperada tiene en Sarajevo un símbolo sugestivo capaz de encadenar al disparo toda una secuencia de ineficacias diplomáticas en las cancillerías que provocarían, en una desafortunada sucesión de piruetas, que un conflicto balcánico se convirtiera, por sorpresa, en una tragedia universal.

Ya he escrito que, en mi opinión, descuidar así la perpetua tensión precedente al atentado me parece un error historiográfico. Lo cual no quiere decir que sea determinista en cuanto a que la “olla a presión europea” condujera inexorablemente a la catástrofe, sino que desconfío de la idea del conflicto inesperado porque parece revalidar el recuerdo nostálgico de la Belle Epoque y descuida otros disparos que -aunque no forzaran reacciones de las grandes potencias- también  permiten describir el clima enrarecido que se respiraba en Europa.

El primero de los disparos a los que me refiero lo perpetró una mujer. El 16 de marzo de 1914, Madame Caillaux, vestida de satén negro, sombrero con plumas de avestruz y manguito de piel según la portada de Le Petit Journal, se desplazó en el coche oficial de su esposo, el Ministro francés de Finanzas, hasta la redacción de Le Figaro. Preguntó por el director, Gaston Calmette, presentándose como la esposa de Joseph Caillaux, contra quien Le Figaro sostenía una campaña feroz. El director se prestó a recibirla: “sabe el motivo de mi visita?”, le preguntó ella. Y, sin darle apenas tiempo a contestar ni a invitarla a sentarse, Henriette sacó una pistola del manguito y disparó seis tiros a quemarropa contra el estupefacto director de periódico. Con el asesinato de Gaston Calmette, Madame Caillaux había herido de muerte al pacifismo francés.

Ella quería vengar el honor de su esposo, el típico político burgués atildado, que, como militante del Partido Radical, había participado en distintos gobiernos. Como ministro de Hacienda, había inventado el impuesto sobre la renta, ganándose así el odio eterno de la derecha. En 1911 había alcanzado la presidencia del gobierno y evitado la guerra con Alemania durante la crisis de Agadir: él mismo se había encargado de negociar con Berlín, logrando que el Káiser reconociera la hegemonía francesa en Marruecos a cambio de doblarle la extensión a su colonia en Camerún. Caillaux no participaba del odio revanchista hacia Alemania imperante desde Sedán entre la derecha francesa, por lo que parte de la opinión pública le consideraba un traidor, otro pecado imborrable que añadir a su impuesto sobre la renta. Pero Caillaux era taimado, y se insinuaba que proyectaba hacer caer el gobierno en el que participaba como ministro de Finanzas para hacerse con la jefatura del gobierno apoyado por los socialistas de Jaurès, con el que -se decía- podría formar un bloque contra la guerra. Los belicistas, entre los que se contaba el mismo presidente de la República, Poincaré, reaccionaron atacándolo desde Le Figaro: Luis Reyes contaba 318 artículos contra él en un reciente escrito en La Aventura de la Historia, incluyendo referencias a unas cartas que la primera esposa de Caillaux, a quién él había dejado por Henriette, les había vendido.



Aquello había asustado a Madam Maillaux. Las cartas delataban que, antes de casarse con Joseph en 1902, había sido su amante desde 1890, cuando ella apenas tenía 17 años y él, con 34, aún no se había divorciado de su primera esposa. Temiendo el severo juicio moral de la burguesía de París, y el final de su reputación si se publicaban las cartas, Henriette se compró una Browning calibre 32 en una lujosa armería de los Campos Elíseos y abatió al director del periódico. Tras su detención, tal y como contaba Luis Reyes, la policía la llevó a la comisaría del Fauburg Montmartre, donde el comisario la recibió amablemente en su despacho, como si se tratara de una visita: “Me he tomado la justicia por mi mano”, declaró, dividiendo la opinión pública entre defensores y detractores, como años antes había hecho el Caso Dreyfus. Al día siguiente Caillaux dimitió como ministro para consagrarse a la defensa de su esposa, y -aunque ganó las elecciones-, el presidente de la República le justificó que -vistas las circunstancias- no le podía encargar la formación de un gobierno.

Poco antes del juicio se produjo el atentado de Sarajevo, pero la atención pública parecía  más pendiente del proceso a Madame Caillaux. La vista del 20 de julio constituyó un espléndido espectáculo para la prensa sensacionalista, puesto que añadía -a la sordidez de la historia- la presencia de Fernand Laobri, el que fuera abogado de Dreyfus. La línea de defensa que eligió fue tan eficaz como machista: presentaba la acción de Henriette como un reflejo femenino incontrolado. Sin embargo, el relato del calvario padecido cada mañana cuando ella abría Le Figaro conmovió al jurado, que dictó un veredicto de inocencia el 28 de julio. Apenas tres días después -mientras el gobierno gestionaba como podía la crisis diplomática provocada por el atentado de Sarajevo y la derecha se frotaba las manos- se produjo un nuevo asesinato significativo: el del líder socialista Jean Jaurès en el 146 de la Rue Montmartre de París el 31 de julio; allí está aún hoy la Taverne du Croissant, Cafè en aquel entonces, y el establecimiento, -tal y como contaba José Antich el pasado 11 de julio en La Vanguardia- sigue recordando el asesinato con una placa, un menú con el nombre del fundador de L'Humanité, un busto en una vitrina y un recordatorio en el suelo con la fecha (31/7/1914) en el lugar exacto donde cayó abatido mientras cenaba, víctima del revólver de un fanático extremista. El indiscutible líder de la izquierda francesa había pronunciado un discurso apasionado y apasionante en Lyon apenas 8 días antes. En él culpaba de la “situación terrible” a la “política colonial de Francia, la política hipócrita de Rusia y la brutal voluntad de Austria”, un análisis pluricausal de la pendiente por la que se precipitaban los acontecimientos que -además- enfatizaba lo que hoy llamaríamos “causas profundas”: imperialismo, dobles alianzas, nacionalismo, militarismo... En el mismo discurso llamaba a los obreros europeos a unirse para alejar la “horrible pesadilla” de la guerra.

El asesino de Jaurès, Raoul Villain, pertenecía a una organización nacionalista, la Ligue des jeunes amis de l'Alsace-Lorraine, y sería liberado en 1919 con argumentos tan peregrinos como que “si el adversario de la guerra Jean Jaurès hubiera tenido éxito, Francia no habría ganado la guerra”. Los jueces condenaban así a la familia de Jaurès a pagar los costes del proceso. Mientras, Villain se exilió a Ibiza, donde -se dice, aunque corren versiones contradictorias- lo ejecutaron los anarquistas el 14 de septiembre de 1936 por espiar a favor de Franco.

El asesinato de Jaurès fue el punto de inflexión de una campaña de mentiras que habían mantenido los sectores nacionalistas contra él, y que culminó en su asesinato. Tal ensañamiento -apenas acabado cuando sus restos fueron depositados en el Panteón de Hombres Ilustres en 1924- se explica por su actitud decidida contra la guerra: se ha dicho que el mismo día de su asesinato había pedido una audiencia con el presidente de la República para pedirle que revocara la orden de movilización general. El presidente se negó a recibirle, y en su lugar un funcionario le dijo que estaba loco si seguía oponiéndose a una guerra que Francia ganaría en menos de un mes. No parece que aquel empleado se hubiera ganado su puesto gracias a su intuición y a su buen ojo, pero su opinión era compartida por gran parte de los franceses.

Ninguno de los dos cadáveres protagonistas de este post, tres si contamos la carrera política de Caillaux, suelen aparecer en los estudios sobre las causas de 1914. Quizá con razón: ambas muertes parecen responder a tramas pasionales y odios personales. Sin embargo, demuestran claramente que una parte de la sociedad francesa había tomado partido por la guerra mucho antes de que mataran al Archiduque en Sarajevo. Quizá no fuera una opción mayoritaria, pero sí la más influyente: un chalado nacionalista asesinó a un político brillante, casi impunemente, no lo olvidemos, con el aplauso de la judicatura; y la prensa orquestó una campaña de descrédito contra un ministro para asegurarse de que una solución negociada a las diferencias con el Reich, como había sucedido en Agadir, no volviera a producirse.

Puede que estos disparos no desencadenen diabólicos e inexorables mecanismos de relojería, tal y como funcionaron los compromisos de ayuda mutua que se habían prestado las grandes potencias. Pero representan fuerzas que estaban en marcha mucho antes de que Prinzip disparara: demuestran que la guerra es una inversión para la burguesía, y una emoción mística para las masas que ha “patriotizado”. No podemos encubrir esas causas profundas y aplaudir el papel de las circunstancias en el estallido de la Gran Guerra, porque entonces disculpamos también las apuestas de las élites financieras de hoy y el papel de la opinión pública, manipulada o no, sobre los dramas del presente.


sábado, 14 de junio de 2014

sábado, 7 de junio de 2014

2000 ANYS SENSE AUGUST: PER CONÈIXER MILLOR L'EMPERADOR


Per commemorar els dos mil anys del traspàs d'August, Fent Història proposa escoltar Néstor Urrutia Muñoz. Aquest doctorand de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE), a Xile, ens avança algunes reflexions de la seva tesi pronunciant, per a Fent Història, la conferència "Las añoranzas por el buen emperador: la memoria de Augusto 200 años después".

Conscient de que la tasca i imatge d'aquest personatge tenen encara una importància indiscutible dins dels estudis del món antic, es preguntarà com el van veure aquells que -tot i que no van conèixer l’emperador directament i van saber d'ell  només per transmissió- van reflexionar sobre el seu llegat i el van convertir en un model. Néstor Urrutlia ens acostarà a la manera de veure l'home, d'abordar el seu record i el seu significat. Un debat historiogràfic que, de fet, ens arriba fins avui.

L'acte tindrà lloc el dimarts 17 de juny de 2014, a la Biblioteca Pública Arús (Pg. de Sant Joan, 26, de Barcelona).
La conferència serà en castellà, i començarà a les 19 hores. L'accés és lliure.